Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 2

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El Día del Señor


Pregunta: “Mi vecino… dice que los Santos de los Últimos Días no son verdaderos cristianos porque profanan el verdadero día de reposo, que es el sábado y lo ha sido desde el principio, y que el hombre no tiene derecho a cambiarlo. Sostiene que fue en el séptimo día cuando el Señor descansó de sus labores al crear esta tierra, y que esto fue establecido para perpetuarse a través de las edades; además, afirma que el papa de Roma lo cambió al domingo, y que los protestantes han seguido esta práctica para su propia condenación. ¿Qué respuesta tenemos a esta afirmación?”

Respuesta: La respuesta completa a estas preguntas se encuentra en Doctrina y Convenios, sección 59. Esta revelación fue dada un domingo, el 7 de agosto de 1831, en el condado de Jackson, Misuri. En esta revelación el Señor prometió a los miembros de la Iglesia que buscaban herencias en Misuri que los bendeciría abundantemente si hacían convenio con Él de guardar Sus mandamientos. Serían coronados con bendiciones de lo alto, “sí, con mandamientos no pocos y con revelaciones en su tiempo; ellos que son fieles y diligentes delante de mí”.

Después de hacer esta promesa, el Señor reiteró mandamientos del Decálogo dados en el Sinaí y añadió este mandamiento concerniente al día de reposo:

Darás gracias al Señor tu Dios en todas las cosas.

Ofrecerás un sacrificio al Señor tu Dios en rectitud, sí, el de un corazón quebrantado y un espíritu contrito.

Y para que más íntegramente te conserves sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo;

porque en verdad éste es un día que se te ha señalado para descansar de tus obras y rendir tus devociones al Altísimo; sin embargo, tus votos se ofrecerán en rectitud todos los días y en todo tiempo; pero recuerda que en éste, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísimo, confesando tus pecados a tus hermanos y ante el Señor.

Y en este día no harás ninguna otra cosa, sino preparar tus alimentos con sencillez de corazón, para que tu ayuno sea perfecto, o, en otras palabras, para que tu gozo sea completo.

EL DÍA DEL SEÑOR ES EL DOMINGO

Después de dar este mandamiento, el Señor prometió otras bendiciones que seguirían a la obediencia, y luego añadió:

Y en nada ofende el hombre a Dios, ni contra nadie se enciende su ira, salvo contra aquellos que no reconocen su mano en todas las cosas y no obedecen sus mandamientos.

El día del Señor era, por supuesto, el domingo, y en este día se ha mandado a los Santos de los Últimos Días que observen el día de reposo semanal. En lo que respecta a los Santos de los Últimos Días, el Señor ha hablado. Esto resuelve la cuestión. Quizás hasta aquí sea suficiente para defender nuestra observancia del día de reposo en el primer día de la semana, pero esto no satisfaría a nuestro corresponsal si nos detuviéramos aquí. Además, será de interés general para todos los miembros de la Iglesia considerar algunos comentarios adicionales.

Aquellos que creen que el día de reposo debe observarse el sábado han hecho del día de reposo un fetiche. Han hecho, como los fariseos y saduceos de la antigüedad, que el hombre se ajuste a la medida de su lecho de Procusto y condenan a todos los demás que pueden ser tan devotos como ellos. Parece que han olvidado el consejo de nuestro Señor:

Y les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo; por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo. (Marcos 2:27–28.)

Siendo Él el Señor del día de reposo, tenía el derecho divino de cambiar el día, y eso es exactamente lo que ha hecho.

EL CÁLCULO HUMANO DEL TIEMPO

En primer lugar, puede haber muy poca relación, en cuanto al tiempo, entre el séptimo día de la creación y el séptimo día según el cómputo temporal. Los primeros fueron días según el cálculo de Kolob. Esto lo aprendemos de la revelación dada a Abraham.

…Ahora bien, yo, Abraham, vi que era según el tiempo del Señor, el cual era según el tiempo de Kolob; porque aún los Dioses no habían señalado a Adán su manera de contar el tiempo. (Abraham 5:13.)

Nadie sabe si un tiempo “temporal” fue dado a Adán inmediatamente después de ser expulsado del Edén o no, ni si llegó gradualmente. Nadie lo sabe, y nadie sin revelación del Señor sabría cuál día es el primero y cuál es el último según nuestro cómputo actual. Además, no importa cuál fue el primer día o cuál fue el último día de la semana antes del diluvio. En nuestra Biblia, tal como ha llegado hasta nosotros, hay poca evidencia de que existiera una observancia del día de reposo antes de que el Señor hablara a Moisés en el monte Sinaí. Aun si concedemos que la semana hebrea y el día de reposo hebreo corresponden a nuestro cómputo actual, no se sigue que el día de reposo deba ahora corresponder a la práctica hebrea en la época del ministerio de nuestro Salvador.

Debido a errores en la medición del tiempo, se han añadido días al calendario. Además, el hombre se ha visto en la necesidad de fijar arbitrariamente el tiempo para su conveniencia en ciertas partes de la tierra. Por ello se ha trazado una línea internacional de cambio de fecha a través del Pacífico, en el meridiano 180, de polo a polo, de modo que encontramos islas relativamente cercanas unas a otras situadas a ambos lados de esta línea y, por lo tanto, observando su día de reposo en días diferentes, mientras la misma luz del sol brilla sobre ellas.

ENTRE LOS SANTOS DE LOS DÍAS ANTIGUOS

Existe evidencia de que los miembros de la Iglesia después de la resurrección de Jesucristo cambiaron su día de reposo del último al primer día de la semana, y que los cristianos lo han seguido observando así desde entonces. Universalmente se reconoce que nuestro Salvador estuvo en la tumba durante el día de reposo judío y que salió de ella temprano en la mañana del primer día de la semana.

Los cuatro evangelistas han escrito que fue temprano en la mañana del primer día cuando Jesús se apareció a algunos de sus discípulos, y que en la tarde de ese mismo día, cuando estaban reunidos con las puertas cerradas por temor a los judíos, volvió a aparecerse y les permitió tocar las marcas de las heridas en sus manos, costado y pies. En esa ocasión los instruyó.

Ocho días después, o sea, nuevamente en el primer día de la semana, se apareció otra vez y les dio más instrucción, además de reprender a Tomás por su incredulidad. Esto indicaría que el propio Señor había cambiado la fecha del día de reposo y que, desde entonces en adelante, debía observarse el primer día de la semana.

Es cierto que en el Nuevo Testamento no se dice mucho acerca del cambio del día de reposo, pero las cosas comunes rara vez reciben mención frecuente. Sin embargo, hay referencias que señalan claramente el hecho de que el tiempo del día de reposo había sido cambiado al día del Señor.

En el libro de los Hechos se registra lo siguiente:

Y el primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche. (Hechos 20:7.)

EL SACRAMENTO SE ADMINISTRABA EN EL DÍA DE REPOSO

Debe concederse que ellos no partían el pan, o, en otras palabras, no administraban el sacramento, excepto en el día de reposo. También parece significativo que fuera en el primer día de la semana cuando Pablo aconsejó a los miembros de la Iglesia en Corinto que cada uno apartara algo según hubiera prosperado, “guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”. (1 Corintios 16:2.)

Asimismo, es significativo que el Señor diera a Juan la gran revelación en el día del Señor, o sea, el primer día de la semana, diciendo:

Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves. (Apocalipsis 1:11.)

También se registra que Ignacio, discípulo del apóstol Juan, dijo:

Todo amante de Cristo celebra el día del Señor, consagrado a la resurrección de Cristo como la reina y principal de todos los días. (Samuel Walter Gamble, Sunday, the True Sabbath of God, p. 150.)

El Dr. Adam Clarke, en su comentario sobre Apocalipsis 1:10, dice:

“El día del Señor”, el primer día de la semana, observado como el día de reposo cristiano, porque en él Jesucristo resucitó de entre los muertos; por eso fue llamado el día del Señor, y ha sustituido al día de reposo judío en todo el mundo cristiano.

El Dr. Thomas Scott, comentando este mismo versículo, dice:

Esto ocurrió “en el día del Señor”, lo cual no puede significar otro día que aquel en que el Señor Jesús resucitó de entre los muertos, es decir, el primer día de la semana; y constituye una prueba concluyente de que el primer día fue apartado y santificado por los cristianos primitivos en conmemoración de ese gran acontecimiento; pues ¿por qué otra razón habría sido mencionado de esa manera?

En el comentario de Jamieson, Fausset y Brown sobre este mismo pasaje se registra lo siguiente:

…en el día del Señor. Aunque Juan estaba forzosamente separado de la comunión de la Iglesia con los hermanos en el santuario durante el día del Señor, la conmemoración semanal de la resurrección, mantenía comunión espiritual con ellos. Esta es la mención más antigua del término “día del Señor”. Pero la consagración de ese día para la adoración, las limosnas y la Cena del Señor está implícita en Hechos 20:7; 1 Corintios 16:2; compárese con Juan 20:19–26. El nombre corresponde a la expresión “Cena del Señor” (1 Corintios 11:20). Ignacio parece aludir al “día del Señor” (Ad Magnesios, 9), e Ireneo en Quaestiones ad Orthodoxos 115 (en Justino Mártir). Justino Mártir, Apología 2:98, etc., escribió: “El domingo celebramos nuestra reunión común; porque fue el primer día en que Dios, habiendo apartado las tinieblas y el caos, hizo el mundo, y Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos. El día antes del sábado lo crucificaron, y el día después del sábado, que es domingo, habiéndose aparecido a sus apóstoles y discípulos, les enseñó estas cosas”. Sin duda, Plinio se refiere al día del Señor cuando escribió (Epístolas 97, Libro 10): “Los cristianos, en un día señalado antes del amanecer, se reúnen y cantan un himno a Cristo como Dios”.