Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 3

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Diferencias en el Linaje Genealógico


Pregunta: “Deseo recibir una respuesta a la siguiente pregunta: ¿Es posible que todos los miembros de una familia, incluyendo al padre y a la madre, sean de la tribu de Efraín y que un hijo de esa familia sea de la tribu de Manasés?”

Respuesta: Es muy posible que un patriarca, al dar bendiciones a una familia, declare que uno o más de sus miembros pertenecen a un linaje diferente al de los demás, por la inspiración que recibe. Tenemos en nuestros archivos bendiciones que muestran que esta diferencia existe dentro de algunas familias. Sin reflexionar cuidadosamente sobre esta cuestión, alguien podría concluir que el patriarca habló sin inspiración, pero tal conclusión sería incorrecta.

El hecho es que todos y cada uno de nosotros descendemos de un linaje mezclado. Nadie puede reclamar una descendencia perfecta de padre a hijo a través de un solo linaje.

LA GRANDEZA DE LA POSTERIDAD DE ABRAHAM

El Señor bendijo a Abraham y dijo:

Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré sobremanera, y engrandeceré tu nombre entre todas las naciones; y serás una bendición para tu descendencia después de ti, para que en sus manos lleven este ministerio y sacerdocio a todas las naciones;

Y los bendeciré por medio de tu nombre; porque cuantos reciban este Evangelio serán considerados tu descendencia y se levantarán para bendecirte como a su padre;

Y bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; y en ti (es decir, en tu sacerdocio) y en tu descendencia (es decir, tu sacerdocio), porque te doy la promesa de que este derecho continuará en ti y en tu descendencia después de ti (es decir, la descendencia literal o la descendencia de tu cuerpo), serán bendecidas todas las familias de la tierra, aun con las bendiciones del Evangelio, que son las bendiciones de la salvación, sí, de la vida eterna. (Abraham 2:9–11.)

Por lo tanto, mediante el esparcimiento de Israel entre las naciones, la sangre de Israel se mezcló con las naciones gentiles, cumpliendo así la promesa hecha a Abraham. La mayoría de los miembros de la Iglesia, aunque son designados como descendientes de Abraham por medio de Israel, también tienen sangre gentil en sus venas. Esto quiere decir que nadie es descendiente directo de Efraín en cada generación, ni de Manasés ni de cualquiera de los otros hijos de Jacob, sin haber adquirido también la sangre de alguna otra tribu de Israel en esa línea de descendencia.

LOS MATRIMONIOS ENTRE TRIBUS ERAN COMUNES

Cuando Israel salió de Egipto, Moisés los dividió en doce tribus y, en virtud de esta herencia, les fueron asignadas ciertas partes de la tierra de Palestina. Sin embargo, los miembros de estas tribus no estaban obligados a casarse dentro de su propia tribu. Tampoco los israelitas estaban sujetos a ningún decreto que les exigiera permanecer en las heredades dentro de los límites del territorio asignado a su tribu particular.

No hay duda de que tenían libertad para trasladarse de un lugar a otro y casarse según lo desearan entre las diversas tribus. Cuando las diez tribus fueron llevadas a Asiria, esto no significa que todos los miembros de esas diez tribus fueran transportados y que ninguno quedara atrás. Los israelitas tenían el privilegio de trasladarse de un lugar a otro y de contraer matrimonio entre las tribus de Israel según les pareciera conveniente. Por consiguiente, quizá ninguno de ellos llegó a través de los siglos con una descendencia completamente pura de alguno de los hijos de Israel. Sin duda hubo personas de la tribu de Efraín que se casaron con miembros de la tribu de Judá o de Manasés, y personas de la tribu de Manasés que pudieron haberse casado con miembros de la tribu de Efraín, y así sucesivamente entre las demás tribus de Israel.

Además, hemos aprendido que el Señor dijo que dispersaría a Israel entre las naciones gentiles y que, al hacerlo, bendeciría a las naciones gentiles con la sangre de Abraham. Hoy estamos predicando el Evangelio al mundo y estamos recogiendo, de acuerdo con las revelaciones dadas a Isaías, Jeremías y otros profetas, a las ovejas dispersas de la casa de Israel. Estas ovejas dispersas están apareciendo mezcladas con sangre gentil procedente de sus antepasados gentiles. Bajo todas estas circunstancias, es muy posible que la mayoría, casi sin excepción, de aquellos que entran en la Iglesia en esta dispensación tengan la sangre de dos o más tribus de Israel, además de la sangre de los gentiles.

TODAS LAS PERSONAS NACEN DE UNA RELACIÓN MIXTA

El Libro de Mormón declara que el profeta José Smith era descendiente de José, hijo de Jacob. Por revelación también aprendemos que era de la tribu de Efraín; pero es evidente que también tenía algo de sangre gentil, porque está escrito en el Libro de Mormón que éste salió a luz “por conducto de los gentiles” (1 Nefi 13:35, 39), y vino por medio de José Smith. Es razonable, por lo tanto, entender que todos nosotros procedemos de una relación mezclada y que la sangre de Efraín y también la de Manasés puede encontrarse en las venas de muchos de nosotros, así como la sangre de otros miembros de las doce tribus de Israel, y que ninguno de nosotros ha llegado a través de los siglos con una descendencia clara y exclusiva de padre a hijo por medio de una sola tribu.

Al dar bendiciones, el patriarca dirige entonces el linaje según la sangre que predomina, y podría haber un hijo que fuese designado como perteneciente a Efraín, mientras que su hermano, nacido del mismo padre y de la misma madre, podría correctamente ser declarado de la sangre de Manasés, o de Benjamín, o de cualquier otro miembro de las tribus de Israel. Uno de los mejores ejemplos de esta diferencia de sangre se encuentra registrado en el libro de Génesis. Se trata del nacimiento de Esaú y Jacob. Eran hermanos gemelos y, sin embargo, según lo que se revela, eran tan diferentes entre sí como si hubieran nacido de padres de distintas nacionalidades. Quizás esto se explique por la Ley de Mendel, que gobierna las diferencias en la descendencia de los padres.

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