El testimonio del Libro de Mormón
Élder Charles A. Callis
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
El Libro de Mormón testifica que Jesús es el Cristo y enseña los principios del servicio, la vida eterna y la rectitud que bendicen a las personas y preservan a las naciones.
«No puedo recordar los libros que he leído, como tampoco las comidas que he comido», dijo Emerson, «pero me han formado». Para incontables miles de personas que se han deleitado en el espíritu del Libro de Mormón, la verdad que expresó José Smith llega a lo profundo de su alma. Él declaró que «un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos [los del Libro de Mormón] que los de cualquier otro libro».
ENSEÑANZAS DEL LIBRO DE MORMÓN
Los anales nefitas testifican con un espíritu celestial de que la Biblia es verdadera. Son uno en la mano de Dios Ezeq. 37:15–20 para confundir la doctrina falsa y establecer la paz en el corazón de los hombres. Este libro sagrado nos dice que los niños pequeños viven en Cristo. No necesitan el bautismo hasta que llegan a ser responsables Moro. 8:10 D. y C. 29:47 de sus actos. Durante muchos años, muchísimas personas buenas creyeron en la doctrina de la «condenación de los niños pequeños». No comprendían; pero el Libro de Mormón trajo al mundo, al corazón de hombres y mujeres, el pensamiento apacible de que los niños, aunque no estén bautizados, no van al Hades.
Hace algunos años, estas personas se reunieron en una solemne convención, y la medida que tomaron honró su rectitud y su sentido de la justicia de Dios. Aprobaron una resolución que abolía la doctrina de la «condenación de los niños pequeños», y qué hermosa fue su acción al dar efecto retroactivo a aquella decisión. El presidente Woodrow Wilson, quien también era miembro de aquel gran grupo de buenas personas que se pronunció contra la doctrina de la «condenación de los niños pequeños» y declaró que «la decisión tenía efecto retroactivo», se rio y dijo: «Piensen en todos esos queridos pequeñitos que han estado ardiendo en el infierno durante tanto tiempo; ahora todos serán puestos en libertad».
El Libro de Mormón enseña la nobleza del servicio. ¿Qué es el hombre sin el trabajo? Los ángeles de Dios conocen el trabajo. Están inmersos en su ambiente, y ese servicio es eterno. Es un élder «mormón» deficiente, que apenas merece tal nombre, aquel que cree que, cuando vaya al cielo, permanecerá sentado en una felicidad interminable e inactiva. Siglos antes de nacer en la carne, según el Libro de Mormón, Jesús dijo:
[…] porque mi obra no ha terminado aún; ni se acabará hasta el fin del hombre; ni desde entonces para siempre jamás 2 Ne. 29:9
Y en otro lugar dijo:
Porque, he aquí, esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre Moisés 1:39
Piensen en ello, hermanos y hermanas: nuestro trabajo es inmortal. Como dijo Brigham Young: «Esta vida es parte de la eternidad».
Me parece maravilloso el espíritu del Libro de Mormón con respecto a la naturaleza de la obra de Cristo. Cautiva el alma. Uno de los profetas dijo de Él:
[…] porque corresponde al gran Creador que él se deje someter al hombre en la carne, y muera por todos los hombres, a fin de que todos los hombres queden sujetos a él 2 Ne. 9:5
Mis hermanos y hermanas, por medio de la obra del ministerio sí nos sometemos a los hombres en la carne, pero, en el debido tiempo de Dios, las personas nos considerarán salvadores sobre el monte Sion Abd. 1:21, y se sujetarán, de una manera celestial, a quienes les enseñaron el Evangelio.
EL NOBLE LLAMAMIENTO DE LAS ESPOSAS Y LAS MADRES
Creo que el ser más maravilloso de la tierra es una esposa y madre. Ser esposa y madre supera en gloria y servicio todas las misiones que ella pueda desempeñar, es decir, las misiones de predicación. Y una madre, aunque no lleve ninguna diadema visible, está coronada con una diadema de afecto; se somete a sus hijos y, con el tiempo, ellos se someten a ella. El poeta Joaquin Miller dijo:
Bajo nuestras cuarenta estrellas, ella es
La mujer más pura, más dulce, la mejor,
La que ama a su esposo más ardientemente
Y mece la cuna con mayor frecuencia;
Cuyo hogar está lleno, cuyo corazón se nutre
Del halo de la cabecita de un bebé.
EL SISTEMA ECONÓMICO DE LA ANTIGUA AMÉRICA
El Libro de Mormón nos enseña un glorioso sistema económico. Durante casi dos siglos después de la ascensión de Cristo, el pueblo estuvo cubierto por un manto de la prosperidad de Cristo. No había pobres, ni ricos, ni personas esclavizadas 4 Ne. 1:3, y creo que eso se refería a la esclavitud de las deudas, pues la deuda es una esclavitud gravosa y debemos evitarla. Durante dos siglos vivieron en paz; no tenían huelgas; no se conocían los conflictos laborales; sino que, al vivir con espíritu de laboriosidad conforme a los preceptos de oro del Hijo de Dios, prosperaron y crecieron en la prosperidad de Jesucristo. Que Dios apresure el día en que trabajemos —ricos y pobres en el reino de paz— sometiendo nuestras dificultades a arbitraje, pues sé que, en lo profundo del corazón de los grandes dirigentes de la industria y también de los trabajadores, hay un deseo innato de hacer con los demás como quisieran que los demás hicieran con ellos. Permitimos que el egoísmo reprima este sentimiento que Dios ha puesto en nuestro corazón.
LA INMORTALIDAD QUE ENSEÑA EL LIBRO DE MORMÓN
En el Libro de Mormón leemos acerca del gran estado intermedio, del gran principio de la inmortalidad. Horace Greeley perdió a un hijo de cinco años y le dijo a un amigo (no tengo tiempo para citarlo todo):
Ahora lo único que me preocupa es la evidencia […] de que viviremos con aquellos a quienes amamos aquí y los reconoceremos. […] Si tuviera la certeza de que reconoceremos a nuestros seres queridos y estaremos con ellos en el mundo venidero, preferiría no vivir mucho tiempo.
En nuestro corazón, inspirados por el Libro de Mormón, por su espíritu santo e incomparable —y es el espíritu de Cristo el que recorre el Libro de Mormón como un hilo de oro—, sabemos que nos reuniremos con nuestros seres queridos, que ellos nos reconocerán y que nosotros los reconoceremos; y, por toda la eternidad, creyendo que Dios es un Dios de trabajo, trabajaremos con Él como colaboradores.
Un ministro presbiteriano vislumbró esta gloria del servicio y, en un himno que compuso, dijo:
No servimos a un Dios cuyo poder se haya agotado,
Que repose en medio de Su firmamento.
Nuestro Dios, que apenas ha comenzado Sus labores,
Trabaja por siempre con fuerzas inagotables.
Alabado sea Dios por la gloria de la resurrección, la belleza de la vida eterna y el conocimiento de que viviremos unos con otros, con nuestras esposas y nuestros hijos, con nuestros amigos, y viviremos con ellos en perfecta comprensión. ¿No habló Pablo de toda la familia en los cielos y en la tierra? Efe. 3:15. Estas grandes partes se unirán mediante la eternidad, la gloria y el poder del Evangelio, que es el poder de Dios para salvación Rom. 1:16
Los profetas del Libro de Mormón brindan gran consuelo a esta nación. Declararon que esta nación fue establecida por el Todopoderoso y que debía ser preeminente entre los pueblos del mundo Éter 2:12. Es preeminente en gloria y poder, pero, lamentablemente, hay influencias corrosivas y corruptoras que intentan debilitar la fortaleza de esta gran república. Esta república es la casa de nuestros padres, nuestros conciudadanos, nuestros amigos y nuestros hermanos, y junto con ellos nos mantendremos firmes, por la gracia de Dios, para oponernos al predominio de cualquier elemento comunista o nacido en el extranjero que procure destruir la Constitución.
UN NUEVO TESTIMONIO DE QUE JESÚS ES EL CRISTO
El testimonio que el Libro de Mormón nos da por último —no, no por último—, desde la primera página hasta la última, es que Jesús es el Cristo. Si servimos a Dios, esta nación sobrevivirá; pero escuchen esta solemne advertencia: Moroni dijo a las personas de su época que esta era una tierra de promisión y que Dios no permitiría que ninguna nación habitara en esta tierra a menos que le sirviera, pues, si se apartaban de Él, serían arrastrados al olvido que siempre trae consigo el desafuero Éter 2:8–9
Escuchen la advertencia de Moroni:
[…] esto viene a vosotros, oh gentiles [está hablando de nuestros días], para que conozcáis los decretos de Dios, a fin de que os arrepintáis y no continuéis en vuestras iniquidades hasta que llegue el colmo, para que no hagáis descender sobre vosotros la plenitud de la ira de Dios como lo han hecho hasta ahora los habitantes de la tierra Éter 2:11
Aquí está la advertencia de un profeta de Dios. Él da una gloriosa promesa acompañada de esta solemne advertencia.
Conciudadanos, ¿prestaremos atención a esta voz de amonestación? ¿Dejaremos de inclinar nuestro cuello ante la esclavitud, ante el yugo del pecado, y, elevándonos en la plenitud de los frutos de la rectitud, con la fortaleza de Dios, podremos presentarnos ante Él, aceptables como nación, rectos en el gobierno, compasivos con los pobres y justos a la vista de Dios? ¡Oh, cuán felices seremos! Y entonces, como dijo Webster, no se escribirá que esta nación tuvo una «decadencia y caída», porque Dios es nuestra fortaleza.
El espíritu y el propósito principal del Libro de Mormón es […] para convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios, que se manifiesta a sí mismo a todas las naciones Libro de Mormón, Portada
Permítanme responder humildemente a esta gloriosa declaración testificando que sé que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Él es la resurrección y la vida Juan 11:25, el autor y consumador de nuestra fe Heb. 12:2; y, si obedecemos Sus mandamientos, esta nación prosperará y todos nosotros entraremos con Él en la gloria eterna. Este es mi testimonio, en el nombre de Jesucristo. Amén.


























