Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 4

35
¿Cuál es el significado de Eclesiastés
capítulo 9:4-5,10?


Pregunta: “¿Podría explicar el significado de Eclesiastés, capítulo nueve, versículos cuatro, cinco y diez, que son los siguientes:

“‘Porque para el que está entre los vivos hay esperanza; porque mejor es perro vivo que león muerto.

“‘Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más recompensa; porque su memoria es puesta en olvido. . . .

“‘Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.’”

Respuesta: Estos pasajes han llevado a algunas personas bien intencionadas a creer que el cuerpo mortal no tiene espíritu. Otros creen que el espíritu duerme en la tumba al igual que el cuerpo. Que una persona inteligente pueda aceptar tal creencia frente a tantos pasajes de las Escrituras que enseñan que el espíritu del hombre es una entidad completa que existió antes del nacimiento, que se une al cuerpo en la vida mortal y que continúa existiendo después de la muerte, es algo muy extraño y difícil de comprender. Además, las Escrituras nos aseguran que el espíritu y el cuerpo volverán a unirse y que nunca más serán separados después de la resurrección. El Salvador dejó esto muy claro durante su ministerio en la tierra con sus discípulos.

EL VERDADERO SIGNIFICADO

El verdadero significado de estos pasajes se refiere a un hecho sencillo. Ese hecho es que, después de que una persona ha muerto, pronto es olvidada. Las cosas de este mundo relacionadas con ella, sus negocios, placeres y tristezas, ya no son recordadas por sus seres queridos y amigos. El mundo continúa con sus ocupaciones; los días vienen y van, así como las estaciones; y la tierra sigue su curso por los cielos como si los muertos nunca hubieran vivido. No importa cuán grande o renombrada haya sido una persona, pasa muy poco tiempo antes de que sea olvidada. El muerto ya no tiene palabras que pronunciar, consejos que impartir, y las cosas siguen su curso natural sin él. Por lo tanto, cuando observamos estos pasajes bajo su verdadera luz, debemos estar de acuerdo: los muertos pronto son olvidados.

LA MUERTE NO TERMINA LA EXISTENCIA

Que el espíritu de los muertos deje de existir, de perdurar, de pensar o de actuar es una falacia. La muerte no pone fin a la existencia. No prueba que el espíritu inmortal haya dejado de funcionar en ningún sentido. Tampoco prueba que no exista un espíritu que habitó el cuerpo muerto. Evidentemente, estas palabras atribuidas a Salomón fueron escritas en los últimos años de su vida, después de haber transgredido los mandamientos divinos. Sea cual sea el caso, al examinarlas de manera natural, debemos admitir que Salomón tenía razón, al menos en gran medida. No estamos en posición, durante la mortalidad, de hablar extensamente ni de evaluar adecuadamente los privilegios y oportunidades concedidos a los espíritus de los muertos, pero sí podemos decir con Salomón que, cuando interviene la muerte, el cuerpo es depositado en la tumba en paz y no sabe nada de los asuntos de este mundo agitado. Por lo tanto, cuando hablamos del cuerpo mortal como una entidad, podemos estar completamente de acuerdo; pero el espíritu viviente que pertenece a ese cuerpo está muy vivo.

Nunca se nos ha informado exactamente cuánto se le permite saber y comprender al espíritu que ha partido acerca de las condiciones que continúan en la tierra después de la muerte. Que el espíritu sigue existiendo como una entidad llena de vida, tenemos toda seguridad de ello, porque fue creado para ser eterno. La muerte del cuerpo mortal no trae consigo la muerte del espíritu. Este continúa, posee vitalidad y espera con anhelo el día de la resurrección. Por lo tanto, la idea de que el espíritu está inactivo, o de que no existe un espíritu eterno, es falsa y queda desacreditada por todas las revelaciones que el Señor ha dado al hombre desde los días de Adán.

EL ESPÍRITU ES UNA ENTIDAD

Hay numerosos casos registrados en las Escrituras que señalan claramente el hecho de que el espíritu es una entidad; que perdura después de la muerte porque es eterno. La Biblia revela incidentes en los que los difuntos han aparecido como espíritus a los vivos. La historia de Saúl y la adivina de Endor no es una falacia, sino un hecho real; no porque Samuel fuera “hecho subir”, sino porque demuestra que existían espíritus. La historia del Salvador en relación con Lázaro y el hombre rico es una evidencia de esta verdad. Nuestro Redentor no presentaría una historia ficticia de tan maravilloso significado si no estuviera basada en la verdad. Ninguna persona reflexiva acusaría al Hijo de Dios de presentar una historia imaginaria de tanta importancia como la de Lázaro y el hombre rico, a menos que el trasfondo estuviera fundamentado en la verdad.

Si los discípulos del Señor, en el momento de su aparición después de su resurrección, hubieran tenido una idea equivocada, pensando que cuando el Señor se les apareció estaban viendo un espíritu y que no existen espíritus, el Señor les habría dicho claramente que no existen espíritus. ¿Qué fue lo que dijo?

Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. (Lucas 24:39.)

Esta declaración de nuestro Salvador debería poner fin a toda controversia.

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