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El Matrimonio en el Cielo
Pregunta: “¿Cómo reconcilian las palabras de Jesús en Mateo 22:23–31 y en Lucas 20:27–38 con la creencia de que habrá matrimonio en el cielo? Estos pasajes parecen ser claros en que tal cosa no existe y contradicen las revelaciones dadas al profeta José Smith. El asunto surgió en nuestra clase y nadie pareció ser capaz de dar una explicación adecuada.”
Respuesta: Las palabras del Salvador a los saduceos en respuesta a su pregunta son perfectamente correctas en este caso. Esto queda claro cuando descubrimos que los saduceos que lo interrogaban no creían en la resurrección de los muertos; no creían en ningún matrimonio en la vida venidera. Por lo tanto, no había otra respuesta que el Señor pudiera haberles dado. Para comprender claramente este asunto debemos entender la historia, que es la siguiente:
Entonces llegaron a él algunos de los saduceos, los cuales niegan que haya resurrección, y le preguntaron,
Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome a la mujer y levante descendencia a su hermano.
Hubo, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa y murió sin hijos.
Y la tomó el segundo por mujer, el cual también murió sin hijos.
La tomó el tercero, y así todos los siete; y murieron sin dejar descendencia.
Finalmente murió también la mujer.
En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer.
Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan y se dan en casamiento;
Mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento.
Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios al ser hijos de la resurrección.
Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.
Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven. (Lucas 20:27–38.)
EN ARMONÍA CON LA DOCTRINA DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
Esta respuesta del Señor estaba de acuerdo con la insensatez de ellos. Es la misma doctrina que él dio a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, como sigue:
He aquí, mi casa es una casa de orden, dice el Señor Dios, y no una casa de confusión.
¿Aceptaréis una ofrenda, dice el Señor, que no se haga en mi nombre?
¿O recibiré de vuestras manos aquello que yo no he designado?
¿Y os designaré algo, dice el Señor, si no es por ley, tal como yo y mi Padre os lo ordenamos antes que el mundo fuese?
Yo soy el Señor tu Dios; y te doy este mandamiento: que ningún hombre vendrá al Padre sino por mí o por mi palabra, que es mi ley, dice el Señor.
Y todo lo que hay en el mundo, ya sea ordenado por los hombres, por tronos, principados, potestades o cosas de renombre, cualquiera que sean, que no sean por mí o por mi palabra, dice el Señor, será derribado y no permanecerá después que los hombres hayan muerto, ni en la resurrección ni después de ella, dice el Señor vuestro Dios.
Porque todo cuanto permanece es por mí; y todo cuanto no es por mí será sacudido y destruido.
Por tanto, si un hombre toma una mujer en el mundo y no la toma por mí ni por mi palabra, y hace convenio con ella mientras él esté en el mundo y ella con él, su convenio y matrimonio no tendrán vigor cuando estén muertos y cuando hayan salido del mundo; por consiguiente, no estarán ligados por ninguna ley cuando hayan salido del mundo.
Por tanto, cuando hayan salido del mundo, ni se casan ni se dan en casamiento; sino que son designados ángeles en el cielo, ángeles que son siervos ministrantes para ministrar a aquellos que son dignos de una gloria mucho mayor, más excelente y eterna.
Porque estos ángeles no permanecieron en mi ley; por tanto, no pueden ser engrandecidos, sino que permanecen separados y solos, sin exaltación, en su condición de salvación por toda la eternidad; y desde entonces no son dioses, sino ángeles de Dios para siempre jamás. (D. y C. 132:8–17.)
EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA RESPUESTA DEL SALVADOR
Así que aquí tenemos el verdadero entendimiento de la respuesta del Salvador a los saduceos. Si por alguna casualidad algunos de los que creían como ellos y, por consiguiente, se habían casado solamente por el tiempo de esta vida, resultaban dignos de obtener aquel mundo, es decir, el reino de Dios, tendrían que entrar allí separados y solos para convertirse en siervos —ángeles— que ministrarían a aquellos que fueran dignos de la exaltación. Estos saduceos que pudieran ser dignos de un lugar en ese reino estarían exactamente en la misma condición en que se encontrarán los miembros de la Iglesia de Jesucristo si ellos también se han conformado únicamente con una unión civil.
Muy diferente fue la respuesta que el Señor dio a los fariseos cuando acudieron a él para tentarlo acerca del divorcio. Los fariseos creían en la resurrección de los muertos; por lo tanto, el Señor les dijo con relación al matrimonio:
…¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo,
Y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?
Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. (Mateo 19:4–6.)
Aquí tenemos la doctrina del matrimonio eterno enseñada de manera muy definida por nuestro Redentor. ¿Por qué la diferencia en las respuestas? Los saduceos negaban la resurrección y la vida futura; los fariseos aceptaban ambas cosas, y cada grupo recibió una respuesta de acuerdo con su creencia y actitud en la vida. Debe recordarse que el primer matrimonio sobre esta tierra se efectuó antes de que existiera la muerte. En aquel día el Señor dijo: “No es bueno que el hombre esté solo”. Por lo tanto, le dio una esposa. Este matrimonio no estaba destinado a ser roto, y la idea de la muerte y de una separación eterna jamás formó parte de él.
DOCTRINA MAL INTERPRETADA A CAUSA DE LA APOSTASÍA
Desafortunadamente, en la gran apostasía que se extendió sobre la tierra, las palabras del Señor a los fariseos fueron mal interpretadas porque el espíritu de revelación había cesado. Por consiguiente, el mundo cristiano, tanto protestante como católico, ha caído en este error fatal. ¿No vuelve su mente a las numerosas historias y poemas que se han escrito, en los cuales el corazón del poeta ha anhelado la reunión de padres e hijos en la vida venidera? El Señor ha plantado en el corazón de los honestos y devotos ese anhelo, y sin embargo sepultan a sus seres queridos en la más profunda desesperación.
¿Dónde hay un padre o una madre que haya amado a un hijo arrebatado por la muerte que no haya sentido ese profundo anhelo, casi hasta la desesperación, esperando volver a tener a ese hijo? ¿No es esto también cierto de los esposos y esposas que se aman mutuamente? Surge en sus corazones una rebelión contra esta doctrina popular pero terrible. ¿Han olvidado las palabras del apóstol Pablo?
Sin embargo, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor. (1 Corintios 11:11.)
Y además:
Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
De quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra. (Efesios 3:14–15.)

























