Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 2

16
¿Se Realizaba Obra por los Muertos
Antes de la Época de Cristo?


Pregunta: “Al hablar sobre la obra por los muertos, surgió la pregunta: ‘¿Se realizaba obra en el templo por los muertos antes de la época de Cristo?’ La mayoría decidió que no se realizaba tal obra. Sin embargo, un miembro no estuvo de acuerdo y preguntó qué se hacía entonces en los templos en los tiempos del Antiguo Testamento, si no era obra por los muertos. ¿Podría aclararnos esto para que todos estemos completamente de acuerdo?”

Respuesta: No se realizó ninguna obra por los muertos sino hasta después de que el Salvador abrió el camino cuando visitó a los espíritus encarcelados. La obra que se efectuaba en el tabernáculo (o templo) que Moisés construyó en el desierto, y en el templo de Salomón y el templo posteriormente restaurado en Israel, estaba limitada a ordenanzas para los vivos. Que tenían ordenanzas queda claro en los escritos de Moisés en el Pentateuco. El Señor dejó esto perfectamente claro al profeta José Smith con las siguientes palabras, al revelar la necesidad de una casa del Señor donde las ordenanzas pudieran ser restauradas:

Y además, de cierto os digo, ¿cómo serán aceptables para mí vuestros lavamientos, a menos que los efectuéis en una casa que hayáis edificado a mi nombre?

Porque para este fin mandé a Moisés que construyera un tabernáculo, para que lo llevaran consigo en el desierto, y que edificaran una casa en la tierra prometida, para que se revelaran aquellas ordenanzas que habían estado ocultas desde antes de la fundación del mundo. (D. y C. 124:37–38.)

LAS ORDENANZAS ANTIGUAS ESTABAN LIMITADAS A LOS VIVOS

La obra realizada en el desierto y posteriormente en el templo de Jerusalén estaba limitada a ordenanzas para los vivos, como ciertas escrituras muestran claramente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Muchos de los antiguos profetas poseían las llaves del sacerdocio, las cuales les permitían efectuar las ordenanzas y obtener las bendiciones necesarias para tener derecho a un lugar en el reino celestial. Y estas bendiciones continuaron otorgándose a quienes eran dignos, y después de la resurrección de Cristo ellos salieron para recibir su exaltación en el reino celestial.

Todas las ordenanzas por los muertos tuvieron que esperar hasta después de que Jesucristo obtuviera la victoria sobre la muerte; entonces se reveló a Pedro y a sus hermanos la autoridad para oficiar en favor de los muertos. Lamentablemente, en el Nuevo Testamento se ha escrito muy poco acerca de la realización de tales ordenanzas. Pablo nos ha dado la visión más clara en su primera epístola a los santos de Corinto, donde habló del bautismo por los muertos, dando a entender que este principio era bien conocido. Lo utilizó como argumento a favor de la resurrección. En algunos de los escritos de los “primeros padres” también existe cierto conocimiento de que tal doctrina era practicada.

El presidente Brigham Young ha dado una declaración clara que responde plenamente esta pregunta. Dijo él:

Jesús fue el primer hombre que fue a predicar a los espíritus encarcelados, llevando las llaves del Evangelio de salvación para ellos. Esas llaves le fueron entregadas en el día y la hora en que entró en el mundo de los espíritus, y con ellas abrió la puerta de la salvación a los espíritus encarcelados. (Journal of Discourses, p. 378, edición de 1925.)

REFERENCIAS BÍBLICAS RELACIONADAS CON ESTA CUESTIÓN

Hay en la Biblia muchas referencias que tienen relación con este tema. Consideremos primero las palabras del Señor a Isaías:

Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te daré por pacto al pueblo, por luz de las naciones;

Para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.

Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas. (Isaías 42:6–8.)

El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová para anunciar buenas nuevas a los mansos; me ha enviado a vendar a los quebrantados de corazón, a proclamar libertad a los cautivos, y apertura de la cárcel a los presos. (Ibíd., 61:1–2.)

Estas referencias a la apertura de la prisión y a la proclamación de libertad a los cautivos evidentemente se refieren a los muertos que habían permanecido confinados en tinieblas sin conocer su destino. Poco después de que el Salvador iniciara su ministerio, visitó su ciudad natal, Nazaret, y al entrar en la sinagoga le fueron entregadas las Escrituras. Las abrió y leyó las palabras de Isaías, y dijo al pueblo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:21). Es decir, había llegado el tiempo para la predicación del Evangelio y la redención tanto de los vivos como de los muertos.

LÁZARO Y EL HOMBRE RICO

La declaración más contundente del Señor en relación con la condición de los muertos antes de su resurrección se encuentra implícita en la historia del hombre rico y Lázaro. Esta es una de las parábolas más conocidas del Señor. Es tan interesante y pertinente para esta cuestión que vale la pena citar aquí una parte de ella:

Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.

Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas,

Y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.

Y en el infierno alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.

Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate de que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado.

Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá. (Ibíd., 16:19–26.)

Hasta aquí llega la parábola en lo que respecta a nuestra pregunta. Había una gran sima que separaba a quienes no habían obedecido las leyes del evangelio de aquellos que sí lo habían hecho, y no podía cruzarse. Fue esta gran sima la que nuestro Salvador tendió cuando fue a los espíritus encarcelados. La visión del presidente José F. Smith sobre la redención de los muertos está en perfecta armonía con esta parábola. Cristo no fue a los espíritus inicuos encarcelados. Declaró su mensaje a aquellos que eran dignos. Luego organizó sus fuerzas y comisionó a los siervos fieles para que cruzaran la sima y llevaran el mensaje a los que estaban sentados en tinieblas.

LA VISIÓN DE ENOC

Se arroja más luz sobre esta cuestión en la visión dada a Enoc cuando el Señor se le apareció.

Por tanto, puedo extender mis manos y sostener todas las creaciones que he hecho; y mis ojos también pueden penetrarlas; y entre toda la obra de mis manos no ha habido tan grande iniquidad como entre tus hermanos.

Pero he aquí, sus pecados estarán sobre las cabezas de sus padres; Satanás será su padre, y la miseria será su destino; y todos los cielos llorarán por ellos, sí, toda la obra de mis manos; por tanto, ¿cómo no han de llorar los cielos, viendo que estos sufrirán?

Pero he aquí, aquellos sobre quienes ahora pones tus ojos perecerán en las aguas del diluvio; y he aquí, los encerraré; una prisión he preparado para ellos.

Y Aquel que he escogido ha intercedido ante mi faz. Por tanto, él sufrirá por sus pecados; y si se arrepienten el día en que mi Escogido vuelva a mí, serán liberados; y hasta ese día estarán en tormento. (Moisés 7:36–39. Cursivas del autor.)