Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 5

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¿Hubo deformidades físicas en la preexistencia?


Pregunta: “Al analizar principios del evangelio y las condiciones en la preexistencia, surgió la pregunta de si aquellos que nacen en este mundo con algún defecto mental o físico estaban siendo castigados por actos cometidos por ellos en el mundo espiritual. ¿Podría usted decir si esta es una doctrina verdadera o no? No me parece una doctrina razonable.”

Respuesta: La respuesta sencilla a esta pregunta es que no es verdadera y carece de la más mínima justificación. El Señor reveló al profeta José Smith lo siguiente:

Todo espíritu de hombre era inocente en el principio; y Dios, habiendo redimido al hombre de la caída, los hombres llegaron a ser de nuevo… inocentes ante Dios.
Y aquel inicuo viene y quita la luz y la verdad, por la desobediencia, de los hijos de los hombres, y por causa de las tradiciones de sus padres. (D. y C. 93:38–39.)

Debemos concluir razonablemente que algún defecto físico al nacer se debe a algún accidente u otra causa que corresponde a las condiciones mortales y no a algún defecto premortal ni a un castigo en el mundo espiritual. Cuando los discípulos acudieron al Salvador y le hicieron la pregunta respecto al hombre que nació ciego, preguntando si aquel defecto le había sobrevenido debido a una condición existente en el mundo espiritual, él les aseguró que no era así. Tenemos razones para creer que todo espíritu que viene a este mundo era completo y estaba libre de tales defectos en la preexistencia.

LA MORTALIDAD ESTÁ SUJETA A LEYES DIFERENTES

La mortalidad está sujeta, evidentemente, a leyes muy diferentes de las que existen en el mundo de los espíritus. Los defectos al nacer deben considerarse consecuencia de circunstancias desafortunadas que prevalecen en este mundo mortal. Vinimos aquí a un mundo sujeto a condiciones mortales. La enfermedad, los padecimientos, las deformidades y cosas semejantes deben considerarse condiciones desafortunadas que están limitadas a las condiciones imperfectas de la mortalidad. No parece consistente con las condiciones celestiales que defectos de naturaleza física, que evidentemente pertenecen al cuerpo y no al espíritu, existan en el mundo espiritual.

Las Escrituras nos enseñan claramente que nosotros, los hijos de este mundo, somos descendencia de Dios. Esto se nos enseña en las Escrituras. Aquí hay dos pasajes que todos los Santos de los Últimos Días aceptan sobre este punto. Uno se encuentra en la visión dada al profeta José Smith y a Sidney Rigdon el 16 de febrero de 1832, cuando se les enseñó que los hijos de los hombres son espiritualmente “hijos e hijas engendrados por Dios”. (Ibíd., 76:24.) El otro se encuentra en la declaración profética del apóstol Pablo cuando estaba en el Areópago enseñando a los griegos, ante el altar que llevaba la inscripción: “AL DIOS NO CONOCIDO”. Evidentemente, estos griegos tenían ante sí una afirmación de que somos la “descendencia” de Dios. Por lo tanto, Pablo, en su discurso, llamó su atención a esta declaración correcta y luego argumentó en favor de la adoración apropiada al Ser Supremo, haciéndoles notar que incluso en sus creencias nacionales estaban adorando ignorantemente al Divino Creador, y les dijo:

LA DECLARACIÓN DE PABLO ACERCA DE DIOS

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas;
Ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas;
Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos y los límites de su habitación;
Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros;
Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.
Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. (Hechos 17:24–29.)

Parece que esta idea de que las personas podían estar deformes, ciegas o mutiladas de alguna otra manera antes de nacer era una creencia existente en tiempos antiguos.

Sin embargo, es una noción absurda que los hijos espirituales de Dios estuvieran sujetos a defectos espirituales antes de nacer en la mortalidad. Estamos sujetos a todas las vicisitudes que acompañan una existencia temporal, tanto a la enfermedad y los defectos físicos como a la salud; pero tales cosas no existirán en el mundo de los espíritus ni en el reino de Dios después de la resurrección. El Señor ha dejado esto perfectamente claro.