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¿Cómo se Levantará el Cuerpo en la Resurrección?
Pregunta: “En la clase del sacerdocio estábamos analizando la resurrección y la manera en que el cuerpo saldrá de la tumba. Algunos miembros de la clase opinaban que cuando el cuerpo salga, será exactamente como fue depositado. Es decir, si faltaba un brazo o una pierna, o si la persona estaba mutilada de alguna otra manera, el cuerpo saldría tal como fue sepultado y la restauración de cualquier parte faltante se añadiría después. Otros pensaban que saldría en perfección física y mental. Ciertamente necesitamos una instrucción adecuada con respecto a esta cuestión.”
Respuesta: Afortunadamente, el Señor ha revelado mucho acerca de la resurrección y ha dado a conocer que será universal. Existe en el mundo la idea generalizada de que la resurrección de los muertos estará limitada a la familia humana, y aun así solamente a una parte de ella. Sin embargo, las revelaciones del Señor son sumamente claras, y se declara el hecho de que la restauración será universal. Esto quiere decir que toda criatura que tenga vida será restaurada a la vida eterna. Esto queda claramente establecido en una revelación dada al profeta José Smith en septiembre de 1830, con las siguientes palabras:
Y llegará el fin, y el cielo y la tierra serán consumidos y pasarán, y habrá un cielo nuevo y una tierra nueva.
Porque todas las cosas viejas pasarán, y todas las cosas serán hechas nuevas, aun el cielo y la tierra y toda su plenitud, tanto hombres como bestias, las aves del cielo y los peces del mar;
Y ni un cabello, ni una mota, se perderá, porque es la obra de mi mano. (D. y C. 29:23–25.)
EL DISCURSO DE JACOB A LOS NEFITAS
Jacob, hermano de Nefi, dijo en un discurso a los nefitas:
¡Oh, cuán grande es la bondad de nuestro Dios, que prepara una vía para que escapemos de las garras de este terrible monstruo; sí, ese monstruo, la muerte y el infierno, que llamo la muerte del cuerpo y también la muerte del espíritu!
Y por motivo de la manera de librarnos de nuestro Dios, el Santo de Israel, esta muerte de la cual he hablado, que es la temporal, entregará sus muertos; la cual muerte es el sepulcro.
Y esta muerte de la cual he hablado, que es la muerte espiritual, entregará sus muertos; la cual muerte espiritual es el infierno; por tanto, la muerte y el infierno entregarán sus muertos, y el infierno entregará sus espíritus cautivos, y el sepulcro entregará sus cuerpos cautivos, y los cuerpos y los espíritus de los hombres serán restaurados los unos a los otros; y es por el poder de la resurrección del Santo de Israel. (2 Nefi 9:10–12.)
No os maravilléis de esto; porque viene la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
Y saldrán; los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. (Juan 5:28–29.)
LA RESURRECCIÓN SERÁ UNIVERSAL
Así aprendemos que la resurrección será universal. No solamente vendrá esta bendición a la familia humana, sino también a toda otra criatura. Además, la tierra misma, que participó de la caída, será restaurada y recibirá su exaltación.
Cientos de años antes de la venida de nuestro Salvador, al profeta Ezequiel le fue mostrada en visión la resurrección de los muertos. Al describirla, escribió lo siguiente:
La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos,
Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera.
Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.
Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová.
Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.
Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.
Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso.
Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había espíritu en ellos.
Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.
Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.
Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.
Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, pueblo mío, yo abro vuestros sepulcros, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel.
Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. (Ezequiel 37:1–13.)
Es costumbre en algunas partes del llamado mundo cristiano que los eruditos interpreten este pasaje como una figura retórica, sin relación alguna con la resurrección general de la casa de Israel. Sin embargo, existen muchos pasajes de las Escrituras, incluida la declaración del propio Salvador, que se refieren a la resurrección general de toda la humanidad. Uno de ellos es el siguiente:
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;
Y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.
No os maravilléis de esto; porque viene la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
Y saldrán; los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. (Juan 5:26–29.)
LA MATERIA NO PUEDE SER DESTRUIDA
Los descubrimientos que el hombre ha realizado en estos tiempos modernos prueban que la materia no puede ser destruida. Un cuerpo puede ser quemado en un horno o en la hoguera; puede ser devorado por tiburones en el océano o consumido de alguna otra manera; pero tenemos la seguridad, mediante las enseñanzas de nuestro Redentor, de que la resurrección será universal y que ninguna alma será olvidada ni su cuerpo quedará en la tumba. Se nos asegura que las partículas, todo lo que es esencial para el cuerpo, serán reunidas nuevamente en sus lugares apropiados, y la gran visión mostrada a Ezequiel ciertamente se cumplirá. Además, la memoria también será conservada, y se nos informa que los inicuos tendrán un vivo recuerdo de toda su culpa. Jacob, el hermano de Nefi, enseñó esto a los nefitas en el pasaje citado anteriormente.
No tendría ningún propósito que el cuerpo de una persona saliera de entre los muertos exactamente como fue depositado, mostrando los efectos de enfermedades o defectos que tendrían que ser eliminados después de la resurrección. Alguna persona crítica podría levantarse después de leer esto y decir: “Si lo que usted ha escrito es verdad, y el cuerpo no saldrá con sus imperfecciones, entonces ¿por qué, cuando el Salvador estuvo delante de sus discípulos después de su resurrección, tenía las heridas en sus manos, pies y costado? Él les pidió que lo tocaran y vieran que realmente era él mismo a quien contemplaban. Además, para convencerlos, pidió algo de comer.”
RESPUESTA A LA PREGUNTA
La respuesta a esta pregunta es que esto se hizo para convencerlos de que no estaban contemplando un espíritu, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como él los tenía. Con un propósito divino de dar testimonio, cuando el Salvador apareció a los nefitas, les mostró sus manos y sus pies. De esto sostenemos que estas heridas continuaron siendo visibles para convencer a los nefitas, a fin de que pudieran llegar a ser testigos de su crucifixión. El profeta Zacarías nos informa que cuando el Salvador aparezca a los judíos en su segunda venida, se les manifestará tal como se apareció a sus discípulos después de su resurrección. Los judíos harán la misma pregunta: “¿Qué heridas son estas en tus manos?” Y el Salvador responderá: “Con ellas fui herido en casa de mis amigos.” (Zacarías 13:6.)

























