17
¿Qué es el pecado
contra el Espíritu Santo?
Pregunta: “Lo que pregunto quizá no tenga mucha importancia, pero tal vez pueda informarme dónde puedo encontrar información sobre este tema. Estoy confundido acerca de la palabra ‘blasfemia’ tal como aparece en Mateo 12:31–33. Allí se nos dice que blasfemar contra el Hijo del Hombre puede ser perdonado, pero blasfemar contra el Espíritu Santo nunca puede ser perdonado. ¿Por medio de qué clase de acción o conducta se llegaría a blasfemar contra el Espíritu Santo? Quizá si pudiera leer un buen artículo sobre este tema podría llegar a una conclusión.”
Respuesta: Usted ha formulado una pregunta muy importante, la cual puede ser difícil de explicar a una persona que no sea miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, o a alguien que haya permanecido inactivo e indiferente a las enseñanzas de la Iglesia.
A fin de tener claramente ante nosotros la cuestión, conviene citar el pasaje en consideración.
Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu Santo no les será perdonada.
A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.
O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol. (Mateo 12:31–33.)
EL DON DEL ESPÍRITU SANTO
Cuando Juan el Bautista predicaba en el desierto, dijo al pueblo:
Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. (Mateo 3:11.)
En varias ocasiones el Salvador habló a Sus discípulos acerca del don del Espíritu Santo. Este don se menciona con frecuencia en la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento.
Cuando Nicodemo acudió al Salvador buscando luz, el Señor le dijo:
De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. (Juan 3:5.)
Esta fue una declaración extraña para Nicodemo, por lo que preguntó cómo podía un hombre nacer de nuevo, y el Señor respondió:
De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. (Juan 3:5–7.)
EL NACIMIENTO DE AGUA ES EL BAUTISMO POR INMERSIÓN
El nacimiento de agua es, por supuesto, el bautismo por inmersión para la remisión de los pecados. Esta es una ordenanza esencial para entrar en el reino de Dios. El bautismo del Espíritu se recibe por la imposición de manos de alguien que posee el sacerdocio.
Ningún hombre está autorizado para efectuar estas ordenanzas a menos que posea el sacerdocio. Una ordenanza realizada por alguien que no haya recibido autoridad sería solamente una burla a los ojos del Señor. Del mismo modo, el don del Espíritu Santo se confiere mediante la imposición de manos por alguien que ha sido oficialmente investido con autoridad divina. José Smith y Oliver Cowdery recibieron esta autoridad de Pedro, Santiago y Juan, quienes fueron enviados para conferirles el Sacerdocio de Melquisedec. El Señor dijo a José Smith en una revelación dada en octubre de 1830:
Sí, arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros para remisión de vuestros pecados; sí, sed bautizados en agua, y entonces vendrá el bautismo de fuego y del Espíritu Santo.
He aquí, de cierto, de cierto os digo que éste es mi evangelio; y recordad que deben tener fe en mí, o de ninguna manera podrán ser salvos;
Y sobre esta roca edificaré mi iglesia; sí, sobre esta roca estáis edificados, y si continuáis, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros.
Y os acordaréis de los artículos y convenios de la iglesia para guardarlos.
Y a cuantos tengan fe, los confirmaréis en mi iglesia por la imposición de manos, y yo les otorgaré el don del Espíritu Santo. (D. y C. 33:11–15.)
PABLO CUESTIONA LA VALIDEZ DE LOS BAUTISMOS DE ÉFESO
Pablo comprendió que algo andaba mal cuando ciertos conversos en Éfeso afirmaron haber sido bautizados, y les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo desde que fueron bautizados. Ellos respondieron: “Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo”.
A partir de esta respuesta, Pablo tuvo serias dudas respecto a la validez de su bautismo, y les preguntó: “¿En qué, pues, fuisteis bautizados?”. Ellos respondieron: “En el bautismo de Juan”. Entonces Pablo dijo: “Juan bautizó ciertamente con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Cristo Jesús”. Cuando oyeron esto, fueron bautizados de la manera apropiada, porque Pablo sabía que su bautismo había sido efectuado sin autoridad divina. Entonces Pablo les impuso las manos y les confirió el don del Espíritu Santo, y el poder de éste vino sobre ellos, “y hablaban en lenguas y profetizaban”. (Véase Hechos 19:1–6.)
Este don fue poseído por todos los profetas de la antigüedad, como Pedro nos informa cuando dijo:
Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada.
Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. (2 Pedro 1:20–21.)
Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, por medio de su fidelidad e integridad, tienen derecho a la misma guía y conocimiento divino que fue dado a los santos en otras dispensaciones desde los días de Adán. Sin embargo, ninguna persona puede poseer este don ni ejercer fe a menos que esté guardando humildemente los mandamientos que el Señor ha dado. El Espíritu Santo no mora en tabernáculos impuros ni contiende con las personas a menos que mantengan limpios tanto su cuerpo como su mente y sean diligentes delante del Señor.
Cuando el Salvador se reunió con Sus apóstoles en solemne asamblea poco antes de Su traición, les dijo:
Si me amáis, guardad mis mandamientos.
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre;
El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros. (Juan 14:15–17.)
Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.
Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio:
De pecado, por cuanto no creen en mí;
De justicia, por cuanto voy al Padre y no me veréis más;
Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.
Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.
Él me glorificará; porque tomará de lo mío y os lo hará saber. (Juan 16:7–14.)
EL MUNDO ESTÁ PRIVADO DEL ESPÍRITU SANTO
El mundo hoy no posee este gran don porque los hombres han abandonado el camino del Señor, han desechado Sus ordenanzas y enseñan las filosofías de los hombres.
El Señor concederá a cualquier persona honesta que busque sinceramente conocer la verdad una manifestación por medio del Espíritu Santo; pero no tiene derecho a manifestaciones repetidas. Después de que tal revelación ha sido dada, la persona debe actuar, porque no se puede apelar al Espíritu Santo para recibir manifestaciones continuas hasta después del bautismo y de que el don haya sido conferido. Cornelio es un buen ejemplo de esto. Pedro se aferraba estrictamente a las tradiciones de Israel de que la plenitud del evangelio era solamente para Israel y no para los gentiles. El Señor le dio una visión extraordinaria antes de convencerlo de que el evangelio era para los gentiles así como para los judíos.
Aprendemos de las enseñanzas inspiradas de Moroni lo siguiente:
He aquí, quisiera exhortaros a que cuando leáis estas cosas [es decir, el Libro de Mormón], si es sabiduría en Dios que las leáis, recordéis cuán misericordioso ha sido el Señor para con los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y lo meditéis en vuestros corazones.
Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios, el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si preguntáis con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo.
Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas. (Moroni 10:3–5.)
LA COMPAÑÍA CONSTANTE DEL ESPÍRITU SANTO
Tan importante es el don del Espíritu Santo que, mediante la obediencia justa y humilde al evangelio, una persona puede tener la compañía constante del Espíritu Santo. Le serán dados el discernimiento de espíritus y el poder para entender y comprender claramente las revelaciones del Señor. ¡Qué glorioso privilegio es ser guiado constantemente por el Espíritu Santo y tener manifestados los misterios del reino de Dios!
¿Cómo puede alguien leer las epístolas de Pablo o de Pedro, o las de cualquiera de los profetas de la antigüedad, y no comprender que estos hombres poseían autoridad divina y que sus mentes fueron iluminadas por las enseñanzas y revelaciones del Espíritu Santo? Es debido a este glorioso contacto que una persona puede recibir y saber con toda su alma que Jesús es el Cristo y que Sus profetas han hablado la verdad; también puede saberlo por el testimonio interior que el Espíritu le ha dado.
Después de que se recibe esta revelación, ¿debería un hombre apartarse y negar la verdad? Lo haría con los ojos abiertos y con el conocimiento que el Espíritu Santo le ha dado de la verdad divina. Por lo tanto, demostraría ser un mentiroso e indigno de un lugar de salvación en el reino de Dios. El testimonio que proviene de la verdad mediante las enseñanzas del Espíritu Santo es tan grande que el castigo por una rebelión o pecado contra el Espíritu Santo merece una pena para la cual no hay perdón.
Pablo, al escribir a los hebreos, dio esta advertencia:
Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos participantes del Espíritu Santo,
Y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y de los poderes del mundo venidero,
Y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. (Hebreos 6:4–6.)
PEDRO TAMBIÉN DA SU TESTIMONIO
Pedro también da testimonio de la verdad de que no hay perdón para el hombre que peca contra el Espíritu Santo.
Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.
Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.
Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. (2 Pedro 2:20–22.)
El testimonio del Espíritu es tan grande, y las impresiones y revelaciones de la verdad divina son reveladas con tanta fuerza, que llega al receptor una convicción de la verdad que no puede olvidar. Por lo tanto, cuando una persona ha sido iluminada por el Espíritu al grado de recibir el conocimiento de que Jesucristo es el Unigénito Hijo de Dios en la carne, y luego se aparta y combate al Señor y a Su obra, lo hace en contra de la luz y del testimonio que ha recibido por el poder de Dios. Por consiguiente, se ha entregado conscientemente al mal. Por eso Jesús dijo que no hay perdón para tal persona.
El testimonio del Espíritu Santo es el testimonio más poderoso que un hombre puede recibir.

























