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El Dios de Abraham, Isaac y Jacob,
y el Dios del Credo Atanasiano
Pregunta: “¿Puedo plantear una pregunta acerca de una de sus declaraciones? Usted afirma que en el año 325 d.C. los obispos de la iglesia “rechazaron al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, y sustituyeron el Credo Atanasiano”. Para mí, esta declaración necesita aclaración. ¿Podría preguntarle en qué aspecto difiere “el Dios de Abraham, Isaac y Jacob” del Dios tal como se presenta en el Credo Atanasiano?”
Respuesta: El Dios de Abraham descendió para visitar a Abraham e instruirlo en varias ocasiones, tal como también lo hizo con otros profetas. De este modo, Abraham llegó a conocer a nuestro Padre Celestial y supo quién era. Todo lo que necesito hacer para demostrar que el Dios de Atanasio no es el Dios de Abraham es referirme a tres puntos.
- El credo declara que Dios es “incomprensible”, confundiendo al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Esto ciertamente está en conflicto con lo que está escrito en las Escrituras:
Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice el Señor; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. (Jeremías 31:34. (Todas las referencias para esta respuesta se citan de la Biblia Católica Autorizada de Challoner. Las mismas referencias pueden verificarse en la Versión del Rey Santiago.))
Luego, en aquella maravillosa oración de nuestro Salvador a su Padre, poco antes de su crucifixión, oró:
Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. (Juan 17:3.)
LAS ESCRITURAS SON CLARAS RESPECTO A LA DOCTRINA DE LA DEIDAD
- El credo yerra al declarar que no hay “tres Eternos”, sino “un Eterno”, confundiendo así al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, cuando las Escrituras son perfectamente claras en que los tres miembros de la Trinidad son separados y distintos entre sí; cada uno con una misión específica que desempeñar. El Salvador dijo a sus apóstoles que cuando Él se fuera les enviaría al Consolador, que es el Espíritu Santo.
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo cuanto yo os he dicho. (Juan 14:26.)
Aquí tenemos la promesa de que el Hijo partiría, pero el Consolador, o Espíritu Santo, sería enviado para estar con los apóstoles.
- En el hecho de que el credo declara que en la Trinidad “ninguno es mayor ni menor que otro, sino que las tres Personas son coeternas y coiguales”, encontramos un conflicto que es contrario a lo que está escrito en las Escrituras. Arrio, en aquel concilio, trató de establecer una verdad que fue rechazada. Es decir, que nunca hubo un Hijo que no fuera más joven que su Padre; pero el credo declara enfáticamente que el Hijo, así como el Padre, es “Increado”.
En Hebreos encontramos escrito:
Y nuevamente, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios. (Hebreos 1:6.)
Si Cristo es el Primogénito, tuvo que haberlo sido en la existencia premortal antes de que la tierra fuera formada. Según lo que está escrito, todos somos descendencia de Dios, como declaró Pablo en Atenas:
Porque en él vivimos, nos movemos y existimos, como algunos de vuestros propios poetas también han dicho:
Porque linaje suyo somos.
Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante al oro, o a la plata, o a la piedra, escultura de arte y pensamiento humano. (Hechos 17:27–29.)
Cristo es, por supuesto, el Unigénito Hijo de Dios en la carne.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. (Juan 3:16.)
SE ENFATIZA LA DISTINCIÓN ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
Contrariamente al credo, Jesucristo ha dicho:
Habéis oído que yo os he dicho: Voy y vuelvo a vosotros. Si me amarais, os regocijaríais porque voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. (Juan 14:28.)
Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.
Si alguno quiere hacer su voluntad, conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta. (Juan 7:16–17.)
Pablo escribió:
Porque es necesario que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.
Y el último enemigo que será destruido es la muerte.
Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Pero cuando dice que todas las cosas le están sujetas, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas.
Y cuando todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. (1 Corintios 15:25–28.)
Además, cuando Jesús oró en Getsemaní, oró a su Padre diciendo:
Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. (Lucas 22:42.)
Así procuró mediante la oración algo que el Padre le negó.
Estos pasajes son solo algunos que muestran que el Credo Atanasiano no fue inspirado por el Padre, sino que fue una obra humana. En aquella ocasión no se recibió ninguna revelación ni se buscó una. Por el contrario, los hombres contendieron, siguió la amargura y surgió una división entre ellos. No tenían ningún profeta que hablara; no se recibió ninguna palabra divina del Señor, sino solamente las opiniones de hombres que carecían de inspiración.

























