Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 5

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¿Es Necesario el Bautismo para Entrar en los Reinos Terrestre y Telestial?


Pregunta: “¿Es necesario el bautismo para obtener entrada en los reinos terrestre y telestial? ¿No tendrán que ser bautizados todos los que resuciten y vayan a estos reinos inferiores antes de poder salir del paraíso? ¿Qué sucederá con aquellos que estén en el paraíso y se nieguen a aceptar el evangelio y el bautismo, aun por medio de un representante?”

Respuesta: Las Escrituras son muy claras al declarar que el bautismo es para el reino celestial únicamente. Para obtener un lugar en el reino terrestre o en el telestial, el bautismo no es requerido.

El profeta José Smith dijo:

. . . Un hombre puede ser salvo, después del juicio, en el reino terrestre o en el reino telestial, pero nunca podrá ver el reino celestial de Dios sin nacer del agua y del Espíritu. (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 12.)

El reino de Dios mencionado por el Salvador en su conversación con Nicodemo señala claramente el hecho de que se refiere al reino celestial. Esto también está implícito en las instrucciones dadas por nuestro Salvador a sus apóstoles cuando los dejó. Ellos debían ir por todo el mundo y predicar el evangelio; todos los que lo aceptaran y fueran bautizados entrarían en el reino celestial, pero todos los demás serían condenados, o asignados a uno de los otros reinos.

LA DOCTRINA SE EXPLICA CLARAMENTE

En Doctrina y Convenios esto se declara de manera muy clara. En la Sección 20 leemos:

Que cuantos creyeran y fueran bautizados en su santo nombre, y perseveraran en la fe hasta el fin, serían salvos;
No solamente aquellos que creyeron después que él vino en el meridiano de los tiempos en la carne, sino también todos los que desde el principio, aun cuantos fueron antes de que él viniera, creyeron en las palabras de los santos profetas que hablaron inspirados por el don del Espíritu Santo, quienes verdaderamente testificaron de él en todas las cosas, tendrían vida eterna.
Así también aquellos que vinieran después, que creyeran en los dones y llamamientos de Dios por medio del Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo;
Los cuales Padre, Hijo y Espíritu Santo son un solo Dios, infinito y eterno, sin fin. Amén.
Y sabemos que todos los hombres deben arrepentirse y creer en el nombre de Jesucristo, y adorar al Padre en su nombre, y perseverar en la fe en su nombre hasta el fin, o no pueden ser salvos en el reino de Dios. (D. y C. 20:25–29.)

Véase también la Sección 76.

UN PERÍODO DE PRUEBA PARA EL HOMBRE

Además de estos pasajes, lea lo que está escrito en la Sección 29, de la cual cito una parte:

Y así yo, el Señor Dios, señalé al hombre el día de su probación, para que por su muerte natural fuese levantado en inmortalidad para vida eterna, sí, cuantos creyeran.
Y los que no crean, para condenación eterna; porque no pueden ser redimidos de su caída espiritual, ya que no se arrepienten. (Ibíd., 29:43–44.)

De las palabras de Pablo a los romanos leemos:

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?
¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo; a fin de que, como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.
Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;
Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.
Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.
Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él;
Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.
Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive.
Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 6:1–11.)

LOS NO BAUTIZADOS SON CONDENADOS

Todos los que no son bautizados están condenados. El Salvador dijo:

. . . Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere será condenado. (Marcos 16:15–16.)

Es una condenación (una detención o interrupción) y una negación del progreso hacia la exaltación para todos aquellos que rehúsan recibir la luz. Nunca seremos bautizados por todos los muertos. El bautismo por los muertos es para aquellos que murieron sin el conocimiento o el privilegio de tener conocimiento del evangelio, y aun entonces se aplicará únicamente a aquellos que estén muertos y que estén dispuestos a aceptar el evangelio en el mundo de los espíritus.

Al efectuar la obra por los muertos, como no poseemos un Urim y Tumim, tenemos la necesidad de realizar la obra en los templos por todos los nombres que encontramos en nuestros registros genealógicos, y dejar al Señor el juicio de cuáles son dignos. Tenemos plena confianza en que el Señor puede hacer la debida separación.