Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 4

20
¿Qué Hay de la Bruja de Endor y Samuel?


Pregunta: “En el capítulo veintiocho de Primero de Samuel se relata la historia de cómo Saúl, rey de Israel, después de la muerte del profeta Samuel, buscó a la bruja de Endor para que le ‘hiciera subir a Samuel’ después de que este profeta había muerto, a fin de que él, Saúl, pudiera pedirle consejo. Ahora bien, lo que me ha intrigado es esto: ¿Cómo era posible que una bruja tuviera poder para hacer volver el espíritu de un profeta de Dios? Sé que el diablo tiene gran poder, pero ¿cómo podía tener tal poder sobre un profeta de Dios como parece indicar esta historia? Estaré muy agradecido por su ayuda para resolver este problema.”

Respuesta: Hay varios aspectos relacionados con esta historia que el lector común supone, pero que no necesariamente están en armonía con los hechos. En primer lugar, Saúl no vio el espíritu que fue invocado. Toda la información que recibió provino de las declaraciones de la propia mujer. Sin duda esta mujer conocía bien a Samuel y podía describirlo fácilmente. Es razonable pensar que la mujer era lo suficientemente perspicaz para darse cuenta de la situación y de lo desesperada que era la condición de Saúl. Sin embargo, el hecho permanece: fue ella quien vio y describió la aparición, no Saúl.

SE CITA EL RESUMEN DEL PRESIDENTE PENROSE

El presidente Charles W. Penrose escribió en mayo de 1898 un excelente artículo sobre esta cuestión (el artículo se reproduce aquí tal como apareció en The Improvement Era, Vol. 1, mayo de 1898, págs. 495–500), y no puedo hacer nada mejor que repetirlo, pues nos proporciona un adecuado resumen de este acontecimiento:

Existen diferencias de opinión respecto a los hechos narrados en la Biblia concernientes a la visita de Saúl, rey de Israel, a la bruja de Endor y su supuesto encuentro con el espíritu del difunto profeta Samuel. La opinión popular sobre este asunto es que la bruja, a petición del rey Saúl, “hizo subir” el espíritu de Samuel, y que Saúl conversó con él y aprendió de él el destino que le aguardaba en su próxima batalla contra los filisteos. Pero surge la pregunta: ¿cómo podía una bruja, que bajo la ley de Moisés no debía ser permitida vivir y con la cual estaba prohibido consultar por mandato del Señor, tener poder para hacer comparecer a voluntad el espíritu de un santo profeta? En respuesta a esta pregunta se ha sugerido que la mujer en realidad no era una bruja, sino una profetisa que se hallaba oculta. No se explica por qué tenía necesidad de ocultar su paradero. Se ha afirmado que la teoría de la “profetisa” ha sido sostenida por personas que se supone comprenden plenamente el asunto. Sea como fuere, una investigación cuidadosa de la historia de este acontecimiento demostrará que ha habido un gran malentendido sobre el tema. Veamos primero lo que relata el historiador:

“Y los filisteos se juntaron y vinieron y acamparon en Sunem; y Saúl reunió a todo Israel, y acamparon en Gilboa.

“Y cuando Saúl vio el ejército de los filisteos, tuvo miedo, y su corazón se turbó en gran manera.

“Y consultó Saúl a Jehová, pero Jehová no le respondió, ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas.

“Entonces Saúl dijo a sus siervos: Buscadme una mujer que tenga espíritu familiar, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus siervos le respondieron: He aquí una mujer que tiene espíritu familiar en Endor.

“Y Saúl se disfrazó, y se puso otras ropas, y fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu familiar, y me hagas subir a quien yo te dijere.

“Y la mujer le respondió: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los que evocan espíritus y a los adivinos; ¿por qué, pues, pones tropiezo a mi vida para hacerme morir?

“Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún castigo te vendrá por esto.

“Y la mujer dijo: ¿A quién te haré subir? Y él respondió: Hazme subir a Samuel.

“Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz; y habló aquella mujer a Saúl, diciendo: ¿Por qué me has engañado? ¡Pues tú eres Saúl!

“Y el rey le dijo: No temas; ¿qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra.

“Él le dijo: ¿Cuál es su aspecto? Y ella respondió: Un hombre anciano viene subiendo, cubierto de un manto. Entonces entendió Saúl que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo reverencia.

“Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me declares lo que he de hacer.

“Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, si Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo?

“Jehová ha hecho como habló por medio de mí; pues Jehová ha arrancado el reino de tu mano y lo ha dado a tu prójimo David;

“Porque no obedeciste la voz de Jehová ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec; por eso Jehová te ha hecho esto hoy.

“Y Jehová entregará también a Israel contigo en manos de los filisteos; y mañana estaréis conmigo tú y tus hijos; y Jehová entregará asimismo el ejército de Israel en manos de los filisteos.” (1 Samuel 28:4–19.)

De lo anterior queda claro que la mujer a quien Saúl visitó pertenecía a la clase de personas que habían sido puestas bajo prohibición por mandamiento de Dios debido a que practicaban la adivinación mediante espíritus familiares. Los profetas y las profetisas no habían sido desterrados de la tierra ni eran objeto de desprecio. Solamente las personas condenadas por la ley mosaica tenían que ocultarse para evitar las consecuencias de su aplicación.

Saúl había intentado todos los medios legítimos para obtener guía sobrenatural; pero, como se había apartado del Señor, el Señor se había apartado de él. No hubo respuesta del cielo a sus consultas; no hubo palabra del Señor por medio de profetas; no hubo comunicación mediante el Urim y Tumim; no hubo manifestación por visión ni por sueño; no hubo susurro alguno del Espíritu divino. En su desesperación, Saúl recurrió al poder opuesto. En eso pecó. Sabía que estaba violando la ley del Señor. Cuando servía a Dios, “había quitado de la tierra a los que evocaban espíritus y a los adivinos”; pero cuando cayó en tinieblas, buscó los caminos de las tinieblas y selló su propia condenación. Está escrito:

“Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina para pedir consejo.” (1 Crónicas 10:13.)

La ley de Dios concerniente a estas artes prohibidas fue dada por medio del profeta Moisés y forma parte del código mosaico. Por ejemplo:

“No os volváis a los que tienen espíritus familiares, ni busquéis a los adivinos, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios.” (Levítico 19:31.)

“No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero,

“ni encantador, ni quien consulte a los espíritus familiares, ni mago, ni quien consulte a los muertos.

“Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas; y por estas abominaciones Jehová tu Dios los echa de delante de ti.” (Deuteronomio 18:10–12.)

La bruja de Endor, por tanto, en lugar de ser una profetisa del Señor, era una mujer que practicaba la necromancia; es decir, la comunicación o supuesta comunicación con los espíritus de los muertos; pero estaba guiada por un espíritu familiar. En otras palabras, era una médium espiritista, semejante a aquellos modernos practicantes de este arte que afirman estar bajo el control de algún personaje fallecido y que, por medio de él o ella, dicen poder comunicarse con los muertos. Debe observarse que, en la sesión con el rey de Israel, Saúl no vio a Samuel ni a nadie más que a la médium o bruja. Ella declaró que veía a un anciano que subía y que estaba cubierto con un manto. Fue ella quien dijo a Saúl lo que supuestamente Samuel había dicho. Saúl “entendió que era Samuel” por lo que la bruja le declaró. La conversación que siguió entre Samuel y Saúl fue conducida por medio de la médium. Todo esto pudo haber ocurrido completamente sin la presencia del profeta Samuel. La mujer, bajo la influencia de su espíritu familiar, pudo haber dado a Saúl el mensaje que se suponía provenía de Samuel, de la misma manera que los médiums espiritistas de los últimos días pretenden transmitir mensajes de los muertos a los vivos, quienes, como en el caso que estamos considerando, realizan su trabajo de noche o bajo el amparo de la oscuridad.

Está más allá de toda creencia racional que tales personas hayan podido, en cualquier época antigua o moderna, invocar los espíritus de los siervos o siervas del Señor que han partido de esta vida. Ellos no están al llamado de brujas, magos, adivinos o nigromantes. Verdaderamente lamentable sería la condición de los espíritus en el paraíso si estuvieran bajo semejante control. No estarían en reposo ni podrían disfrutar de esa libertad de las preocupaciones y labores de la vida terrenal que es esencial para su felicidad, sino que estarían en una condición de esclavitud, sujetos a la voluntad y los caprichos de personas que no conocen a Dios y cuyos propósitos y vidas son enteramente terrenales.

Tampoco está de acuerdo con la doctrina correcta la idea de que una profetisa o un profeta del Señor pudiera ejercer el poder de hacer subir o descender a voluntad los espíritus de profetas y santos para conversar con ellos acerca de asuntos terrenales. Esa no es una de las funciones de un profeta o de una profetisa. La idea de que tales cosas puedan hacerse por mandato de hombres o mujeres en la carne no debe ser aceptada por ningún Santo de los Últimos Días. El Señor ha dicho:

“Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” (Isaías 8:19–20; Libro de Mormón, pág. 96, versículos 19–20.)

Se ha sugerido que, en esta ocasión, el Señor envió a Samuel en espíritu para comunicarse con Saúl, a fin de que conociera su inminente condenación; pero esta opinión no parece armonizar con las declaraciones del relato tal como aparecen en las Escrituras que describen el acontecimiento. Si el Señor deseaba comunicar esta información a Saúl, ¿por qué no respondió cuando Saúl le consultó por los canales legítimos de comunicación divina? Saúl los había probado todos sin obtener respuesta. ¿Por qué habría de ignorar el Señor los medios que Él mismo estableció y enviar a Samuel, un profeta, para revelarse a Saúl por medio de una fuente prohibida? ¿Por qué habría de emplear para este propósito a una persona que tenía un espíritu familiar, un medio que Él había condenado expresamente por su propia ley?

“Pero”, se argumenta, “la predicción pronunciada por el espíritu que se manifestó en aquella ocasión se cumplió literalmente. Israel fue entregado en manos de los filisteos, y Saúl, sus tres hijos, su escudero y los hombres de su casa fueron muertos. Por lo tanto, fue una verdadera profecía.” Aun admitiendo que esto sea completamente correcto, la posición sostenida en este artículo no se debilita en lo más mínimo. Si las brujas, los magos, los nigromantes y los espíritus familiares, colocados bajo prohibición por la ley, nunca predijeran la verdad, no habría necesidad de advertir al pueblo contra ellos. Si el diablo nunca dijera la verdad, no podría engañar a la humanidad con sus mentiras. Los poderes de las tinieblas jamás prevalecerían sin el uso de algo de luz. Una pequeña porción de verdad mezclada con un error plausible es uno de los medios por los cuales desvían a la humanidad. No hay nada, por tanto, en la historia de la entrevista entre Saúl y la mujer de Endor que establezca racional o doctrinalmente la opinión de que ella fuera una profetisa del Señor o que Samuel apareciera realmente en aquella ocasión.

No existe evidencia satisfactoria de que los espíritus de los muertos se comuniquen con los mortales por medio de médiums espiritistas o de cualquiera de los métodos comúnmente empleados para ese propósito. Sin duda los espíritus malignos actúan como “familiares” o como “controladores”, y personifican a los espíritus de los muertos o revelan cosas que supuestamente sólo ellos y sus amigos vivos conocen, con el fin de engañar a los crédulos; pero aquellos que se colocan bajo la influencia de esos poderes de las tinieblas no poseen ningún medio para obligar a la presencia de los espíritus de los justos ni para inducirlos a revelar información a los vivos. Ellos están por encima y más allá del alcance de tales individuos, y los mismos médiums son con frecuencia víctimas de espíritus malignos, siendo así “engañadores y engañados”.

“Mi casa es una casa de orden, dice el Señor, y no una casa de confusión.” Cuando Dios tiene algo que revelar, lo hará en la manera, por los medios y por medio de las personas que Él ha designado. Si los vivos desean escuchar a los muertos, deben buscar al Señor y no a quienes presumen entrar “donde los ángeles temen pisar”. La esfera terrenal y la esfera de los espíritus que han partido son distintas entre sí, y sabiamente se ha colocado un velo entre ellas. Así como los vivos, en su condición normal, no pueden ver ni conversar con los muertos, también es razonable creer que los habitantes del mundo espiritual, en su condición normal, están apartados de la comunicación con los hombres en la carne. Por permiso del Señor, personas de cualquiera de los dos lados del velo pueden manifestarse a quienes están del otro lado, pero esto ciertamente será conforme a la ley y de acuerdo con el orden que Dios ha establecido. Al observar esa ley y abstenerse de asociarse con personas e influencias que no conocen a Dios ni obedecen su evangelio, los Santos de los Últimos Días se librarán de sutiles engaños y de mucho pesar, y serán más receptivos a la luz, la inspiración y las revelaciones que proceden del Padre Eterno.

Deja un comentario