Enseñanzas del Nuevo Testamento

Capítulo 42
EL PROPOSITO DE LA IGLESIA DE CRISTO

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros profetas; a otros, evangelistas; a otros pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. (Efesios 4:11-13)

Propósito significa objeto o meta, y es lo que da significado a todas las cosas que hacemos. La vida misma tiene significado para nosotros hasta el grado que es útil. Cuánto mejor nuestro propósito, más abundante es nuestra vida. Es esencial a nuestra felicidad hallar cierto propósito para nuestra vida y entonces seguirlo.

Igual que los individuos, las organizaciones deben algún propósito. Sus fines es lo que da orientación e impulso a sus actividades. Ninguna organización es mejor que sus propósitos. Es importante que todo grupo organizado escoja su meta y oriente sus fuerzas a fin de realizarla. En este sentido, la Iglesia es como una fábrica. En este capítulo examinaremos el propósito de la Iglesia de Cristo, cual lo indica el Nuevo Testamento.

El propósito de Cristo

En los evangelios se expresan de varias maneras los fines del Salvador, cada cual adaptado a cierta ocasión y situación particulares. Vino para hacer “la voluntad del que me envió.” Vino para redimir a los hombres de la tumba y del pecado, así como para “dar testimonio de la verdad.” Todas estas cosas se combinan para formar un gran propósito:

… Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10)

Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea cumplido. (Juan 15:11)

Claramente se destaca en los evangelios que el propósito de Cristo era efectuar un algo en las vidas de los hijos de los hombres. Para El la religión no era especulación teológica, ni tampoco formas y ceremonias, ni la organización de una iglesia; más bien era transformar la vida humana a imagen de aquel que la creó.”

Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mateo 5:48)

Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. (Lucas 6:36)

Todo lo que la religión encierra: teología, organización; autoridad, oración, adoración, y moralidad, no son sino instrumentos para llevar a cabo el propósito del Señor respecto de la vida humana.

La misión entera de Cristo se trazó y se realizó con el objeto de salvar al hombre de la muerte, la ignorancia y el pecado, y llevarlo de nuevo a la presencia de Dios, como ser inmortal, libre del pecado, aumentando en el conocimiento viviente de las verdades de Dios.

Las escrituras de los Santos de los Últimos Días reiteran este punto que el Nuevo Testamento hace destacar:

Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres paria que tengan gozo. (2 Nefi 2:25)

Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre. (Moisés 1:39)

La palabra eterno tiene dos significados en las Escrituras. A veces se emplea con un significado de cantidad, para indicar el tiempo: por ejemplo, “sin principio de días ni fin de años.” Con más frecuencia se usa con un significado de cualidad, para dar a entender una condición semejante a Dios (Doctrinas y Convenios 29 y S. Juan 17:3), y comprende aún “vidas eternas.” (Doctrinas y Convenios 132:24) En el pasaje que se ha citado del libro de Moisés, parece que “vida eterna” tiene este significado de cualidad. Cristo vino para salvar almas, para dar la exaltación al hombre, para ayudar a todos aquellos que deseaban ser ayudados, a fin de que pudieran realizar todas sus posibilidades como hijos de Dios. Los apóstoles de Cristo hicieron hincapié en este mismo objeto esencial de la religión. La doctrina, la organización, la política de la Iglesia—estas cosas fueron de importancia secundaria en sus escritos. Ellos estaban interesados en la vida: estaban tratando de salvar las almas de los hombres. Cristo vivió y murió por los hombres. La Iglesia se estableció para perfeccionar al hombre en Cristo (Véase cualquiera de las epístolas para ver si no es esto su objeto principal.) Para Pablo, la salvación tenía una realidad y significado inmediatos. Cristo tenía como objeto convertimos en nuevas criaturas en el acto; la salvación de la tumba y el perdón de los pecados seguirían.

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. (Efesios 5:1,2)

Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos. (1 Tesalonicenses 3:12, 13)

Y el mismo Jesucristo Señor nuestro. . . conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra. (2 Tesalonicenses 2: 16, 17)

De la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí. (Colosenses 1:25-29)

Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso camal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. (Colosenses 2:6-12)

El propósito de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

En su epístola a los Efesios, capítulo 4, versículos 11 a 13, Pablo divide en dos la misión de la Iglesia: “la obra del ministerio” y la perfección de los santos “hasta que todos lleguemos a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo.” Desde el principio la iglesia restaurada de Cristo ha considerado igualmente que su misión encierra dos propósitos: (1) llevar el evangelio de Jesucristo a todo el mundo, a los vivos y aun a los muertos, y (2) ayudar a aquellos que lo reciben a entenderlo y vivir de acuerdo con sus enseñanzas. El primer objeto, aun cuando es sumamente importante, es instrumento del segundo. Todo nuestro objeto es traer a los hombres a Cristo para que por medio de la fe en El y en sus enseñanzas puedan tener la vida abundante y gozosa aquí en esta existencia así como en del reino de los cielos por todas las eternidades. Esta afirmación es bien conocida al Santo de los Últimos Días. Pero el estudio del Nuevo Testamento nos hace ver la necesidad de subrayar de nuevo este punto.

La Iglesia de Jesucristo es el medio que conduce a un objeto. El propósito de la Iglesia es el mismo que el propósito del evangelio de Cristo. El propósito del evangelio es el mismo que el de la vida. Por tanto, todo lo que hacemos en la Iglesia debe ser útil a la vida, debe directa o indirectamente ayudar a los hombres a vivir, como Cristo quiere que vivan.

Las ordenanzas de la Iglesia, en y de sí mismas, no nos traen la salvación. Un hombre podrá ser bautizado, confirmado, podrá recibir el sacerdocio, ser casado en el templo, y sin embargo, jamás ver el reino celestial. Más cuando su bautismo es un testimonio de su fe en Cristo y de su arrepentimiento; cuando recibe el don del Espíritu Santo con mansedumbre y humildad de corazón; cuando la virtud engalana sus pensamientos incesantemente y cuando participa del matrimonio en el templo con toda sinceridad y dignidad, entonces estas ordenanzas ayudan al individuo a encontrar el gozo en esta vida y lograr el reino celestial en la venidera.

El Plan de Beneficencia o Bienestar en igual manera debe medirse en términos humanos. Podremos sembrar y recoger toda clase de productos y distribuirlos extensamente, y aun así dejar de contribuir materialmente al propósito de la vida. Lo que impulsó este plan en el principio fue considerado en términos de virtudes espirituales: la industria, la integridad, el amor y la misericordia. Por estas cosas se podrá juzgar el valor de todo el programa. ¿Están aumentando la libertad, misericordia, amor y buena voluntad en el corazón de aquellos que dan y en el de los que reciben mediante este programa?

Cada vez que se enseña una clase, se celebra una reunión o se lleva a cabo una actividad de la Iglesia, su propósito se debe juzgar en términos de lo que se beneficia la gente, en términos de su desarrollo en la fe, entendimiento y vida cristianos. El éxito de toda actividad de la Iglesia debe, en igual manera, medirse en estos mismos términos. El objeto de la reunión sacramental es inculcar la fe en Cristo y dar ánimo e inspiración el uno al otro para que seamos Sus discípulos. El propósito de toda clase de estudio debe ser el traer el entendimiento e inspiración a sus miembros por medio de algún principio vital del evangelio o de la vida. El propósito del basketbol en la Asociación de Mejoramiento Mutuo es inculcar el juego limpio, la consideración, la hermandad y una vida pura en las vidas de los jóvenes. Esto es mucho más importante que ganar el campeonato de la rama, de la misión o aun de toda la Iglesia.

Aquellos que idean y preparan el programa y actividades de las organizaciones de la Iglesia (las autoridades generales y mesas directivas) están pensando en la salvación de la gente al hacer estos preparativos. Sin embargo, para cuando sus instrucciones se lleven a cabo en las ramas, las misiones y las estacas, el programa, en lugar de ser el medio, se convierte en el objeto. Y esto sucede cada vez que se olvida el objeto principal de la obra de la Iglesia. A veces se da más importancia al porcentaje de visitas de los maestros visitantes que a lo que se enseña o al espíritu de su obra.

Hemos sabido de la presidenta de una Sociedad de Socorro que tenía dos maneras de medir la eficacia de su organización. La primera era en términos del programa: el porcentaje de visitas hechas por las maestras, número de visitas a los enfermos en el hospital, número de artículos hechos para ayuda de los pobres, porcentaje de asistencia, etc., etc. La segunda era en términos de la gente. Cuando se reunía con sus otros oficiales siempre tenía delante de ella una lista con preguntas como las siguientes: ¿Cuántas viudas hay en la rama? ¿Quiénes son? ¿Qué necesitan? ¿Cuántos inválidos y enfermos hay? ¿Qué necesitan?

Esta presidenta también hizo un estudio de las familias de la rama y las clasificó de acuerdo con el número y edad de niños en cada familia. En las reuniones con sus consejeras y maestras y con la presidencia de la rama podía hablar acerca del programa de la Iglesia sabiendo la condición de la gente de esa rama. Las mujeres que tenían niños pequeños recibían su consejo y ayuda. A las mujeres de mayor edad les era dada la oportunidad para servir. Las viudas recibían compañerismo y ánimo de esta buena mujer cuya obra representaba para ella el llevar el evangelio a las vidas de la gente.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene otro propósito aparte de la predicación del evangelio en todo el mundo y la perfección de los santos. En cierto sentido, este tercer propósito forma parte del primero; en otro sentido es diferente. Nuestra Iglesia es la Iglesia de Cristo sobre la tierra. Nosotros la representamos. Nosotros, como la Iglesia (y esto también significa como gente), debemos ejemplificar y adelantar los principios e ideales que El enseñó por precepto y por ejemplo. Como gente, por motivo de nuestra fe en El, debemos enseñar al mundo, por nuestra manera de vivir, el significado de la humildad, la honradez, la mansedumbre, la misericordia, la paz, el valor moral, la pureza, el amor, la industria y la libertad.

En el nombre del Salvador, la Iglesia no sólo tiene la obligación de vivir de acuerdo con estos ideales, sino hacer cuanto esté de su parte que las otras instituciones de los hombres (sean negocios, gobierno, la familia, escuelas, clubs u organizaciones fraternales) honren los grandes ideales que enseñaron Jesucristo y los profetas, a fin de que los seres humanos sobre toda la tierra realicen más completamente la medida de su creación.

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