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El Diezmo: la Ley de la Décima Parte
Pregunta: “He escuchado tantas explicaciones acerca del pago del diezmo que me siento confundido. He leído todo lo que ha estado a mi alcance, pero nunca he encontrado una explicación directa. Sugiero que prepare un artículo que incluya ejemplos de cómo deberían pagar su diezmo las personas que se encuentran en situaciones particulares, tales como el agricultor, el vendedor, el barbero y otros.”
Respuesta: No existe revelación ni mandamiento dado al género humano por el Señor que sea más simple y comprensible que la ley de la décima parte, o diezmo. En el principio de los tiempos, el pueblo del Señor practicaba la ley del Orden Unido. Es decir, tenían todas las cosas en común y no había pobres entre ellos. Los Santos de los Últimos Días solían cantar con frecuencia el maravilloso himno del élder William W. Phelps, cuya primera estrofa es la siguiente:
“Esta tierra fue una vez un lugar de jardín,
Con todas sus glorias en común,
Y los hombres vivían como una raza santa
En Adam-ondi-Ahmán.”
LA LEY DEL DIEZMO FUE INTRODUCIDA DESPUÉS DEL DILUVIO
Sin embargo, los tiempos cambiaron y, en lugar de tener todas las cosas en común, los hombres se volvieron egoístas, y esa condición perfecta se perdió para la humanidad. Después del diluvio, el Señor llamó a Abraham y puso sobre él Su nombre. Parece que en algún período posterior al diluvio se introdujo la ley del diezmo. Se ha escrito muy poco acerca de ella en el libro de Génesis, sin duda porque varios cientos de años son tratados en muy pocas frases del Antiguo Testamento.
Cuando Jacob huyó de la ira de su hermano y llegó a Bet-el, hizo un voto y dijo:
Si Dios fuere conmigo, y me guardare en este viaje que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir,
Y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios;
Y esta piedra que he puesto por señal será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti. (Génesis 28:20–22.)
Cuando Israel llegó a la tierra prometida saliendo de Egipto, el Señor les explicó por revelación la ley del diezmo. Como bien saben, los israelitas criaban ganado y ovejas, además de cultivar la tierra. Al declararles Su ley después de que llegaron a la tierra prometida, se establecieron los términos de esta ley y no debían quebrantarse. Si algún hombre deseaba rescatar la décima vaca, oveja, caballo o cualquier otra cosa, era penalizado.
LA LEY DEL DIEZMO ERA ESTRICTA
Está escrito:
Y si alguno quisiere rescatar algo de sus diezmos, añadirá la quinta parte de ello.
Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová.
No mirará si es bueno o malo, ni lo cambiará; y si lo cambiare, tanto él como el cambiado serán consagrados; no serán rescatados. (Levítico 27:31–33.)
De esto descubrimos que la ley del diezmo era estricta; además, todas las posesiones debían ser diezmadas, y una décima parte pertenecía al Señor.
Con el paso del tiempo, Israel olvidó, tal como muchos miembros de la Iglesia lo hacen hoy, que este es un mandamiento del Señor y que Él espera que los miembros de la Iglesia sean honestos con Él en el pago de sus diezmos. Por muchas cartas recibidas, me veo obligado a concluir que tenemos miembros de la Iglesia que, figuradamente, están “recortando las esquinas” y buscando maneras de hacerlo mientras tranquilizan su conciencia respecto al pago de sus diezmos.
Por lo que está escrito descubrimos que el pago del diezmo es un asunto sencillo. Aun los más débiles entre nosotros saben cuál es la décima parte de un dólar. Por lo tanto, de cada dólar que recibimos como salario o aumento, sin importar cuál sea su origen, una décima parte pertenece al Señor. Es difícil para cualquier pagador honrado de diezmos comprender las contorsiones mentales de una persona que procura “recortar esquinas” en el pago del diezmo. Cuando un hombre recibe, digamos, mil dólares de aumento, salario, ingresos por dividendos o cualquier otra fuente, una décima parte de esa suma corresponde al diezmo.
LOS IMPUESTOS RETENIDOS SON PARTE DEL INGRESO
Parece que hay algunas personas a quienes, en su empleo, se les retienen impuestos de sus ingresos. No pueden justificarse diciendo que la cantidad retenida, aunque esté acreditada a su favor, no debe diezmarse. El hecho de que no la hayan manejado ni visto no significa que la décima parte no forme parte de su diezmo. Lamentablemente, algunos han adoptado ese punto de vista.
El diezmo es una cuestión de conciencia. ¿Le dice su conciencia que debe deducir todos sus gastos antes de pagar el diezmo? ¿Le dice que no tiene que pagar diezmo sobre dinero que fue retenido y que nunca vio? Si es así, ¿sentiría que tendría que pagarlo si ese dinero hubiese llegado a sus manos?
El Señor dijo algo acerca de las recompensas, y quien da una medida escasa recibirá de la misma manera; quien da una medida llena y rebosante recibirá una medida de igual proporción.
Lo que el Señor dijo a Malaquías respecto al diezmo es tan verdadero y aplicable a los miembros de la Iglesia hoy como lo fue en los tiempos antiguos.
¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. …
Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. (Malaquías 3:8, 10.)
EL PAGO DEL DIEZMO NO ES UN SISTEMA COMPLICADO
El pago del diezmo no es un sistema complicado, ni siquiera para el agricultor, el ganadero, el barbero o una persona empleada en cualquier otra ocupación. Hoy, por disposición del gobierno, todo trabajador asalariado, sin importar cuál sea su ocupación, paga impuestos sobre sus ingresos. El comerciante hará un “inventario” de sus bienes. Sabrá exactamente cuáles han sido sus gastos provenientes de todas las fuentes. Asimismo, determinará exactamente cuál ha sido su ganancia mediante un sistema cuidadoso de contabilidad; sabrá cuál ha sido su ingreso neto libre de gastos. Esto requiere, por supuesto, un sistema cuidadoso de registros. El sistema tributario del gobierno obliga, o debería obligar, a todo comerciante, agricultor, vendedor, barbero o cualquier otra persona, a llevar una cuenta exacta tanto de sus gastos como de sus ganancias. De este modo, el gobierno ayuda a cada uno de estos individuos a tener un conocimiento preciso de cuáles son sus gastos y cuál será su ingreso o ganancia. El trabajador asalariado que recibe una cantidad determinada como salario debe pagar la décima parte de acuerdo con la ley divina.

























