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¿Quiénes Fueron los Profetas Zenós y Zenoc?
Pregunta: “En nuestro estudio del Libro de Mormón y del Libro de Moisés, nos parece que Zenós y Zenoc, mencionados en el Libro de Mormón, podrían haber sido Enós, el tercero desde Adán, y Enoc, hijo de Jared y padre de Matusalén. Sin embargo, la Biblia declara que Enoc fue trasladado y no apedreado hasta la muerte. ¿De qué otra manera podrían los nefitas ser un remanente de su descendencia? Tal vez esto no sea importante, pero nos gustaría aclarar el asunto para beneficio de nuestro entendimiento.”
Respuesta: Fuera de lo que está escrito en el Libro de Mormón, no tenemos ningún registro de estos antiguos profetas. Por lo tanto, no se nos indica en qué época vivieron. Sin embargo, el hecho es que hubo muchos profetas en Israel e incluso antes de la época de Israel cuyos registros no hemos obtenido. Estos dos profetas vivieron en algún momento antes de la venida de Lehi y su familia desde Jerusalén. Sus escritos debieron haber sido registrados en las planchas que Nefi obtuvo de Labán. Resultaron ser de gran valor para los hijos de Lehi, pues contenían mucha información concerniente al destino futuro de Israel.
PROFETAS DE LOS TIEMPOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
El élder George Reynolds, quien fue uno de los estudiantes más cuidadosos y exhaustivos del Libro de Mormón, nos ha dado esta información en su libro A Dictionary of the Book of Mormon:
Zenoc o Zenock. Un profeta de Israel, de cuya historia personal, o de la época en que vivió, no sabemos nada. Sus escritos eran conocidos por los nefitas, ya que es citado por Nefi (1 Nefi 19:10), Alma (Alma 33:15), Amulek (Alma 34:7), Nefi (Helamán 8:20) y Mormón (3 Nefi 10:16).
Zenós. Un profeta hebreo, citado frecuentemente por los siervos de Dios entre los nefitas. Todo lo que se nos dice de su historia personal es que fue muerto porque testificó valientemente de lo que Dios le había revelado. Que fue un hombre grandemente bendecido por el Señor con el espíritu de profecía se demuestra por aquella maravillosa y casi incomparable alegoría de la viña dada extensamente por Jacob (Jacob 5). Sus profecías también son citadas por Nefi (1 Nefi 19:10, 12, 16), Alma (Alma 33:3, 13, 15), Amulek (Alma 34:7), Samuel el Lamanita (Helamán 15:11) y Mormón (3 Nefi 10:16). (A Dictionary of the Book of Mormon, edición de 1954, p. 272.)
LA PARTE MENOR DE LAS COSAS QUE JESÚS ENSEÑÓ
Cuando el Salvador visitó a los nefitas, les permitió recibir solamente las cosas menores que enseñó al pueblo y retuvo las mayores porque sabía que la gente de aquella generación no era lo suficientemente humilde ni obediente y, por lo tanto, no estaba preparada para recibirlas y guardar los convenios. Estas son las palabras de Mormón:
Y estas cosas he escrito, que son una parte menor de las cosas que él enseñó al pueblo; y las he escrito con el fin de que sean llevadas nuevamente a este pueblo por los gentiles, de acuerdo con las palabras que Jesús ha hablado.
Y cuando hayan recibido esto, que conviene que reciban primero para probar su fe, y si acontece que creen estas cosas, entonces les serán manifestadas las cosas mayores.
Y si acontece que no creen estas cosas, entonces les serán retenidas las cosas mayores para su condenación.
He aquí, yo estaba a punto de escribir todas las cosas que estaban grabadas sobre las planchas de Nefi, pero el Señor lo prohibió, diciendo: Probaré la fe de mi pueblo.
Por tanto, yo, Mormón, escribo las cosas que me han sido mandadas por el Señor. Y ahora yo, Mormón, pongo fin a mis palabras y procedo a escribir las cosas que me han sido mandadas. (3 Nefi 26:8–12.)
Nuevamente el Señor reveló a Mormón el siguiente e importante decreto, porque conocía la fragilidad y desobediencia de los hijos de los hombres, e incluso de los miembros de la Iglesia que vivirían en estos últimos días:
Porque el Señor me dijo: No saldrán a los gentiles sino hasta el día en que se arrepientan de su iniquidad y lleguen a ser limpios delante del Señor.
Y en ese día en que ejerzan fe en mí, dice el Señor, así como el hermano de Jared lo hizo, para que sean santificados en mí, entonces les manifestaré las cosas que vio el hermano de Jared, desplegándoles todas mis revelaciones, dice Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre de los cielos y de la tierra y de todas las cosas que en ellos hay.
Y el que contienda contra la palabra del Señor, sea maldito; y el que niegue estas cosas, sea maldito; porque a ellos no les mostraré cosas mayores, dice Jesucristo; porque yo soy el que habla. (Éter 4:6–8.)
LA INDIFERENCIA ES UNA TRISTE REALIDAD
¡Qué triste reflexión es que el Señor, conociendo el fin desde el principio, predijera que aun después de que el Libro de Mormón fuera publicado y presentado al mundo, muchos de aquellos que habían hecho convenio con él en las aguas del bautismo pensarían tan poco del Libro de Mormón, que no prestarían atención a sus enseñanzas; y por causa de su indiferencia y falta de fe, las grandes bendiciones que el Señor tiene reservadas para los fieles tendrían que ser retenidas debido a la gran falta de fe y obediencia entre su pueblo!
La alegoría de Zenós, registrada por Jacob en el capítulo cinco de su libro, es una de las más grandes alegorías jamás registradas. Esta alegoría, por sí sola, imprime sobre el Libro de Mormón el sello de una verdad convincente. Ningún hombre mortal, sin la inspiración del Señor, podría haber escrito una alegoría semejante. Es lamentable que demasiados de los que leen el Libro de Mormón pasen por alto y menosprecien las verdades que transmite en relación con la historia, el esparcimiento y el recogimiento final de Israel. Algunos miembros de la Iglesia, a quienes se les ha llamado la atención sobre el gran significado de esta alegoría, han dicho que no la comprenden. Es sencilla y muy clara para la mente de aquellos que buscan sinceramente conocer la verdad. Ningún hombre sin inspiración divina podría haber escrito una alegoría como esta.
En resumen, registra la historia de Israel a través de las edades, el esparcimiento de las tribus a todas las partes de la tierra; su mezcla o injerto en los olivos silvestres, o, en otras palabras, la mezcla de la sangre de Israel entre los gentiles, mediante la cual se cumplen las grandes bendiciones y promesas del Señor a Abraham. Después de que Abraham fue probado hasta el punto de estar dispuesto a ofrecer a Isaac en sacrificio, el Señor lo bendijo con las más grandes bendiciones y le dijo:
…Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;
De cierto te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos;
Y en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste mi voz. (Génesis 22:16–18.)
UNA ALEGORÍA EXTRAORDINARIA
Esta extraordinaria alegoría muestra cómo las ramas del olivo (los israelitas) fueron llevadas a todas partes de la tierra (la viña del Señor) e injertadas en los olivos silvestres (las naciones gentiles). De esta manera están cumpliendo la promesa que el Señor había hecho.
Hoy los Santos de los Últimos Días van a todas partes del mundo como siervos en la viña para recoger este fruto y guardarlo para el tiempo de la venida del Amo. Esta alegoría es una de las más esclarecedoras e interesantes del Libro de Mormón. ¿Cómo puede alguien leerla sin sentir la inspiración de este antiguo profeta?

























