Edificar Sion y participar en la salvación de los vivos y de los muertos
Dios congrega a Su pueblo para instruirlo, unirlo y prepararlo para colaborar con Él en la salvación de los vivos, la redención de los muertos y la edificación de Sion.
Los efectos de la predicación del Evangelio—El propósito del recogimiento—Las manifestaciones de los antiguos a José Smith—El Evangelio a los espíritus de los difuntos—Los deberes de los santos unos para con otros—La clase de hombres que se necesitan para salir a una misión
por el presidente John Taylor, pronunciado en Ephraim, condado de Sanpete, el domingo 13 de abril de 1879 por la mañana.
Volumen 21, discurso 12, páginas 91-101
Me complace tener la oportunidad de reunirme con los hermanos y las hermanas de este lugar y de contemplar sus rostros; y me gustaría escuchar a más hermanos dirigirles la palabra, pero sé que quieren que yo hable un rato; y puesto que tengo que partir esta tarde, ocuparé el tiempo ahora y dejaremos a algunos de los hermanos para que les prediquen entonces. Deseo contar con su fe y sus oraciones, porque todos dependemos del Señor; ninguno de nosotros puede hacer ni decir nada que sea bueno, útil o beneficioso para la sociedad a menos que cuente con la ayuda, la guía y la dirección del Señor. Un hombre no puede hablar correctamente a menos que hable bajo la inspiración del Todopoderoso; y tampoco puede el pueblo escuchar ni comprender correctamente a menos que tenga una porción del mismo Espíritu. Por eso había algo particular en lo que Jesús expresó sobre este asunto. Él comprendía muy bien este principio y, al hablar de él, dice: “Mis ovejas oyen mi voz, me conocen y me siguen; pero al extraño no seguirán, porque no conocen la voz del extraño”. Por eso, cuando los élderes fueron enviados al principio a predicar el Evangelio, se les dijo que salieran y que Dios iría con ellos, que Su Espíritu los acompañaría y que Sus ángeles irían delante de ellos. El Señor tenía Sus ovejas esparcidas por toda la faz de la tierra; y esas ovejas, cuando oyeron la voz del Evangelio, lo comprendieron; había algo que daba testimonio a sus corazones, algo que no podían describir bien, y ese algo los dirigió a ustedes, mis hermanos y hermanas, hacia quienes traían el Evangelio sempiterno; y cuando lo oyeron, dijeron: “Eso es verdad”. Y las personas podían decir lo que quisieran; aun así, ustedes creían y sentían que era verdad. Experimentaron ese sentimiento, pero apenas podían explicarlo. Este era el Espíritu al cual aludía Jesús cuando dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. Él tiene Su propia manera de lograr ese objetivo, y hacerlo requiere tiempo, mucho tiempo. Pero no iba a empujarlos ni a forzarlos, ni a obligarlos de manera alguna; más bien presentaría a su mente principios tan hermosos, sentimientos tan bellos, y desarrollaría entre ellos cosas tan gloriosas que no podrían dejar de verlas y apreciarlas, ni podrían encontrarlas en ninguna otra parte. Y luego, cuando esos principios fueron confirmados por la influencia del santo sacerdocio mediante las revelaciones de Dios al pueblo, produjeron en ellos el efecto que hemos visto. Y por eso se han congregado aquí, dejando sus hogares en el Viejo Mundo, la mayoría de ustedes de Escandinavia. Yo fui uno de aquellos hermanos que salieron en los primeros tiempos con este mensaje de buenas nuevas; y el hermano Erastus Snow llegó hasta ustedes, mientras yo fui a otros en una parte diferente del mundo, y otros hermanos buscaron otras ovejas en otros lugares. ¿Cuál fue el resultado de nuestra predicación? Lo vemos aquí hoy; el resultado es que ustedes han sido llevados al conocimiento de la verdad y, mediante la obediencia a las ordenanzas del Señor, han recibido el Santo Espíritu de Dios, que los ha guiado a la verdad, de modo que ustedes, como los antiguos santos antes que ustedes, se sientan en lugares celestiales en Cristo Jesús. Ya no experimentan la clase de incertidumbre que antes los afligía, sino que tienen una certeza, una realidad perdurable. No les preocupa morir; eso es un asunto de muy poca importancia. Jesús dijo en cierta ocasión a una mujer a quien había pedido agua para beber: “Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”. Hemos bebido de esa corriente que alegra la ciudad de nuestro Dios. Y queremos comprender y apreciar la posición que ocupamos ante Dios y las grandes bendiciones y privilegios que están a nuestro alcance. Apenas hemos comenzado, por así decirlo, esta gran obra. Hemos recibido muchísimos principios preciosos y hemos visto y experimentado muchas cosas. Pero ¿cómo fue? Sencillamente, como por espejo, oscuramente; y todavía, en muchos casos, las vemos como por espejo, oscuramente, al menos muchísimas de ellas; y a veces apenas podemos percibir la diferencia entre nosotros y el resto de la humanidad, o entre la religión que hemos abrazado y la que tienen otras personas. Si tan solo pudiéramos reflexionar sobre ello, hay tanta diferencia como la que existe entre la luz y las tinieblas. Pero no siempre comprendemos estas cosas y, por ello, afrontamos dificultades relacionadas con este asunto, porque no vemos ni comprendemos la posición y la relación que existen entre nosotros y nuestro Dios. Dios es nuestro Padre; nosotros somos Sus hijos. Nos ha hecho entrar en Su convenio, y es nuestro privilegio avanzar de sabiduría en sabiduría, de inteligencia en inteligencia, de la comprensión de un principio a la de otro, seguir adelante y progresar en el desarrollo de la verdad hasta que podamos comprender a Dios. Porque somos Sus hijos, somos Sus hijos e hijas, y Él es nuestro Padre. Ha organizado esta Iglesia para que seamos instruidos en los principios de la vida, para que comprendamos esos principios que existen en el seno de Dios, para que podamos enseñar principios correctos a nuestros hijos, para que seamos colocados en una posición que nos permita llegar a ser semejantes a nuestro Padre Celestial y que se abra una comunicación entre los ángeles y nosotros, para que sintamos que somos de la familia de Dios y de la familia de la fe, y que podemos obrar con ellos; y para que, mientras parte de Su familia que ha vivido sobre la tierra y que vive de nuevo en otro estado de existencia detrás del velo obra con Él, con los ángeles de Dios y con todo el santo sacerdocio para desarrollar Sus propósitos en los cielos, nosotros estemos preparados para obrar con Él sobre la tierra y llevar a cabo Sus propósitos aquí; para que Su pueblo sea preservado de los poderes de las tinieblas, para que la luz, la inteligencia y las revelaciones de Dios estén sobre nosotros, para que comprendamos nuestra verdadera relación con Él, entre nosotros, con Su Iglesia y Su reino, y con los vivos y los muertos; para que comprendamos la posición que ocupamos con respecto a todos los diversos deberes y responsabilidades de la vida. Y luego, después de comprenderlos, que magnifiquemos nuestros llamamientos, nos unamos como el corazón de un solo hombre bajo la influencia del Espíritu de verdad eterna, como la familia de Dios sobre la tierra, y eliminemos de entre nosotros todo lo que sea malo, corrupto, bajo y degradante, y elevemos nuestra mente y nuestros sentimientos a una norma superior de inteligencia, moralidad y obediencia a Sus leyes; y así nos preparemos para llevar a cabo las cosas de Dios relacionadas con la tierra donde moramos, y cada uno participe en el cumplimiento de Sus propósitos aquí sobre la tierra, no mediante inteligencia alguna que poseamos, sino mediante la sabiduría y la inteligencia que Dios imparta de tiempo en tiempo, hasta que progresemos en todo principio destinado a elevar y ennoblecer a la humanidad, hasta que finalmente veamos como somos vistos y conozcamos como somos conocidos.
Ahora estamos congregados en Sion. ¿Para qué? Para edificar Sion y cumplir los propósitos del Señor relacionados con la familia humana sobre la tierra. Y al estar congregados, estamos organizados con apóstoles y profetas, con presidentes y sus consejeros, con obispos y sus consejeros, con élderes, presbíteros, maestros y diáconos. Estamos organizados conforme al orden de Dios, y estos mismos principios que nos parecen pequeños emanan de Dios. Tenemos setentas y sumos sacerdotes, y todos estos hombres ocupan ciertas posiciones que se espera que cumplan y magnifiquen aquí en la carne, en beneficio de la verdad y de la rectitud; en beneficio del reino de Dios y del establecimiento de principios correctos entre los santos del Altísimo. Estamos aquí para cooperar con Dios en la salvación de los vivos, en la redención de los muertos, en las bendiciones de nuestros antepasados y en derramar bendiciones sobre nuestros hijos; estamos aquí con el propósito de redimir y regenerar la tierra en que vivimos, y Dios ha colocado Su autoridad y Sus consejos aquí sobre la tierra con ese propósito, para que los hombres aprendan a hacer la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo. Este es el objeto de nuestra existencia, y nos corresponde comprender esa posición.
Por ejemplo, José Smith fue apartado, en primer lugar, por el Todopoderoso, conforme a los consejos de los dioses en los mundos eternos, para dar a conocer entre el pueblo los principios de la vida, de los cuales el Evangelio es el gran poder y la gran influencia, y mediante el cual la salvación puede extenderse a todos los pueblos, todas las naciones, todas las tribus, todas las lenguas y todos los mundos. Es el principio que saca a luz la vida y la inmortalidad y nos pone en comunicación con Dios. Dios lo escogió con ese propósito, y él cumplió su misión, vivió honorablemente y murió honorablemente. Sé de lo que hablo, porque lo conocía muy bien y estuve mucho con él durante su vida, y estuve con él cuando murió. Los principios que poseía lo ponían en comunicación con el Señor, y no solo con el Señor, sino también con los antiguos apóstoles y profetas; hombres como Abraham, Isaac, Jacob, Noé, Adán, Set, Enoc, y con Jesús y el Padre, y con los apóstoles que vivieron en este continente, así como con los que vivieron en el continente asiático. Parecía conocer a estas personas tan bien como nosotros nos conocemos unos a otros. ¿Por qué? Porque debía dar comienzo a una dispensación llamada la dispensación del cumplimiento de los tiempos, y así la conocían los antiguos siervos de Dios. ¿Qué significa la dispensación del cumplimiento de los tiempos? Es una dispensación en la cual todas las demás dispensaciones se reúnen o se concentran. Abarca e incorpora todas las otras dispensaciones que han existido sobre la tierra, en las cuales Dios se manifestó a la familia humana. ¿Tenían el Sacerdocio Aarónico en tiempos antiguos? Sí. Nosotros también lo tenemos. ¿Tenían el Sacerdocio de Melquisedec en tiempos antiguos? Sí. Nosotros también lo tenemos. ¿Tenían una dispensación de recogimiento en tiempos antiguos, cuando Moisés sacó a los hijos de Israel de Egipto? Sí. Nosotros también la tenemos, tal como lo predijo el profeta Jeremías: “Y os tomaré, uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os llevaré a Sion”. ¿Y qué harás con ellos cuando los lleves allí? “Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con conocimiento y con entendimiento”. Tenemos esa dispensación. Moisés, cuando se apareció a José Smith, le confirió “las llaves de la dispensación del recogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra y de la restitución de las diez tribus”. Léanlo en Doctrina y Convenios; allí está escrito claramente. ¿Por qué están aquí hoy, procedentes de Escandinavia y de otras partes del mundo? Porque Dios, entre otras dispensaciones, ha restaurado la dispensación del recogimiento.
En cuanto a otros asuntos, ¿debía llegar un tiempo en que Elías el Profeta viniera para “volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia sus padres”? Ese Elías ha venido y ha dado comienzo a esa dispensación; y con ella están relacionadas las mismas cosas en las que ustedes están trabajando y que nosotros hemos venido a atender, a saber, la colocación de la piedra de los cimientos del templo. Ahora pregunto: ¿Quién pensó jamás en construir templos hasta que Dios lo reveló? ¿Lo hicieron ustedes? Si lo hicieron, quisiera que nos lo dijeran. ¿Y sabían cómo construirlos? No. ¿Y sabían cómo oficiar en ellos después de que estuvieran construidos? No, no lo sabían. Estamos en deuda con el Señor por estas cosas. Y cuando Elías el Profeta se apareció a José Smith, le confirió las llaves de esta dispensación; y por eso estamos trabajando en la construcción de templos, pero algunos de nosotros apenas sabemos por qué. Lo hacemos de la misma manera que aramos, sembramos, plantamos, cosechamos y realizamos labores semejantes. Hay otras cosas detrás de ello. Hay ordenanzas relacionadas con estas cosas que se remontan a la eternidad y se extienden hacia la eternidad; que proceden de Dios y están destinadas al bienestar, la felicidad y la exaltación de la humanidad: de quienes viven, de quienes han muerto y de quienes vivirán en lo futuro, y que conciernen tanto a nuestros progenitores como a nuestra posteridad. Y esa es una de las llaves que se han utilizado.
¿Piensan que los élderes que les llevaron el Evangelio a tierras lejanas podrían haberlos congregado aquí si no hubieran sido portadores del Evangelio del Señor Jesucristo y si esta no hubiera sido una dispensación de recogimiento? Creo que no. Como he dicho, los élderes fueron a diferentes partes de la tierra, porque hemos predicado mucho. Yo mismo he recorrido cientos de miles de millas predicando el Evangelio, sin bolsa ni alforja, confiando en el Señor. ¿Me abandonó alguna vez? Nunca, no, nunca. Siempre se me proveyó de lo necesario, por lo cual siento el deseo de alabar a Dios, mi Padre Celestial. Estaba dedicado a Su obra y Él me dijo que me sostendría en ella; ha cumplido fielmente Su parte y, si yo no he cumplido fielmente la mía, espero que me perdone y me ayude a hacerlo mejor. Pero el Señor ha sido leal y fiel, y nunca me ha faltado comida, bebida ni vestido, ni jamás me he visto impedido de viajar adonde deseaba por falta de recursos.
Pues bien, volvamos al asunto. Después de recibir el Evangelio y su espíritu, el gran deseo de sus corazones era ir a Sion. Y para lograrlo, apartaron sus pequeños ahorros y comenzaron a idear cómo disponer de sus pequeñas propiedades, y muchos de ustedes estaban casi dispuestos a venderse a sí mismos para llegar a Sion. No podían explicar por qué tenían tales sentimientos, pero los tenían y no podían librarse de ellos hasta que fueron traídos aquí. No habrían venido aquí de no haber sido por eso, ¿verdad? No creo que lo hubieran hecho. Cuando se les dijo que construyeran templos, ¿qué los llevó a construirlos? Que habían recibido el Evangelio en sus corazones, y con él estaba relacionada la misión de Elías el Profeta, que consistía en volver el corazón de los hijos hacia los padres y el corazón de los padres hacia los hijos. Quisiera poder explicarles algunas de estas cosas tal como las entiendo, y quisiera que ustedes pudieran comprender esos principios. Baste decir que Satanás ha procurado, desde el principio del mundo, derribar las obras de Dios, y en algunos casos parece haber tenido un éxito admirable. En cierta ocasión fue la causa de que todos los habitantes de la tierra fueran destruidos, excepto una pequeña descendencia que fue preservada para propagar la especie humana. Probablemente el diablo se reiría de muy buena gana por ello, pensando que había cumplido sus propósitos. Sin embargo, ese no fue el fin. Es verdad que los juicios de Dios los alcanzaron; es verdad que fueron destruidos en la carne por un diluvio y encerrados en una prisión en el espíritu; pero también es verdad que el mismo Salvador que es nuestro Salvador, cuando fue muerto en la carne, fue vivificado por el Espíritu, y que visitó a esos espíritus encarcelados, abriéndoles la puerta de la salvación para que pudieran ser redimidos, salir y cumplir ciertos propósitos que Dios había dispuesto; y así encontramos al Salvador obrando entre toda aquella multitud de personas que el diablo pensaba que habían sido destruidas, pero que, mediante esta visita, fueron puestas al alcance de la liberación. Pero ¿ha prevalecido Satanás en gran medida? Así ha sido. ¿Se han extendido las tinieblas sobre la tierra? Sí. ¿Se han apartado las personas de Dios y lo han abandonado a Él y a Sus leyes? Así ha sido. Pero el Señor será misericordioso con ellas, pues no han recibido la luz que nosotros tenemos; por eso siente hacia ellas como un padre siente hacia sus hijos, deseoso de promover su felicidad hasta donde esté en Su poder; y si no pudo salvarlas mientras estaban en la carne, Él comprende ciertas leyes y principios eternos mediante los cuales podrán ser redimidas más adelante. El Juez de toda la tierra hará lo justo. Y mientras el sacerdocio que está detrás del velo obra y predica a los espíritus encarcelados que se encuentran allí desde las diferentes épocas, Él nos ha llamado a construir templos para que podamos oficiar por los cuerpos de esas personas que han muerto sin el Evangelio, a fin de que sean juzgadas según los hombres en la carne y vivan según Dios en el espíritu. Al comienzo de las dispensaciones, por lo general envía a Sus élderes a todo el mundo para predicar el Evangelio a toda criatura. En esta dispensación no solo hace eso, sino que, puesto que vivimos en una dispensación de recogimiento, también congrega al pueblo; y cuando aprenden un poco de Su ley, muchos son ordenados al sacerdocio y enviados como mensajeros, y seguimos enviándolos a predicar el Evangelio y a congregar a los escogidos; y los enviamos a su propio pueblo para contarle lo que Dios ha hecho y está haciendo. Y continúan yendo y viniendo. ¿Y a quiénes enviamos? Si enviamos a Inglaterra, enviamos ingleses u hombres que puedan hablar inglés; si enviamos a Escandinavia, enviamos escandinavos; por lo general enviamos a personas de su propio pueblo, acompañadas por hombres de experiencia, después de que se les ha dado a conocer el Evangelio. ¿Por qué? Para que puedan ir y enseñar a su propio pueblo el camino de la vida y de la salvación. ¿Y luego? Regresan y construyen templos. ¿Y después? Ellos y su gente, procedentes de las diversas naciones de la tierra, entran en estos templos y ofician por sus padres y abuelos, por sus tíos y tías, por sus amigos y parientes, y así se remontan, se remontan a tiempos lejanos para redimir y salvar a otros. ¿Y quiénes son estos hombres? Precisamente aquellos de quienes hablaron los antiguos profetas. Son salvadores en el monte Sion, ¿no es así?, que salvan y redimen a su pueblo; y esos hombres que extraen y transportan la piedra, los que están levantando estos muros de las terrazas y del templo, y los que están ocupados de otras maneras haciendo los preparativos necesarios para la construcción del templo, todos trabajan con el mismo fin. El Señor requiere esta obra de nuestras manos para probarnos, para ver si cumpliremos Sus leyes o no. Y cuando construyamos nuestros templos y Él los acepte, entonces entraremos en ellos y oficiaremos en el nombre de Dios; y al oficiar en ellos, llegaremos a ser salvadores en el monte Sion, como está escrito: “Y subirán salvadores al monte Sion para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová”. ¿No dice eso su Biblia? La que yo tengo sí lo dice. ¿A quiénes salvarán? Estos hombres llegan a ser salvadores de sus propias naciones; ofician y obran en beneficio de ellas y en beneficio de sus padres, sus amigos y sus compañeros. Por tanto, esta es una de las cosas en las que estamos trabajando y forma parte de la dispensación del cumplimiento de los tiempos.
Entonces, ¿qué dice uno de los profetas? “He aquí, yo os envío a Elías el profeta antes que venga el día de Jehová, grande y terrible”. ¿Y qué hará? “Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”. ¿Y qué se hará? Subirán salvadores al monte Sion, y el reino será del Señor. Está escrito que todos serán enseñados por Dios, pero el reino será del Señor, no del hombre. No queremos apoyarnos en el hombre ni poner nuestra confianza en él. Aunque obedecemos toda disposición del hombre que sea apropiada y correcta y que no entre en conflicto con la ley de Dios, aunque obedecemos estas cosas, no queremos vendernos a los inicuos y a los impíos. No nos interesan mucho sus caminos, sus teorías ni sus ideas. “El Señor —dice alguien— será nuestro juez, el Señor será nuestro rey, el Señor será nuestro legislador, y Él gobernará sobre nosotros”. Y nosotros, bajo la inspiración del Todopoderoso, daremos a conocer las leyes de Dios que existen en los cielos y sobre la tierra, y formaremos un núcleo de verdad, virtud e inteligencia, de ley y orden, de principios relacionados con la moral, la filosofía, la política, la religión y todo lo que es puro, exaltante y ennoblecedor, y el reino será del Señor. Y obraremos juntos, procuraremos frustrar las obras de las tinieblas y los poderes del adversario, salvar a los vivos y redimir a los muertos, y volver nuestro corazón hacia nuestros padres que vivieron antes que nosotros y que desconocían los principios de vida y salvación que Dios se ha complacido en conferirnos, mientras los hermanos que están detrás del velo se interesan por nosotros, que somos sus hijos. El Señor volverá el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres por medio de Elías, que había de venir; y si esto no se cumpliera, está escrito que “la tierra sería herida con maldición”.
Por eso estamos obrando con los antiguos patriarcas, apóstoles, profetas y hombres de Dios que vivieron en los continentes de Asia y América, y reuniremos todas las cosas en una conforme a la palabra de Dios; congregaremos a Su Israel de las cuatro partes de la tierra y también a las diez tribus antes de concluir; y Judá escuchará las palabras de vida, y los principios de la verdad eterna saldrán, se extenderán y crecerán “hasta que los reinos de este mundo lleguen a ser los reinos de nuestro Dios y de Su Cristo; y ante Él toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Cristo es Dios, para la gloria de Dios el Padre”. Y estamos aquí con ese propósito. ¿Piensan que vamos a fracasar? ¿Piensan que el Señor va a retroceder? Creo que no. Los hombres pueden unirse contra nosotros por ignorancia, porque muchos de ellos son muy ignorantes. No albergo el más mínimo sentimiento de ira en mi corazón cuando veo a los tribunales, a los legisladores o al Congreso adoptar medidas contrarias a nosotros. No saben lo que hacen; por eso debemos sentir caridad hacia quienes procuran perjudicarnos. David oró para que Dios enviara pronto a sus enemigos al infierno. Jesús, cuando estaba siendo crucificado y sufría el dolor de una muerte cruel, dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Esa oración me gusta mucho más que la otra. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Son Tus hijos, aunque están en tinieblas. Tú has iluminado nuestra mente, por lo cual nos sentimos agradecidos; pero, oh Señor, perdónalos y condúcelos, si puedes, por el camino de la vida. Este es el sentimiento que debemos tener. Debemos tenerlo unos hacia otros y tratarnos con bondad, sin fomentar resentimientos. En cuanto a las personas que se dejan llevar por la ira y expresan palabras ásperas, tales cosas no pertenecen al Evangelio, a ninguna parte de él; vienen de abajo. Esto se nos ha señalado y explicado con mucha claridad. Todo espíritu, dice alguien, que conduce al bien es de Dios; y todo espíritu que conduce al mal es del maligno y viene de abajo. A veces oigo a un hombre decir: “Odio a tal persona”. Pues bien, no conozco a ninguna persona en el mundo a quien yo odie. El mandamiento es amarnos unos a otros. Cuando Jesús estaba a punto de dejar a Sus discípulos, el tema central de Su oración era: “Padre, ruego por estos que me has dado; tuyos eran y me los diste. Ruego por ellos, Padre, para que sean uno, así como tú y yo somos uno, para que sean uno en nosotros”. ¡Cómo! ¿Una hermana o un hermano, un ciudadano del reino de Dios, un miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, alguien que quizás haya recibido las ordenanzas de la casa de Dios y que espera asociarse con los santos de Dios, riñe con su hermano por cacahuates y juguetes de bebé, y luego hablan de que se ha atentado contra su honor? Les digo que, si cuidan de ustedes mismos, su honor se cuidará solo y no tendrán que preocuparse por él. Trátense correctamente unos a otros. ¿Han pecado unos contra otros? Entonces vayan y hagan restitución. ¿Se han defraudado unos a otros? Vayan y rectifiquen las cosas. ¿Han hablado con aspereza a su hermano o hermana? Entonces vayan, reconozcan su falta y pidan perdón, prometiendo hacerlo mejor en el futuro. Y entonces él o ella podría decir, por su parte: “Sí, y yo dije tal o cual cosa el otro día; ¿podrías perdonarme, por favor?”. Cuánto mejor y cuánto más acorde con el llamamiento de un santo de Dios sería tal proceder que albergar resentimientos en el corazón. Y ustedes, padres, reúnan a sus familias por la mañana y por la noche, invoquen al Señor y pidan Su bendición sobre sus familias, sus rebaños y sus ganados, y sobre todo lo que tengan; y no estén riñendo unos con otros porque les falte agua. Les digo, en el nombre del Señor Dios, que si cumplen sus deberes, Dios cumplirá los Suyos y les proporcionará el agua que sea necesaria. Pónganme a prueba, “y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. Esposos, traten correctamente a sus esposas; trátenlas con bondad y comprensión; procuren que estén cómodas y que sus casas y su entorno sean cómodos, y hagan todo lo que puedan para hacerlas felices. Y ustedes, esposas, traten correctamente a sus esposos; procuren hacer de sus hogares un pequeño cielo y busquen con empeño que las bendiciones del Señor permanezcan en sus moradas. Y ustedes, padres, traten correctamente a sus hijos; críenlos en el temor del Señor; ellos son de mayor importancia para ustedes que muchas cosas a las que prestan atención. Y ustedes, hijos, obedezcan a sus padres; respeten a sus padres y a sus madres. Sus madres han velado por ustedes, y sus padres desean su bienestar, y su corazón, sus sentimientos y sus afectos se vuelcan hacia ustedes. No les causen dolor apartándose de los principios correctos, sino anden por las sendas de la vida. Y padres e hijos, esposos y esposas, y todas las personas, teman a Dios, pongan su confianza en Él y lleven a la práctica los principios de su santa religión que Dios nos ha revelado.
Quisiera expresar unas palabras de elogio hacia muchos de nuestros hermanos; creo que se aplicarían a muchos de ustedes aquí. No tengo disposición a buscar faltas, pero sí a hablar con bondad de muchos de mis hermanos y hermanas en muchas de sus actividades. En lo referente al diezmo, por ejemplo, creo que durante el último año se han pagado unos cincuenta mil dólares más que el año anterior. Esto habla bien de los Santos de los Últimos Días; no es que el Señor no pudiera arreglárselas muy bien sin estas cosas, sino que quiere probar a Su pueblo. Sin embargo, esto demuestra que hay un aumento en la dirección correcta y un sentimiento apropiado que debe existir entre los santos. Por eso dice el Señor: “Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. El Señor quiere probar a Su pueblo y tendrá un pueblo probado y comprobado, y esta es una de las maneras que ha escogido para hacerlo. Además de este diezmo, se han gastado en este templo y en el templo de Logan unos doscientos cincuenta mil dólares; esto es muy meritorio, además de un diezmo bastante considerable añadido a ello. Creo que puedo pronunciar palabras de bien en el nombre del Señor a un pueblo que haga eso, es decir, si dejamos de lado todas las cosas malas. Sigamos haciendo el bien. Ustedes han hecho aquí aproximadamente tanto como ellos han hecho en Logan, y ellos esperan levantar este verano los muros de su templo hasta la altura prevista para el techo. Pero no tuvieron que hacer los cimientos que ustedes han tenido que hacer aquí. Se cometió algún error al disponer estas montañas aquí; no parecen tener la forma correcta; pero podemos darles la forma correcta, ya saben. Las Escrituras hablan de que las montañas serán derribadas. Pues bien, ustedes han hecho bastante para nivelar esta. Dios está complacido con ustedes, y todo marcha bien, y digo esto para alentarlos.
Me complace ver la participación de las hermanas en sus Sociedades de Socorro. Están haciendo una buena obra y sus labores les honran. Y luego están nuestras Asociaciones de Mejoramiento Mutuo de Hombres Jóvenes y de Señoritas; están progresando muy bien. Y también sus asuntos educativos marchan bastante bien. ¿No es eso lo que le he entendido, hermano Petersen? [Presidente Canute Petersen: Sí, señor; bastante bien]. No queremos que personas ajenas enseñen a nuestros hijos, ¿verdad? Creo que no. No queremos que nos enseñen cómo llegar al cielo, ¿verdad? Si lo quisiéramos, no serviría de nada, porque no conocen el camino. Pues bien, entonces no queremos que manipulen la mente de nuestros pequeños. Verán el día en que Sion estará tan adelantada al mundo exterior en todo lo relacionado con el aprendizaje de cualquier clase como lo estamos hoy en cuanto a los asuntos religiosos. Recuerden mis palabras, anótenlas y vean si no se cumplen. No dependemos de ellos, sino del Señor. No recibimos de ellos nuestro sacerdocio ni nuestra información acerca de Su ley; vino de Dios. El mundo profesa saber algo acerca de lo que llama ciencia, literatura y artes. ¿De dónde obtuvo su conocimiento de estas cosas? ¿Y qué es lo que realmente sabe? Sabe algo acerca de las leyes de la naturaleza. ¿Quién hizo esas leyes? Dios las hizo, y Él sabe cómo gobernarlas; y por Su poder omnipotente son gobernadas.
Recuerdo haber hablado hace algún tiempo con algunos científicos célebres de Europa, y les expliqué algunos de los principios relacionados con los cuerpos celestes que fueron revelados por medio del profeta José Smith. Se asombraron al saber que ideas tan grandiosas pudieran darse a conocer por medio de alguien relativamente poco instruido. Uno de ellos comentó que eran los principios más magníficos de los que había oído hablar; otro dijo que había leído y estudiado mucho, pero que todavía le quedaba muchísimo por aprender. Estamos, como dirían los franceses, en rapport con Dios; es decir, en comunicación con Dios. Vivamos de tal manera que podamos mantenerla, para que los ángeles puedan ministrarnos y el Santo Espíritu more con nosotros. Hemos recibido Su guía e instrucción. Ahora nos corresponde avanzar de verdad en verdad, de inteligencia en inteligencia y de sabiduría en sabiduría. Y mientras las naciones se desmoronen y los tronos sean derribados, y el Dios de los cielos se levante y haga temblar terriblemente la tierra, mientras los elementos se derritan con calor abrasador en cumplimiento de la profecía antigua y moderna, mientras estas cosas sucedan, Él susurrará paz a Sion. Pero los juicios comenzarán por la casa de Dios. Tenemos que pasar por algunas de estas cosas, pero será muy poco en comparación con la terrible destrucción, la miseria y el sufrimiento que sobrevendrán al mundo, cuyos habitantes están destinados a sufrir la ira de Dios. Nos corresponde, como santos de Dios, permanecer firmes y fieles en la observancia de Sus leyes, para que seamos dignos de Su cuidado protector y de Su bendición.
Ahora unas palabras sobre otros asuntos. Necesitamos élderes que vayan a predicar el Evangelio. Pero algunas personas dirán: “Aquí hay un joven que es un poco alocado; si saliera al extranjero, quizás se reformaría”. Hermano Peterson, no queremos que tales personas vayan como representantes del Evangelio de Jesucristo. Y les digo a ustedes, presidentes de estaca, que no queremos ese orden de cosas; queremos hombres que tengan en su interior el don del Espíritu Santo, hombres que tengan en ellos el don y el poder de Dios. No queremos que los hombres salgan al extranjero para reformarse. No son aptos para vivir en Sion si no pueden reformarse en casa. Debemos tener hombres llenos de fe y del Espíritu Santo. Y ustedes, setentas y sumos sacerdotes, despierten al sentido de la responsabilidad de sus llamamientos, desechen sus insensateces y necedades, y sientan que son verdaderamente siervos del Dios viviente, porque Dios les pedirá cuentas del sacerdocio que poseen. Por tanto, honren al Señor y magnifiquen el sacerdocio, y cuando salgan a las naciones llevando la preciosa semilla, los ángeles irán con ustedes y el don del Espíritu Santo los acompañará en sus ministraciones; y aunque vayan llorando, llevando la preciosa semilla del Evangelio, volverán con regocijo, trayendo consigo sus gavillas.
Quizás ya haya hablado bastante. Hermanos y hermanas, que Dios los bendiga. Y que Dios bendiga a las Sociedades de Socorro y a las asociaciones de hombres jóvenes y de señoritas; y que Dios bendiga a su presidente y a sus consejeros, a sus obispos y a sus consejeros, y a todos los que temen a Dios y obran con rectitud. Y que el Señor Dios ponga un garfio en las quijadas de nuestros enemigos que procuran perjudicarnos y destruirnos, para que no tengan poder contra el Israel de Dios. Y que Dios bendiga a todo Israel, para que Sion se levante y resplandezca y la gloria de Dios descanse sobre ella. Lo pido en el nombre de Jesús. Amén.



























