Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 2

25
Las Enseñanzas de
las Autoridades de la Iglesia


Pregunta: “¿Hasta qué punto deben los miembros de la Iglesia aceptar como verdad absoluta las declaraciones que hacen las autoridades de la Iglesia en sus libros y sermones? Algunos miembros afirman que estas no tienen valor alguno a menos que sean citas textuales de las Obras Canónicas. Si esto es así, ¿dónde podemos acudir para recibir orientación e instrucción detallada acerca de los puntos más finos de nuestras doctrinas?”

Respuesta: En primer lugar, conviene decir que no debería haber “laicos” en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si los hay, entonces han descuidado las responsabilidades y obligaciones que el Señor ha puesto sobre ellos. El Señor ha restaurado su evangelio y su sacerdocio, y es deber de cada miembro varón de la Iglesia conocer la verdad, pues cada uno tiene derecho a la guía del Espíritu Santo si es fiel, y a ser poseedor del sacerdocio. Incluso las mujeres de la Iglesia tienen la obligación de comprender las doctrinas de la Iglesia y vivir de acuerdo con ellas.

El Señor, al hablar a Jeremías con respecto a la época en que vivimos, hizo la siguiente predicción:

He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo convenio con la casa de Israel y con la casa de Judá;

No como el convenio que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi convenio, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.

Pero este es el convenio que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado. (Jeremías 31:31–34.)

LAS OBRAS CANÓNICAS SON EL FUNDAMENTO DE NUESTRA FE

El Señor nos ha dado las cuatro Obras Canónicas que constituyen el fundamento de nuestra fe. Cada miembro de la Iglesia debería estar tan bien versado en ellas que él o ella pudiera discernir si cualquier doctrina enseñada se ajusta o no a la palabra revelada del Señor.

Además, los miembros de la Iglesia tienen derecho, si están guardando plenamente los mandamientos y convenios que el Señor nos ha dado, a poseer el espíritu de discernimiento. Sin embargo, el hecho es que demasiados miembros no han aprovechado sus bendiciones y obligaciones, y por lo tanto son incapaces de distinguir entre la verdad y el error.

Los miembros “laicos” de la Iglesia tienen la obligación de aceptar las enseñanzas de las autoridades, a menos que puedan descubrir en ellas algún conflicto con las revelaciones y mandamientos que el Señor ha dado. Hay ocasiones en que los hermanos que presiden han expresado sus propias opiniones sobre diversos asuntos. Tienen perfecto derecho a hacerlo. Han diferido en cuestiones políticas; algunos pertenecen a un partido político y otros a otro. Tienen pleno derecho a ello. Pero cuando el Señor ha hablado por medio de su siervo que posee las llaves, debe haber unidad entre los miembros de la Iglesia.

UNA CLAVE PARA ENTENDER

El Señor nos ha dado una clave mediante la cual podemos guiarnos. Se encuentra en la Sección 68 de Doctrina y Convenios:

Y he aquí, y he aquí otra vez, este es un ejemplo para todos aquellos que son ordenados a este sacerdocio, cuya misión les es señalada para salir a predicar—

Y este es el ejemplo para ellos: que hablarán conforme sean inspirados por el Espíritu Santo.

Y todo lo que hablen cuando sean inspirados por el Espíritu Santo será Escritura, será la voluntad del Señor, será la mente del Señor, será la palabra del Señor, será la voz del Señor y el poder de Dios para salvación. (D. y C. 68:2–5.)

No hay nada más importante en la vida de los miembros de la Iglesia que poseer el don del Espíritu Santo. No hay nada de mayor importancia para el miembro individual de la Iglesia que el don del conocimiento, y este no viene por mera observación, sino por el estudio constante y la fe. Cada miembro que posee el sacerdocio debería estar tan bien instruido que la luz de la verdad estuviera constantemente en su corazón.

Ninguna autoridad de la Iglesia, cuando es guiada por el Espíritu Santo, enseñará jamás una doctrina que sea contraria a la palabra revelada del Señor. Puede expresar una opinión, un punto de vista personal, pero al hacerlo debe declararlo claramente. Los escritos de Pablo no fueron enviados a los santos de las diversas partes del mundo como doctrina completa en todos los aspectos. Hubo ocasiones en que Pablo expresó su propia opinión. Las autoridades de la Iglesia tienen el mismo privilegio, pero cuando lo hacen, deben dejar perfectamente claro que se trata de una opinión personal.

Cuando poseen la inspiración del Espíritu del Señor, los miembros de la Iglesia también deberían, por medio de su fe y obediencia, tener ese mismo Espíritu. El Espíritu del Señor dará testimonio a nuestro espíritu, bajo tales condiciones, de que lo que se ha dicho es verdadero.

MUCHAS VERDADES SERÍAN REVELADAS

Hay muchas cosas que el Señor revelaría a su pueblo si estuvieran preparados para recibirlas. Él dijo a los miembros que se estaban reuniendo en Misuri en el año 1831:

Sí, benditos sois vosotros cuyos pies están sobre la tierra de Sión, que habéis obedecido mi evangelio; porque recibiréis como recompensa las cosas buenas de la tierra, y ella producirá con toda su fuerza.

Y también seréis coronados con bendiciones de lo alto, sí, y con mandamientos no pocos, y con revelaciones a su debido tiempo; aquellos que son fieles y diligentes delante de mí. (Ibíd., 59:3–4.)

Los santos no fueron en todos los casos fieles y rectos; por lo tanto, estas bendiciones les fueron retenidas, y todavía las estamos esperando. Sin embargo, recordemos que el Señor está guiando a su pueblo. Él les está dando revelación y consejo para su orientación. Los hermanos que presiden están enseñando la verdad divina y laboran bajo la dirección del Espíritu Santo, y cada miembro de la Iglesia debería estar tan en armonía con el Espíritu del Señor que pudiera tener discernimiento y saber si, en algún momento, se estuviera enseñando algo contrario a la palabra revelada.

Una gran dificultad de nuestros días es que el mundo se está apartando de Dios. Prevalecen doctrinas y teorías contrarias a la verdad divina, y la palabra del Señor a los miembros de la Iglesia debe ser atendida hoy, quizá más que nunca antes, para que los miembros no sean engañados ni pierdan su fe.

Pero se os manda en todas las cosas pedir a Dios, que da generosamente; y aquello que el Espíritu os testifique, eso quisiera que hicierais con toda santidad de corazón, andando rectamente delante de mí, considerando el fin de vuestra salvación, haciendo todas las cosas con oración y acción de gracias, para que no seáis seducidos por espíritus malignos, ni por doctrinas de demonios, ni por mandamientos de hombres; porque algunos son de hombres y otros de demonios.

Por tanto, guardaos de ser engañados; y para que no seáis engañados, buscad diligentemente los mejores dones, recordando siempre para qué son dados. (Ibíd., 46:7–8.)