Capítulo 16
EQUILIBRIO Y PERSPECTIVA
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. (Mateo 23:23)
El ardor y la sinceridad no bastan en la vida religiosa. Uno puede poner todo su celo en hacer cosas erróneas y descuidar el verdadero espíritu y los principios de la religión. El celo y la sinceridad tienen que ir guiados por la sabiduría, si no engendran el fanatismo. Santillana, el filósofo español, describe un fanático como un hombre que “dobla su velocidad una vez que ha perdido su meta.” Tenemos necesidad de sabiduría para que ésta nos ayude a ver todas las cosas de la religión bajo su verdadera perspectiva y para poder ver cómo puede la religión resolver los problemas de la vida.
Jesús poseía esta sabiduría. Su religión es como un hermoso edificio, construido con proporciones admirables de armonía, de equilibrio, de simplicidad, de gracia, de grandeza y de unidad de propósito. Su religión puede compararse también a un hermoso mosaico, cuyas líneas, colores y materiales finos constituyen una obra de arte.
Sus discípulos recibieron su inspiración y continuaron la obra guiados por el Espíritu Santo. Juan y Pablo, por ejemplo, hablan de los aspectos morales y espirituales de la religión de una manera hermosa. Santiago escribe con claridad, armonía y perfecto sentido religioso. En este capítulo hablaremos de la sabiduría de Jesús y de otras grandes figuras novotestamentarias en sus enseñanzas religiosas.
La perspectiva en la vida de Cristo
1. La sabiduría del Salvador en su actitud con respecto el sábado y su manera de santificarlo.
Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. Más él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. Entonces Jesús le dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla? (Lucas 6:6-9)
Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? (Lucas 13:10-16)
También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. (Marcos 2:27) (Léase Marcos 2:23-28)
En su deseo sincero de cumplir el mandamiento que dice: “Acuérdate del día del reposo, para santificarlo,” los escribas devotos habían acumulado millares de reglas, en su mayor parte negativas, concernientes a lo que era preciso hacer y dejar de hacer en el día de sábado. Este día se había convertido en una pesada carga para el pueblo, que a veces se veían en la obligación de consultar a un escriba para saber si lo que tenían intención de hacer aquel día estaba permitido o no.
Jesucristo despojó la ley de esta falsa interpretación y penetró directamente en lo realmente importante de la religión. Santificó el día del reposo en armonía con el amor que sentía por Dios y los hombres, haciendo el bien, curando, consolando, inculcando en los hombres la fe y la paz en sus corazones a fin de que pudiesen acordarse de su Padre y Creador con gratitud y gozo.
2. Jesús conocía sus obligaciones para con Dios y los hombres.
Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?
Más él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él. (Marcos 12:13-17)
Cristo era, sobre todo y sin reserva ninguna, leal a su Padre Celestial. Sus palabras, tales como el primero y mayor mandamiento, y la frase “No podéis amar a Dios y a las riquezas,” han sido la causa de que más de un sincero discípulo suyo se haya decidido a vivir como ermitaño en el desierto, o se retire en un convento o un monasterio. Pero el Señor no era fanático en estas cosas. Dio de comer a la multitud. Jesús y sus discípulos tenían una bolsa común para sufragar algunos gastos prácticos que surgían de vez en cuando. Pagaba los impuestos a César, pero decía también: “Buscad primeramente el reino de Dios y su Justicia.”
3. La tolerancia del Salvador y su respeto del individuo quedan indicados en su conversación con María y Marta.
Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lucas 10:38-42)
Todas las cosas buenas son importantes. Hay más de una manera de honrar y servir al Señor. Todas las personas no tienen que ser formadas con el mismo molde.
4. Jesús reconocía la bondad en los demás, incluso en aquellos que no eran discípulos suyos.
Durante su vida envió a los Doce en misión, dándoles la autoridad de echar fuera a los demonios, de curar a los enfermos, y de predicar su palabra. Esos Doce tuvieron éxitos y fracasos al mismo tiempo. Estaban tan preocupados por saber cuál sería el mayor entre ellos. Agitados por estos pensamientos, los discípulos fueron a decirle a Jesús:
Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre: y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. (Lucas 9:49-50)
La perspectiva en las enseñanzas del Salvador
No tan solo en su manera de ser, sino también sus enseñanzas, el Salvador tenía un sentido maravilloso de la importancia relativa de las cosas. Consideraba cada principio con relación a otros principios, con relación a los principios superiores, y estos, a su vez, con relación a los propósitos de Dios cuando creó la vida sobre esta tierra.
1. Cuando el doctor de la ley le preguntó: «¿Cuál es el gran mandamiento en la ley?”
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22:37-40)
Jesús no fue el primero en enunciar estos dos mandamientos. El primero se encuentra en Deuteronomio 6:5 y el segundo se encuentra en Levítico 19:18. Los profetas, particularmente Amos, Oseas, Miqueas, Isaías y Jeremías, habían implicado estos grandes mandamientos fundamentales en sus enseñanzas. Sin embargo, que sepamos, nadie había nunca puesto los dos mandamientos juntos en un mismo pensamiento, con la claridad y la fuerza con que lo hizo Jesús, dando el primero ejemplo de ellos tanto por sus acciones como por sus enseñanzas. Declaró que el segundo era semejante al primero, y que todos los escritos canónicos de su época dependían o provenían de estos dos mandamientos. En la mente de Cristo, estos dos grandes mandamientos llegaron a ser el hilo y la trama de su vida religiosa.
2. La oración del Señor es otro ejemplo del maravilloso equilibrio que existe en las enseñanzas de Cristo. Encontramos en ella dignidad, sencillez y belleza; hallamos un respeto por el Padre, una consideración profunda por los demás y una declaración de nuestras necesidades más simples y de nuestras aspiraciones. (Véase Mateo 6:9-13)
3. Las parábolas de Jesús revelan su profunda comprensión de la vida humana y su talento en exponer el evangelio en metáforas y alegorías inspiradas en la vida cotidiana de la gente. La parábola del sembrador, entre tantas otras, ilustra especialmente su maravillosa comprensión de la vida. (Léase Lucas 8:4-9 y 11:15)
Podríamos citar más ejemplos de su perspectiva, su equilibrio moral y su sabiduría con veintenas de referencias, pero para no hacernos más extensos mejor será proseguir con un breve estudio de las enseñanzas de algunos de los Doce.
La perspectiva de Pablo
Pablo, el hombre instruido, con una personalidad muy rica en contrastes, hizo prueba de una sabiduría notable en sus enseñanzas religiosas. Había tenido visiones de los cielos y de los que en ellos hay, y sin embargo podía mostrarse tan práctico como Santiago.
1. Su fe en Cristo no cambió de mala manera su actitud con respecto a todos los magníficos principios morales que se encuentran en la ley mosaica. Cuando se enteró que los gálatas consideraban que la fe en Cristo significaba que ahora tenían permiso para poder vivir como les placiera e ignorar la ley moral, Pablo les escribió una epístola enérgica en la que indicaba la relación necesaria entre la moralidad y la fe. Hizo un resumen de la religión analógico al que Jesús había hecho.
Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Gálatas 5:13-14) (Léase la epístola a los Gálatas, sobre todo los capítulos 5 y 6)
2. Las cortas epístolas a Timoteo están saturadas de sabiduría práctica. Fijémonos especialmente en el propósito de la escritura; cómo el estudio de las escrituras edifica el carácter, desarrolla la justicia y perfecciona al hombre.
Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:15-17)
3. Pablo aconseja a Timoteo que se aparte de las cosas que no son para la edificación.
Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábula y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora. Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman. Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; (1 Timoteo 1:3-8)
Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justica, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor. Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él. (2 Timoteo 2:22-26)
Nótense también las calificaciones que se precisan para ser obispo, que Pablo enumera en Tito 1:4-11.
4. Pablo también escribió una epístola a los corintios exhortándoles a distinguir la importancia relativa de las cosas. Se había enterado que había muchas querellas, maledicencia y envidia entre los santos de Corinto con respecto a la posesión de los dones espirituales en grados diferentes. En la primera epístola a los corintios, capítulos 12,13 y 14, Pablo pone en claro el valor de estos dones y su propósito en la Iglesia, haciendo del amor la cosa suprema.
La perspectiva de Juan
La Primera Epístola de Juan demuestra un perfecto equilibrio entre las relaciones del hombre con Dios y con sus semejantes, y entre la creencia y la acción. Léase la epístola con esta idea presente en la memoria, y fíjese la atención de modo especial en los siguientes versículos:
Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. (1 Juan 1:4)
Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión verdaderamente con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; (1 Juan 1:3-6)
Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. (1 Juan 3:18)
Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. (1 Juan 4:7-8)
La perspectiva de Santiago
En el interés muy práctico que tiene Santiago en la religión, hallamos mucho sentido común, prudencia y sabiduría. Por ejemplo:
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor, de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera asimismo, y se va, y luego olvida cómo era. Más el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. (Santiago 1:22-25)
Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? (Sant. 2:14-16)
Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado. (Santiago 4:17)
La perspectiva que deben tener los santos en la actualidad
Preguntas
- ¿En qué pierden hoy los Santos de los Últimos Días la perspectiva en la vida religiosa? Dense ejemplos.
- ¿En qué debemos hacer más hincapié?
El presidente José F. Smith no tan sólo fue un profeta, sino también un gran maestro de las verdades sencillas y fundamentales del evangelio. Sus sermones nos indican que trató de ayudar a los santos en comprender el evangelio y servirse de él inteligentemente en la vida. Puso a los miembros en guardia contra aquellas personas que concentran toda su atención en un tema de su predilección, reduciendo el evangelio a la Palabra de Sabiduría, la genealogía o las profecías de la segunda venida de Cristo. (Véase para ello las páginas 143 y 144 de su libro, Gospel Doctrine.)
Es muy fácil extraviarse en lo que concierne a la religión, como si dijésemos, pasar su vida en un rincón sin nunca levantar los ojos para mirar las estrellas, o de nunca bajarse de las nubes; en otras palabras, de no tener una visión de conjunto de lo que es el evangelio. Hay personas entre los Santos de los Últimos Días que no fuman ni beben, pero que comen en demasía o que se agotan a sí mismos de tal manera que acaban con postraciones nerviosas. Hay personas que observan fielmente los preceptos de la Palabra de Sabiduría, la ley del diezmo, y que toman parte en las actividades de la Iglesia, pero que no son honrados en los negocios y que no tienen conmiseración por sus semejantes. Hay otros que tienen amor por sus semejantes, pero que son incapaces de dominarse a sí mismos y que disipan su vida comiendo y bebiendo. Hay también aquellos que no asisten a las reuniones de la Iglesia, y que de esta manera pierden la oportunidad de gozar del culto, de los servicios y de la comunión fraterna que podrían tener allí.
¡Ojalá que pudiésemos vivir más de acuerdo con la manera en que vivió Jesús y nos enseñó que viviéramos, acordándonos siempre de las cosas más importantes de la ley, a saber, la fe, la justicia y la misericordia, sino por ello olvidarnos de las demás cosas! ¡Ojalá que observásemos la Palabra de Sabiduría, diésemos liberalmente nuestro tiempo y nuestro dinero, y fuésemos a la iglesia, pero que estas cosas no fuesen sino los medios mediante los cuales sirviésemos a Dios y a nuestro prójimo de una manera mejor! ¡Ojalá que las normas de la forma de vivir de los Santos de los Últimos Días que establecieran si se es discípulo verdadero del Señor Jesucristo, fuesen la sabiduría, devoción y equilibrio que la persona trae consigo, en pensamientos y hechos, en la vida personal y social.
























