Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 4

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¿Cómo Pueden Conciliarse 1 Nefi 3:7 y
Doctrina y Convenios 84:4?


Pregunta: “¿Cómo podemos reconciliar 1 Nefi 3:7, donde Nefi declara que el Señor no da “ningún mandamiento a los hijos de los hombres, sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado”, con Doctrina y Convenios 84:4, donde se mandó a los santos construir un templo en Independence en aquella generación, templo que no fue construido de acuerdo con el mandamiento que se dio?”

Respuesta: No existe conflicto alguno entre estos dos pasajes, aunque a algunos pueda parecerles que hay una contradicción. Generalmente se considera que una generación es “el período ordinario de tiempo en que una clase sigue a otra, o de padre a hijo en sucesión”. Sin embargo, cuando el Salvador dijo a los judíos: “… La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada…” (Mateo 12:39), evidentemente no estableció un límite definido de tiempo, sino que se refirió a una condición que podía prevalecer indefinidamente mientras durara la maldad, aun cuando se extendiera a través de varias generaciones de padre a hijo.

UNA SUPOSICIÓN RAZONABLE

Puede ser razonable suponer que al dar esta revelación al Profeta, el Señor tenía en mente a la generación de personas que todavía vivirían dentro de los cien años posteriores al anuncio de la revelación, y que ellas disfrutarían de las bendiciones del templo, y una nube gloriosa reposaría sobre él. También es razonable creer que ninguna persona que vivía en 1832 sigue viviendo mortalmente sobre la tierra. No obstante, no hay nada en el mandamiento dado a Nefi, ni en la seguridad que recibió de que el Señor lo bendeciría para obtener las planchas que eran tan esenciales para el bienestar espiritual y temporal de los descendientes de Nefi, que esté en conflicto de manera alguna con el mandamiento o la promesa dada por el Señor en la revelación al profeta José Smith. Leemos en otra revelación dada a la Iglesia en enero de 1841, donde el Señor releva a los miembros de la Iglesia de la obligación de construir el templo, con las siguientes palabras:

UNA REVELACIÓN DEL SEÑOR

“De cierto, de cierto os digo, que cuando doy un mandamiento a cualquiera de los hijos de los hombres para que hagan una obra a mi nombre, y esos hijos de los hombres van con todo su poder y con todo cuanto tienen para efectuar esa obra, y no cesan en su diligencia, y sus enemigos vienen sobre ellos y les impiden efectuar esa obra, he aquí, me corresponde no requerir más esa obra de las manos de esos hijos de los hombres, sino aceptar sus ofrendas.

Y la iniquidad y transgresiones de mis santas leyes y mandamientos visitaré sobre las cabezas de aquellos que impidan mi obra, hasta la tercera y cuarta generación, mientras no se arrepientan y me aborrezcan, dice el Señor Dios.

Por tanto, por esta causa he aceptado las ofrendas de aquellos a quienes mandé edificar una ciudad y una casa a mi nombre en el condado de Jackson, Misuri, y que fueron impedidos por sus enemigos, dice el Señor vuestro Dios.

Y enviaré juicio, ira e indignación, lamento y angustia, y crujir de dientes sobre sus cabezas, hasta la tercera y cuarta generación, mientras no se arrepientan y me aborrezcan, dice el Señor vuestro Dios.

Y esto os lo pongo como ejemplo, para vuestro consuelo concerniente a todos aquellos a quienes se ha mandado hacer una obra y han sido impedidos por las manos de sus enemigos y por la opresión, dice el Señor vuestro Dios.

Porque yo soy el Señor vuestro Dios, y salvaré a todos aquellos de vuestros hermanos que hayan sido puros de corazón y hayan sido muertos en la tierra de Misuri, dice el Señor”. (D. y C. 124:49–54.)

RESPUESTA SUFICIENTE A LA PREGUNTA

Esto debería ser una respuesta suficiente a la pregunta. El Señor aceptó de manos de los miembros de la Iglesia sus esfuerzos y los relevó de aquella obligación. Es interesante saber que durante la Guerra Civil aquella región de Misuri sufrió, y la ira del Señor se derramó sobre ella; algunos de los que habían impedido la obra del Señor participaron de esa ira en cumplimiento de esa predicción.

También debe recordarse que el Señor abrió el camino para Nefi porque la obtención de las planchas era una necesidad absoluta, como Lehi lo había señalado. Era una cuestión de vida o muerte espiritual poseer los registros sagrados que Nefi fue enviado a recuperar de Jerusalén. Por tanto, el Señor anuló toda oposición e hizo posible que Nefi llevara a cabo la obra que se le había asignado. Algunos críticos podrían preguntar entonces por qué el Señor no anuló toda oposición en los días del profeta José Smith y permitió que se construyera la casa del Señor conforme a lo que se había escrito. Una respuesta suficiente a tal pregunta es que aún no había llegado el momento verdadero para la construcción de aquel templo; por lo tanto, el Señor pospuso el día. La construcción del templo, dadas todas las circunstancias, no era un requisito esencial en el año 1832. Seguramente el Señor habría vencido toda oposición si hubiera existido la necesidad de que en aquel tiempo se levantara una construcción tan magnífica. Por el contrario, relevó a los santos y pospuso el día. Al considerar la palabra del Señor respecto a los esfuerzos de los miembros de la Iglesia, es incorrecto pensar que los miembros no fueron diligentes en sus deberes en aquella época, o que el Señor fue vencido por hombres inicuos y que sus mandamientos fracasaron.

UN INCIDENTE SIMILAR DE APARENTE FRACASO

Un incidente similar de aparente fracaso ocurrió durante la salida a luz del Libro de Mormón cuando, debido a las persistentes súplicas de Martin Harris, se permitió que el manuscrito del Libro de Mormón fuera llevado para mostrárselo a la señora Harris y a algunos de sus amigos. El manuscrito fue robado y, sin duda, quienes lo robaron hicieron cambios en él, tal como el Señor indicó que harían. El Profeta y Martin Harris sintieron que se había cometido un error irreparable, y al principio se preguntaron por qué el Señor permitiría que ocurriera algo tan grave. La verdad es que el Señor sabía desde el principio lo que sucedería y había hecho provisión para un error tan serio. La pérdida de este manuscrito fue considerada una gran lección para el Profeta, una lección que quizás necesitaba profundamente. Sin embargo, el resultado fue que el Señor tenía preparado un relato mejor de los mismos acontecimientos históricos, mucho más rico en detalles. De este modo, el mal aparente terminó convirtiéndose en una bendición para todos los que leen el Libro de Mormón. Ciertamente, el Señor conoce el fin desde el principio y, sin importar cuáles sean las acciones de los hombres, los propósitos del Señor prevalecerán.

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