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¿Cuál es el significado de la segunda muerte?
Pregunta: “Mi pregunta se refiere a Helamán 14:18 en el Libro de Mormón, donde Samuel el lamanita dice: ‘…pero quien no se arrepienta será talado y echado al fuego; y sobre ellos vendrá de nuevo una muerte espiritual, sí, una segunda muerte, porque son separados de las cosas que pertenecen a la rectitud’. Al leer esto por primera vez, uno obtiene la idea de que Samuel se está refiriendo a los hijos de perdición y, al seguir la referencia cruzada a Alma, se obtiene la misma impresión de que la segunda muerte es una muerte eterna en cuanto a las cosas pertenecientes a la rectitud. ¿Qué quiso decir exactamente Samuel con la segunda muerte?”
Respuesta: Esta es la respuesta a su muy reflexiva carta en relación con la cuestión de la “segunda muerte”. Puedo comprender fácilmente cómo ha llegado a confundirse respecto al significado exacto de esta expresión.
Es muy claro en Doctrina y Convenios 76:30-37 que las únicas personas que serán completamente vencidas por este terrible destino son los hijos de perdición, quienes irán con el diablo y sus ángeles a las “tinieblas de afuera”. Todo el resto de la humanidad recibirá alguna medida de salvación después de sufrir la ira de Dios. Sin embargo, al leer otros pasajes descubrimos que habrá grandes multitudes que nunca volverán a morar en la presencia del Padre y del Hijo. Ellos reciben el destierro de su presencia, pero no quedan completamente fuera de la influencia divina.
LA MUERTE ESPIRITUAL ES DESTIERRO
En la Sección 29:41 tenemos una definición de la muerte espiritual, la cual es el destierro que será pronunciado sobre los inicuos. En el versículo 44 de esta misma sección leemos: “Y los que no crean, para condenación eterna; porque no pueden ser redimidos de su caída espiritual, porque no se arrepienten”. Este versículo bien podría referirse también a los hijos de perdición, porque se pronuncia contra todos aquellos que “no se arrepienten”. Podemos creer razonablemente que todos los demás, excepto los hijos de perdición, finalmente se arrepentirán; de otra manera no podrían encontrar lugar en ningún grado de salvación. Es cierto que la gran mayoría no se arrepentirá sino hasta después de su sufrimiento, especialmente aquellos que vayan al reino telestial, y su arrepentimiento vendrá en el mundo de los espíritus. Es extraño, pero hay quienes, debido a sus malas obras, llegan más allá del poder del arrepentimiento. Esta es la condición de Satanás y sus ángeles.
Pienso que la mayoría de nosotros hemos cometido un grave error, aunque no imperdonable, al pensar que los hijos de perdición serán muy pocos. He oído a algunos decir que pueden “contarse con los dedos de una mano”. No sé de dónde surgió esta idea. En mi opinión habrá un gran número, extraordinariamente grande, que llegará a ser hijo de perdición.
MUCHOS NEFITAS SE CONVIRTIERON EN APÓSTATAS
En relación con los nefitas debemos tener presente esto. La mayoría de ellos, si no todos aquellos de quienes hablaron Jacob (capítulo 3:11), Alma, Samuel, Mormón y otros, eran apóstatas que una vez tuvieron la luz de la verdad y deliberadamente se apartaron de ella y lucharon contra ella. No eran como los pueblos de las naciones gentiles que nunca tuvieron la luz de la verdad.
Leemos en el Libro de Mormón que el pueblo era completamente justo y que, al cabo de unos pocos años, aparecieron entre ellos muchos apóstatas que procuraban destruir la Iglesia. Pensemos, por ejemplo, en la época en que el día, una noche y un día aparecieron como un solo día. Después de esto todos llegaron a ser un pueblo unido, arrepentido y lleno del Espíritu del Señor. Sin embargo, en el curso de unos pocos años, grandes números se habían apartado y estaban persiguiendo a la Iglesia; habían revivido la banda de Gadiantón y amenazaban con destruirla. Entonces vino la gran destrucción en el momento de la crucifixión debido a sus abominaciones.
Después de la aparición del Señor y de que todos los inicuos fueron destruidos, los nefitas y lamanitas llegaron a ser un solo pueblo y durante doscientos años vivieron en la mayor paz y prosperidad.
Y aconteció que no había contención en la tierra, a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo. (4 Nefi 15.)
REBELIÓN ENTRE LOS NEFITAS
Durante ese tiempo tuvieron entre ellos la guía de sus doce discípulos, tres de los cuales habían permanecido desde el principio. Luego comenzaron a rebelarse y llegaron a ser más inicuos que cualquier otro pueblo sobre la faz de la tierra. Intentaron matar a los tres discípulos que habían recibido el privilegio de permanecer, y finalmente destruyeron a toda alma que creía en Cristo.
Estos no eran como aquellos que persiguieron a la Iglesia en los días de Roma, ni como los gentiles a quienes Pablo fue a predicar. Estos pueblos rebeldes del mundo occidental habían pecado con conocimiento y habían procurado destruir a Cristo. Por lo tanto, las severas palabras dichas acerca de ellos por sus profetas fueron dirigidas a apóstatas que una vez conocieron la verdad y se rebelaron contra ella. Por esta razón, Nefi, Jacob, Alma, Samuel y Mormón estaban plenamente justificados al condenar a su propio pueblo. Samuel estaba justificado al pronunciar tal castigo sobre sus hermanos nefitas:
He aquí, estamos rodeados de demonios; sí, estamos cercados por los ángeles de aquel que ha procurado destruir nuestras almas. He aquí, nuestras iniquidades son grandes. Oh Señor, ¿no apartarás tu ira de nosotros? Y este será vuestro lenguaje en aquellos días.
Pero he aquí, vuestros días de probación han pasado; habéis postergado el día de vuestra salvación hasta que es eternamente demasiado tarde, y vuestra destrucción es segura; sí, porque habéis buscado todos los días de vuestra vida aquello que no podíais obtener; y habéis buscado la felicidad haciendo iniquidad, lo cual es contrario a la naturaleza de la rectitud que hay en nuestra gran y Eterna Cabeza. (Helamán 13:37-38.)
SU TRISTEZA NO ERA PARA ARREPENTIMIENTO
Y las palabras de Mormón:
Y aconteció que cuando yo, Mormón, vi su lamentación, su duelo y su tristeza delante del Señor, mi corazón comenzó a regocijarse dentro de mí, conociendo las misericordias y la longanimidad del Señor, suponiendo por tanto que él tendría misericordia de ellos y que nuevamente llegarían a ser un pueblo justo.
Pero he aquí, mi gozo fue vano, porque su tristeza era más bien la tristeza de los condenados, porque el Señor no siempre les permitiría hallar felicidad en el pecado. (Mormón 2:12-13.)
Usted conoce las palabras de Pablo:
Porque es imposible que aquellos que una vez fueron iluminados, y gustaron del don celestial, y fueron hechos participantes del Espíritu Santo,
Y asimismo gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero,
Si recayeren, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndolo a vergüenza pública. (Hebreos 6:4-6.)

























