Respuestas a Preguntas del Evangelio Volumen 2

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La Misión del Espíritu Santo


Pregunta: “En Mateo 12:31–32, el Salvador habla de la misión del Espíritu Santo: ‘Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu Santo no les será perdonada.

‘Y a cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.’

“Esto me ha hecho preguntarme si el Espíritu Santo está colocado en un plano más elevado que la persona de Cristo mismo; sin embargo, de Jesús se habla como el segundo Personaje de la Trinidad. Parece un poco extraño que Jesús considerara la blasfemia contra el Espíritu Santo de mayor gravedad que hablar blasfemias contra Él.”

Respuesta: Es cierto que Jesús es el segundo Personaje de la Trinidad, y que toda potestad y autoridad le fueron dadas tanto en el cielo como en la tierra. (Mateo 28:18.)

El Espíritu Santo es el Mensajero, o Consolador, que el Salvador prometió enviar a Sus discípulos después de ser crucificado. Este Consolador debe ser, por medio de su influencia, un compañero constante de toda persona bautizada, y administrar a los miembros de la Iglesia, mediante revelación y guía, el conocimiento de la verdad para que puedan andar en su luz. Es el Espíritu Santo quien ilumina la mente del miembro verdaderamente bautizado. Por medio de Él viene la revelación individual, y la luz de la verdad queda establecida en nuestro corazón. Leemos en las oraciones sacramentales que, si guardamos estos mandamientos; si tomamos sobre nosotros el nombre de Cristo, siempre nos acordamos de Él y guardamos los mandamientos que nos ha dado, podremos tener siempre Su Espíritu con nosotros. Este Espíritu de verdad, dijo el Salvador, “el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce”; pero los verdaderos seguidores de Cristo, aquellos que han sido bautizados para la remisión de sus pecados y sobre cuyas cabezas se han impuesto las manos para conferirles el don del Espíritu Santo por un siervo debidamente autorizado de Jesucristo, tienen derecho a esta compañía, porque “mora con vosotros, y estará en vosotros”.

EL MUNDO PRIVADO DEL ESPÍRITU SANTO

El mundo está grandemente engañado, porque muchas almas sinceras sienten que tienen la guía del Espíritu Santo, pero no la tienen, pues el Señor ha dicho que el mundo no puede recibir este gran don. Es cierto que el Señor bendice y guía a muchas personas que no son miembros de la Iglesia, y que, si son verdaderos buscadores de la verdad, el Espíritu Santo les dará una manifestación, tal como ocurrió con Cornelio; además, como dijo Moroni, un buscador sincero de la verdad puede recibir una manifestación del Espíritu Santo, pero no tiene la promesa de manifestaciones continuas. Si no presta atención a la primera manifestación, queda librado a sí mismo. El Señor ha dado a todo hombre que viene al mundo la guía de la Luz de Cristo. Juan dijo que este don es la luz verdadera, “que alumbra a todo hombre que viene a este mundo”. (Juan 1:9; compárese con Moroni 7:16.) La dirección de este Espíritu es dada a los hombres, crean o no crean. Es un don gratuito para toda alma.

La pregunta es: ¿por qué habría de ser la blasfemia contra el Espíritu Santo un mal mayor que blasfemar contra el nombre de Dios o de Jesucristo? La respuesta es que el Padre y el Hijo no son nuestros compañeros constantes. Además, el Espíritu Santo es espíritu hablando al espíritu. Cuando una persona recibe una manifestación del Espíritu Santo, esta deja una impresión indeleble en su alma, una que no se borra fácilmente. Es espíritu hablando al espíritu, y viene con fuerza convincente. Una manifestación de un ángel, o incluso del mismo Hijo de Dios, impresionaría los ojos y la mente, y con el tiempo podría desvanecerse; pero las impresiones del Espíritu Santo penetran más profundamente en el alma y son más difíciles de borrar. Cuando una persona niega la verdad que le ha sido manifestada por el poder del Espíritu Santo y que, quizás, le ha sido repetida una y otra vez, y luego niega a Cristo, se aparta de la verdad y expone a Cristo a vergüenza pública, entonces no puede haber perdón. Por esta razón el Salvador habló de manera tan enfática acerca de aquellos que se vuelven contra Él después de haber tenido la luz y que lo crucifican espiritualmente de nuevo.

LOS ANTIGUOS APÓSTOLES ENTENDÍAN ESTA DOCTRINA

Pablo entendía esta doctrina, y también Pedro. Escuchemos lo que dijeron:

Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados, y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y de los poderes del mundo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. (Hebreos 6:4–6.)

Porque si, habiendo escapado de las contaminaciones del mundo por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, se enredan otra vez en ellas y son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.

Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. (2 Pedro 2:20–21. Véase Answers to Gospel Questions, tomo 1, págs. 68–74.)