Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 3

6
Guardar Toda la Ley


Pregunta: “Tenga la bondad de explicar lo que quiso decir Santiago cuando declaró: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”. (Santiago 2:10.) Esto parece ser una doctrina muy severa, decir que un hombre es culpable de quebrantar todos los mandamientos si solamente ha quebrantado uno. A algunos de nosotros esto nos parece una injusticia.”

Respuesta: Para comprender el significado de esta declaración, uno debe estar familiarizado con todo lo que Santiago dijo. Él estaba exhortando a los miembros de la Iglesia a ser fieles en todas las cosas. Esta epístola es una de extraordinaria excelencia en la presentación del tema de la obediencia completa a los mandamientos del Señor. Señala muchas de las debilidades de los hombres y suplica una observancia mejor y más fiel de las leyes del Señor, las cuales son tan esenciales para nuestra exaltación. Menciona muchos de los mandamientos y amonesta a todos a ser “hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores”. En aquel día, al igual que en el presente, había muchos que no escuchaban ni observaban los mandamientos que el Señor les había dado. Todo miembro de la Iglesia hoy, así como debió haber sido cuando Santiago escribió, debe ser “pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse”, y desechar “toda inmundicia y abundancia de malicia, y recibir con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”, porque los hacedores de la palabra, y no solamente los oidores, serán salvos.

EL REINO DE DIOS ES UNO

Después de dar este consejo y enseñar a los miembros a ser fieles en todas las cosas, dijo: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”. (Santiago 2:10.) Santiago no quiso decir que un hombre que robaba era culpable de asesinato, ni que uno que mentía era culpable de inmoralidad sexual. Estaba procurando impresionar en la mente de los miembros el hecho de que el reino de Dios es uno. Sus leyes son perfectas. Ninguna persona impura puede entrar allí. Siendo un reino perfecto, sus leyes deben ser obedecidas. No puede haber desunión ni oposición en ese reino. Siendo un reino inmortal, con leyes que han sido probadas a través de las eternidades, estas son perfectas; por lo tanto, no hay lugar para opiniones divergentes con respecto a su gobierno, como encontramos en los gobiernos humanos creados por los hombres. Estas leyes no pueden cambiarse, porque las cosas eternas han sido probadas y comprobadas y, por consiguiente, son eternas. Están basadas en la justicia y la misericordia, junto con el perfecto amor de Dios.

Por lo tanto, cada persona que entre en el reino debe aceptar voluntariamente todas las leyes y ser obediente a ellas, hallándose en completo acuerdo con todas. Cualquier cosa inferior a esto causaría confusión. Por tanto, las palabras de Santiago son verdaderas. A menos que un hombre pueda permanecer estrictamente en completo acuerdo, no puede entrar allí y, en las palabras de Santiago, es culpable de todos. En otras palabras, si hay una sola ley divina que no guarda, queda excluido de participar en el reino y, en sentido figurado, es culpable de todos, ya que se le niega todo.

SE REQUIERE DIGNIDAD COMPLETA

Podemos presentar este ejemplo, aunque sea imperfecto. Iluminamos nuestros edificios con energía eléctrica. Supongamos que hemos preparado todo lo necesario para obtener luz, excepto en un punto. Tenemos las conexiones apropiadas con la fuente de energía, el cableado es perfecto, los interruptores están todos en su lugar, pero no colocamos una bombilla en el portalámparas. O quizá hay un interruptor desconectado. ¿Resultado? No obtenemos luz. En otras palabras, todas las leyes relacionadas con la obtención de luz eléctrica deben observarse.

Así sucede en el reino celestial: debemos ser dignos en cada aspecto, o no recibiremos la bendición. El reino de Dios debe existir en absoluta unidad. Toda ley debe ser obedecida, y ningún miembro de la Iglesia puede tener un lugar allí a menos que esté en pleno acuerdo. Hubo una vez una rebelión con resultados desastrosos, y tuvo que llevarse a cabo una purificación.

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” (Mateo 5:48.)

“Y ninguna cosa impura puede entrar en su reino; por tanto, nadie entra en su reposo sino aquellos que han lavado sus vestidos en mi sangre, a causa de su fe, y del arrepentimiento de todos sus pecados, y de su fidelidad hasta el fin.” (3 Nefi 27:19.)

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