Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 2

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“Como es el hombre, Dios una vez fue”


Pregunta: “¿Tendría la bondad de explicar estas dos expresiones: ‘Sabemos que hay un Dios en los cielos, que es infinito y eterno, de eternidad en eternidad’, y ‘Como es el hombre, Dios una vez fue; como Dios es, el hombre puede llegar a ser’?”

Respuesta: “De eternidad en eternidad” significa desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura, según la comprensión del hombre; desde la preexistencia, pasando por la vida temporal (mortal), hasta la eternidad que sigue a la resurrección. El Salvador dijo:

. . . No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. (Juan 5:19.)

De esta declaración deducimos que el Hijo estaba haciendo lo que el Padre había hecho antes que él. Sin embargo, en lo que respecta al Padre, dejaremos ese asunto hasta que recibamos más conocimiento, cuando y si llegamos a ser glorificados en su reino. Por lo tanto, trataremos este tema en relación con el Hijo, Jesucristo.

CRISTO ES NUESTRO HERMANO MAYOR

Aceptamos a Jesucristo como Dios: el Unigénito del Padre en la carne y el Primogénito en el Espíritu. Por lo tanto, él es nuestro hermano mayor, pues nosotros también somos descendencia de Dios. (Juan 20:17; Hechos 17:26–29.) Sabemos que Jesús, el Hijo de Dios, vino a este mundo como un niño.

Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. (Lucas 2:40.)

Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu, y estuvo en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel. (Ibíd., 1:80.)

Así vemos que Jesús vino a este mundo como un bebé y tuvo que comenzar tal como lo hacen los demás niños, aprendiendo línea por línea y precepto por precepto. En este sentido, su vida y nuestras vidas son paralelas, en lo que respecta a la mortalidad; siendo la gran diferencia que él es el Unigénito de Dios el Padre en la carne.

NOSOTROS TAMBIÉN PODEMOS RECIBIR LA PLENITUD

Ahora bien, el Padre nos ha prometido que, si somos obedientes a sus mandamientos, también avanzaremos línea por línea y precepto por precepto hasta que nosotros también podamos recibir la plenitud y llegar a ser hijos e hijas de Dios. Si llegamos a ser hijos de Dios mediante la obediencia al evangelio, entonces seremos semejantes a él. Así como él fue como nosotros somos, nosotros podemos llegar a ser como él es, y esto es buena doctrina respaldada por las Escrituras.

Presentemos algunos pasajes de las Escrituras que muestran que quienes son fieles en guardar sus mandamientos también llegarán a ser hijos de Dios y tendrán derecho a las bendiciones de la plenitud en el reino del Padre. Los judíos acusaron a Jesús de blasfemia porque dijo que era el Hijo de Dios; él les respondió:

¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?

Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y la Escritura no puede ser quebrantada;

¿Decís vosotros de aquel a quien el Padre santificó y envió al mundo: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? (Juan 10:34–36.)

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. (1 Juan 3:1–4.)

Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. (Romanos 8:13–17.)

El que venciere heredará todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo. (Apocalipsis 21:7.)

OTRAS EVIDENCIAS DE LAS ESCRITURAS

Todos estos pasajes han sido tomados de la Biblia. Hay muchos más en las revelaciones dadas al profeta José Smith que sostienen esta doctrina y armonizan perfectamente con las de la Biblia. He aquí uno de la Perla de Gran Precio:

Y él (Adán) oyó una voz desde los cielos que decía: Tú eres bautizado con fuego y con el Espíritu Santo. Este es el registro del Padre y del Hijo, desde ahora y para siempre.

Y tú eres según el orden de aquel que no tuvo principio de días ni fin de años, desde toda eternidad hasta toda eternidad.

He aquí, tú eres uno en mí, un hijo de Dios; y así todos pueden llegar a ser mis hijos. Amén. (Moisés 6:66–68.)

El Señor reveló al profeta José Smith muchas cosas relacionadas con la salvación y exaltación del hombre, las cuales durante las épocas de oscuridad se perdieron para el mundo, pero que tienen una importancia vital para todos aquellos que buscan las bendiciones de la vida eterna. Entre ellas están las siguientes:

Y los que vencen por la fe, y son sellados por el Santo Espíritu de la promesa, que el Padre derrama sobre todos los que son justos y verdaderos.

Éstos son los de la iglesia del Primogénito.

Éstos son aquellos en cuyas manos el Padre ha puesto todas las cosas;

Éstos son los que son sacerdotes y reyes, que han recibido de su plenitud y de su gloria;

Y son sacerdotes del Altísimo, según el orden de Melquisedec, que fue según el orden de Enoc, que fue según el orden del Unigénito.

Por tanto, como está escrito, son dioses, sí, los hijos de Dios;

Por tanto, todas las cosas son de ellos, ya sea la vida o la muerte, las cosas presentes o las venideras; todas son de ellos, y ellos son de Cristo, y Cristo es de Dios.

Y vencerán todas las cosas. (D. y C. 76:53–60.)

Y también todos los que reciben este sacerdocio me reciben a mí, dice el Señor;

Porque el que recibe a mis siervos, me recibe a mí;

Y el que me recibe a mí, recibe a mi Padre;

Y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; por tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado.

Y esto es conforme al juramento y convenio que pertenecen al sacerdocio. (Ibíd., 84:35–39.)

EL SALVADOR PASÓ POR LAS PRUEBAS DE LA MORTALIDAD

De estas y de muchas otras escrituras que han sido reveladas para nuestro conocimiento, obediencia y exaltación, aprendemos que Jesucristo pasó por todas las vicisitudes, tentaciones y pruebas de la vida mortal tal como nosotros las hemos experimentado. Nació como un niño indefenso, tuvo que ser alimentado, instruido y “creció en sabiduría, estatura y gracia para con Dios y los hombres”, tal como nosotros debemos hacerlo al guardar los mandamientos.

Además, descubrimos que las promesas de exaltación para llegar a ser coherederos con él y convertirnos en hijos de Dios, poseyendo la plenitud del reino del Padre, han de ser nuestro don, y hemos de llegar a ser semejantes a él.

Por lo tanto, el encabezado de este artículo debe ser verdadero.