Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 5

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Estado de los Esposos y las Esposas Dignos del Reino Celestial


Pregunta: “En el Journal of Discourses, volumen 10, página 24, el presidente Brigham Young declara que aquellos que alcancen la primera o resurrección celestial serán puros, santos y perfectos en cuerpo. Todo hombre y mujer que alcance esta indescriptible exaltación será hermoso como los ángeles que rodean el trono de Dios. La esposa no estará insatisfecha con su esposo ni el esposo con su esposa. Si una persona está sellada a un cónyuge que no merece esta exaltación, ¿qué sucede? ¿Tendrá el que es indigno que aceptar una gloria menor, o queda anulado el sellamiento?”

Respuesta: Naturalmente, una persona que sea indigna de un lugar en el reino celestial no recibirá las bendiciones correspondientes a ese reino. Todas las bendiciones se basan en la dignidad individual. Se nos enseña que quien persevera hasta el fin es quien se salva. Naturalmente, el Señor juzgará a cada individuo de acuerdo con las oportunidades que haya tenido para conocer y obedecer sus mandamientos. Miles de personas que murieron sin el conocimiento del Evangelio y que, por lo tanto, no guardaron los mandamientos ni los convenios del Evangelio durante la mortalidad, entrarán en el reino celestial. Es para esta clase de personas que efectuamos la obra del templo y realizamos vicariamente las ordenanzas del Evangelio, de acuerdo con la revelación dada al profeta José Smith.

LA JUSTICIA DE NUESTRO PADRE CELESTIAL

El sentido común nos enseña que la justicia de nuestro Padre Eterno haría que se tomara provisión para aquellos que vivieron sobre esta tierra durante los muchos años en que la plenitud del Evangelio no estuvo entre los hombres y fueron dejados a caminar en tinieblas espirituales. En los cielos, cuando se preparó el plan de salvación, se hizo provisión para enfrentar toda vicisitud y condición que existiría entre los mortales sobre la tierra. El Evangelio de salvación ciertamente no estaría completo si no se hubieran provisto medidas para enfrentar las condiciones que prevalecerían en la mortalidad. El Evangelio de salvación es tan amplio como la eternidad. Se comprendió perfectamente antes de que se pusieran los cimientos de la tierra que surgirían condiciones en la existencia mortal en las cuales muchos de los hijos de nuestro Padre Eterno vivirían sobre la tierra cuando no habría oportunidad para que la humanidad participara de las bendiciones del Evangelio y recibiera las ordenanzas esenciales para su existencia eterna en el reino de Dios. Es un hecho bien conocido por todos los Santos de los Últimos Días, al menos, que tal período realmente existió. Durante cientos de años el mundo estuvo en tinieblas espirituales, y fue necesario que el Señor abriera nuevamente los cielos y enviara mensajeros de su presencia para restaurar, como dicen nuestras Escrituras, la plenitud del plan de salvación.

Algunos han enseñado que, al dejar nuestros cuerpos en la muerte, estos se levantarán nuevamente en la resurrección con todos los impedimentos e imperfecciones que tenían aquí, y que si una esposa no ama a su esposo en ese estado, tampoco podrá amarlo en el siguiente. Esto no es así. Si un hombre es digno de la gloria celestial, estará en el camino hacia la perfección eterna, y está destinado a llegar a ser tan perfecto y santo como los ángeles en los cielos.

LA VIOLACIÓN DE LA LEY TRAE CASTIGO

Si hombres o mujeres que han sido casados por el convenio eterno violan ese convenio, por supuesto tendrán que pagar el precio, el cual es terrible, porque según la palabra del Señor, serán entregados a los azotes de Satanás hasta el día de su redención, si es que no pierden la exaltación misma.

El matrimonio por el tiempo y por toda la eternidad es el privilegio de todos los miembros fieles de la Iglesia. Además, esta bendición les asegura la continuación de sus vidas para siempre, y no se les negará posteridad en el reino celestial de Dios. El Señor nunca tuvo la intención de que el matrimonio fuera solamente por el “tiempo”. No había muerte cuando Adán y Eva fueron sellados por el Señor. Fue una unión destinada a perdurar para siempre. La muerte vino sobre ellos más tarde por la “transgresión” de una ley, pero esto no quebrantó su convenio eterno. Además, todos debemos una deuda de gratitud a la madre Eva por haber participado del “fruto prohibido”. No fue un pecado, como muchos comentaristas de la Biblia quisieran hacer creer, sino una bendición eterna que hizo que Eva se regocijara y diera gracias al Señor; y en su gozo alabó al Señor y dijo:

Si no hubiera sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los obedientes (Moisés 5:11).