Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 5

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Significado de la Ley Temporal y Espiritual


Pregunta:En la sección veintinueve de Doctrina y Convenios, versículos treinta hasta el final, hay declaraciones concernientes a las leyes temporales y espirituales que no me resultan muy claras. Por ejemplo, en los versículos treinta y cuatro y treinta y cinco, el Señor dice:

‘Por tanto, de cierto os digo que todas las cosas para mí son espirituales, y en ningún momento os he dado una ley que fuese temporal; ni a hombre alguno, ni a los hijos de los hombres; ni a Adán, vuestro padre, a quien creé.

‘He aquí, le di para que fuese agente por sí mismo; y le di mandamiento, pero no le di ningún mandamiento temporal, porque mis mandamientos son espirituales; no son naturales ni temporales, ni carnales ni sensuales.’

“¿Podría usted explicar el significado de esta declaración desde el versículo treinta hasta el final de la sección?”

Respuesta: La gran diferencia entre nuestro Padre Eterno y el hombre mortal es el hecho de que Él ha alcanzado la perfección y para Él no existe nada temporal. Aun la vida mortal en la que ahora nos encontramos, que para nosotros tiene un principio y un fin, para nuestro Padre Eterno es solamente un paso necesario en Su plan eterno para el beneficio del hombre. Tuvimos el privilegio de venir aquí para adquirir experiencia, la cual es esencial para nuestro progreso y perfección eternos. Todo lo que tenemos que pasar en la mortalidad es parte del plan divino. Se nos enseña que nunca hubo un principio y nunca habrá un fin. La vida mortal es solamente un paso en el camino de la progresión eterna. Aquí estamos sujetos al cambio.

VENIMOS A ESTA VIDA COMO INFANTES

Venimos a este mundo como infantes, y nuestros cuerpos crecen bajo condiciones naturales hasta alcanzar la plena estatura de los espíritus que los poseen. Por lo tanto, la mortalidad es solamente una etapa de nuestra existencia eterna. Vemos que casi todo está sujeto al cambio y, cuando nuestro viaje mortal termine, seguiremos adelante: el cuerpo irá a la tumba y el espíritu regresará al mundo de los espíritus para esperar la resurrección. En la resurrección, el espíritu y el cuerpo volverán a unirse para no separarse jamás. Si hemos vivido en obediencia fiel al plan divino dado a Adán y transmitido por los siervos debidamente llamados del Señor, se nos promete una gloriosa resurrección. Y llegaremos a ser dioses, sí, hijos e hijas de Dios, con poder para finalmente alcanzar la perfección, gobernando sobre nuestra propia posteridad y estableciendo así un fundamento de progreso eterno como hijos e hijas de nuestro Padre Eterno y coherederos con Jesucristo, nuestro Hermano Mayor, quien nos redimió de la muerte eterna mediante el derramamiento de Su sangre en la cruz.

Esta vida mortal se nos concede para que seamos debidamente instruidos y preparados mediante el plan de salvación para llegar a ser verdaderamente dignos de convertirnos en hijos e hijas de Dios. Nuestro Padre Eterno desearía que toda alma fuese salva, si ello fuera posible. Sin embargo, la salvación se basa en el mérito y la obediencia a la ley divina, y por lo tanto solo se obtiene mediante el cumplimiento de los mandamientos divinos. La mortalidad es una escuela de formación. Aquí somos probados y examinados para ver si seremos fieles a nuestro Redentor y a nuestro Padre Eterno bajo las condiciones mortales que nos rodean. Estamos apartados de la presencia de nuestro Padre Eterno y sujetos a las diversas condiciones propias de la mortalidad.

LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES FUERON DECLARADOS DESDE EL PRINCIPIO

Entre las lecciones que se espera que aprendamos está la de andar por fe y no por vista. No se nos ha dejado vagar buscando nuestro camino en completa oscuridad. Los principios fundamentales del evangelio han sido declarados desde el principio para que todo aquel que lo desee pueda recibir la luz y el conocimiento divinos. Parte de nuestra instrucción consiste en familiarizarnos con el dolor, la enfermedad y las decepciones, así como en recibir los placeres que la mortalidad ofrece. Mediante esta escuela mortal adquirimos, por experiencia, muchas lecciones que no podrían obtenerse de ninguna otra manera. Nunca se pretendió que la vida mortal estuviera libre de trabajo, tribulación y diversas circunstancias. Todas estas cosas aumentan nuestro conocimiento por medio de la experiencia, y por esta razón fuimos enviados a este mundo mortal. Por lo tanto, la mortalidad debe considerarse como un período de aprendizaje, todo el cual es esencial para nuestra progresión eterna y exaltación en el reino de nuestro Padre Eterno.