28
La Aparición del Señor al
Hermano de Jared
Pregunta: “Hay varias referencias que testifican del hecho de que el Señor apareció a profetas antiguos antes del diluvio; sin embargo, leemos en el Libro de Mormón, Ether 3:6–16, que el Señor nunca se había mostrado al hombre antes de los días del hermano de Jared. ¿Qué explicación puede ofrecerse para aclarar esta aparente contradicción?”
Respuesta: No existe contradicción alguna. Cuando Adán estaba en el Jardín de Edén y antes de la Caída, se hallaba en la presencia de Dios el Padre. Caminaba con Dios, porque estaba libre de pecado y poseía un cuerpo eterno que podría haber perdurado para siempre. (2 Nefi 2:22.) Cuando él y Eva participaron del fruto prohibido, fueron expulsados de la presencia del Padre y quedaron sujetos a la muerte, o sea, a la condición mortal. Desde ese momento en adelante, Jesucristo llegó a ser el Abogado y Mediador entre el Padre y la humanidad. Esta caída trajo la primera muerte, o muerte espiritual, así como la mortalidad sobre Adán. Ahora bien, hay varias referencias en el Antiguo Testamento que declaran que el Señor apareció a Enoc y habló con él. Enoc escribió que el Señor le mandó subir al monte Simeón, y allí dijo Enoc:
Vi al Señor; y él estaba delante de mi rostro, y habló conmigo, así como un hombre habla con otro, cara a cara. (Moisés 7:4.)
En la Biblia, todo lo que se registra es lo siguiente:
Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas;
Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años;
Y caminó Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. (Génesis 5:22–24.)
EL HERMANO DE JARED VIO AL SEÑOR EN SU PLENITUD
Es cierto que el Salvador apareció a los profetas antes del diluvio, pero es evidente que no se reveló a sí mismo en la plenitud en que lo hizo al hermano de Jared. Hablar “cara a cara”, como se declara en esta revelación, no significa que el Señor no apareciera en una nube, o que su cuerpo no estuviera parcialmente oculto a la vista del profeta. Todo esto podía ocurrir y, aun así, el Señor permanecer parcial o incluso completamente oculto de la vista del profeta. La gran diferencia radica en esto, lo cual la conversación del Señor con el hermano de Jared indica claramente: el Salvador estaba conversando con el hermano de Jared en persona, sí, evidentemente cara a cara; sin embargo, el Señor estaba oculto por un velo. El hermano de Jared sabía que el Señor estaba allí, pero evidentemente no comprendía que el Señor tenía un cuerpo, aparentemente de carne y huesos. Mediante su gran fe pudo ver el dedo del Señor cuando este tocó las piedras. Tan asombrado quedó el profeta que cayó a tierra lleno de temor, pensando que el Señor podría herirlo. Después de recibir la seguridad de que todo estaba bien, ocurrió la siguiente conversación:
Y el Señor le dijo: Por tu fe has visto que tomaré sobre mí carne y sangre; y nunca ha venido hombre ante mí con tan grande fe como tú; porque de no haber sido así, no habrías podido ver mi dedo. ¿Has visto más que esto?
Y él respondió: No; Señor, muéstrate a mí.
Y el Señor le dijo: ¿Crees las palabras que voy a hablar?
Y él respondió: Sí, Señor, sé que hablas la verdad, porque eres un Dios de verdad y no puedes mentir. (Éter 3:9–12.)
Entonces el Señor le reveló todo su cuerpo, y después dijo:
Y nunca me he mostrado al hombre que he creado, porque nunca hombre alguno ha creído en mí como tú has creído. ¿Ves que sois creados según mi propia imagen? Sí, todos los hombres fueron creados en el principio según mi propia imagen.
He aquí, este cuerpo que ahora contemplas es el cuerpo de mi espíritu; y al hombre he creado según el cuerpo de mi espíritu; y así como me aparezco a ti en el espíritu, así apareceré a mi pueblo en la carne. (Ibid., 3:15–16.)
De modo que el Salvador mostró al hermano de Jared todo su cuerpo, exactamente como aparecería cuando morara entre los hombres en la carne.
MUCHOS VIERON A CRISTO DESPUÉS DE SU RESURRECCIÓN
Es una conclusión razonable, y completamente acorde con los hechos, que el Señor nunca antes se había revelado de manera tan completa y de tal forma. Podemos creer sinceramente que muy pocos de los antiguos profetas contemplaron alguna vez la persona completa del Señor. Es muy probable que Moisés sí lo viera. Generalmente, los profetas lo contemplaban en visión durante los años anteriores a su resurrección. Desde entonces, él ha sido visto. El ángel del libro de Apocalipsis describe su cuerpo glorioso; también lo hicieron José Smith y Oliver Cowdery cuando el Señor se les apareció en el Templo de Kirtland. Se apareció a los nefitas, quienes tuvieron la oportunidad de ver las heridas de sus manos y pies, tal como también las vieron los discípulos en Jerusalén. Cuando el Salvador aparezca a los judíos como su libertador, ellos lo verán en persona y le preguntarán dónde recibió las heridas en sus manos y pies. Él les responderá: “Con ellas fui herido en casa de mis amigos”. (Zacarías 13:6.)

























