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Jesucristo, el Hijo Literal de Dios
Pregunta: En la página 466 del libro Los Artículos de Fe, por el élder James E. Talmage, aparece una cita de la Primera Presidencia que declara que Elohim es el padre literal de nuestro Salvador Jesucristo y también de los espíritus de toda la familia humana. Algunos de mis amigos disputan esta declaración, y no puedo entender cómo es verdadera de acuerdo con lo que está escrito en el Nuevo Testamento.
“¿Tendría la bondad de presentar este punto y darnos la evidencia definitiva de que es verdadero?”
Respuesta: Cualquier persona que acepte el Nuevo Testamento como un registro correcto no disputará el hecho de que Jesús, nuestro Redentor y Hermano Mayor, es el Hijo literal de María, tal como está registrado en el Nuevo Testamento. ¡Tampoco puede disputar la afirmación de que la evidencia señala el hecho de que él es también el Unigénito Hijo de Dios, nuestro Padre Eterno!
JESUCRISTO ES EL HIJO LITERAL DE DIOS
A lo largo del ministerio de nuestro Salvador, él reconoció el hecho de que es el Unigénito Hijo de Dios en la carne. Además, con frecuencia oraba a su Padre. En Juan, capítulo 17, se encuentra una oración de nuestro Salvador poco antes de su arresto, condenación y crucifixión como sacrificio para la redención de todo el mundo y de todas las criaturas colocadas sobre él de la muerte, pues mediante la transgresión de Adán esta tierra en la que vivimos y todo ser viviente sobre ella quedaron sujetos a la muerte y, por lo tanto, debían ser redimidos. Esta redención viene por medio de su muerte como mártir y el derramamiento de su sangre para expiar la caída de Adán. Las revelaciones del Señor proclaman que esta tierra no estuvo sujeta a la muerte ni a condiciones mortales sino hasta después de que Adán y Eva participaron del fruto prohibido. El comer del fruto prohibido no solo trajo la muerte sobre Adán y Eva, sino también sobre toda criatura viviente e incluso sobre la tierra misma.
Leemos en una revelación dada al profeta José Smith un claro relato de esta condición. Además, el élder Parley P. Pratt, en su interesante obra La Llave de la Teología, nos ha dado una hermosa descripción de las condiciones anteriores, de la naturaleza de la caída y de la gloriosa redención que ha de venir mediante la misión y expiación de nuestro Salvador. Todos estos cambios han ocurrido de acuerdo con el plan original. Aprendemos de los escritos de Moisés en la Perla de Gran Precio que la caída fue parte del gran plan preparado en los cielos antes de que la tierra fuese formada. La mortalidad fue decretada, y el paso por todas las condiciones de la vida mortal formó parte del plan; y de Jesús, nuestro Salvador, se habla como del “Cordero inmolado desde la fundación del mundo”; en otras palabras, escogido para venir a la tierra y ser nuestro Redentor de la mortalidad.
EL SALVADOR HABLÓ DE SU GLORIA
En su maravillosa oración poco antes de la crucifixión, el Salvador habló de la gloria que era suya antes que el mundo existiera. Además, vino voluntariamente a este mundo para ser su Redentor y salvar no solo a toda carne, sino también a la tierra misma de la muerte temporal, y también a aquellos que guardaran sus mandamientos de la muerte eterna o del destierro de la presencia de su Padre, mediante la obediencia a los mandamientos de su Padre.
Aprendemos por medio de los mandamientos dados por revelación al profeta José Smith que, mediante la expiación de nuestro Salvador, todas las cosas serán restauradas. Está escrito:
Y además, de cierto, de cierto os digo que cuando hayan terminado los mil años [refiriéndose al Milenio], y los hombres comiencen de nuevo a negar a su Dios, entonces preservaré la tierra por un poco más de tiempo;
Y vendrá el fin, y los cielos y la tierra serán consumidos y pasarán, y habrá un cielo nuevo y una tierra nueva.
Porque todas las cosas viejas pasarán, y todas las cosas serán hechas nuevas, sí, la tierra y toda su plenitud, tanto los hombres como las bestias, las aves del cielo y los peces del mar;
Y ni un cabello ni una mota se perderán, porque son la obra de mi mano. (D. y C. 29:22–25.)

























