Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 4

15
¿Qué hay de los muertos que
murieron antes de Jesucristo?


Pregunta: “En el capítulo quince de Mosíah leemos que aquellos que vivieron antes de la venida de nuestro Salvador, que nunca oyeron hablar de él y a quienes nunca se les declaró la salvación, tuvieron parte en la primera resurrección cuando el Salvador resucitó, y tienen vida eterna. ¿Podría ilustrarnos al respecto, pues nos preguntamos cómo y por qué pudo ser esto, sin haber oído el mensaje del evangelio mientras vivían en este mundo?”

Respuesta: Esta pregunta se refiere a las enseñanzas de Abinadí, como sigue:

Y habrá una resurrección, sí, una primera resurrección; sí, una resurrección de los que han sido, y de los que son, y de los que serán, hasta la resurrección de Cristo, porque así será llamado.

Y ahora, la resurrección de todos los profetas, y de todos los que han creído en sus palabras, o de todos los que han guardado los mandamientos de Dios, éstos saldrán en la primera resurrección; por tanto, éstos son la primera resurrección.

Son levantados para morar con Dios que los ha redimido; así tienen vida eterna por medio de Cristo, quien ha roto las ligaduras de la muerte.

Y éstos son los que tienen parte en la primera resurrección; y éstos son los que murieron antes de que Cristo viniera, en su ignorancia, sin que se les hubiera declarado la salvación. Y así el Señor lleva a cabo la restauración de éstos; y tienen parte en la primera resurrección, o tienen vida eterna, siendo redimidos por el Señor. (Mosíah 15:21–24.)

LOS NIÑOS NO SON RESPONSABLES DE LOS PECADOS DE SUS PADRES

Los millones de almas que han vivido sobre la tierra en una época y lugar donde el evangelio no estaba presente, debido a las transgresiones de sus padres, no pueden ser juzgados por las normas que proclama el evangelio puro. Muchas de las personas que vivieron en el mundo pagano eran inteligentes, laboriosas y honradas en su trato con sus semejantes, pero tuvieron la desgracia de descender de aquellos que en épocas anteriores rechazaron el evangelio que les había sido declarado, y por consiguiente sus descendientes fueron criados en la idolatría. El Señor declaró por medio de sus profetas que los hijos no son responsables por los pecados de sus padres.

Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su propio pecado. (Deuteronomio 24:16.)

Después de la dispersión de los pueblos por todas las partes de la tierra, éstos se apartaron de las enseñanzas de Noé. Generación tras generación vino y pasó en la idolatría. Sin embargo, muchos de estos hijos eran por lo demás inteligentes. Habían aceptado la adoración de imágenes y de dioses falsos debido a las tradiciones de sus padres. Entre estos pueblos se encontraban muchos de los egipcios, los griegos, los romanos, los persas y otros pueblos que se habían esparcido por toda la faz de la tierra. Estas personas no eran responsables de su condición. Habían seguido las enseñanzas de sus padres y vivieron y murieron en su ignorancia de la verdad divina enseñada a Adán, a Noé y a Abraham.

LA JUSTICIA SERÁ IMPARTIDA A TODA ALMA

Se nos enseña que seremos castigados por nuestros propios pecados, pero ¿qué sucede con esos millones que pecaron en ignorancia, sin tener conocimiento alguno de la misión del Hijo de Dios? Según el plan divino, la verdad del evangelio finalmente debe serles declarada, porque está escrito que:

“…la voz del Señor es para todos los hombres, y no hay quien escape; y no hay ojo que no vea, ni oído que no oiga, ni corazón que no sea penetrado”. (D. y C. 1:2.)

Así descubrimos que el Señor, en su gran misericordia, recordará tanto a los paganos como a Israel, y que la justicia será impartida a toda alma. Tenemos la seguridad de que toda alma que fue ignorante de la verdad mientras vivía recibirá la enseñanza del evangelio, aunque ello se retrase hasta los días en que se encuentre en el mundo de los espíritus.

Se nos enseña que las personas no pueden ser castigadas por aquello que no conocían. Por lo tanto, Abinadí dijo acerca de aquellos que murieron en su ignorancia:

Y éstos son los que tienen parte en la primera resurrección; y éstos son los que murieron antes de que Cristo viniera, en su ignorancia, sin que se les hubiera declarado la salvación. Y así el Señor lleva a cabo la restauración de éstos; y tienen parte en la primera resurrección, o tienen vida eterna, siendo redimidos por el Señor. (Mosíah 15:24.)

SER JUZGADOS SEGÚN LA INTENCIÓN DEL CORAZÓN

Se nos enseña que la humanidad, a través de las edades, será juzgada de acuerdo con los privilegios y oportunidades que tuvo para conocer la verdad. Si una persona nunca tuvo la oportunidad de saber nada acerca del plan de salvación, entonces ciertamente no debe ser considerada responsable de sus obras en la carne de la misma manera que aquel hombre que conoció la verdad y luego rehusó obedecerla. Miles de estas personas que vivieron en esta ignorancia fueron devotas y fieles a las doctrinas que se les habían enseñado. No pueden ser consideradas responsables por acciones realizadas con fe y obediencia a aquello que sinceramente creían y que se les había enseñado.

Afortunadamente, el Señor nos juzgará a todos según la intención del corazón, así como por nuestro entendimiento. Por lo tanto, parece que fue simplemente una cuestión de justicia que el Señor hiciera lo que Abinadí dijo que haría y permitiera que aquellos que inocentemente murieron en “su ignorancia, sin que se les hubiera declarado la salvación”, tuvieran parte en esta gran resurrección. Surge naturalmente la pregunta: Los niños pequeños que no entienden, si mueren, ¿son redimidos por la sangre de Cristo? Las Escrituras también nos informan que éste es el privilegio de todos aquellos que están sin ley:

Porque he aquí, todos los niños pequeños viven en Cristo, así como también todos los que están sin la ley. (Moroni 8:22.)

UN GLORIOSO PRINCIPIO DE VERDAD Y JUSTICIA

Podemos estar seguros de que el Señor hará todas las cosas de acuerdo con la ley de la justicia eterna y que no castigará a las personas que, en ignorancia, pecaron y violaron sus mandamientos. Es uno de los principios más gloriosos de verdad y justicia jamás revelados: que los hombres serán castigados de acuerdo con su desobediencia a los mandamientos divinos, pero no cuando hayan actuado inocentemente en ignorancia de esos decretos divinos.

Pensemos en los pobres lamanitas convertidos por Ammón, Aarón y sus hermanos. Habían sido culpables de muchas transgresiones graves, asesinando a sus “enemigos”, los nefitas, sin causa aparente; pero cuando la verdad penetró en sus almas y se arrepintieron verdadera y humildemente, fueron perdonados, y la luz del evangelio entró en sus corazones.

Hay una cosa que debemos recordar al leer lo que dijo Abinadí, y es ésta:

Mas he aquí, temed y temblad ante Dios, porque debéis temblar; porque el Señor no redime a ninguno de los que se rebelan contra él y mueren en sus pecados; sí, todos aquellos que han perecido en sus pecados desde que el mundo comenzó, que se han rebelado voluntariamente contra Dios, que han conocido los mandamientos de Dios y no los han guardado; éstos son los que no tienen parte en la primera resurrección. (Mosíah 15:26.)

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