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El Espíritu Santo y la Luz de Cristo
Pregunta: “En su discurso (en Doctrinas de Salvación) usted parece hacer una distinción definida entre el Espíritu Santo y la Luz de Cristo. En los escritos del Dr. Talmage (Artículos de Fe) parece relacionar ambos bajo la persona de Dios el Espíritu Santo y, en otras ocasiones, con el poder o la autoridad de este gran Personaje, o con los medios por los cuales él ministra. ¿Existe una diferencia de opinión o estoy interpretando mal el significado?”
Respuesta: Nadie desea más que yo que llegue el tiempo del que habló Jeremías, cuando no será necesario enseñar a ninguna persona: “Porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande de ellos, dice Jehová”.
He procurado toda mi vida proclamar las sencillas verdades del evangelio de una manera clara que todos puedan entender. El resultado es que alguna declaración de hecho inevitablemente entra en conflicto con la opinión establecida o la doctrina de alguna persona, lo cual requiere una explicación adicional y, quizá, una oposición decidida. Ahora bien, el Señor ha hecho perfectamente claros la mayoría de los asuntos relacionados con nuestra salvación, el reino de Dios, la Trinidad y nuestra relación con ella; al menos, en mi opinión, así lo ha hecho. Entre estas doctrinas, el presidente Joseph F. Smith, mi padre, explicó claramente la diferencia entre el Espíritu Santo y su misión, y la misión del Espíritu Santo de Cristo, o Luz de Cristo.
EL ESPÍRITU SANTO ES UN PERSONAJE DE ESPÍRITU
El Espíritu Santo es un Personaje de Espíritu, a semejanza de Dios el Padre; en otras palabras, una semejanza del Padre y del Hijo. Su misión es instruir e iluminar la mente de aquellos que, mediante su fidelidad, han obedecido los mandamientos del Padre y del Hijo. Él da testimonio de la verdad, vivifica la mente de quienes han hecho convenios y les revela los misterios del reino de Dios. Es un mensajero especial del Padre y del Hijo y lleva a cabo la voluntad de ellos; pero no es enviado al mundo. El Señor dijo de él, al informar a sus apóstoles que los dejaría, que les enviaría “otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”. Luego el Señor añade:
El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros. (Juan 14:16–17.)
UNA EXCEPCIÓN A ESTA LEY
Hay una excepción a esta ley proclamada por nuestro Señor. Es el caso de Cornelio, quien era un creyente devoto. Él recibió una manifestación del Espíritu Santo. Además, Moroni ha declarado que cualquier buscador sincero de la verdad que pregunte diligentemente al Señor recibirá una manifestación de la verdad por medio del Espíritu Santo. Pero una vez que el Espíritu Santo ha dado esa manifestación, la persona no tiene derecho a recibir manifestaciones adicionales hasta que haya obedecido la ley correspondiente. Ahora bien, SI el mundo no puede recibir este don, entonces debemos concluir que la iluminación que llega a los hombres del mundo —y tal iluminación ha llegado en muchas ocasiones— debe provenir de alguna otra fuente. Cuando, por tanto, el Señor dijo por medio de Joel que derramaría su espíritu sobre toda carne (Joel 2:28), no era el Espíritu Santo lo que iba a ser dado a TODOS, sino solamente a unos pocos; porque, recuerden, el mundo no puede recibir este Espíritu.
Por otra parte, el Espíritu de Cristo (llamado a veces la Luz de Cristo, el Espíritu de verdad o el Espíritu de Jesucristo) es un espíritu que se da a TODO HOMBRE, sin importar quién sea o cuáles sean sus creencias. Respecto a este espíritu, el Señor ha dicho:
Porque la palabra del Señor es verdad, y todo lo que es verdad es luz, y todo lo que es luz es Espíritu, sí, el Espíritu de Jesucristo.
Y el Espíritu (es decir, de Cristo) da luz a todo hombre que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre por el mundo que escucha la voz del Espíritu.
Y todo aquel que escucha la voz del Espíritu viene a Dios, sí, al Padre. (D. y C. 84:45–47.)
DECLARACIÓN ADICIONAL SOBRE LA LUZ DE CRISTO
Nuevamente el Señor habla de este Espíritu:
El que ascendió a lo alto, así como descendió debajo de todas las cosas, en que comprendió todas las cosas, para que estuviese en todas las cosas y por medio de todas las cosas, la luz de la verdad;
La cual verdad resplandece. Esta es la luz de Cristo. Así como también él está en el sol, y es la luz del sol y el poder por el cual fue hecho.
Así como también está en la luna, y es la luz de la luna y el poder por el cual fue hecha;
Así como también la luz de las estrellas y el poder por el cual fueron hechas;
Y también la tierra, y el poder de ella, sí, la tierra sobre la cual estáis.
Y la luz que resplandece, la que os da luz, es por medio de aquel que ilumina vuestros ojos, la cual es la misma luz que vivifica vuestro entendimiento;
La luz que procede de la presencia de Dios para llenar la inmensidad del espacio:
La luz que está en todas las cosas, que da vida a todas las cosas, que es la ley por la cual todas las cosas son gobernadas, sí, el poder de Dios que está sentado sobre su trono, que está en el seno de la eternidad, que está en medio de todas las cosas. (Ibíd., 88:6–13.)
Moroni también habla de la Luz de Cristo y dice:
Porque he aquí, el Espíritu de Cristo es dado a todo hombre para que pueda distinguir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que persuade a creer en Cristo es enviada por el poder y don de Cristo; por tanto, podéis saber con conocimiento perfecto que es de Dios. . . .
Y ahora bien, hermanos míos, ya que conocéis la luz por la cual podéis juzgar, la cual luz es la luz de Cristo, mirad que no juzguéis erróneamente; porque con el mismo juicio con que juzguéis, seréis juzgados. (Moroni 7:16, 18.)
PALABRAS DEL APÓSTOL JUAN
El apóstol Juan también habla de la Luz de Cristo de la siguiente manera:
Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
Este vino por testimonio, para dar testimonio de la Luz, a fin de que todos creyesen por medio de él.
No era él la Luz, sino para que diese testimonio de la Luz.
Aquella era la Luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. (Juan 1:6–9.)
Sé que con frecuencia se han confundido el Espíritu Santo y el Espíritu de Cristo. Hay pasajes que deben juzgarse únicamente por el contexto, pero me parece que el Señor ha dejado muy clara la diferencia entre la misión de cada uno.
Uno es un Personaje de Espíritu y el tercer miembro de la Trinidad. El otro es un espíritu de luz y verdad que llena la inmensidad del espacio y da luz a la inteligencia de los hombres, crean o no en Cristo. Es esta segunda luz la que el Señor ha amenazado con retirar de los hombres, no la primera, porque los hombres no poseen la primera sino únicamente cuando obedecen los mandamientos del evangelio. (Véase Respuestas a Preguntas del Evangelio, Vol. 2, págs. 149–156, para un análisis adicional de la misión del Espíritu Santo y del Espíritu de Cristo.)

























