Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 4

14
¿Al Obedecer a Dios se
Restringe la Libertad Personal?


Pregunta: “Nuestra clase recientemente discutió el tema de la obediencia en todas las cosas, y en el curso de la discusión se consideraron estas palabras de Séneca:

‘Nacemos súbditos, y obedecer a Dios es perfecta libertad. Quien hace esto será libre, seguro y feliz.’

“No estuvimos de acuerdo con la expresión ‘perfecta libertad’. Buscamos su consejo sobre esta cuestión. ¿Cómo podría haber perfecta libertad si estamos obligados a aceptar el mismo punto de vista, y se niegan la individualidad y la libertad de expresión? Le pedimos que responda en términos de la filosofía de la Iglesia. ¿No es esto una interferencia con la libertad personal y el derecho de una persona a expresar sus propios pensamientos sobre muchos temas? ¿Podría darnos una respuesta basada en la filosofía del evangelio?”

Respuesta: Séneca (Lucio Anneo) fue un escritor y filósofo romano que vivió en el primer siglo de la era cristiana. Es poco probable que alguna vez viera al Señor, pero existe una tradición de que tuvo cierto conocimiento de Pablo y que de él pudo haber absorbido algunas verdades del evangelio. No se puede afirmar con certeza si esto es verdad o no. Esta expresión que aquí se cuestiona por parte de los miembros de la clase es de considerable importancia.

Todos hemos sido enseñados en la doctrina del albedrío personal y de que ningún individuo es jamás obligado por la fuerza ni por otros medios a cumplir con los decretos y la filosofía divinos. Se nos ha informado que hace mucho tiempo, en la preexistencia, hubo una rebelión en el cielo y que, debido a que un personaje destacado, que había sido investido con gran autoridad, se rebeló y arrastró a muchos con él, tuvo que ser expulsado del reino. Sin embargo, debemos recordar que cada principio y ley existentes en el reino celestial han demostrado ser perfectos a través de las eternidades por las que han pasado. Si algún individuo demuestra ser digno de la exaltación en ese reino, será mediante la estricta obediencia a cada principio y convenio allí existente. Por lo tanto, podemos estar seguros de que toda ley y principio pertenecientes a ese reino son perfectos y no pueden ser modificados ni descartados debido a su perfección. Sin embargo, no hay razón para creer que bajo tales condiciones puedan surgir diferencias de juicio o de opinión con respecto a algún principio o mandamiento, porque todo ha alcanzado el estado de perfección.

TODAS LAS LEYES DIVINAS HAN SIDO PROBADAS COMPLETAMENTE

Podemos creer con toda razón que, puesto que nuestro Padre Eterno ha estado creando mundos, poblando esos mundos y llevándolos a la perfección a través de incontables edades, toda ley y mandamiento divinos han sido tan completamente probados que jamás podría surgir una condición en la que un individuo que alcance la exaltación descubra que algún principio o mandamiento podría ser descartado o modificado de alguna manera para mejorar las condiciones de ese reino.

Uno de los principios o verdades más gloriosos jamás revelados al hombre mortal fue dado al profeta José Smith en Kirtland, Ohio, en mayo de 1831. Esta verdad, por alguna razón difícil de explicar, ha sido criticada por muchos que deberían saber más; sin embargo, ella identifica a José Smith como profeta y revelador que ha dado a conocer al mundo quizás una de las más grandes verdades jamás reveladas. ¡Y aun así el mundo no la recibe! Desafortunadamente, muchos que profesan ser miembros de la Iglesia han cuestionado su validez. Dice así:

Y aquello que no edifica no es de Dios, y es tinieblas.
Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz; y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto. (D. y C. 50:23–24.) (Cursivas añadidas.)

Hay otra revelación semejante a esta, que señala el tiempo cuando todos los que hallen esa luz y verdad divinas serán exaltados. Dice así:

El Espíritu de verdad es de Dios. Yo soy el Espíritu de verdad, y Juan dio testimonio de mí, diciendo: Recibió una plenitud de verdad, sí, de toda verdad.
Y ningún hombre recibe una plenitud a menos que guarde sus mandamientos.
El que guarda sus mandamientos recibe verdad y luz, hasta que es glorificado en la verdad y sabe todas las cosas. (D. y C. 93:26–28.)

DIGNOS DE SER BENDECIDOS CON CONOCIMIENTO Y SABIDURÍA

Aquí se nos informa que aquellos que son dignos de la exaltación serán bendecidos con conocimiento, sabiduría, verdad y luz, de modo que, como nuestro Señor, eventualmente llegarán a saber todas las cosas y serán bañados en luz y verdad. Cuando llegue ese tiempo no podrán surgir diferencias de opinión. No habrá almas ambiciosas que estén insatisfechas o que deseen introducir ideas personales o cambiar las leyes mediante las cuales todas las cosas son gobernadas en perfección. Puesto que el gozo de todos los que moran allí es perfecto, no podrá surgir ocasión alguna para diferencias de opinión o conflictos de ideas. Las debilidades e imperfecciones de la mortalidad habrán sido completamente eliminadas, y quienes reciban esta exaltación estarán revestidos de sabiduría, luz y verdad en su perfección.

Si surgiera una persona o grupo de personas que desearan cambiar el orden establecido, entonces el orden perfecto dejaría de existir. Tampoco podría persona o grupo alguno descubrir un principio o mandamiento que necesitara ser modificado, porque se habrá alcanzado el estado eterno de perfección.

La verdadera libertad solo puede venir mediante la obediencia a la ley divina. Esto es cierto en este mundo mortal; cuánto más lo será en el reino celestial. Allí no existe compulsión. Toda alma que alcance esta exaltación comprenderá que no puede haber desarmonía, y cuando los habitantes de ese reino vean claramente, y no “por espejo, oscuramente”, no surgirá contención alguna. Las ambiciones personales son producto de los deseos mortales. En el reino de Dios, quienes entren habrán aprendido las grandes lecciones de humildad, obediencia y amor divino, porque todas las debilidades y ambiciones de la carne habrán perecido con la tumba.

ES POSIBLE ALCANZAR LA PERFECCIÓN

Las palabras del Salvador en el Sermón del Monte: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48), evidentemente han sido mal aplicadas o limitadas en su significado por muchas personas. El Salvador sabía que el hombre mortal no podía alcanzar la gran meta de la perfección como su Padre Celestial, pero la mortalidad es el lugar donde debe colocarse ese fundamento. Luego debemos continuar avanzando de gracia en gracia, no solo en esta vida sino también en las eternidades venideras, y está dentro de las posibilidades de toda alma fiel alcanzar finalmente esa perfección.

Además:

Entonces Jesús dijo a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. (Juan 8:31–32.)

La verdadera libertad solo puede venir mediante la obediencia a la ley divina. No existe compulsión en el reino de Dios. La sabiduría, el amor por la verdad y la obediencia nos hacen libres. En el momento en que una persona se aparta del camino de la verdad y de la observancia de la ley divina, se vuelve sujeta al pecado y esclava del pecado. Hay más verdad en las palabras de Santiago de lo que muchos piensan:

Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. (Santiago 2:10.)

¿Cuál es el verdadero significado de esta afirmación? Que solo mediante la obediencia a toda la ley pueden recibirse las bendiciones prometidas.

El propósito de nuestra existencia mortal es que cada individuo sea probado y examinado para ver si, a través de las tentaciones, pruebas y tribulaciones de la mortalidad, puede mantenerse fiel y demostrar ser digno de la exaltación en el reino de Dios. Esta es la meta que buscamos, o que deberíamos buscar, y es esta integridad y perseverancia la que trae la plenitud de vida que Lehi definió como gozo.

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