Enseñanzas del Nuevo Testamento

Capítulo 19
APLICACION DEL PENSAMIENTO
A LA RELIGION Y A LA GENTE

Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Más esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. (Juan 8:3-11)

Los escribas y los fariseos, aparentemente, consideraban la religión únicamente bajo el aspecto de obediencia o desobediencia a la ley. En efecto, su interpretación del adulterio era mucho más estricta que la de ellos, ya que para El el pecado existía lo mismo en la intención de cometerlo que en el acto en sí. Nadie sentía más disgusto por el pecado que Él.

La historia citada más arriba revela una diferencia vital entre el concepto religioso de Jesús y el de muchos de sus contemporáneos. Hacían de la religión algo totalmente separado de la vida; para Jesús la religión era la vida misma. Poco les importaban los sentimientos y la salvación de esta mujer; Jesús hizo uso de aquellos principios del evangelio que ella necesitaba en aquellos momentos para ayudarla a recuperar su lugar en la vida. Además le ahorró más vergüenza de la necesaria dispersando a sus acusadores y absteniéndose de condenarla; ella misma ya se había condenado en su corazón. Le devolvió la esperanza e hizo prueba con ella de misericordia y de amor.

Esto no era por debilidad o sentimentalismo por parte de Cristo. Era tierno y misericordioso y solícito por los sentimientos y los deseos del pueblo, pero era firme también. Sus últimas palabras a la mujer adúltera fueron: “Vete, y no peques más.” A Pedro, que había tratado de hacerle abandonar su misión, le dijo estas duras palabras:

Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. (Marcos 8:33)

Expulsó a los cambistas del templo, llamó hipócritas y sepulcros blanqueados a los escribas y fariseos, y proclamó el día del juicio en que los malvados serán echados en las tinieblas. Cristo pensaba en términos de justicia, de la ley y de la voluntad de Dios. Pero pensaba también en la humanidad y aplicaba los principios del evangelio a la vida de la gente para hacerles felices. A nuestro entender, había dos cosas supremas en su vida: la voluntad del Padre y la vida de Sus hijos. Cuando hubo personas que le trajeron sus niños de tierna edad, los discípulos los hicieron apartar, pensando quizás que el Señor no quería que le importunasen con los niños. Pero Cristo los acogió y aprovechó la ocasión para presentar a estos niños como ejemplos que los Doce deberían seguir.

Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía. (Marcos 10:14-16)

Una mujer, que estaba enferma desde hacía doce años, “y había sufrido mucho de manos de médicos, y había gastado todo lo que tenía y nada había aprovechado, antes le iba peor,” llegó por detrás la multitud y tocó el vestido de Jesús, teniendo fe de que se curaría. Y se curó. El Salvador se volvió, y preguntó: “¿Quién ha tocado mis vestidos?” Los discípulos, viendo únicamente la multitud, le respondieron : “Ves que la multitud te aprieta, y dices ¿Quién me ha tocado? ’’Pero Jesús sentía que una fuerza había salido de Él. Porque Jesús podía notar el contacto de la fe. Sus discípulos pensaban solamente en la multitud, pero Jesús había sentido el contacto de un solo individuo en aquella multitud. (Léase S. Marcos 5:23-34)

Incluso a la hora de sus mayores sufrimientos, Jesús pronunció una hermosa oración en favor de los Doce y de los que creerían en Su nombre:

Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. (Juan 17:21) (Léase el capítulo entero.)

Cuando le prendieron, se dio a conocer, y dijo: “Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos” (S. Juan 18: 7-8)

Las enseñanzas de Cristo respecto a la gente

Sus parábolas no interesan a todos. Enseñan grandes principios ejemplificados y aplicados en la vida de la gente. En la historia del buen samaritano, el prójimo de la moraleja no queda definido de una manera muy clara. “Es aquel que hizo con él misericordia.” (Lucas 10) En la parábola del hijo pródigo, hay gran regocijo; “Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido y lo hemos hallado… Cuando el hermano mayor volvió y se encolerizó, y no quería tomar parte en el festín, el padre repitió las mismas palabras:

Mas era necesario hacer fiesta y regocijamos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. (Lucas 15:32)

La Regla de Oro de Jesucristo, el resto de su Sermón del Monte, y tantos de sus dichos nos hacen dar cuenta de la gente que nos rodea, de sus sentimientos y de nuestras relaciones con ellos.

La misma actitud entre los discípulos

El evangelio tiene por motivo ayudar a los hombres, y éstos deben amarse y ayudarse entre sí, ésta es la mayor parte de lo que se desprende de la enseñanza de los Doce. Véase la admonición de Pablo:

No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza. (1 Timoteo 5:1-2)

Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. (Efesios 4:25)

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. (Efesios 4:31-32)

Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey. (1 Pedro 2:17)      ,

Santiago se preocupaba más especialmente de los pobres, de las viudas y de los huérfanos, y propugnaba la imparcialidad y la misericordia.

Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos? Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. (Santiago 2:1-9)

La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. (Sant. 1:27)

Nuestras relaciones con los demás

Hay dos cosas de mayor importancia en la vida: las personas y el evangelio de Jesucristo, gracias al cual se lleva a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre. La personalidad (la de la Divinidad y la de los hombres) es lo más importante de todo. Los principios del evangelio siguen en orden de importancia, porque contribuyen a la edificación de la personalidad; dan libre curso a las expresiones más sublimes de los aspectos espirituales, morales y sociales de la personalidad, divina o humana.

Hacemos bien cuando seguimos el ejemplo de nuestro Señor y Salvador, cuando tenemos consideración de las personas, sus deseos, sus necesidades, sus pensamientos, sus sentimientos, su salvación y su progreso. Deberíamos creer en el evangelio y vivirlo, no de una manera general y abstracta, sino más bien teniendo en cuenta los propósitos de Dios cuando dio esta vida a sus hijos. ¿Cómo podemos hacer esto? Veamos a continuación.

1. En la Iglesia. Una señorita vino un día a nuestro encuentro y nos dijo: “Tengo una clase de niños de doce años en la Escuela Dominical. No puedo llegar a dominarlos, y necesito ayuda.”

“¿En qué piensa usted cuando prepara estas lecciones?” le preguntamos.

“En cómo puedo conseguir que se estén quietos mientras les doy la lección,” replicó.

Para ella, el enseñar consistía en dar lecciones. Le faltaba aprender que no enseñamos lecciones, sino niños, o, en otras palabras, enseñamos las lecciones a los niños. Amando a los niños, interesándonos en ellos, en su manera de hablar, en sus juegos, en sus necesidades, podemos aprender a tocar su corazón con el evangelio.

El presidente de la rama no es tan sólo la persona que recibe el diezmo, que administra la rama y dirige las reuniones; también es el pastor del rebaño, el padre de la rama, y se interesa en el bienestar temporal y espiritual de sus hijos, es decir, de cada familia que pertenece a su rama. Todo lo que se hace en la rama tiene por objeto el desarrollo y la salvación de los miembros de la rama y de las gentes entre los cuales viven éstos.

2. En la familia. Es fácil pensar en nuestros propios problemas en la vida de la familia, olvidando las personas con las que tenemos que tratar. Nos preocupamos tanto por los nuestros y sus problemas, que a veces olvidamos que también tienen una personalidad.

Un padre tenía muchas dificultades con su hijo de catorce años, que era perezoso, indisciplinado, de mala educación y que no siempre iba a la escuela dominical a la que su padre le enviaba regularmente. El padre lo amenazaba, lo humillaba y le regañaba en público, para tratar de corregir su comportamiento, pero de nada servía. Un amigo de la familia, hombre de experiencia, vino a pasar unos cuantos días con ellos. Después de haber observado este estado de cosas durante dos días, dijo a su amigo: “José, no sabes manejar a tu hijo. Estás tratando con sus problemas en lugar de tratar con el muchacho.”

“¿Qué quieres decir?” le preguntó José.

“Lo siguiente: olvídate de la disciplina y de tus castigos. Olvídate de la poca educación del chico y de sus insolencias. Mira de comprender a tu hijo de una manera general. Es una persona como tú y yo. Tiene necesidad de sentirse feliz y satisfecho. Su vida precisa tener un plan y un propósito. Si se siente feliz los problemas de su comportamiento desaparecerán. Los síntomas que tiene son los de un niño enfermo.”

“Empiezo a comprender,” dijo el padre, “es como si tratase de desinfectar una herida cuando todo el cuerpo está infectado.”

“Ahí está,” le respondió el amigo,” tu hijo necesita amor, tu confianza y tu camaradería, no un torrente de palabras. Necesita que le trates amorosamente. Castígalo, prohíbele cosas cuando lo merezca, pero por encima de todo trátalo con respeto como lo harías con cualquier otra persona. Juega con él y confíale tareas importantes; cuando lo merezca, alábalo y ríe con él cuando haya lugar.”

El padre siguió el consejo, y el hombre ya no constituye “un ‘problema,” sino que es únicamente una persona con problemas, como todo el mundo.

3. En los negocios. Un hombre que se llamaba García se especializó en la colocación de pisos de linóleo. Empezó como obrero, luego deseó poseer su propia tienda, se asoció con otro hombre finalmente. Después de varios años, su socio le revendió su parte, y se convirtió así en el único propietario de la empresa. Había llegado al propósito que se fijó.

García empezó a pensar en las cosas que pensaba y en lo que sentía cuando era un simple obrero, y se decidió a dar a los obreros la ocasión de hacer parte de su empresa. Se quedó algo así como una tercera parte de la empresa y vendió el resto a sus obreros.

“¿Y qué clase de empresa posee hoy?” preguntarán ustedes. Pues una empresa firme, sólida, próspera, y el respeto y la cooperación de todos sus empleados.

4. En el mundo. Los problemas políticos y económicos, todo lo que tiene que ver con la paz y la guerra son, en última instancia, problemas humanos, que únicamente pueden resolverse humanamente. Nunca gozaremos de paz en esta tierra, y únicamente “sangre, sudor, y lágrimas” si no aprendemos a dar capital importancia a los valores humanos, antes que nada; si no ayudamos a todos los hombres de la tierra a que puedan obtener el alimento, los vestidos y los hogares que necesitan, y el respeto de sí mismos, la libertad y el amor sin los cuales es imposible vivir. El camino que conduce a la paz es el camino de Cristo, que debemos seguir en los asuntos políticos y económicos, tanto de una manera nacional como internacional.

Acordémonos que, detrás de todos los problemas y todas las cuestiones importantes, hay los seres humanos, hijos de esta tierra y de Dios, gente que temen y esperan, y que tienen necesidad de respeto y de amor, igual que nosotros.

¿Cómo afecta nuestra vida la de otros?
¿En quién influimos en la vida?
¿Es para bien o para mal?

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