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¿Fue Necesaria la Caída de Adán?
Pregunta: “En nuestra discusión sobre la caída de Adán surgió la siguiente pregunta: el primer mandamiento dado a Adán y Eva fue multiplicarse, y el segundo fue que no debían comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal o morirían. La discusión presentó el hecho de que los dos mandamientos estaban en conflicto y que, al quebrantar el mandamiento de no comer del fruto, Adán y Eva tuvieron que morir. También se expresó la idea de que todos podríamos estar en un estado de inocencia de no haber ocurrido la caída. Nos gustaría tener una explicación clara de esto. Seguramente el Señor no permitiría que su plan fuera destruido.”
Respuesta: Es evidente que, si dependiéramos únicamente del relato de la caída tal como se presenta en el libro de Génesis, seríamos desviados y llegaríamos a una conclusión muy errónea. La Biblia ha llegado hasta nosotros a través de muchas traducciones, y no existe ningún original conocido por el hombre. En la copia de los registros antiguos y en las traducciones realizadas por hombres no inspirados, muchos errores se introdujeron en los escritos antiguos. El Libro de Mormón deja esto en claro. Esto ha llevado a comentaristas bíblicos a afirmar que Adán y Eva frustraron y derrotaron el plan original del Padre, y han hablado de la participación del fruto como “la vergonzosa caída del hombre”. Por lo tanto, existe una noción generalizada de que, si Adán y Eva no hubieran participado de este fruto, ellos y su posteridad habrían habitado sobre la tierra en perfecta paz y felicidad, sin las pruebas y tentaciones que se han vuelto tan comunes a través de las generaciones del tiempo, y no habría existido la muerte.
LA CAÍDA FUE ESENCIAL PARA EL PLAN DIVINO
El simple hecho es que, como se explica en el Libro de Mormón y en las revelaciones dadas al profeta José Smith, la caída fue una parte muy esencial del plan divino. Por lo tanto, Adán y Eva hicieron precisamente aquello que el Señor tenía la intención de que hicieran. Si tuviéramos el registro original, veríamos claramente declarado el propósito de la caída y explicada su necesidad. Sí poseemos este conocimiento en el Libro de Moisés, tal como fue revelado al profeta José Smith:
Y yo, Dios el Señor, mandé al hombre, diciendo: De todo árbol del jardín podrás comer libremente;
Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; sin embargo, podrás escoger por ti mismo, porque te es concedido; pero recuerda que yo te lo prohíbo, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. (Moisés 3:16–17.)
Aprendemos de esto que Adán tenía el privilegio de hacer una elección, con la pena de muerte aguardándolo si comía del fruto del árbol. Podemos suponer que Adán no habría comido si Eva no hubiera participado primero. Cuando ella lo hizo, Adán comprendió que tenía que participar también o él y Eva habrían sido separados para siempre. Por lo tanto, no le quedaba a Adán otra alternativa que seguir el ejemplo de Eva y participar.
También leemos en las Escrituras que Jesús fue el “Cordero inmolado desde la fundación del mundo”, lo que significa que nuestro Salvador fue escogido antes de la fundación del mundo para venir y ser el sacrificio para la redención del hombre y de todas las criaturas que participaron de la muerte mediante la caída de Adán.
EL RELATO ORIGINAL SE ENCUENTRA EN EL LIBRO DE MOISÉS
La razón exacta por la que el Señor diría a Adán que le prohibía participar del fruto de aquel árbol no queda clara en el relato bíblico, pero en el original tal como nos llega en el Libro de Moisés queda perfectamente claro. Allí se indica que el Señor dijo a Adán que, si deseaba permanecer como estaba en el jardín, no debía comer del fruto; pero si deseaba comerlo y participar de la muerte, tenía la libertad de hacerlo. De modo que, en realidad, no fue en el verdadero sentido una transgresión de un mandamiento divino. Adán tomó la decisión sabia; de hecho, la única decisión que podía tomar.
Fue el plan divino desde el mismo principio que el hombre fuera colocado sobre la tierra y estuviera sujeto a condiciones mortales, pasando por un estado de probación, como se explica en el Libro de Mormón, donde él y su posteridad estarían sujetos a todas las condiciones de la mortalidad. Era parte del plan divino que el hombre tuviera este período de mortalidad en el que estaría excluido de la presencia de Dios y sujeto a todas las vicisitudes de la vida mortal, a las tentaciones y pruebas de la carne, obteniendo así experiencia y siendo colocado en una posición de prueba y tentación, para ser purificado al pasar por las pruebas y tribulaciones de la carne, o mortalidad, como lo ha descrito Pablo. Esta vida es una parte muy breve de nuestra existencia, pero es la más crítica, porque es en la mortalidad donde somos probados y figuradamente colocados en el fuego para ser examinados y comprobados, a fin de ver de qué clase de material estamos hechos, si seremos dignos de una exaltación en el reino de Dios o asignados a algún otro reino.
LA TRANSGRESIÓN DE ADÁN EXPLICADA POR EL PROFETA LEHI
Lehi, al instruir a su hijo Jacob, dejó esto muy claro cuando dijo:
Y ahora bien, he aquí, si Adán no hubiese transgredido, no habría caído, sino que habría permanecido en el jardín de Edén. Y todas las cosas que fueron creadas habrían permanecido en el mismo estado en que se hallaban después de ser creadas; y habrían permanecido para siempre, sin tener fin.
Y no habrían tenido hijos; por tanto, habrían permanecido en un estado de inocencia, sin sentir gozo, porque no conocían la miseria; sin hacer lo bueno, porque no conocían el pecado.
Mas he aquí, todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe.
Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo.
Y el Mesías viene en la plenitud de los tiempos para redimir a los hijos de los hombres de la caída. Y porque son redimidos de la caída, han llegado a ser libres para siempre, conociendo el bien y el mal; para actuar por sí mismos y no para que actúen sobre ellos, salvo por el castigo de la ley en el grande y postrer día, según los mandamientos que Dios ha dado. (2 Nefi 2:22–26.)
La madre Eva nos ha dado la declaración más clara en relación con la caída en las siguientes palabras:
…Si no hubiese sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los obedientes. (Moisés 5:11.)

























