29
¿Cómo pudo ser quitado el
Sacerdocio de Melquisedec a Israel?
Pregunta: “Existe cierta confusión entre los miembros de nuestra clase con respecto a la declaración en Doctrina y Convenios donde leemos que el Sacerdocio de Melquisedec fue quitado de Israel después de la partida de Moisés, y que la casa de Israel quedó con el Sacerdocio Aarónico, el cual posee ‘las llaves de la ministración de ángeles y del evangelio preparatorio’, y los mandamientos carnales. (D. y C. 84:25–26.) Lo que nos inquieta es cómo pudo existir Israel únicamente con el Sacerdocio Aarónico y la ley de Moisés o los mandamientos carnales. Ahora bien, si entendemos correctamente, se requiere el Sacerdocio de Melquisedec para confirmar a los miembros de la Iglesia. Si la declaración es correcta, entonces no quedó nadie para oficiar en la concesión del Espíritu Santo. Sin embargo, Pedro declara: ‘Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.’ (2 Pedro 1:21.) No pudimos comprender cómo Israel pudo continuar sin ministros que pudieran oficiar en las ordenanzas del evangelio en los oficios del Sacerdocio de Melquisedec. ¿Existe alguna declaración clara con relación a este problema?”
Respuesta: Cuando los israelitas salieron de la tierra de Egipto, el Señor les ofreció darles los plenos poderes del sacerdocio si obedecían sus mandamientos y permanecían fieles a sus convenios. Ellos no demostraron ser dignos ni estar preparados para recibir tan grande bendición. Por lo tanto, el Señor retiró las bendiciones del Sacerdocio de Melquisedec de los miembros varones de las tribus de Israel y les dejó el Sacerdocio Aarónico, el cual también quedó restringido a la tribu de Leví, que era la tribu que oficiaba en los sacrificios por Israel. Esta es una historia muy interesante y debería servir como lección para el Israel moderno.
ISRAEL FUE GRANDEMENTE BENDECIDO
Durante todo el recorrido de los israelitas por el desierto, el Señor les concedió abundantes bendiciones y derramó sobre ellos muchos milagros, mostrando su bondad y consideración, ante todo lo cual manifestaron ingratitud. Sus peregrinaciones revelan una historia muy interesante que debería beneficiarnos y servirnos de lección en nuestras propias jornadas y responsabilidades en esta dispensación final, para que no atraigamos sobre nosotros el desagrado del Señor.
Durante toda su estancia en el desierto, Israel mostró la disposición de hijos malcriados. Evidentemente no lograron comprender las enseñanzas del Señor que fueron dadas a Moisés. Por tanto, cuando llegó el momento de que Israel cruzara el Jordán y entrara en su herencia, se cumplió la advertencia profética que el Señor les había dado, según consta en el libro de Números.
Y habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:
“¿Hasta cuándo soportaré a esta mala congregación que murmura contra mí? He oído las murmuraciones de los hijos de Israel que murmuran contra mí.
Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros:
En este desierto caerán vuestros cuerpos; todos vosotros que fuisteis contados conforme a vuestra cuenta, de veinte años arriba, los cuales habéis murmurado contra mí,
No entraréis en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone y a Josué hijo de Nun.
Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis.
En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto.
Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto.” (Números 14:26–33.)
LOS ISRAELITAS MOSTRARON UN ESPÍRITU DE REBELIÓN
Por consiguiente, cuando llegó el momento de cruzar el Jordán, los adultos que habían salido de Egipto habían perecido, con excepción de dos hombres que habían mantenido su integridad. Incluso a Moisés y Aarón se les negó el privilegio de entrar en la tierra prometida.
Durante cuarenta años los israelitas murmuraron y manifestaron un espíritu de rebelión. No lograron comprender las grandes manifestaciones del Señor en favor de ellos. El Señor los bendijo con maná en el desierto, con codornices cuando clamaron por carne, con manantiales de agua descubiertos milagrosamente y, de mil maneras, manifestó su amor y poder en beneficio de ellos. A pesar de todo esto, el Señor continuó amándolos y les hizo grandes promesas.
Cuando Moisés subió al monte y permaneció allí cuarenta días, ellos se rebelaron y volvieron a la falsa adoración de los egipcios. En aquella visita al monte, el Señor dio a Moisés ciertos mandamientos escritos en tablas de piedra. Cuando Moisés descubrió la rebelión y la idolatría de Israel, arrojó aquellas tablas y las quebró. ¿Qué contenían? ¡Mandamientos pertenecientes a la plenitud del evangelio!
Después de este acto, el Señor llamó nuevamente a Moisés al monte y le dio otros mandamientos en las segundas tablas de piedra. ¿Contenían las segundas tablas las mismas cosas que estaban escritas en las primeras? ¡No! ¡No en todos los aspectos! En las traducciones corrientes de la Biblia se declara que estas tablas contenían las mismas cosas que estaban escritas en las primeras; sin embargo, mediante la revelación dada al profeta José Smith hemos aprendido que las segundas tablas no contenían todo lo que estaba en las primeras. Las primeras contenían la autoridad del evangelio relacionada con las bendiciones del Sacerdocio de Melquisedec. Si Israel hubiera aceptado las primeras tablas con fe sincera, habría recibido las bendiciones del Sacerdocio de Melquisedec y los principios claros del evangelio. El Señor sustituyó aquellos mandamientos, y los tenemos tal como están registrados en el libro de Éxodo, y la bendición de la concesión universal del Sacerdocio de Melquisedec fue retirada.
INFORMACIÓN DE LA VERSIÓN INSPIRADA
Leemos en la traducción, o revisión inspirada, dada por mandamiento divino al profeta José Smith con respecto a las segundas tablas, lo siguiente:
“Y Jehová dijo a Moisés: Lábrate otras dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré también sobre ellas las palabras de la ley, conforme fueron escritas al principio en las tablas que quebraste; pero no será conforme a las primeras, porque quitaré el sacerdocio de en medio de ellos; por tanto, mi santo orden, y el orden y las ordenanzas del mismo, no irán delante de ellos; porque mi presencia no subirá en medio de ellos, no sea que los destruya.
Pero les daré la ley como al principio, aunque será conforme a una ley de mandamiento carnal; porque he jurado en mi ira que no entrarán en mi presencia, en mi reposo, durante los días de su peregrinación. Por tanto, haz como te he mandado, y prepárate por la mañana, y sube por la mañana al monte Sinaí, y preséntate allí delante de mí en la cumbre del monte.” (Éxodo 34:1–2, Versión Inspirada.)
Así vemos que Israel, por causa de su rebelión, perdió las bendiciones que originalmente le fueron ofrecidas. Debe recordarse que era la intención del Señor, si Israel hubiera sido fiel, darles la plenitud del sacerdocio. Esta bendición no pudieron recibirla y, por consiguiente, les fue dado el sacerdocio menor y la ley carnal o temporal.
LAS BENDICIONES DEL SANTO SACERDOCIO FUERON RESTRINGIDAS
No perdamos de vista el hecho de que, a lo largo de toda la historia de Israel hasta la venida de nuestro Redentor, las bendiciones del Santo Sacerdocio estuvieron restringidas. No se concedieron universalmente a las tribus, pero necesariamente tenía que haber algunos hombres fieles sobre quienes se confiriera el Sacerdocio de Melquisedec. Todos los profetas poseían el Sacerdocio de Melquisedec, pero el profeta José Smith nos ha informado que, en cada caso, fue por nombramiento divino especial. (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 181.)
Nunca hubo un tiempo en Israel en que no existiera un profeta con autoridad divina y con poder para confirmar y efectuar otras ordenanzas. Se nos informa que Elías fue el último de los antiguos profetas sobre quien fue conferida la plenitud. Él tuvo poder para sellar los cielos y hacer que no lloviera. Tuvo poder para hacer descender fuego del cielo, multiplicar la harina de la viuda y resucitar al hijo de la viuda cuando había muerto. Asimismo, otros profetas como Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel fueron bendecidos con el Sacerdocio de Melquisedec. Ellos podían oficiar entre el pueblo, pero no hubo una concesión universal de autoridad entre las tribus desde el momento en que Israel entró en la tierra prometida hasta la venida de nuestro Salvador. Cuando Él vino, la plenitud del evangelio y de la autoridad divina fue restaurada.

























