Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 3

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¿Es Más Afortunado Quien
Muere en la Infancia?


Pregunta: “¿Cómo reconciliamos la doctrina de que los niños pequeños que mueren antes de llegar a la edad de responsabilidad serán salvos en el reino celestial, cuando las Escrituras generalmente enseñan que el reino celestial es una meta que debe alcanzarse mediante el esfuerzo de vivir los principios del evangelio? Varios estudiantes han planteado la idea de que para merecer el reino celestial deberían requerirse la educación y la práctica de los principios del evangelio, y no la ausencia de tentación para pecar. Uno de los estudiantes expresó la opinión de que habríamos sido más afortunados si todos hubiéramos muerto antes de la edad de responsabilidad y así tuviéramos asegurado un lugar en el reino celestial.

“¿Implica la revelación dada al profeta José Smith que los niños que mueren antes de la edad de responsabilidad, para ser salvos en el reino celestial, también deben, en algún momento y en algún lugar, aprender y aplicar los principios del evangelio, y además someterse a las mismas consecuencias y tentaciones de pecar después de la resurrección que nosotros enfrentamos mientras alcanzamos la madurez?”

Respuesta: En una respuesta anterior se declaró claramente la condición de los niños pequeños, tal como fue revelada al profeta José Smith y a Mormón, según consta en el registro de Moroni. (Véase Respuestas a Preguntas del Evangelio, Vol. 1, págs. 53–61.) Parece que lo que se ha revelado en relación con la salvación de los niños pequeños que son privados de todas las vicisitudes de la vida mortal y que están sin pecado, ha dejado en la mente de algunos la idea de que nuestro Padre Eterno ha cometido una injusticia y ha mostrado favoritismo hacia aquellos a quienes se les negó una existencia mortal madura. Esta opinión se basa en el pensamiento de que, para ser justo con el resto de nosotros que alcanzamos la madurez, todos esos niños pequeños deberían ser entregados a las tentaciones de Satanás y pasar por el fuego de la prueba exactamente igual que nosotros, quienes sobrevivimos en esta vida mortal.

¿POR QUÉ CUESTIONAR LA SABIDURÍA DE NUESTRO PADRE CELESTIAL?

¿No es un poco presuntuoso de nuestra parte cuestionar la sabiduría de nuestro Padre Eterno? Además, ¿hemos reflexionado completamente sobre este asunto? Si no vemos con claridad es porque no tenemos ante nosotros todos los factores. En primer lugar, nos corresponde, en este estado mental mortal, tener una fe explícita en la justicia y también en la misericordia del Padre Omnisciente de todos nosotros. Nuestra fe debe ser, como está escrito, que Él hace todas las cosas bien, y nunca debemos cuestionar su misericordia ni su justicia. Debemos aceptarlo como poseedor de toda sabiduría y tener plena confianza en la verdad de que “Dios no hace acepción de personas”.

Hay demasiadas cosas en esta vida mortal que no son claras para nuestro entendimiento cuando se juzgan según la filosofía mortal, pero esto no es culpa del Creador. Las cosas de la eternidad, las cosas que perduran, permanecen ocultas en gran medida a nuestros ojos limitados. Y tampoco podríamos comprenderlas si fueran reveladas, debido a la falta de conocimiento y experiencia que poseemos. Podemos compararlo con una situación que sí podemos entender. Si un maestro presentara a un grupo de estudiantes de primer grado un problema de álgebra, por muy claro que fuera para él, sus alumnos no podrían comprenderlo. De la misma manera, puede que no tengamos todas las respuestas; nuestras mentes finitas no comprenden lo infinito. Se nos pide aceptar muchas verdades por fe y, sin embargo, mediante la ayuda del Espíritu sabemos que son verdaderas.

DEBEMOS ESFORZARNOS POR ALCANZAR EL GRADO MÁS ALTO

Sin embargo, esta verdad sí podemos comprenderla. Entrar en el reino de Dios, el reino celestial, no es la meta que los verdaderos Santos de los Últimos Días están procurando alcanzar. Allí entrarán muchos que tendrán derecho solamente a ser siervos. Ese reino tiene diferentes grados, y para obtener el más alto hay muchas bendiciones y mandamientos que deben guardarse. Los niños que mueren en la infancia o en la niñez temprana deben cumplir con todos ellos, exactamente igual que quienes alcanzan la madurez en esta vida mortal.

Los niños no pueden ser castigados por aquello que no han hecho. ¿No fueron acaso castigados al ser privados de las bendiciones que llegan a nosotros en la mortalidad? Son separados sin el privilegio de tener posteridad que continúe llevando su nombre hasta el fin de los tiempos. Hay otras bendiciones que nosotros recibimos y que a ellos les son negadas; ¿no tienen entonces derecho a recibir algunas compensaciones por aquello que han perdido?

El Salvador, de acuerdo con el decreto establecido antes de que la tierra fuera formada, los ha redimido del poder de Satanás. En cuanto a nuestra situación, todos los que alcanzan la madurez, Satanás no tiene poder sobre nosotros excepto cuando nosotros, ejerciendo nuestro propio albedrío, le concedemos ese poder. Ninguna persona es tentada más allá de su capacidad para resistir, salvo cuando cede al pecado.

No perdamos de vista el hecho de que llegará el tiempo, en el día del reinado de paz cuando la tierra sea renovada, en que Satanás será atado, y los santos “se multiplicarán y se fortalecerán, y sus hijos crecerán sin pecado para salvación”. (D. y C. 45:58. Compárese con Malaquías 4:2.)

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