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“. . . Todos los que están en los
sepulcros oirán su voz”
Pregunta: “Hay quienes enseñan que los malvados serán aniquilados al morir: la destrucción tanto del espíritu como del cuerpo. Otros enseñan que el espíritu duerme. ¿Qué seguridad hay de que los muertos oirán la voz de Dios?”
Respuesta: La siguiente cita de las palabras del Salvador, tal como están registradas en el Evangelio de Juan, responde a la pregunta:
De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;
y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.
No os maravilléis de esto, porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. (Juan 5:25–29.)
La resurrección debe ser tan universal como lo fue la caída. Por lo tanto, abarca todo lo que hay sobre la tierra y a la tierra misma, porque la tierra participó de la condición cambiada después de la transgresión de Adán y Eva. No solamente fue cambiada la tierra, sino que la misma condición de mortalidad vino también sobre toda criatura viviente. Por consiguiente, debe haber una restauración no solo de Adán y Eva y de su posteridad, sino también de la tierra misma y de todas las criaturas vivientes que están sobre su faz.
Hemos recibido testigos del cumplimiento, al menos en parte, de las predicciones hechas por Jesús a sus discípulos con respecto a la restauración de todas las cosas. En el momento en que Jesús salió del sepulcro, siguió una resurrección, y Mateo, al hablar de esto, escribió:
Y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido se levantaron;
y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad y aparecieron a muchos. (Mateo 27:52–53.)
NO HAY EXCUSA PARA LA DUDA
¿Por qué habría de dudar alguien de la verdad de la resurrección universal? Que nuestro Salvador vivió, que murió en la cruz y resucitó al tercer día está atestiguado por testigos divinos. Los escritos de Mateo, Juan y Pedro con respecto a la resurrección y su testimonio están, o deberían estar, más allá de toda disputa. Es el deber y privilegio de todo miembro de la Iglesia tener un testimonio divino de esta gran verdad. Nosotros lo sabemos, porque el testimonio está ante nosotros en la declaración definida y positiva del profeta José Smith, Oliver Cowdery y otros que, en esta dispensación, han estado en la presencia divina del Hijo de Dios. Además, es deber de todo miembro fiel de la Iglesia saber por sí mismo, mediante el poder del Espíritu Santo que le es dado, que Jesús vive, que murió y ha vuelto a vivir revestido de gloria y majestad, y que gobierna con su Padre en los cielos.
LA BENDICIÓN DE LA RESURRECCIÓN ES PARA TODAS LAS CRIATURAS
También sabemos, porque el Señor lo ha revelado, que por medio del amor de nuestro Redentor no solo aquellos que creen en él y guardan sus mandamientos saldrán de la tumba, sino que esta gran bendición ha sido concedida a todos, no solamente a los justos, sino que también alcanzará a toda criatura viviente. La justicia exige que haya esta restauración universal. Jacob, hermano de Nefi, declaró esta gran verdad por el espíritu de revelación con las siguientes palabras:
Porque así como la muerte ha pasado sobre todos los hombres para cumplir el misericordioso designio del gran Creador, es necesario que haya un poder de resurrección, y la resurrección tiene que venir al hombre a causa de la caída; y la caída vino por motivo de la transgresión; y porque el hombre llegó a ser caído, fue separado de la presencia del Señor.
Por tanto, es necesario que haya una expiación infinita; de no ser una expiación infinita, esta corrupción no podría vestirse de incorrupción. Por consiguiente, el primer juicio que vino sobre el hombre tendría que haber permanecido por una duración interminable. Y de ser así, esta carne tendría que haber sido puesta a pudrirse y desintegrarse en su madre tierra, para no levantarse jamás. (2 Nefi 9:6–7.)
Por lo tanto, tenemos la seguridad de que la resurrección se extenderá y abarcará a toda criatura, incluso a la tierra misma. Porque esta tierra debe ser limpiada de toda injusticia y coronada con gloria y vida eterna.
Al profeta José Smith el Señor le dio esta gloriosa revelación:
UNA REVELACIÓN GLORIOSA
Y además, de cierto, de cierto os digo que cuando se hayan cumplido los mil años, y los hombres de nuevo empiecen a negar a su Dios, entonces preservaré la tierra por un poco más de tiempo;
y vendrá el fin, y los cielos y la tierra serán consumidos y pasarán, y habrá un cielo nuevo y una tierra nueva.
Porque todas las cosas viejas pasarán, y todas las cosas serán hechas nuevas, incluso los cielos y la tierra, y toda su plenitud, tanto hombres como bestias, las aves del aire y los peces del mar;
y no se perderá ni un cabello ni una mota, porque es la obra de mi mano.
Pero he aquí, de cierto os digo que antes que la tierra pase, Miguel, mi arcángel, tocará su trompeta, y entonces todos los muertos despertarán, porque sus sepulcros serán abiertos, y saldrán; sí, todos ellos.
Y los justos serán reunidos a mi diestra para vida eterna; y de los malvados que estén a mi izquierda me avergonzaré de reconocerlos delante del Padre;
por tanto, les diré: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
Y ahora, he aquí, os digo que nunca en ningún momento he declarado de mi propia boca que ellos deban regresar, porque donde yo estoy ellos no pueden venir, porque no tienen poder.
Pero recordad que no todos mis juicios son dados a los hombres; y así como las palabras han salido de mi boca, así serán cumplidas, que los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros en todas las cosas que he creado por la palabra de mi poder, que es el poder de mi Espíritu. (D. y C. 29:22–30.)

























