Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 3

5
La Salvación de las Mujeres
Cuyos Esposos No Aceptan el Evangelio


Pregunta: “He procurado ser una buena miembro de la Iglesia y tengo un fuerte testimonio del evangelio, y mientras más envejezco, más fuerte es mi fe. Estoy casada con un no miembro. Tenemos tres hijos. Dos están casados y se casaron en el templo, y el tercero está próximo a hacerlo. Mi esposo no muestra el más mínimo interés en la Iglesia; de hecho, muestra cierto resentimiento hacia ella. Solía suplicarle, pero he aprendido que eso no sirve de nada.

“Puedo vivir mi vida de esta manera, pero ¿qué sucederá conmigo y con mis hijos, que son miembros fieles, en la resurrección? Deseo a mis hijos y a mis nietos más de lo que nadie puede imaginar, pero ¿cómo puede lograrse esto si las condiciones permanecen como están?”

Respuesta: Esta es una de las situaciones más tristes con las que nos enfrentamos en la Iglesia. El Señor ha revelado que el convenio del matrimonio debe ser eterno. Esta es la declaración específica que dio a los fariseos cuando le preguntaron lo siguiente:

“. . . ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?

Y él respondió y les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo,

y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?

Así que ya no son más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”. (Mateo 19:3–6.)

Aquí tenemos una declaración clara de que el convenio matrimonial, cuando se realiza apropiadamente, es eterno. No debe ser anulado ni terminar con la muerte. El primer matrimonio efectuado sobre la tierra fue el matrimonio de Eva con Adán, y esto ocurrió antes de que existiera la muerte; por lo tanto, estaba destinado a durar para siempre. El Señor ha revelado al profeta José Smith su ley concerniente al matrimonio, y que este debe ser un convenio eterno. Aquellos que son casados de esta manera llegarán a ser miembros de la familia de Dios, porque quienes reciban la exaltación serán miembros de su gran familia, como lo declaró Pablo. (Efesios 3:14–15.) Han de llegar a ser coherederos con Cristo, recibiendo la plenitud del reino del Padre. (Romanos 8:14–17.)

EL SEÑOR RECOMPENSA SEGÚN LA FE Y LA DEVOCIÓN

Aquí tenemos el caso de una madre fiel que, por su integridad, ha mantenido a sus hijos en la fe, pero que está casada con un esposo incrédulo. Naturalmente ella está preocupada y se pregunta cómo podrá conservar a su familia en la eternidad venidera. El Señor ha aclarado perfectamente este asunto, y en respuesta a la pregunta de esta hermana podemos decirle a ella, y a muchos otros que se encuentran en circunstancias semejantes: Si permanecen fieles y leales, el Señor tomará en cuenta su fe y devoción y las recompensará de acuerdo con sus obras.

Es lamentable cuando un esposo y una esposa se casan solamente por el tiempo, lo cual, según el convenio que han hecho, debe terminar con la muerte, y luego la esposa desea y anhela las bendiciones de esposo e hijos en la eternidad. Las leyes del mundo cristiano, de todas las denominaciones excepto La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, proclaman el decreto de que todos los matrimonios deben terminar con la muerte; por lo tanto, incluyen una cláusula de divorcio en cada matrimonio. Esto naturalmente trae tristeza a una mujer que ama tanto a su esposo como a sus hijos y que ha recibido la verdad. Naturalmente se pregunta cuál será su condición y su relación con su familia en la vida futura. Sin embargo, hay cierto consuelo para las mujeres en esta situación. El Señor reveló al profeta José Smith, en respuesta a su oración, las siguientes palabras que manifiestan su justicia y misericordia para con todas esas almas afligidas:

“Todos los que han muerto sin el conocimiento de este evangelio, que lo habrían recibido si se les hubiera permitido permanecer, serán herederos del reino celestial de Dios; asimismo, todos los que de aquí en adelante mueran sin conocimiento de él, que lo habrían recibido con todo su corazón, serán herederos de ese reino; porque yo, el Señor, juzgaré a todos los hombres según sus obras, de acuerdo con el deseo de sus corazones.” (D.H.C., Vol. 2, pág. 380.)

Cuando la esposa es fiel y desea obedecer la ley divina, y el esposo es rebelde o no está dispuesto a obedecer la voluntad del Señor, si ella mantiene su integridad lo mejor que pueda, será dada a otro esposo en la eternidad y recibirá todas las bendiciones del reino celestial.

Deja un comentario