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Constantes Aunque Perseguidos
—”No lo maldigas, señor; he oído decir que una maldición es una piedra que se arroja al aire, y con toda probabilidad descenderá sobre la cabeza del que la arrojó.”—
La sinceridad con que Pedro y los otros apóstoles predicaban el evangelio de Jesucristo producía un efecto asombroso en las multitudes que los oían. Día tras día, en el pórtico de Salomón, hombres y mujeres escuchaban a los Doce testificar que el Redentor del mundo efectivamente había venido.
Los enfermos son sanados
Por otra parte, grandes manifestaciones corroboraban estos testimonios, porque “por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios entre el pueblo.” Era tan grande la fe en el poder de Dios que “echaban los enfermos por las calles y los ponían en camas y lechos, para que viniendo Pedro, a lo menos su sombra tocase a alguno de ellos.”
Los enfermos de Jerusalén no fueron los únicos que recibieron bendiciones, sino que también, desde las aldeas cercanas, los que estaban enfermos y dominados por espíritus malos acudían a los apóstoles y eran sanados por el poder de Dios.
Debió ser para Pedro y los demás apóstoles motivo de gran regocijo ver el interés y la fe de tantos miles de personas en el mensaje de Cristo. ¡Y qué gozo debieron haber sentido también todos aquellos inválidos que, después de ser sanados, saltaban de sus lechos y unían sus voces en alabanzas al Redentor! ¡Cómo debieron amarse los Doce mutuamente! ¡Cómo debieron latir sus corazones al unísono, mientras día tras día daban testimonio de la muerte y resurrección del Señor, y recibían la confirmación divina de que Él todavía se manifestaba a ellos por conducto del Espíritu Santo!
Y cuando ese Espíritu era sentido por los que se unían a la Iglesia, con razón “la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma.”
Pero había algunos en Jerusalén que sentían terribles celos de los apóstoles; sus corazones no estaban llenos de gozo, sino de envidia. Estos hombres eran los que habían tomado parte en la crucifixión de Cristo. Bien se ha dicho que, en cuanto se edifica un templo a Dios, el diablo levanta una iglesia a la otra puerta. De manera que, mientras el Señor derramaba el espíritu de amor sobre aquellos que se unían a la Iglesia, el diablo llenaba de odio los corazones de los inicuos que no querían arrepentirse.
Pedro es encarcelado
Así fue que “levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él —que eran de la secta de los saduceos—, se llenaron de celo; y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública.”
Estos príncipes, llenos de prejuicio e ignorancia, estaban resueltos a hacer que los Doce cesaran de predicar a Cristo; porque, si se creía lo que los apóstoles enseñaban, aquellos príncipes serían culpados de haber dado muerte al Rey de los Judíos. Pero el pobre hombre débil no puede interrumpir la obra del Señor.
Durante la noche, mientras los presos se hallaban en la celda, quizás cantando himnos y orando, les apareció un ángel del Señor. Abrió las puertas de la prisión, los sacó y dijo:
“Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida.” Respecto a este mandato, el notable escritor bíblico Jorge L. Weed ha escrito:
“Id: la misma palabra que habían oído del Señor antes de su ascensión al cielo, de donde había enviado a su ángel para que la repitiese en la prisión.
Id: sin hacer caso de las amenazas y mandatos de los candados, barrotes y guardias.
En el nombre de aquel que os dijo ‘Id, predicad el evangelio’, os mando que vayáis al templo —el lugar preciso de donde os echaron— y que habléis al pueblo, a cuantos quisieran escuchar, porque vuestro Señor y mi Señor es el Salvador de todos.
Declarad todas las palabras de esta vida: la vida futura prometida, de la cual la resurrección de Cristo es el primer cumplimiento.”
Obedeciendo el mandato del ángel, los Doce fueron al templo muy temprano a la mañana siguiente y se pusieron a enseñar. ¡Cómo debe haber conmovido su mensaje a la ansiosa multitud que se había reunido a esa hora para escuchar la palabra de Dios!
Confusión de los judíos
A esa misma hora temprana, se estaba reuniendo otro grupo de hombres. El sumo sacerdote convocó a su concilio y a “todos los ancianos de los hijos de Israel.” Cuando se hubieron juntado, el sumo sacerdote mandó traer a Pedro y sus hermanos. No tardaron en volver los oficiales con una sorprendente noticia:
—”Por cierto, la cárcel la hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardias estaban delante de las puertas; mas, cuando abrimos, a nadie hallamos dentro.”
Confundidos por esta noticia inesperada, ni el sumo sacerdote ni el concilio parecían saber qué hacer. Mientras estaban todavía buscando una explicación satisfactoria o una resolución firme, llegó uno con esta información:
—”He aquí, los varones que echasteis en la cárcel están en el templo y enseñan al pueblo.”
Al oír esto, el magistrado del templo fue con sus oficiales para llevar a los apóstoles ante el concilio. Pero los trajeron “sin violencia”, es decir, sin herirlos ni maltratarlos, “porque temían ser apedreados por el pueblo.”
Ante el concilio
En cuanto se presentaron los Doce, el sumo sacerdote preguntó:
—”¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en este nombre? Y he aquí, habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre.”
Su corazón, lleno de prejuicio, lo llevó a hablar de Jesús sin mencionar su nombre. Pero, aun en su rencor, testificó notablemente del éxito de la predicación de los apóstoles: “Habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre.”
¿Se acordaría el sumo sacerdote en ese momento de que los judíos habían gritado en el juicio de Jesús: “¡Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”? De ser así, podemos imaginar su temor de que aquella maldición fuera a cumplirse.
Una respuesta intrépida
“Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: ‘Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres’.”
Manifestando tanto deseo de mencionar el nombre de Jesús como el sumo sacerdote repugnancia de hacerlo, Pedro añadió:
—”El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, al cual vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste ha ensalzado Dios con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.”
Estas valientes palabras llegaron a lo más profundo de los corazones de aquellos inicuos magistrados. Se llenaron tanto de ira que empezaron a aconsejar que matasen a los Doce, así como habían matado al Salvador.
El consejo de Gamaliel
Pero entre ellos había un sabio doctor de la ley, en cuyo corazón todavía existía la justicia. Se llamaba Gamaliel. Se puso de pie entre ellos y les pidió que sacaran fuera, por un momento, a los apóstoles. Hecho esto, dijo más o menos lo siguiente:
—”Varones de Israel, tened cuidado de cómo tratáis a estos hombres. Si lo que predican es de hombres, pronto se desvanecerá, como sucedió con Teudas y unas cuatrocientas personas que lo siguieron, los cuales fueron esparcidos y deshechos, así como también fueron dispersados los que creyeron en Judas el Galileo. Pero si esta obra es de Dios, no la podréis deshacer; no sea que os halléis luchando contra Dios.”
Azotados y libertados
Prevaleció la influencia de Gamaliel y fueron perdonadas las vidas de los apóstoles. Sin embargo, no fueron puestos en libertad sino hasta después de que los azotaron y les prohibieron volver a hablar en el nombre de Jesús.
En aquellos días, cuando se azotaba a un hombre, lo desnudaban hasta la cintura, le ataban los brazos a un pilar bajo, de manera que quedara encorvado, para que los latigazos pudieran caer más fácilmente sobre su espalda, y se le daban treinta y nueve azotes.
Al salir los Doce de la sala del concilio, sangrando por los azotes que habían recibido, sus corazones se hallaban llenos no de aflicción ni pesar, sino “gozosos de que fueran tenidos por dignos de padecer afrenta por el Nombre” (léase Hechos 5:12–41).
























