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El Sacerdocio es Necesario
para que los Hombres Vean a Dios
Pregunta: “Entiendo que la palabra de Dios es toda verdad, y siendo así, siempre se apoyará a sí misma y nunca se contradirá. Partiendo de que esto es cierto, me gustaría conocer la explicación de Doctrina y Convenios, Sección 84:20–22. Si esto es verdad, ¿cómo explica usted el hecho de que José Smith vio a Dios el Padre y a Jesucristo antes de recibir el sacerdocio?”
Respuesta: Podemos estar de acuerdo en que la palabra de Dios es verdad y que Él nunca revela al hombre una falsedad. Sin embargo, hay ocasiones en que el hombre mortal interpreta lo que el Señor ha revelado sin comprender todos los hechos y tiene que desechar de su mente ideas muy arraigadas que están en conflicto con lo que el Padre ha revelado. La revelación en cuestión fue dada el 22 y 23 de septiembre de 1832, en Kirtland, Ohio, y se refiere a la transmisión del sacerdocio desde Adán hasta los días de Moisés. Dice lo siguiente:
Y este sacerdocio mayor administra el evangelio y posee la llave de los misterios del reino, sí, la llave del conocimiento de Dios.
Por tanto, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad.
Y sin las ordenanzas de este sacerdocio y la autoridad del sacerdocio, el poder de la divinidad no se manifiesta a los hombres en la carne;
Porque sin esto ningún hombre puede ver el rostro de Dios, sí, el Padre, y vivir.
Ahora bien, esto enseñó claramente Moisés a los hijos de Israel en el desierto, y procuró diligentemente santificar a su pueblo para que pudieran contemplar el rostro de Dios;
Pero endurecieron sus corazones y no pudieron soportar su presencia; por tanto, el Señor, en su ira, porque se encendió su enojo contra ellos, juró que no entrarían en su reposo mientras estuviesen en el desierto, el cual reposo es la plenitud de su gloria. (D. y C. 84:19–24.)
EL REINO DE DIOS ES ORDENADO
Recordemos que esta revelación fue dada en 1832, más de tres años después de que el Sacerdocio de Melquisedec fue restaurado por Pedro, Santiago y Juan, y dos años y cinco meses después de la organización de la Iglesia. Ahora bien, el Señor no dijo que no pudiera aparecerse al hombre en la carne cuando no hubiera ningún hombre sobre la tierra que poseyera el Sacerdocio de Melquisedec, o durante una época de apostasía en la que la autoridad divina hubiera sido retirada de entre los hombres. Él sí se apareció al profeta José Smith cuando era joven y cuando no había ningún hombre mortal sobre la tierra que poseyera ese sacerdocio.
Si tal condición volviera a surgir —lo cual no sucederá— entonces el Padre podría aparecerse al hombre y poner las cosas en orden; pero cuando el sacerdocio está aquí y hay alguien designado para administrar sus ordenanzas, no existe necesidad de que el Padre venga a algún hombre que no posea el sacerdocio y le ministre personalmente. Aquellos que buscan luz y verdad podrían recibir una manifestación de la verdad, o incluso la aparición de un ángel, o aun del mismo Hijo de Dios, pero nunca surgiría una ocasión para que el Padre se manifestara a tal persona. El reino de Dios es ordenado, y puesto que esta autoridad divina está ahora aquí, el camino hacia el reino está claramente establecido.
Cuando Adán fue expulsado del Jardín de Edén, nuestro Padre Celestial se retiró de entre los hombres, y Jesucristo, su Hijo y nuestro Redentor, llegó a ser nuestro Abogado ante el Padre y nuestro Mediador. Desde ese tiempo toda revelación ha venido por medio de Jesucristo. (Véase Respuestas a Preguntas del Evangelio, Vol. 1, pág. 13.)
UN TESTIGO DEL PADRE Y DEL HIJO
Quizás aquí resulte interesante considerar algunos pensamientos relacionados con la venida tanto del Padre como del Hijo al profeta José Smith en aquella maravillosa manifestación. Debe recordarse que todo el mundo cristiano en 1820 había perdido la verdadera doctrina concerniente a Dios. La sencilla verdad que fue comprendida tan claramente por los apóstoles y santos de la antigüedad se había perdido en los misterios de un mundo apóstata. Todos los antiguos profetas y los apóstoles de Jesucristo comprendían claramente que el Padre y el Hijo eran personajes separados, tal como nuestras Escrituras enseñan con tanta claridad.
Mediante la apostasía este conocimiento se perdió y, en el año 325 d.C., se introdujo una extraña doctrina que pronto se extendió por todo el mundo cristiano. Esta doctrina confundió a los personajes de la Trinidad y distorsionó la verdadera doctrina de Dios, de modo que para el año 1820 Dios se había convertido en un misterio, y tanto el Padre como el Hijo eran considerados una sola e incomprensible emanación espiritual, sin cuerpo, partes ni pasiones.
La venida del Padre y del Hijo estableció sobre la tierra un testigo divino que, por conocimiento personal, podía restaurar al mundo la verdadera naturaleza de Dios.

























