17
¿Por qué Administrar la Santa Cena a los Niños Pequeños?
Pregunta: “Mientras discutíamos la ordenanza de la Santa Cena en el seminario, uno de los miembros mencionó la falta de plena comprensión que muchos miembros de la Iglesia parecen tener con respecto a esta ordenanza. Se indicó que la Santa Cena se administra a niños pequeños de edad de la Escuela Dominical Junior, y algunos miembros afirmaron que la familiaridad con esta ordenanza a tan temprana edad restaba valor a su significado sagrado y que, puesto que la Santa Cena es la renovación del convenio hecho en el bautismo y estos niños aún no han sido bautizados, ¿por qué se les administra la Santa Cena?”
Respuesta: En la revelación se nos instruye que los niños pequeños son inocentes ante el Señor. Leemos en el capítulo diecinueve de Mateo que cuando llevaron niños al Salvador, algunos de los discípulos intervinieron y reprendieron a quienes procuraban que fueran bendecidos; pero Jesús reprendió a esos discípulos, diciendo:
Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.
En otra ocasión llamó a un niño pequeño, lo puso en medio de ellos y luego dijo:
De cierto os digo que, si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.
Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe.
Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiese en lo profundo del mar. (Mateo 18:3–6.)
LOS NIÑOS PEQUEÑOS TIENEN MENTES RECEPTIVAS
Contrariamente a la opinión expresada por algunos que piensan que participar de la Santa Cena a una edad tan temprana “le resta significado”, proclamamos sinceramente que permitir que los niños pequeños participen de ella, cuando se les explica adecuadamente, actúa sobre sus mentes exactamente de la manera opuesta. Quizás algunos de nosotros no comprendamos la profundidad de la mente de un niño pequeño. Seguramente los niños de la clase de la Primaria pueden entender que la Santa Cena es una ordenanza sagrada cuando se les enseña cuidadosamente. Además, podemos decir que, aun si son demasiado pequeños para comprender plenamente, esta práctica les está enseñando que es una ordenanza sagrada, y esto finalmente dará fruto. Parece evidente que un niño de edad preescolar es perfectamente capaz de darse cuenta de que la Santa Cena es un privilegio especial, relacionado con el sacrificio de nuestro Redentor en la cruz. Uno de los pasajes más hermosos del Libro de Mormón en relación con la aparición del Salvador a los nefitas se encuentra en las siguientes palabras:
Y aconteció que cuando se hubieron arrodillado sobre la tierra, Jesús gimió dentro de sí y dijo: Padre, estoy turbado a causa de la iniquidad del pueblo de la casa de Israel.
Y después de haber dicho estas palabras, él mismo también se arrodilló sobre la tierra; y he aquí, oró al Padre, y las cosas que oró no pueden escribirse, y la multitud dio testimonio de las cosas que le oyeron.
Y de esta manera dan testimonio: Jamás el ojo ha visto ni el oído ha oído antes tan grandes y maravillosas cosas como las que vimos y oímos hablar a Jesús al Padre;
Y ninguna lengua puede hablar, ni puede escribirlas hombre alguno, ni puede concebirlas el corazón de los hombres; tan grandes y maravillosas fueron las cosas que vimos y oímos hablar a Jesús; y nadie puede concebir el gozo que llenó nuestras almas cuando le oímos orar por nosotros al Padre.
Y aconteció que cuando Jesús terminó de orar al Padre, se levantó; pero tan grande era el gozo de la multitud que quedaron sobrecogidos.
Y aconteció que Jesús les habló y les mandó que se levantaran.
Y se levantaron de la tierra, y él les dijo: Benditos sois por causa de vuestra fe. Y ahora he aquí, mi gozo es completo.
Y después de haber dicho estas palabras, lloró; y la multitud dio testimonio de ello; y tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo, y oró al Padre por ellos.
Y después de haber hecho esto, volvió a llorar;
Y habló a la multitud y les dijo: He aquí a vuestros pequeñitos.
Y mientras miraban, alzaron sus ojos hacia el cielo, y vieron abrirse los cielos, y vieron ángeles que descendían del cielo como en medio de fuego; y descendieron y rodearon a aquellos pequeñitos, y fueron rodeados de fuego; y los ángeles les ministraban. (3 Nefi 17:14–24.)
DEMASIADO PRECIPITADOS EN NUESTROS JUICIOS
Nadie dudará que aquellos pequeñitos quedaron tan profundamente impresionados que recordaron esa gloriosa ocasión todos los días de su vida. Quizás, en ocasiones, somos demasiado precipitados en nuestros juicios con respecto a la capacidad de los niños pequeños para comprender.
Seguramente sería un acto desagradable a la vista de nuestro Padre Eterno que nosotros, siendo mayores, priváramos a los niños de la sagrada ordenanza de la Santa Cena simplemente porque pensamos que son demasiado pequeños para entenderla. A los niños se les debe enseñar desde el principio el propósito de la oración, que tenemos un Padre Celestial y que su Amado Hijo, Jesucristo, murió para que pudiéramos vivir y obtener las bendiciones del reino de Dios.
He tenido el privilegio de reunirme con los niños de la Primaria cuando han sido enseñados por sus maestros a orar y a agradecer a nuestro Padre Celestial y a su Amado Hijo Jesucristo por las muchas bendiciones que recibimos. Es algo muy conmovedor, al menos para mí, escuchar a un grupo de niños de la Primaria cantar el himno “Soy un Hijo de Dios”, y aparentemente comprender su significado.

























