Isaías 14
Se presenta un gran contraste entre Babilonia y Sion, entre la exaltación personal y la humildad, y entre el poder opresivo del adversario y el gobierno liberador de Jesucristo. Babilonia se eleva mediante la soberbia, pero termina en desolación; Sion es fundada por Dios y se convierte en refugio para los afligidos.
La caída del rey de Babilonia sirve además como representación de la caída de Lucifer. Satanás quiso elevar su trono y apropiarse de la gloria divina, mientras Jesucristo escogió obedecer al Padre, descender para salvarnos y entregar Su vida por todos. Uno procura esclavizar; el Otro ofrece libertad. Uno se exalta y cae; el Otro se humilla y es exaltado.
El mensaje del capítulo es finalmente esperanzador: Dios tendrá misericordia de Israel, congregará a personas de todas las naciones, quitará el yugo de la opresión y dará reposo a Su pueblo. Ningún imperio, pecado ni poder del adversario podrá impedir lo que el Señor ha determinado. Nuestra decisión consiste en abandonar el orgullo de Babilonia, acogernos a Sion y permitir que Jesucristo reine en nuestra vida.
Isaías 14:1 — El recogimiento de Israel
«Jehová tendrá piedad de Jacob, y todavía escogerá a Israel y lo hará reposar en su propia tierra».
La restauración de Israel comienza con la misericordia de Dios, no con los méritos del pueblo. Israel había sufrido dispersión y cautiverio como consecuencia de su infidelidad, pero el Señor no olvidó los convenios establecidos con Abraham, Isaac y Jacob. La expresión «todavía escogerá» no implica que Dios aprobara su rebelión, sino que Su disciplina no había anulado Su propósito redentor. Jehová continuaba dispuesto a perdonar, recoger y restaurar a quienes regresaran a Él.
El recogimiento posee dimensiones físicas y espirituales. Incluye el regreso y la preservación de los descendientes de Israel, pero principalmente consiste en reunirlos en Jesucristo mediante la fe, el arrepentimiento, las ordenanzas y los convenios. Una persona no queda plenamente recogida solo por trasladarse a un lugar; debe volver su corazón al Dios del convenio. El reposo prometido comienza al reconciliarnos con Cristo y alcanzará una expresión mayor durante Su reinado milenario.
En el Antiguo Testamento, el término extranjeros significa gentiles. En el Libro de Mormón, los gentiles con frecuencia se refieren a las Américas (1 Nefi 13:14–15). Por lo tanto, no es irrazonable concluir que la profecía de Isaías se refiere a la alianza política entre Estados Unidos e Israel antes del Milenio. Después del Milenio, los gentiles continuarán mirando hacia Jerusalén y Sion en busca de guía espiritual. En aquel día, «vendrán muchos pueblos y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob» (Isaías 2:3). En aquel día, los gentiles «se adherirán a la casa de Jacob».
Bruce R. McConkie: «Las bendiciones espirituales que reciban los gentiles serán suyas porque se adherirán a Israel. “Y los pueblos” —los gentiles— “los tomarán y los llevarán a su lugar; y la casa de Israel los poseerá” —a los gentiles— “en la tierra de Jehová como siervos y siervas; y cautivarán a los que los cautivaron y señorearán sobre los que los oprimieron” (Isaías 14:1–7). Israel gobernará; los gentiles servirán; el reino es del Señor. Su pueblo será el que gobierne: tal es el significado de las imágenes de Isaías». (The Millennial Messiah: The Second Coming of the Son of Man [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1982], pág. 316).
Isaías 14:1–2 — Los extranjeros se unirán al pueblo del convenio
«Extranjeros se juntarán con ellos y se unirán a la casa de Jacob».
La casa de Israel no es una comunidad étnica cerrada. Personas de todas las naciones pueden acercarse al Señor, recibir Su Evangelio y ser contadas entre el pueblo del convenio. La profecía anticipa el alcance universal de la obra de los últimos días: Dios no recoge a Israel para excluir a los demás, sino para convertirlo en un instrumento de bendición para todas las familias de la tierra. En Jesucristo, quienes antes eran considerados extranjeros pueden llegar a ser conciudadanos de los santos.
El lenguaje de someter a quienes antes habían oprimido a Israel refleja una inversión de las circunstancias históricas. No debe entenderse como autorización para la venganza, el abuso o la superioridad racial. El principio doctrinal es que la opresión no durará para siempre y que Dios hará justicia a Su pueblo. Bajo el gobierno de Cristo, los antiguos cautivos serán liberados y ninguna nación podrá mantener indefinidamente un dominio injusto sobre los hijos de Dios.
Isaías 14:3 — El Señor concede verdadero reposo
«Jehová te dé reposo de tu dolor, y de tu temor y de la dura servidumbre».
El reposo del Señor es más profundo que una pausa en los conflictos. Incluye liberación del dolor producido por la opresión, del temor que domina el corazón y de la servidumbre que priva a las personas de su libertad. Por medio de la expiación de Jesucristo, podemos comenzar a recibir ese descanso incluso antes de que desaparezcan todas las dificultades externas. Él alivia la culpa, fortalece al cansado y concede una paz que no depende completamente de las circunstancias.
El versículo también dirige la mirada hacia el Milenio, cuando Cristo pondrá fin a los sistemas de opresión representados por Babilonia y establecerá justicia sobre la tierra. Su reposo no será pasividad, sino una vida libre para adorar, servir y progresar bajo Su gobierno. La promesa culmina en la presencia de Dios, donde quienes han permanecido fieles descansarán definitivamente del pecado, del temor y de toda forma de cautiverio.
Isaías 14:4–5 — El poder del opresor será quebrantado
«¡Cómo terminó el opresor! […]. Jehová ha quebrantado el bastón de los malvados».
El rey de Babilonia representa a un gobernante histórico, pero también simboliza el poder mundano que domina mediante la violencia, la arrogancia y la codicia. Su bastón y su cetro representan una autoridad que debía proteger y administrar justicia, pero que fue utilizada para herir y someter. Isaías anuncia con asombro que aquel dominio aparentemente invencible terminará. La autoridad injusta puede impresionar durante un tiempo, pero no posee permanencia eterna.
Dios permite que las personas y los imperios ejerzan su albedrío, pero establece límites a su poder y finalmente les pide cuentas. Ningún sistema de opresión puede continuar indefinidamente. Jesucristo quebrantará todo dominio que esclavice física o espiritualmente a los hijos de Dios. Esta promesa ofrece esperanza a quienes sufren injusticia y, al mismo tiempo, advierte a quienes poseen autoridad que deben utilizarla como una mayordomía de servicio.
Isaías 14:7 — La paz que sigue a la caída de Babilonia
«Toda la tierra descansa y está en calma; han prorrumpido en cánticos».
La caída del opresor permite que la tierra, antes golpeada por guerras y conquistas, finalmente descanse. El cántico representa el alivio de quienes ya no viven bajo temor ni persecución. Proféticamente, esta escena anticipa el Milenio, cuando el dominio de Babilonia será derribado, Satanás será atado y Jesucristo gobernará a las naciones con perfecta justicia.
La paz milenaria no será simplemente política ni el resultado de un equilibrio entre poderes humanos. Surgirá de la presencia del Príncipe de Paz y de la disposición de los pueblos para vivir conforme a Su ley. La influencia de Babilonia debe cesar tanto en las instituciones como en el corazón. Cada vez que abandonamos el orgullo, la codicia y la enemistad para someternos a Cristo, permitimos que una medida de ese descanso futuro comience en el presente.
Isaías 14:9 — El infierno abajo se espantó de ti para recibirte cuando vinieses
Después de la Crucifixión, el espíritu de Jesucristo fue al mundo de los espíritus para participar en una gran reunión con los santos fieles: «Estaban llenos de gozo y alegría, y se regocijaban juntamente porque estaba cerca el día de su liberación. Se hallaban reunidos esperando el advenimiento del Hijo de Dios al mundo de los espíritus, para declarar su redención de las ligaduras de la muerte» (Doctrina y Convenios 138:15–16).
Al comienzo del Milenio, cuando Satanás sea atado y arrojado al abismo del infierno (Apocalipsis 20:2–3), tendrá su propia reunión. En una inusual visión del mundo de la prisión espiritual, vemos que los hombres de la tierra que anteriormente fueron poderosos, pero inicuos, se interesan por presenciar la llegada de su rey. Se burlan de él: «¿También tú te debilitaste como nosotros?» (versículo 10). En lugar de estar llenos de alegría, no se sienten impresionados. En vez de gozo y gloria, la reunión de Satanás es una gran decepción: «¿De veras eres tú quien aterrorizaba a las naciones? ¿Es este aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos?» (versículo 16).
«Esta sección del poema predice que Satanás será confinado al mundo de los espíritus, en el infierno, durante los años milenarios de paz sobre la tierra, y describe la reacción de los habitantes del infierno cuando se anuncia que ha sido destinado allí. Que ejercerá influencia allí queda demostrado por la declaración del profeta José Smith de que “cuando tengamos poder para poner a todos nuestros enemigos bajo nuestros pies en este mundo, y el conocimiento necesario para triunfar sobre todos los espíritus malos en el mundo venidero, entonces seremos salvos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 297). Alma 34:34–35 también demuestra que el espíritu del diablo tendrá poder para poseer a los que no se arrepientan en el mundo de los espíritus. Cuando sea confinado en el mundo de los espíritus, “los príncipes de la tierra” —aquellos líderes que ejercieron influencia en el reino del diablo mientras vivían sobre la tierra— se reunirán para recibirlo. Cuando lo vean, se asombrarán de que haya perdido su poder». (Monte S. Nyman, Great Are the Words of Isaiah [Salt Lake City: Bookcraft, 1980], pág. 85).
Isaías 14:10–11 — La muerte hace desaparecer la gloria mundana
«¿También tú te debilitaste como nosotros? […]. Descendió al Seol tu soberbia».
El rey que hacía temblar naciones llega a ser tan débil como aquellos a quienes había sometido. Sus riquezas, su música, sus ejércitos y su prestigio no pueden acompañarlo ni conservar su poder después de la muerte. La imagen de los gusanos presenta deliberadamente un contraste humillante entre la magnificencia del palacio y la fragilidad del cuerpo mortal. La muerte despoja a la gloria mundana de su apariencia de permanencia.
El pasaje nos invita a distinguir entre éxito temporal y grandeza eterna. Los cargos, las posesiones y la admiración pública terminan, pero el carácter que desarrollamos y nuestra relación con Dios poseen consecuencias duraderas. Jesucristo venció la muerte y ofrece resurrección a toda la humanidad, pero también nos llama a prepararnos para comparecer ante Él. La verdadera grandeza no consiste en ser exaltados por el mundo, sino en llegar a ser humildes, santos y fieles ante Dios.
Isaías 14:12 — La caída de Lucifer
«¡Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la mañana!».
En su contexto inmediato, estas palabras continúan la sátira contra el orgulloso rey de Babilonia, cuya caída desde una posición elevada parecía tan dramática como la caída de una estrella brillante. Sin embargo, la revelación de los últimos días permite reconocer también un significado relacionado con Lucifer. Él se rebeló contra Dios en la existencia premortal, procuró destruir el albedrío humano y buscó para sí el honor y el poder del Padre; como consecuencia, fue expulsado de Su presencia.
Lucifer no fue creado como un ser maligno ni obligado a rebelarse. Era un hijo espiritual dotado de albedrío, pero permitió que el orgullo corrompiera sus deseos y convirtió sus dones en instrumentos de oposición. Su historia constituye una solemne advertencia: el conocimiento, la capacidad o una posición elevada no protegen a quien deja de someterse a Dios. La seguridad espiritual no depende de cuánto hemos recibido, sino de si consagramos voluntariamente todo lo recibido a Jesucristo y al plan del Padre.
El élder Bruce R. McConkie explica el título «hijo de la mañana»:
«…Este nombre o título de Satanás indica que fue uno de los primeros hijos espirituales del Padre. Utilizado siempre en relación con el nombre Lucifer, hijo de la mañana también parece significar hijo de luz o hijo de prominencia, lo que indica que Satanás ocupó una posición de poder y autoridad en la existencia preterrenal». (Mormon Doctrine, pág. 744).
Lucifer cayó del cielo por rebelarse contra Dios el Padre y Su plan de salvación. «Fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él» (Apocalipsis 12:9). «Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo» (Apocalipsis 12:4).
En la frase siguiente, «Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones», comprendemos que Isaías ahora se refiere al momento en que Satanás será arrojado al comienzo del Milenio. Cuando Satanás finalmente sea despojado de todo poder, las personas lo mirarán y dirán: «¿Es este aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos?» (versículo 16). Su poder sobre los inicuos del mundo, así como la gloria y la majestad de la gran ramera, serán destruidos, tal como la gloria del rey de Babilonia quedó reducida a nada:
«Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto, porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda y no veré llanto.
Por lo cual, en un solo día vendrán sus plagas: muerte, llanto y hambre; y será quemada con fuego, porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga» (Apocalipsis 18:7–8).
Isaías 14:13–14 — El orgullo y la ambición de Lucifer
«Subiré al cielo […], levantaré mi trono […], seré semejante al Altísimo».
La repetición de «subiré» revela una voluntad completamente centrada en sí misma. Lucifer no deseaba llegar a ser semejante a Dios mediante la obediencia, el amor y la rectitud, sino ocupar Su lugar, ejercer Su poder y apropiarse de Su gloria. En la existencia premortal propuso destruir el albedrío del ser humano y exigió para sí el honor del Padre. Su caída comenzó interiormente cuando dejó de ver sus dones como una mayordomía y los convirtió en fundamento de ambición y rivalidad.
El contraste con Jesucristo es profundo. Lucifer procuró exaltarse y cayó; el Salvador se humilló, preservó nuestro albedrío, hizo perfectamente la voluntad del Padre y dio a Él toda la gloria. Por eso fue exaltado justamente. El verdadero discipulado no consiste en buscar poder, reconocimiento o superioridad, sino en seguir a Cristo mediante el servicio y la consagración. Llegamos a ser semejantes a Dios no intentando reemplazarlo, sino recibiendo Su gracia y sometiendo nuestra voluntad a la Suya.
Isaías 14:15–17 — El poder del adversario será destruido
«Tú has sido derribado hasta el Seol […]. ¿Es este el hombre que hacía temblar la tierra?».
Quienes contemplen la caída del opresor se sorprenderán al descubrir la debilidad final de quien parecía controlar naciones y mantener cautivos a sus prisioneros. Aplicada a Satanás, la imagen enseña que su influencia es real y destructiva, pero nunca ha sido igual a la de Dios. El adversario no posee poder creador ni autoridad independiente; actúa dentro de límites y solamente puede influir en nosotros cuando cedemos terreno mediante decisiones contrarias a la verdad.
Satanás domina mediante el engaño, el temor, la tentación y el cautiverio espiritual; Jesucristo libera mediante la verdad, el albedrío y Su sacrificio expiatorio. En la victoria final del Salvador quedará manifiesto que el adversario nunca pudo frustrar el plan del Padre. Su aparente reino se sostiene sobre mentiras y, por tanto, no puede permanecer. Quien se une a Cristo mediante convenios recibe poder para resistir ahora a aquel cuyo dominio será finalmente destruido.
«Isaías se regocijaba ante la futura atadura de Satanás durante mil años y su destierro final a las tinieblas de afuera después del Milenio.
»Para enseñar este concepto, Isaías empleó un canto satírico. Presentó al antiguo rey de Babilonia como un símbolo de Lucifer. Al igual que el rey de Babilonia, Lucifer ha gobernado sobre un imperio edificado sobre la tiranía y la opresión. Como Isaías expresó acerca de Lucifer: “Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono… seré semejante al Altísimo” (Isaías 14:13–14). Isaías profetizó que llegará el día en que Lucifer será “derribado hasta el Seol, a los lados del abismo” (Isaías 14:15). A Juan el Revelador se le mostró un ángel que tenía la llave del abismo. “Prendió… a la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró y puso un sello sobre él, para que no engañase más a las naciones hasta que fuesen cumplidos los mil años” (Apocalipsis 20:2–3). Satanás será tenido en tan baja estima que las personas se burlarán de él, diciendo: “¿Es este aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos… que a sus presos nunca abrió la cárcel?” (Isaías 14:16–17)». (Voices of Old Testament Prophets: The 26th Annual Sidney B. Sperry Symposium [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1997], págs. 75–76).
LeGrand Richards: «¡Qué registro podría escribirse de las actividades de Satanás para llevar a cabo precisamente las cosas que Isaías predijo! Lucifer ha caído del cielo; ha debilitado a las naciones; ha decretado exaltar su trono sobre las estrellas de Dios y ser semejante al Altísimo; ha convertido el mundo en un desierto y ha destruido sus ciudades.
»Juan el Revelador declaró que el dominio de Satanás sobre esta tierra sería prácticamente universal:
»“Y le fue dado hacer la guerra contra los santos y vencerlos. También le fue dada autoridad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua y nación” (Apocalipsis 13:7).
»Para conservar el dominio sobre los reinos del mundo, el plan de Satanás ha sido destruir a todos los que de alguna manera puedan disminuir su poder. Por esa razón, ha puesto en el corazón de los hombres el deseo de destruir a los profetas y siervos del Señor, cuyos mandamientos él debe obedecer». (A Marvelous Work and a Wonder [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1950], pág. 395).
Isaías 14:19–20 — El orgullo conduce a la deshonra
«Tú echado eres de tu sepulcro como vástago abominable».
Mientras otros reyes eran depositados en sepulcros honorables, el tirano sería rechazado por la devastación que había causado. La profecía invierte su antigua pretensión de gloria: quien quiso elevarse sobre todos terminaría privado incluso del honor concedido a otros gobernantes. La grandeza construida mediante la crueldad puede producir temor temporal, pero finalmente deja vergüenza, ruina y una memoria asociada con el sufrimiento.
Nuestras decisiones, especialmente cuando poseemos autoridad, afectan a muchas personas. El abuso del poder puede destruir hogares, comunidades y generaciones; por ello, Dios pedirá cuentas a quienes empleen su influencia para oprimir. Jesucristo ofrece un modelo contrario: utiliza Su poder para rescatar, sanar y elevar. La honra eterna no pertenece a quien obliga a otros a servirlo, sino a quien consagra su capacidad para proteger y servir.
Isaías 14:24, 27 — Nadie puede frustrar los propósitos de Dios
«Como lo he determinado, será confirmado […]. Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá?».
Los gobernantes y los imperios pueden formular planes ambiciosos, pero solo el propósito de Dios prevalecerá definitivamente. Su conocimiento abarca el principio y el fin, Sus promesas son completamente seguras y Su poder basta para llevar a cabo cuanto ha dispuesto. Esto no significa que el Señor elimine el albedrío ni que cada acontecimiento sea una expresión directa de Su voluntad; significa que puede encauzar incluso la oposición sin permitir que destruya Su obra.
Esta verdad proporciona estabilidad en épocas de incertidumbre. Ninguna nación, ideología ni poder espiritual puede impedir la expiación y resurrección de Jesucristo, el recogimiento de Israel, la Segunda Venida o el establecimiento final de Su reino. Los discípulos pueden experimentar oposición y pérdidas temporales, pero el desenlace eterno permanece seguro. La fe descansa en saber que aquello que Dios verdaderamente ha determinado realizar no quedará incompleto.
Isaías 14:25 — El yugo será quitado
«Su yugo será apartado de ellos, y su carga será quitada de sus hombros».
El Señor prometió quebrantar el poder asirio y liberar a Judá de la carga que aquella nación había colocado sobre sus hombros. El yugo era un instrumento de control que obligaba a un animal a someterse y llevar peso; por eso, simboliza la dominación, la servidumbre y la pérdida de libertad. La imagen enseña que ningún opresor conserva autoridad ilimitada sobre el pueblo de Dios. Cuando se cumple el tiempo establecido por Jehová, Él puede retirar la carga y romper el dominio que parecía invencible.
Esta liberación histórica representa también la obra redentora de Jesucristo. El Salvador puede quebrar el yugo del pecado, quitar la culpa mediante el perdón y reducir la influencia del adversario sobre quienes se arrepienten. Quizá no elimine inmediatamente todas las pruebas, consecuencias o cargas emocionales, pero nos concede gracia para soportarlas y avanzar hacia una libertad cada vez mayor. Cristo no solo aligera aquello que llevamos; finalmente puede librarnos de todo poder que pretenda separarnos de Dios.
Isaías 14:30, 32 — Sion será refugio para los afligidos
«Los menesterosos se acostarán seguros […]. Jehová fundó a Sion, y a ella se acogerán los afligidos de su pueblo».
Mientras las naciones orgullosas descubren que sus riquezas y ejércitos no pueden proporcionar seguridad permanente, los pobres y afligidos encuentran descanso en Sion. La posibilidad de «acostarse seguros» comunica una paz libre del temor constante al hambre, la violencia y la opresión. Dios presta especial atención a quienes el mundo suele ignorar y declara que Su comunidad debe convertirse en un refugio donde la dignidad del necesitado sea protegida.
Sion no es solamente una ubicación geográfica, sino una sociedad fundada por Dios y formada por personas puras de corazón que viven en unidad, justicia y amor. Su seguridad no depende principalmente de murallas, dinero o poder militar, sino de Jesucristo y de la fidelidad a Sus convenios. Una comunidad no puede afirmar que edifica Sion mientras abandona al afligido. Cuando los discípulos comparten sus recursos, alivian cargas y reciben al vulnerable, permiten que el refugio futuro de Sion comience a existir en el presente.


























