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Se pone a Prueba la Fe de Pedro
“Los pasos de la fe parecen darse en falso, pero hallan la firmeza de la roca.”
“Todo cuanto he visto me enseña a confiar en mi Creador, por todo lo que no he visto.”
La fe verdadera
Cuando Jesús llamó a Simón “Pedro” (o “la Piedra”), indudablemente expresó con ese nombre un rasgo de carácter que deseaba ver en la fe de sus discípulos, y particularmente en cada uno de sus apóstoles. Él quería que tuvieran una fe inquebrantable, una fe que los hiciera firmes en la verdad, independiente de los milagros o de los hechos de los hombres; una fe que les hiciera confiar en el Señor en todo tiempo y en toda circunstancia.
Jesús sabía que los judíos se dejaban influir fácilmente; que un milagro efectuado hoy podría despertar en ellos la creencia de que Él era el Rey que habían estado esperando, y que una verdad presentada mañana podría engendrar en ellos la creencia de que Él era un impostor. Deseaba conducirlos a Dios y a Su Evangelio. Anhelaba que comprendieran las verdades de la vida, para que pudieran vivir de acuerdo con ellas cuando ya no estuviera con ellos.
Jesús se aflige
Ya podemos imaginarnos, pues, la tristeza que debe haber sentido cuando, después del milagro del que hablamos en la última lección, la gente lo aclamó como rey, pensando que lo estaban honrando, al ofrecerle la insignificancia de una corona vana. Él no quería que lo honraran de ese modo; deseaba que entendieran el poder de Dios y creyeran en Su divina verdad.
Deseando estar solo una vez más con Su Padre, y no queriendo que ni siquiera sus tres discípulos principales —Pedro, Santiago y Juan— lo acompañaran, Jesús se apartó de la multitud. Mandó a los Doce que entraran en el barco y volvieran a Capernaum, y Él se retiró a un lugar solitario para orar.
La tempestad
Durante la noche, mientras Jesús aún estaba orando, se desató una fuerte tormenta que convirtió las aguas tranquilas del lago en bravísimas olas. Desde el monte, Jesús podía ver a sus discípulos remar contra las olas, sin poder avanzar mucho, porque el viento les era contrario.
Estando el barco a unos treinta estadios (unos 6 kilómetros o 4 millas) de la orilla, Jesús decidió ir a ellos. Ya había pasado la medianoche y los discípulos aún estaban batallando contra las olas.
¿Qué habrán pensado cuando, entre las tinieblas, vieron una figura que se acercaba a ellos caminando sobre las olas? Y cuando uno gritó: “¡Fantasma es!”, todos dieron voces de miedo.
“Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo.”
“Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.”
“Y Él dijo: Ven.”
La fe de Pedro
“Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.” (Mateo 14:26–29)
¡Oh Pedro, firme es tu creencia y fuerte tu determinación cuando tu ojo ve únicamente la gloria de Dios y tu alma clama por ir a Él!
Sus dudas
Mas cuando ves “el viento fuerte”, tienes miedo; y comenzando a hundirte, das voces, diciendo: “¡Señor, sálvame!”
Así sucede en la vida. Cuando los vientos de la tentación y las olas de la desesperación nos acometen, el ojo de la fe se fija más en estos elementos iracundos que en la Luz de la Vida. Por consiguiente, el poder de la fe se debilita e, igual que Pedro, comenzamos a hundirnos. Muchos, sí, muchísimos, son los que se hunden debajo de las aguas; solamente unos pocos claman como Pedro: “¡Señor, sálvame!”
“Y luego Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo: ¡Oh hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14:31)
En Capernaum
Al día siguiente, la gente de Capernaum, sabiendo que Pedro y los otros discípulos se habían hecho a la mar sin Jesús, se sorprendió muchísimo al verlo entre ellos, y le preguntaron:
—Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
Respondióles Jesús, y dijo:
—De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis. Trabajad no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará. (Juan 6:25–27)
Sermón sobre el pan de vida
Entonces siguió su bella predicación sobre el pan de vida, parte de la cual, según lo recordó Juan, se halla en el capítulo 6 de su evangelio. Se dijeron tantas cosas que los judíos no pudieron entender, por motivo de su prejuicio, que al principio se quedaron confusos, luego se enojaron y, por último, se dieron por ofendidos.
Aquellos cuya fe era débil se dejaron llevar por los sentimientos de la multitud, y dijeron:
—No creemos que este hombre sea el Hijo de Dios.
“Y desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.”
Esta multitud de hombres y mujeres enojados era semejante al mar agitado que había fatigado a los discípulos la noche anterior. Los vientos de la ridiculez y las olas de la desconfianza golpearon a aquellos que estaban indecisos. Al ver estos turbulentos elementos de la pasión humana, se debilitó su fe en Cristo y “comenzaron a hundirse.”
Jesús apela a los Doce
En vano Jesús testificó:
—Soy yo, el Hijo de Dios.
No quisieron escucharlo, porque para ellos no era sino el hijo de José, el carpintero. Al verlo abandonado por muchos de sus discípulos, Él se volvió a los Doce y les dijo:
—¿Queréis vosotros iros también?
Una vez más, fue Pedro el primero en hablar.
La respuesta de Pedro
Con los otros, había visto el enojo de la multitud y había oído las palabras ásperas que habían dirigido a su Maestro. En medio de este mar de pasiones humanas, ¿debería decirle:
—Señor, si tú eres, manda que yo vaya a ti sobre las aguas?
Vacilando un poco, como si su fe aún no hubiese llegado a ser tan firme como Jesús desearía que fuese, respondió:
—Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
Entonces, fortaleciéndose su confianza y apartando sus pensamientos de aquella multitud apóstata, añadió:
—Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Aunque en esta ocasión no salió de los labios de Jesús la palabra “bienaventurado”, no obstante, debió haber sentido cierto gozo al ver la fe incierta de sus discípulos convertirse en firme convicción en el corazón de sus apóstoles.
























