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Mensajeros Especiales
a Jerusalén
“Dios ha dispuesto que los hombres, necesitándose los unos a los otros, se amen mutuamente, y compartan las cargas y aflicciones los unos con los otros.”
“El apiadarse de la miseria es según lo humano; el socorrerla, es según lo divino.”
Mientras Pablo y Bernabé estaban en Antioquía, llegaron “profetas de Jerusalén”, entre ellos uno que se llamaba Agabo. Se cree que fue uno de los Setenta que el Salvador eligió; pero no se sabe exactamente qué sacerdocio tenía o qué oficio desempeñaba en la Iglesia. Sin embargo, debió ser un hombre justo y lleno del Espíritu Santo, porque podía predecir, por medio de la inspiración del Espíritu, cosas que otras personas, por su propia inteligencia, no podían prever.
En la época de la que hablamos, profetizó que “había de haber una grande hambre en toda la tierra habitada” (Hechos 11:28), lo que significa que habría escasez de alimentos en todo el mundo.
Ofrendas a los pobres
Los discípulos tenían fe en el profeta Agabo y creían que era verdad lo que decía. Sabían de algunos santos en Jerusalén que no podrían sobrevivir al hambre; en verdad, muchos de ellos habían dado todo lo que tenían a la Iglesia. Así que “los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar subsidio a los hermanos que habitaban en Judea.” Pablo y Bernabé fueron nombrados como mensajeros del socorro.
Estuvo bien que así lo hicieran, porque vino el hambre tal como lo había profetizado Agabo. Lucas nos dice que ocurrió en los días de Claudio César (44 d.C.), y los historiadores nos informan que fue tan grave, que aun el emperador fue insultado en el mercado por los que se estaban muriendo de hambre.
Persecución bajo Herodes
Casi al mismo tiempo que los dos hermanos fueron enviados de Antioquía a Jerusalén, se inició una tenaz persecución contra los santos: “En el mismo tiempo el rey Herodes echó mano a maltratar algunos de la Iglesia. Y mató a cuchillo a Jacobo, hermano de Juan.” (Hechos 12:1–2)
Fue entonces cuando encarcelaron a Pedro, y lo ataron en cadenas a cuatro soldados, pero, por medio de la intervención milagrosa de Dios, fue librado por un ángel.
Probablemente, Pablo y Bernabé se hallaban en casa de María, madre de Juan Marcos, orando y suplicando que fuera preservada la vida de Pedro; y, como ya dijimos en lecciones anteriores, Rhode anunció la llegada de Pedro a la puerta.
Vuelven a Cesarea
Después de presenciar esta maravillosa manifestación del poder de Dios a favor de sus siervos, Pablo y Bernabé tal vez presenciaron la manera en que Dios castiga a los malvados.
Sucedió de esta manera: habían cumplido fielmente sus deberes como mensajeros de los santos en Antioquía, y el socorro enviado a los miembros de la Iglesia en Judea se había entregado debidamente a los que estaban encargados de ello.
Habían pasado muchos días con sus amigos y disfrutado de la asociación, aun en medio de persecuciones, de los directores y miembros de la Iglesia. Ahora podían volver a Antioquía para dar un informe de sus labores. El camino los llevó por Cesarea. Tal vez visitaron a Cornelio, quien vivía allí.
Sea como fuere, aquellos que han estudiado cuidadosamente la vida de Pablo nos dicen que, cuando volvía de Jerusalén en esta ocasión, le tocó presenciar la muerte del inicuo rey Herodes.
El historiador Weed lo describe así:
Muerte de Herodes
Claudio, el emperador romano, había logrado importantes victorias en la Gran Bretaña. Al volver a Roma, hubo gran regocijo. Herodes pensó granjearse muchos favores del emperador celebrando en su honor una espléndida fiesta en Cesarea.
La mañana del segundo día, el teatro estaba atestado de seres humanos que se habían reunido para presenciar crueles espectáculos, tales como los de gladiadores que se mataban entre sí para entretener al público. Herodes se presentó vestido con un riquísimo manto que resplandecía por el brillo de la plata de que estaba hecho. Al caer sobre el rey los rayos del sol, los ojos de los espectadores quedaron deslumbrados por el esplendor del manto.
Envanecido por los lisonjeros gritos de admiración, Herodes pronunció un discurso, mientras el pueblo lo aclamaba diciendo: “¡Voz de Dios y no de hombre!” Quedó complacido de que así lo titularan, aunque era una blasfemia. “Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios.” ¡Cuán diferente del ángel que hirió a Pedro en el costado y lo libró de la muerte!
El ángel hirió al rey Herodes con tan terrible enfermedad como la que había causado la muerte de su abuelo. Fue llevado del teatro a su palacio, donde estuvo agonizando durante cinco días, hasta que finalmente la muerte puso fin a su vida, a los cincuenta y cuatro años de edad. Era el cuarto año de su reinado, en la misma región en que había gobernado su abuelo, cuyo mal ejemplo había seguido, aun hasta el mismo miserable fin.
Cuando la escena cambió tan repentinamente en el teatro, la multitud huyó, rasgando sus vestidos, como solían hacer cuando estaban horrorizados.
Juan Marcos
Todas estas cosas y muchas más comunicarían Pablo y Bernabé a los santos de Antioquía cuando volvieran allá. Lucas nos informa que, después, “volvieron de Jerusalén, cumplido su servicio, tomando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.” (Hechos 12:25)
Se celebraron en Antioquía reuniones muy interesantes, en las cuales se dio un informe del ministerio de Pablo y Bernabé. Entre los que asistieron a estas reuniones, ya que vivían allí, la Biblia menciona los siguientes “profetas y doctores”: Bernabé, Simón el que se llamaba Níger, Lucio de Cirene, Manaén (que había sido criado con Herodes el tetrarca) y Saulo.
“Ministrando, pues, estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra para la cual los he llamado.”
Habían cumplido con un deber fiel y bien, y ahora estaban hábilmente preparados para otro deber aún mayor, al cual Dios los había llamado. Iba a ser una misión especial entre los gentiles.
Poco después, “habiendo ayunado y orado,” algunos de los profetas y doctores, poniendo las manos sobre los misioneros elegidos, los ordenaron y los amonestaron para que se prepararan para esta jornada misionera.
























