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Los Niños Pequeños y la Santa Cena
Pregunta: “¿Es apropiado que los niños pequeños que aún no tienen la edad suficiente para ser bautizados participen de la santa cena, especialmente aquellos que no pueden comprender las cosas más sencillas acerca del Salvador, y mucho menos recordarlo o guardar sus mandamientos? ¿Cuál es la historia de esta práctica y en qué escritura se basa?”
Respuesta: Puede ser cierto que algunos de los niños más pequeños que asisten a la Escuela Dominical y a las reuniones sacramentales con sus padres son demasiado pequeños para comprender el significado de esta sagrada ordenanza, pero ¿qué perjuicio puede venirles a ellos o a la ordenanza si se les permite participar? Sabemos que los sentimientos de nuestro Salvador hacia los niños pequeños eran muy tiernos. Cuando los padres los llevaron a Él para que los bendijera, sus discípulos consideraron que aquello era un acto inapropiado. Quizás estaban preocupados por el Salvador y pensaban que aquello era una carga para Él; por lo tanto, procuraron impedirlo, pero el Salvador les respondió:
Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.
Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí. (Mateo 19:14–15.)
No tenemos evidencia de que a los niños pequeños se les haya negado jamás este privilegio desde la restauración del evangelio. El presidente Wilford Woodruff concedió este privilegio a los niños de las Escuelas Dominicales sin consideración de edad. Si los niños pequeños pertenecen al reino de Dios, ¿cómo podría imponérseles alguna restricción en un asunto como este? Además, por revelación se nos enseña que los niños pequeños son redimidos si mueren en su tierna infancia, porque este decreto fue establecido desde la fundación del mundo: que por medio de la misericordia y redención de Jesucristo todos los niños pequeños que mueren serán salvos, y Satanás no tiene poder sobre ellos. (D. y C. 29:46–47.)
LOS NIÑOS PEQUEÑOS ESTÁN SIN PECADO
También se ha revelado que “todos los niños que mueren antes de llegar a los años de responsabilidad son salvos en el reino celestial de los cielos”. (History of the Church, tomo 2, pág. 381). A los padres se les manda enseñar a sus hijos a comprender los principios del evangelio desde su más temprana infancia; enseñarles a entender la doctrina del arrepentimiento, la fe en Jesucristo, la ordenanza del bautismo para la remisión de los pecados y la oración, antes de que alcancen la edad de responsabilidad, para que sepan por qué estas ordenanzas y principios son partes esenciales del evangelio de Jesucristo. (D. y C. 68:25–28.) Si los padres descuidan este importante deber, entonces el pecado recaerá sobre ellos.
Quizás subestimamos la inteligencia de nuestros niños pequeños. ¿Qué tan pequeños deben ser antes de que puedan comenzar a comprender? Cuando el Salvador visitó a los nefitas, bendijo a sus niños pequeños tal como lo hizo con los de Palestina. Este incidente merece una consideración detenida aquí:
Y cuando hubo dicho estas palabras, lloró, y la multitud dio testimonio de ello; y tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo, y oró al Padre por ellos.
Y después de haber hecho esto, lloró otra vez;
Y habló a la multitud, diciéndoles: He aquí a vuestros pequeñitos.
Y mientras miraban para contemplarlos, alzaron los ojos al cielo, y vieron abrirse los cielos, y vieron ángeles que descendían del cielo como en medio de fuego; y bajaron y rodearon a aquellos pequeñitos, y fueron rodeados de fuego; y los ángeles les ministraban. (3 Nefi 17:21–24.)
Y he aquí, aconteció al día siguiente que la multitud se reunió, y vieron y oyeron a estos niños; sí, aun los pequeñitos abrieron la boca y pronunciaron cosas maravillosas; y las cosas que pronunciaron fueron prohibidas para que ningún hombre las escribiera. (Ibíd., 26:16.)
No hay razón para que ningún miembro de la Iglesia se preocupe por el hecho de que los niños pequeños participen de la santa cena. Lo más importante es asegurarnos de que nosotros, que hemos alcanzado la plena madurez, nos mantengamos dignos de esta sagrada ordenanza.

























