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Predestinación y libre albedrío
Pregunta: “¿Podría explicar las palabras de Pablo en Efesios, capítulo 1, particularmente los versículos 4 al 7? Estos versículos dicen lo siguiente:
Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor;
Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,
Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.
En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.”
Respuesta: Primero consultemos el diccionario respecto al significado de la palabra predestinación.
1. El acto de predestinar, o el estado de ser predestinado. 2. Teología: la preordenación de todas las cosas por Dios, incluyendo la futura dicha o aflicción del hombre.
Contrariamente a la idea de muchos en el mundo religioso, esto no significa que nuestro Padre Eterno emitiera un decreto en la creación mediante el cual algunos hombres fueran predestinados, o designados, para la condenación eterna y otros para recibir la vida eterna. El significado sencillo es que, en el principio, se establecieron leyes por las cuales el hombre, al recibir esta vida mortal, estaría sujeto a cumplir ciertas reglas y disposiciones definidas que llamamos el Evangelio de Jesucristo.
Se decretó que quienes fueran obedientes a las leyes y mandamientos diseñados para ser observados en esta vida serían bendecidos con la vida eterna, y que quienes se rebelaran estarían sujetos al castigo que sus obras merecieran. Este es un decreto que no puede ser quebrantado. Cada individuo sería juzgado por sus propios actos. Si obraba bien, entonces recibiría la recompensa de la exaltación, y quienes fueran fieles y veraces llegarían a ser hijos e hijas de Dios y morarían eternamente con Él como herederos, con derecho a la plenitud de Su reino. (Romanos 8:12–18; Efesios 3:14–15.)
EL LIBRE ALBEDRÍO ES UN DON DE DIOS
El libre albedrío es uno de los mayores dones de Dios. No podría haber salvación, ni tampoco castigo por el pecado, sin él. Fue este gran principio el que Satanás procuró destruir y por el cual Jesucristo murió en la cruz; y, como lo ha expresado el poeta, cada uno de nosotros hace su propia elección. Podemos aceptar la misión de Jesucristo y serle fieles, o podemos rebelarnos y recibir el castigo merecido. Somos agentes libres en todos estos asuntos.
Sabed esto: que toda alma es libre
De escoger su vida y lo que ha de ser;
Pues esta verdad eterna nos es dada:
Que Dios no forzará a ningún hombre al cielo.
Él llamará, persuadirá y guiará rectamente;
Lo bendecirá con sabiduría, amor y luz;
De incontables maneras será bueno y bondadoso,
Pero jamás forzará la mente humana.
—Wm. C. Gregg

























