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¿Tenían los Nefitas una
Organización de la Iglesia
antes de los Días de Alma?
Pregunta: “En nuestra lección de esta semana surgió la siguiente pregunta: “¿Estamos necesariamente obligados a concluir que los nefitas no tenían una organización de la Iglesia antes de la época de Alma? Véase Mosíah 18:17–18 y 23:16–17.””
Respuesta: Para tener este asunto claramente ante nosotros, citemos los pasajes en cuestión:
“Y desde entonces fueron llamados la iglesia de Dios, o la iglesia de Cristo. Y aconteció que cuantos eran bautizados por el poder y la autoridad de Dios eran añadidos a su iglesia.
Y aconteció que Alma, teniendo autoridad de Dios, ordenó sacerdotes; sí, ordenó un sacerdote por cada cincuenta personas, para que les predicaran y les enseñaran las cosas concernientes al reino de Dios.” (Mosíah 18:17–18.)
“Y ahora bien, Alma era su sumo sacerdote, siendo él el fundador de su iglesia.
Y aconteció que nadie recibía autoridad para predicar o enseñar a menos que la recibiera de Dios por medio de él. Por tanto, consagró a todos sus sacerdotes y a todos sus maestros; y nadie era consagrado excepto hombres justos.” (Mosíah 23:16–17.)
ALMA ORGANIZÓ UNA RAMA DE LA IGLESIA
Siempre existe peligro al aislar pasajes de su contexto o al no tomar en consideración todos los factores del marco histórico. Debe recordarse que Alma había sido uno de los sacerdotes del rey Noé en la tierra de Lehi-Nefi. También debe tenerse en cuenta que la colonia en esa tierra se había separado del cuerpo principal de la Iglesia en Zarahemla. En los días de Amaleki, quien conservó el registro nefita, un grupo de nefitas bajo el mando de Zeniff deseó ocupar la tierra que había sido primeramente colonizada por los nefitas (Omni, versículos 27–30; Mosíah 9), y llegó a un acuerdo con los lamanitas para poseer aquella tierra. Allí establecieron un reino independiente que conservaron durante muchos años, aunque en constante guerra y servidumbre a los lamanitas. Con el tiempo, bajo el reinado del rey Noé, llegaron a ser muy inicuos. Fue en esa época cuando el profeta Abinadí fue asesinado, y Alma, habiendo aceptado las enseñanzas de Abinadí, reunió a su alrededor a todos los que estaban dispuestos a guardar los mandamientos del Señor. Al hacerlo, atrajo sobre sí mismo y sobre sus seguidores la ira del inicuo rey, y tuvieron que huir de sus hogares al desierto con la intención de regresar a la tierra de Zarahemla. La historia de su huida, sufrimientos y bendiciones de la mano del Señor fue registrada en el Libro de Mosíah. Mientras se encontraba en el desierto, Alma organizó a su grupo de creyentes en una rama de la Iglesia y se le menciona como su fundador.
El cuerpo principal de los nefitas, bajo el segundo rey Mosíah, permanecía aún intacto en la tierra de Zarahemla. La referencia que indica que Alma fue el fundador de su iglesia se refiere únicamente a los refugiados que huían de la tierra de la primera herencia de los nefitas. Con el tiempo encontraron el camino de regreso al cuerpo principal de la Iglesia, y Alma fue consagrado como sumo sacerdote sobre la Iglesia en todas las tierras ocupadas por los nefitas. Cuando tenemos el cuadro completo ante nosotros, es fácil ver que Alma prestó un gran servicio al rescatar y organizar a los refugiados que salieron con él de la tierra de Lehi-Nefi.
EL REINO DE DIOS Y LA IGLESIA SON TÉRMINOS SINÓNIMOS
La colonia dirigida por Lehi fuera de Jerusalén formaba parte de la Iglesia de Jesucristo. Desde los días de Adán hasta el presente, siempre que el pueblo obedeció los mandamientos del Señor, existió la Iglesia, y las personas entraban en ella obedeciendo las mismas ordenanzas que se practican hoy. Si un misionero fuera a una tierra extranjera y, por autoridad divina, bautizara a un hombre, ese hombre se convertiría en miembro de la Iglesia de Jesucristo. Eso era cierto en los días de Abraham, Moisés, Elías y Juan el Bautista. No se requiere una organización completa compuesta por rama, barrio y estaca para constituir la Iglesia de Jesucristo. Dondequiera que una persona sea bautizada legalmente, allí está la Iglesia, o por virtud de ese bautismo llega a ser miembro de ella. El reino de Dios y la Iglesia son términos sinónimos. El profeta José Smith ha aclarado esto en las siguientes palabras:
“Algunos dicen que el reino de Dios no fue establecido sobre la tierra sino hasta el día de Pentecostés, y que Juan [el Bautista] no predicó el bautismo de arrepentimiento para la remisión de los pecados; pero yo digo, en el nombre del Señor, que el reino de Dios fue establecido sobre la tierra desde los días de Adán hasta el tiempo presente. Siempre que ha habido un hombre justo sobre la tierra a quien Dios haya revelado su palabra y dado poder y autoridad para administrar en su nombre, y donde hay un sacerdote de Dios —un ministro que tiene poder y autoridad de Dios para administrar las ordenanzas del evangelio y oficiar en el sacerdocio de Dios— allí está el reino de Dios; y, como consecuencia del rechazo del evangelio de Jesucristo y de los profetas que Dios ha enviado, los juicios de Dios han recaído sobre pueblos, ciudades y naciones en diversas épocas del mundo, como ocurrió con las ciudades de Sodoma y Gomorra, que fueron destruidas por rechazar a los profetas.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 271.)
EL BAUTISMO SE PRACTICABA EN LOS DÍAS DE LEHI
Del Libro de Mormón aprendemos que la ordenanza del bautismo para la remisión de los pecados era practicada por los nefitas desde el principio. Aunque no se menciona expresamente la confirmación, sin embargo los miembros eran confirmados, porque existe abundante evidencia del don del Espíritu Santo. Jacob nos ha dado una declaración muy definida en las siguientes palabras:
“Y él manda a todos los hombres que se arrepientan y sean bautizados en su nombre, teniendo perfecta fe en el Santo de Israel; de lo contrario, no podrán ser salvos en el reino de Dios.
Y si no se arrepienten, ni creen en su nombre, ni son bautizados en su nombre, ni perseveran hasta el fin, deberán ser condenados; porque el Señor Dios, el Santo de Israel, lo ha dicho.” (2 Nefi 9:23–24.)
Si fueron bautizados y tuvieron el don del Espíritu Santo en los días de Lehi, entonces tenían una organización de la Iglesia, la cual perduró a lo largo de toda la historia nefita, a pesar de las constantes apostasías que ocurrieron entre ellos.

























