Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 5

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Bautismo antes de la venida de nuestro Salvador en la carne


Pregunta: “En nuestro análisis de los principios del evangelio surgió la cuestión de por qué el bautismo para la remisión de los pecados se menciona en el Libro de Mormón como una ordenanza que los nefitas practicaron desde los días de Nefi hasta el final de su historia, es decir, desde 600 años antes de la venida del Salvador, mientras que en la Biblia no se menciona el bautismo para la remisión de los pecados hasta la venida de Juan el Bautista. Nos parece que si el bautismo era una ordenanza requerida para las personas antes de la época de Juan, seguramente habría alguna indicación de que esta era la práctica. Algunos opinaban que el bautismo era algo perteneciente a la dispensación de Jesús y de Juan, y una ordenanza dada a Israel por revelación en los días de Juan el Bautista. ¿Tendría la bondad de aclararnos esta cuestión?”

Es cierto que en las traducciones de los libros del Antiguo Testamento la ordenanza del bautismo no está claramente definida como una ordenanza del evangelio. Sin embargo, en los escritos de Moisés que se encuentran en la Perla de Gran Precio, descubrimos que el bautismo fue uno de los primeros mandamientos dados a Adán después de que fue expulsado del Jardín de Edén. Leemos en el Libro de Moisés que, después de que Adán y Eva fueron expulsados del Jardín, fueron instruidos por un ángel que les enseñó la necesidad del arrepentimiento y de la remisión de los pecados, y que a su debido tiempo el Salvador vendría para expiar su transgresión.

EL BAUTISMO FUE INTRODUCIDO EN LOS DÍAS DE ADÁN

En esa instrucción encontramos lo siguiente:

Que por causa de la transgresión vino la caída, y la caída trajo la muerte; y en la medida en que nacisteis en el mundo por agua, sangre y espíritu, que yo hice, y así llegasteis a ser del polvo un alma viviente, así también debéis nacer de nuevo en el reino de los cielos, por agua y por el Espíritu, y ser limpiados por la sangre, sí, la sangre de mi Unigénito; para que seáis santificados de todo pecado y disfrutéis las palabras de vida eterna en este mundo, y de vida eterna en el mundo venidero, o sea, gloria inmortal;
Porque por el agua guardáis el mandamiento; por el Espíritu sois justificados, y por la sangre sois santificados;
Por tanto, os es dado que permanezca en vosotros el registro del cielo; el Consolador; las cosas pacíficas de la gloria inmortal; la verdad de todas las cosas; aquello que vivifica todas las cosas, que da vida a todas las cosas; aquello que conoce todas las cosas y tiene todo poder según la sabiduría, la misericordia, la verdad, la justicia y el juicio.
Y ahora, he aquí, os digo: Este es el plan de salvación para todos los hombres, mediante la sangre de mi Unigénito, que vendrá en el meridiano de los tiempos.
Y he aquí, todas las cosas tienen su semejanza, y todas las cosas son creadas y hechas para dar testimonio de mí, tanto las cosas temporales como las espirituales; las cosas que están en los cielos arriba, y las que están sobre la tierra, y las que están dentro de la tierra, y las que están debajo de la tierra, tanto arriba como abajo; todas las cosas dan testimonio de mí.
Y aconteció que cuando el Señor hubo hablado con Adán, nuestro padre, Adán clamó al Señor, y fue arrebatado por el Espíritu del Señor, y fue llevado al agua, y fue sumergido en el agua, y fue sacado del agua.
Y así fue bautizado, y el Espíritu de Dios descendió sobre él; y así nació del Espíritu y fue vivificado en el hombre interior. (Moisés 6:59–65.)

NUESTRA RESPONSABILIDAD DE ESCUDRIÑAR LAS ESCRITURAS

Una de las responsabilidades que el Señor ha impuesto a los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es escudriñar las Escrituras y acumular un caudal de conocimiento; de otro modo no pueden tener la guía del Espíritu Santo, a pesar de haber sido bautizados y confirmados. Quienes ignoran las verdades del evangelio y no conocen las enseñanzas que el Señor dio a los padres antiguos, no pueden tener la guía del Espíritu del Señor. Tales personas se exponen a la tentación y al engaño por parte de almas inicuas y sin escrúpulos, y corren grave peligro de ser conducidas a la insensatez y a senderos prohibidos, porque no tienen un fundamento de fe sobre el cual edificar.

Es muy cierto que la Biblia, tal como ha llegado hasta nosotros, dice muy poco acerca del bautismo en el Antiguo Testamento. Sin embargo, hay pasajes en los escritos de Moisés y de los antiguos profetas que indican claramente al estudiante diligente y lleno de oración que el bautismo fue un principio practicado a lo largo de toda la historia del antiguo Israel. Cuando se construyó el templo de Salomón, leemos acerca de un “mar de fundición”, de diez codos de un borde al otro, que descansaba sobre los lomos de doce bueyes esculpidos. Esta fuente, o mar de bronce, no se utilizaba para bautismos por los muertos, porque no hubo bautismos por los muertos sino hasta después de la resurrección del Señor. Es una conclusión lógica afirmar que se utilizaba para bautizar a los vivos para la remisión de sus pecados.

Es un hecho bien conocido, reconocido por los estudiosos de la Biblia que han investigado las doctrinas y costumbres del antiguo Israel, que el bautismo era una ordenanza practicada en el antiguo Israel, en plena conformidad con la palabra del Señor revelada en los escritos de Moisés contenidos en la Perla de Gran Precio.