Enseñanzas del Nuevo Testamento

Capítulo 18
NATURALEZA POSITIVA
DE LAS ENSEÑANZAS DE CRISTO

Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10)

El dinamismo de la vida de Cristo

Un joven rico vino al encuentro de Jesús y le preguntó qué tenía que hacer para tener la vida eterna. El Maestro le replicó: “… Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.” Y le citó a continuación la mayor parte de los mandamientos. El joven repuso: “Todo esto guardé desde mi juventud: ¿qué más me falta?”

Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. (Mateo 19:21)

Véase bien el lenguaje enérgico y positivo del Salvador, anda, vende, da, ven y sígueme. La religión es algo que hay que hacer. Jesús fue el ejemplo viviente de ello, y así lo enseñó también. Como ya lo hemos visto, observaba el día del reposo teniendo presente al Padre y dándole honra haciendo el bien y curando a sus hijos.

Jesús comenzó su ministerio citando un pasaje de Isaías y, de acuerdo con la manera de ser del gran profeta, cumplió su misión de una manera positiva.

El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. (Lucas 4:18-19) (Léase también Isaías, capítulo 58)

¿Hallamos alguna referencia en los evangelios concerniente a algo que Jesús dejó de hacer? Encuéntrenlas, si pueden. (Naturalmente hay cosas que Jesús nunca hizo, entre ellas, nunca pecó.) Su vida está de tal manera llena de cosas maravillosas que hizo que sus biógrafos no nos dan más que el aspecto positivo de la vida del Salvador.

Al revés de Juan el Bautista, el Salvador comía y bebía con la gente:

Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publícanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos. (Mateo 11:19)

Al revés de los escribas y fariseos, que se creían tan justos, Jesús tomaba sus comidas con los publícanos y pecadores, que “se acercaban a él para oírle.” (Lucas 15:1) Comía con ellos porque “no son los sanos los que tienen necesidad de médico, sino los enfermos.” Cristo era como un médico que cuidaba de estos enfermos espirituales. No era un especialista, sino un médico de cabecera familiar, que iba en busca de los enfermos para curarlos. Su religión era acción. Devolvía la vista a los ciegos, oído a los sordos, y el uso de sus miembros a los paralíticos Consoló a los pobres y devolvió la esperanza a los pecadores. Hablaba, no como los escribas y fariseos^ “sino como uno que tenía autoridad.” “Andando junto a la mar de Galilea, vio a dos hermanos Simón y Andrés, y les dijo Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.” (Mateo 4:18-20)

La naturaleza positiva de las enseñanzas de Cristo

Jesús resumió toda la ley y los profetas en dos grandes mandamientos positivos: el amor de Dios y el amor del hombre. El amor es un sentimiento positivo que implica la acción como lo veremos mejor en una lección que seguirá.

Las Bienaventuranzas, sobre las cuales se basa el Sermón del Monte, y que, en cierto modo, desarrollan el principio central del amor, están enunciadas como cualidades positivas, que conducen a la acción: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.” Este es el lenguaje de los deseos o aspiraciones fundamentales y siempre presentes que caracterizan a la vida espiritual.

Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. (Mateo 5:38-42)

La enseñanza que Cristo dio de no resistir al mal no es una religión débil, pasiva, sino muy al contrario. Nos dice cómo vencer al odio por el amor, el mal por la bondad, la avidez por la generosidad.

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. (Mateo 5:43-45)

Hay una cierta cualidad positiva—y mucha acción—en las parábolas del Salvador. Como ejemplo, consideremos la parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15), en la cual el padre, viendo venir a su hijo, “todavía lejos… tuvo compasión. . . corrió a echarse sobre su cuello y le besó” Acordémonos también de las parábolas del buen samaritano, del sembrador y de los talentos, En respuesta a su propia pregunta, “¿A qué compararé el reino de los cielos?” Jesús dijo:

Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. Y volvió a decir ¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado. (Lucas 13:19-21)

(Léase también la parábola de las ovejas y los cabritos en Mateo 25)

Los apóstoles continuaron con esta enseñanza positiva

En los escritos de los discípulos de Cristo, encontramos una condenación muy frecuente del mal y del pecado, tal como debiera ser. Sin embargo, este énfasis especial es siempre positivo. Incluso las referencias que se hacen del mal y del pecado, son un llamado al arrepentimiento, a la acción, a vencer y a exterminar lo malo.

Santiago exhorta y recomienda, con energía, una vida religiosa activa:

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Más quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? (Santiago 8:14-20)

Juan nos suplica:

Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y de verdad. (1 Juan 3:18)

La religión de Pablo es la fe en Cristo que nos lleva a hacer buenas obras. No es posible leer sus epístolas sin sentir su entusiasmo y la manera en que su gozo está depositado en la religión de Cristo.

Conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena obra y palabra. (2 Tes. 2:17)

También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos. Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. (1 Tesalonicenses 5:14-22)

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis^ afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. (Filipenses 4:4-8).

¿Qué es nuestra religión: Positiva o Negativa?

En el evangelio restaurado de Jesucristo poseemos de nuevo esta fe positiva y dinámica de la iglesia primitiva. Reconocemos igualmente la presencia del mal en el mundo y en nosotros, pero el evangelio nos es dado para que podamos vencer al mal y el pecado y conozcamos lo que es el gozo. Ciertas de nuestras enseñanzas más particulares enriquecen y desarrollan una concepción positiva de la religión y dé la vida, conforme a las enseñanzas de Cristo, tales como la Palabra de Sabiduría, el progreso eterno, la eternidad del matrimonio y de la familia, la ausencia de pecado original, la realidad de la resurrección y la inmortalidad individual.

Cada uno de nosotros haría bien en preguntarse: ¿Soy un Santo de los Últimos Días porque hay cosas que me abstengo de hacer, o bien porque hay cosas que hago? ¿La religión es inhibitoria y restrictiva para mí, o bien es un programa de acción, una vida de devoción y de servicio?

Los aspectos negativos de la religión son importantes. Ciertamente, uno no debe robar, no debe matar, no debe dar falsos testimonios, ni beber, ni pegarle a su mujer, ni codiciar, ni cometer adulterio. Estos mandamientos son específicos, pero bien definidos y tangibles y la violación de ellos trae consecuencias inmediatas y graves sobre el que la hace. Bajo todos los aspectos, los Diez Mandamientos son tan válidos para nosotros, en la actualidad, como lo fueron para Israel, en los tiempos de Moisés.

La religión negativa, por importante que sea, también tiene sus límites. Una persona que se encuentra en estado cataléptico la está cumpliendo. Los mandamientos negativos casi no son necesarios en absoluto para los que se han convertido a Cristo. Cuando matamos, cuando robamos, o cometemos adulterio o codiciamos o profanamos el nombre de Dios, ciertamente que no gozamos del Espíritu de Cristo. El que goza de su Espíritu no tiene que preocuparse ya en no hacer el mal. La fe en Cristo hace que uno ame a sus semejantes, les ayude y tenga fe en sí mismo. Hacemos el mal cuando olvidamos nuestra fe cristiana y sucumbimos a nuestros deseos egoístas.

Si uno cree verdaderamente en Cristo, no tan sólo se abstendrá de hacer aquellos que la ley prohíbe, sino que irá más lejos aún. Si, por ejemplo, uno cumple fielmente el primer mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios”, automáticamente cumplirá los cuatro primeros mandamientos. Y hará más aún, ya que amará, servirá, honrará, adorará a Dios y le obedecerá. Igualmente, si uno guarda el segundo mandamiento, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo,” no tan sólo observará los seis últimos mandamientos, sino que también será misericordioso, bueno, generoso y servicial. El concepto religioso de Cristo nos libra de la necesidad de pensar y de convivir con el mal.

La religión positiva tiene gran valor

1. La religión positiva está de conformidad con la naturaleza humana. El hombre es nacido para hacer cosas, para estar activo. “La actividad es la función normal del individuo.” (A. L. Beeley)

La inactividad es un síntoma de enfermedad o de muerte. Bogardus, un famoso experto en antropología y sociología, ha dicho:

Un modo de ser dinámico es la esencia de la naturaleza humana, ya que la naturaleza está siempre en acción, o lista para la acción. El hombre es activo por naturaleza; únicamente es perezoso cuando no tiene nada que le estimule. La energía humana es, en parte, eficiente, está bien dirigida y bien educada; y en parte es vagabunda, ineficiente e inútil. Cuando se la pone a obrar en cosas de rutina, la naturaleza humana, como no está desempeñando el papel que le corresponde, se vuelve agitada y se revoluciona, sin saber por qué.

Los padres, los profesores, los maestros, los oficiales en la Iglesia, que tratan de inculcar el evangelio en la vida de los niños y también de los adultos, harían bien en hacer su tarea de acuerdo con la naturaleza y las enseñanzas religiosas. Dígase a un joven lo que no puede hacer, sobre todo si no se le hace comprender que es para su bien lo que se le dice, y muy probablemente hará lo que está prohibió para demostrarse a sí mismo que es libre e independiente. De este mismo joven vuestra confianza, y vuestra fe, al par que vuestro amor y la ocasión de hacer alguna cosa, como ayudar en algo o gozar del espíritu del evangelio en buena compañía, y será feliz y sincero en su fe y en su vida.

“Es un principio de psicología indiscutible,” ha dicho Milton Bennion, “que todo pensamiento tiende a expresarse por medio de una acción. Esta es la razón por la cual no es aconsejable el poner siempre bajo la mente de un niño la prohibición de hacer el mal. Haciéndolo así, la única cosa que tiene para poder expresarse es aquello mismo precisamente que le está prohibido.” (Moral Teachings of the New Testament.)

2. La religión positiva promueve la humildad y el progreso.

Uno nunca agota las posibilidades o no comprende por entero un mandamiento positivo tal como “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Se puede tratar incesantemente de encontrar su significado profundo y obedecerlo, y no obstante, siempre estará uno consciente de sus propias faltas al respecto. Los ideales positivos son de una amplia importancia y constituyen una atracción para nosotros.

La religión concebida en términos negativos, tiene sus límites y sus no plus ultras, y conduce a menudo a un sentimiento de fariseísmo desprovisto de progreso. El hombre siente a menudo que la ley ha sido escrita en contra suya cuando ésta está enunciada de una manera negativa y restringida; como por ejemplo: No robarás, no blasfemarás, o no beberás. Esta tendencia humana

A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera; Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana doy diezmos de todo lo que gano. Más el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. (Lucas 18:9-13)

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