Enseñanzas del Nuevo Testamento

Capítulo 28
LABORIOSIDAD

… ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? (Mateo 20:6)

Jesús fue carpintero

Dos veces únicamente se nos menciona en el Nuevo Testamento la profesión que Jesús tenía antes de empezar su ministerio. En Mateo 13:55, dice así: “¿No es éste el hijo del carpintero?” y en Marcos 6:3. “¿No es éste el carpintero, el hijo de María?” En estos dos pasajes, se hace también de los cuatro hermanos de Jesús y de sus hermanas. Esto quiere decir que Jesús era el hermano mayor de por lo menos siete hijos de María.

En aquel entonces era corriente en Israel que el hijo aprendiese el oficio del padre. Es lo que hizo Jesús y sin duda que debió de ejercer este oficio si se le conocía como carpintero. De esta forma debió cumplir con sus obligaciones de primogénito para con sus padres y sus hermanos y hermanas.

En sus enseñanzas, el Maestro menciona frecuentemente las labores de los hombres, mostrando así que se interesa en ellas y que las conoce bien. Se sirve del lenguaje sencillo del obrero para dar ejemplos de los problemas espirituales y morales que le rodean. Por ejemplo: “Sígueme, y te haré pescador de hombres,” o bien “un sembrador salió a sembrar”… o también la parábola del trigo y la cizaña, y la de los obreros de la viña. En ninguna parte encontramos un ejemplo en el que el Señor hablase en contra de la laboriosidad o hubiese incitado la ociosidad.

Pablo, defensor de la laboriosidad

Es en la historia y en los escritos de Pablo que podemos damos una idea mejor del lugar importante que ocupaba el trabajo en la vida de la iglesia primitiva. Pablo, un hombre que tenía visiones y que poseía una gran espiritualidad, era también un hombre muy práctico. Por su experiencia con las ramas organizadas de los miembros de la Iglesia, podía justipreciar el valor del trabajo honrado. Pablo había percibido igualmente la idea que Cristo había dado en sus enseñanzas con respecto a la laboriosidad. Consideremos un poco lo que podemos averiguar respecto a la profesión de Pablo.

Lucas nos dice que cuando llegó a Corinto,

… halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos pues el oficio de ellos era hacer tiendas. Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos. (Hechos 18:2-4)

Pablo estaba orgulloso de su trabajo como fabricante de tiendas, porque este le permitía hacerse independiente, y, de esta forma, nadie podía acusarle de haber hecho una profesión de su ministerio. En su despedida de los efesios, tal como Lucas nos lo cuenta, dijo:

Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, la cual es poderosa para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. (Hechos 20:32-35)

Pablo enseña a los santos a trabajar con sus manos, no por el solo hecho de trabajar, sino sobre todo a causa del valor moral y religioso del trabajo. Sus enseñanzas específicas al respecto son el producto de sus sentimientos religiosos y de su filosofía. Podemos dar varios ejemplos de ello.           ……

1. Es mejor que un hombre trabaje que no que robe. Todas las personas normales tienen necesidades que tienen que quedar satisfechas. Los bienes materiales que se precisan para satisfacer estas necesidades tiene que obtenerse de una forma o de otra. Trabajar para obtenerlos es mejor que robarlos. Es la única manera honrada de obtenerlos.

El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. (Efesios 4:29)

2. El trabajo honrado engendra el amor y la buena voluntad entre los hombres. Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros; y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia, Pero os rogamos, hermanos que abundéis en ello más y más; y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada. (1 Tesalonicenses 4:9-12)

3. La ociosidad engendra toda clase de males y de vicios. Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitamos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros ; no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entreteniéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan. (2 Tes. 3:6-12)

Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo. (1 Timoteo 5:8)

Las viudas jóvenes eran una causa continua de problemas a causa de su ociosidad, es por esta razón que Pablo recomendó que se casasen de nuevo para que pudieran ocuparse en algo.

Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran. Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia. (1 Timoteo 5:13-14)

4. En varios de los pasajes citados más arriba, el trabajo recibe las más vivas recomendaciones por parte del apóstol Pablo porque es el mejor modo que existe para poder ayudar al prójimo.

… trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús,… Más bienaventurado es dar que recibir. (Hechos 20:35)

Es interesante el observar cómo el apóstol aplica este famoso dicho del Maestro al trabajo cotidiano manual de los hombres.

El valor religioso del trabajo

En el Antiguo Testamento, el Libro de Mormón, el Nuevo Testamento, y las Doctrinas y Convenios, encontramos sin cesar exhortaciones al trabajo. Estas exhortaciones son bien conocidas de todos los conocedores de las escrituras, y de todos los Santos de los Últimos Días. Dice así en el libro de Génesis:

. . . Maldita será la tierra por tu causa;. . . Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra. (Génesis 3:17-19)

En el Libro de Mormón, en el discurso de despedida del rey Benjamín, dice lo siguiente:

Y aun yo mismo he trabajado con mis propias manos a fin de poderos servir, para no abrumaros con impuestos y evitar que cayera sobre vosotros lo que es pesado de llevar—y de todas estas cosas de que he hablado, vosotros mismos sois hoy testigos. (Mosíah 2:14)

En esta sociedad bastante sencilla en el Libro de Mormón, incluso los sacerdotes, como Pablo en otros tiempos, trabajaban para asegurar su propia subsistencia. (Véase Mosíah 18:24-26) Las Doctrinas y Convenios están llenas de exhortaciones amonestándonos a evitar la ociosidad y trabajar en la obra del reino, tanto material, como espiritualmente.

No serás ocioso; porque el ocioso no comerá el pan ni vestirá el vestido del trabajador. (Doc. y Con. 42:42)

Cesad de ser ociosos; cesad de ser inmundos; cesad de criticaros el uno al otro; cesad de dormir más de lo necesario; acostaos temprano, para que no os fatiguéis; levantaos temprano, para que vuestros cuerpos y vuestras mentes sean vigorizados. (Doc. y Con. 88:124)

Aplicación de las enseñanzas de Pablo en nuestra vida actual

Hay más sabiduría en estas referencias que las escrituras hacen al trabajo, que lo podría parecer a primera vista. El trabajo es bueno para el hombre, como Pablo sabía muy bien. ¿Cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra época, a nuestra vida cotidiana?

1. El trabajo es un medio excelente para poder hacer caridades. Con lo que ganamos, criamos una familia, tenemos hijos y les damos un hogar, contribuimos a la Iglesia, damos empleo a los demás, pagamos impuestos para la educación, el bienestar y la protección de todos, damos hospitalidad a nuestros amigos y vecinos. La seguridad económica es un medio maravilloso para procurarnos la salud, la buena voluntad y hacer que la felicidad reine entre la humanidad.

Todo trabajo honrado es, por sí mismo, un don que hacemos de nosotros mismos. El carpintero, el albañil, el granjero, el dentista, el médico, el maestro, el abogado, el hombre de negocios, y el jornalero, todos contribuyen al bienestar y la felicidad de sus semejantes. Mayor es el valor social de sus labores, mayor es la importancia de sus contribución. Ninguna profesión ejerce un monopolio sobre la contribución al patrimonio universal.

2. El trabajo es una expresión creativa y constructiva de la vida. El hombre está hecho para crear, para obrar. Cuando no vive de una manera constructiva y productiva, es que toma parte en una ocupación destructiva: se compadece a sí mismo, o pasa su tiempo dado a chismorreos ociosos, o algo parecido.

Cuando una persona es feliz en su trabajo, su corazón está satisfecho. No se siente inferior a los demás, y por consiguiente no siente envidia, celos y odio con respecto a otro. No tiene necesidad de escaparse a las realidades de la vida bebiendo, o tomando drogas. La vida es buena para ella, su sueño es tranquilo. Un trabajo honrado e interesante satisface la necesidad que el hombre tiene de expresarse. Desarrolla su personalidad porque se identifica con sus creaciones, tangilbes o intangibles, tanto una casa como una contribución cualquiera a la felicidad de otros.

3. Todas las clases de nuestra sociedad tienen sus problemas especiales con respecto al trabajo.

(a) Muchas personas de edad avanzada cogen el retiro después de haber trabajado regularmente durante un cierto número de años, y, a menudo, les quedan aún muchos años por vivir. Una vida de ociosidad total no les satisface. Para que nos ocasionen gozo, los ocios tienen que venir después de un día de fatigas que provienen de un trabajo honrado y creador. Es por esta razón que las personas ancianas tienen que continuar produciendo algo, de una manera o de otra durante todos los días de su vida, a fin de conservar su salud física y mental y gozar de la vida. ¿Qué pueden hacer para ocuparse felizmente durante su vejez? ¿Cómo puede ayudarles el barrio o la rama a poner en obra sus talentos? ¿Qué puede hacer la comunidad?

(b) (Los jóvenes poseen una abundancia de energía que tiene que ser empleada. Menores que una edad determinada, los niños no pueden trabajar en la industria. No obstante tienen necesidad de la disciplina que produce el trabajo y la satisfacción que proviene de la realización de alguna cosa. ¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a resolver este problema? ¿Qué pueden hacer la comunidad, o la Iglesia?

(c) Las mujeres casadas tienen problemas que sólo se encuentran en su profesión de madres o esposas. Cuando el hombre va al trabajo, todo lo que tiene que hacer ya está cuidadosamente delimitado, de una manera general, sea ya por su patrono, ya por la naturaleza misma de su trabajo. Tiene su clientela, su ruta, sus clientes, etc…. y su programa para el día es, en general, bien claro y determinado. Cuando ha acabado su trabajo, generalmente, se marcha y deja las preocupaciones a cualquier otro y espera hasta la mañana siguiente.

Por el contrario, el trabajo de una madre no está organizado como el del hombre. Siempre hay algo por hacer, y nunca la abandona el trabajo; tanto como quiera hacer, siempre podrá estar ocupada. Pero, en cierto modo, este trabajo no se lo manda nadie, es absolutamente voluntario. Tiene que tomar la iniciativa, ser su propio jefe y cumplir con su tarea, a pesar de frecuentes interrupciones. Además, el trabajo de una madre parece, hasta cierto punto, cuestión de rutina o algo inútil. Hace las camas, para que al cabo de poco se deshagan otra vez; lava los platos para tener que lavarlos de nuevo al cabo de unas horas; quita el polvo de los muebles para tener que volver a empezar al día siguiente.

Si una esposa o una madre quiere gozar de su trabajo, tendrá que aportar en él, como Pablo lo hizo, un cierto orgullo y el deseo de ayudar a los demás. Tiene que ver más allá de las tareas de rutina, y considerar las almas que ayuda a forjar y el amor y la alegría que aporta a su hogar. Y en esta aventura espiritual, tiene necesidad de la ayuda moral y física de su marido y de sus hijos.

No hemos sido creados para permanecer ociosos, pero nuestra alma, no recibe satisfacción tampoco de una labor de rutina, Que cada mujer busque, pues, el elemento espiritual y humano en sus incesantes labores. Que cada ruño aprenda a crear con el trabado de sus manos. Y que nuestro trabajo cotidiano contribuya a nuestra vida de acuerdo con el evangelio de Jesucristo.

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