Isaías

Isaías 62
La nueva identidad de Sion y la venida de su Salvador


Isaías 62 describe la transformación de Sion mediante una serie de nombres nuevos. La ciudad antes conocida como Desamparada y Desolada llega a ser llamada Hefzi-bá —«Mi deleite está en ella»— y Beula —«Desposada»—; finalmente recibe los títulos de Pueblo Santo, Redimidos de Jehová y Ciudad No Desamparada. En las Escrituras, recibir un nombre nuevo representa una transformación de identidad y una nueva relación de convenio. Jesucristo no solo cambia las circunstancias externas de Su pueblo, sino que sana la vergüenza del pasado, restaura su dignidad y le asegura que ya no está abandonado. Sion llega a ser semejante a una novia amada porque el Señor se deleita en ella y permanece fiel al convenio que los une.
El capítulo también presenta la responsabilidad de los guardias colocados sobre los muros. Ellos no callan de día ni de noche: oran por Jerusalén, proclaman las promesas divinas, preparan el camino, retiran los tropiezos y levantan un estandarte para los pueblos. El recogimiento requiere la intervención poderosa de Dios, pero también la participación fiel de Sus siervos. Profetas, misioneros, padres, maestros y discípulos actúan como guardias cuando permanecen espiritualmente atentos, advierten de los peligros, enseñan la verdad y facilitan el regreso de quienes se encuentran dispersos. No sustituyen la obra del Salvador; preparan el camino para que otros puedan llegar hasta Él.
El mensaje que debe proclamarse hasta los extremos de la tierra es: «He aquí, viene tu salvación». La salvación no es solamente una condición futura ni una recompensa abstracta; se encuentra en Jesucristo, quien viene con poder para redimir, juzgar y recompensar. Cuando Sion se levanta, vive con justicia y recibe a los dispersos, su salvación resplandece como una antorcha delante de las naciones. Su transformación demuestra que Dios reina, cumple Sus convenios y puede convertir una ciudad desolada en un pueblo santo que espera y recibe a su Redentor.


Isaías 62:1 — La justicia y la salvación de Sion resplandecerán
«Por amor a Sion no callaré y por amor a Jerusalén no descansaré». Esta voz puede entenderse como la del profeta que intercede por Jerusalén y, en un sentido más elevado, como la del Mesías, cuyo compromiso con la restauración de Su pueblo nunca disminuye. Jesucristo no permanecerá indiferente mientras Israel continúe disperso y Sion se encuentre desolada. Su amor produce una obra constante de intercesión, redención y recogimiento. Del mismo modo, el verdadero amor por Sion impulsa a los discípulos a actuar con perseverancia: orar, testificar, servir, fortalecer a quienes regresan y edificar familias y comunidades centradas en Cristo.
«Hasta que salga como resplandor su justicia». Sion, anteriormente conocida por su cautiverio y humillación, llegará a ser reconocida por su rectitud. Su transformación aparecerá gradualmente como la luz del amanecer y finalmente será visible ante las naciones. Sin embargo, esa luz no procederá de superioridad moral ni de méritos humanos. Jesucristo justifica y santifica a Su pueblo; entonces, la vida recta de quienes han sido redimidos refleja Su carácter y Su gloria. La justicia de Sion será tanto un don recibido mediante la gracia como el fruto de una comunidad que vive fielmente sus convenios.
«Y su salvación arda como una antorcha». Una antorcha puede verse claramente en medio de la oscuridad y permite que otros reconozcan el camino. De igual manera, la salvación de Sion será pública, luminosa e imposible de atribuir solamente al esfuerzo humano. Cada vida redimida también puede convertirse en un testimonio visible del Salvador. Cuando Jesucristo cambia nuestros deseos, sana nuestras heridas y produce frutos de rectitud, Su poder salvador ilumina a quienes nos rodean y los invita a acercarse a la misma luz.

Joseph Fielding Smith: Habrá dos grandes capitales. Una será la antigua Jerusalén y la otra, la ciudad de Sion, o Nueva Jerusalén. Esta última estará en este continente. Una será la sede del Señor para el pueblo de Judá y los hijos de Israel, sus compañeros; la otra será para José y sus compañeros en el hemisferio occidental, que fue dado a José y a su descendencia como herencia eterna. Isaías también ha dicho:
«Oh Sion, que traes buenas nuevas, sube al monte alto; oh Jerusalén, que traes buenas nuevas, alza tu voz con fuerza; álzala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡He aquí vuestro Dios!» (Isaías 40:9).
Y también: «Por tanto, los redimidos de Jehová volverán y vendrán a Sion con cánticos; y habrá gozo perpetuo sobre sus cabezas; alcanzarán alegría y gozo, y huirán la tristeza y el gemido» (Isaías 51:11).
Al hablar de los últimos días, cuando se darán a conocer las señales de la venida del Señor, Joel dijo:
«Y acontecerá que todo aquel que invoque el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre los sobrevivientes a quienes Jehová llame» (Joel 2:32).
Estos son algunos de los pasajes de las Escrituras que indican que habrá dos ciudades capitales que se establecerán cuando llegue el reinado milenario: Sion, la Nueva Jerusalén en América, y Jerusalén en Palestina, que será reconstruida y llegará a ser una ciudad de grandeza y magnificencia. (Historia de la Iglesia y revelación moderna, 4 tomos [Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1946–1949], tomo 2, pág. 172).


Isaías 62:2 — La justicia visible y el nombre nuevo de Sion
«Verán las naciones tu justicia». El recogimiento no tiene como propósito aislar a Israel ni esconder a Sion del mundo. Dios desea que todos los pueblos contemplen su transformación y reconozcan en ella el poder de Su obra redentora. La justicia de Sion será visible en la manera en que sus habitantes adoren, sirvan, administren sus recursos y traten a los vulnerables. La proclamación más convincente del Evangelio combina la palabra con sus frutos: una comunidad justa, misericordiosa y unida demuestra mediante su conducta el poder de la doctrina que enseña. Esa rectitud no glorifica al pueblo, sino a Jesucristo, quien lo ha perdonado y santificado.
«Te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová designará». En las Escrituras, recibir un nombre nuevo representa una identidad transformada, una misión divina y una relación renovada de convenio. Sion ya no será definida por su cautiverio, fracaso, desolación o vergüenza, sino por aquello que el Señor ha hecho de ella. Dios no se limita a modificar sus circunstancias externas; restaura el significado de su historia y le concede un futuro que corresponde con Sus promesas.
El nuevo nombre procede de la boca de Jehová y no de la opinión pública. Las etiquetas impuestas por otras personas, por experiencias dolorosas o incluso por nuestros errores pasados no poseen autoridad definitiva sobre nuestra identidad. Jesucristo, quien conoce perfectamente lo que somos y lo que podemos llegar a ser, tiene poder para perdonar, transformar y darnos un nombre nuevo. Por medio de Su gracia, el pecador arrepentido puede ser llamado santo, el cautivo puede ser llamado libre y quien se sentía abandonado puede llegar a ser reconocido como hijo amado del convenio.

John Taylor: …Con el tiempo, los reyes de la tierra vendrán a contemplar la gloria de Sion, y nosotros estamos aquí para edificarla bajo la dirección de Dios, nuestro Padre Celestial. Sion llegará a ser la alabanza y la gloria de toda la tierra (Salmos 48:2) y, como he dicho, reyes y príncipes vendrán a contemplar su gloria (Isaías 49:7). Podremos enseñar sabiduría a sus senadores e inteligencia a sus filósofos, porque todos seremos enseñados por Dios. Dios nos ha llamado a realizar esta obra y espera que la hagamos. Debemos predicar el Evangelio, y lo predicaremos; y si tenemos que enfrentar oposición y mirar a la muerte cara a cara, que así sea. Estamos del lado de Dios y de Su reino, y de los principios de la verdad y la rectitud. (Journal of Discourses, tomo 24, pág. 201).

Orson Pratt: Reyes, nobles y grandes hombres de todas las principales naciones de la tierra acudirán en multitud a Sion con sus ejércitos y sus siervos para contemplar su grandeza (Isaías 49:7; 60:3; 62:2); y tendrán que obedecer los mandatos del gran Rey, quien promulgará Sus leyes desde Sion, o no habrá allí lugar donde puedan morar.
No debemos pensar que podemos llegar a algún lugar donde no estaremos relacionados con los gentiles, porque el Señor quiere que estemos entre ellos durante toda esta vida mortal; e incluso en el Milenio encontramos que habrá dos clases de seres sobre la tierra. Y si se encuentran personas corruptas, recibirán castigo de acuerdo con las obras de las que sean culpables. (Journal of Discourses, tomo 3, pág. 74).


Isaías 62:3 — Una corona sostenida en la mano de Dios
«Serás corona de gloria en la mano de Jehová». Sion es comparada con una corona preciosa, pero esta no aparece sobre su propia cabeza como señal de orgullo o superioridad. Se encuentra en la mano del Señor porque le pertenece y es el resultado de Su obra redentora. Toda la belleza espiritual de Sion —su justicia, unidad, santidad y fidelidad— glorifica a Jesucristo. El pueblo no se corona a sí mismo ni puede atribuirse su transformación; su vida demuestra lo que Dios puede formar con personas que reciben Su gracia y permanecen fieles a sus convenios.
«Y diadema real en la palma de la mano de tu Dios». La palma sugiere cercanía, cuidado, posesión y protección. La ciudad que durante mucho tiempo se sintió olvidada descubre que nunca estuvo fuera del alcance de la mano divina. Aunque sus circunstancias parecieran indicar abandono, Dios continuaba sosteniéndola y preparando su restauración. La imagen enseña que el Señor no trata a Su pueblo como algo común, reemplazable o sin valor, sino como una obra preciosa que conserva cuidadosamente.
La diadema también refleja la realeza de Jesucristo, el verdadero Rey de Sion. Dios sostiene, purifica y prepara a Su pueblo para que manifieste el carácter de Su Hijo. Del mismo modo, una persona que se siente quebrantada o desechada puede confiar en que permanece en las manos del Salvador. Allí puede ser sanada, santificada y convertida en un testimonio visible de Su gloria.


Isaías 62:4 — Una identidad restaurada por el amor de Dios
«Nunca más te llamarán Desamparada». La dispersión, el cautiverio y la desolación habían dado a Sion una identidad marcada por el abandono. Sin embargo, Jehová sustituye ese nombre por Hefzi-bá, que significa «Mi deleite está en ella». La redención no solo cambia las circunstancias; transforma la manera en que una persona o un pueblo es definido. Dios no desea que el arrepentido continúe llamándose por el nombre de su pecado, fracaso o experiencia más dolorosa. Por medio de Jesucristo, le concede una identidad relacionada con Su amor, Sus convenios y el propósito eterno que todavía puede cumplir.
«Y tu tierra será llamada Beula». Este nombre significa «casada» o «desposada» y describe la restauración de una tierra anteriormente vacía a una condición de pertenencia, fecundidad y convenio. El lenguaje matrimonial expresa el compromiso y la fidelidad de Jehová hacia Israel. Por tanto, la restauración de Sion no será únicamente territorial, política o material; consistirá principalmente en renovar una relación sagrada con el Señor. Sion vuelve a pertenecerle, y Él se compromete a sostenerla, santificarla y hacerla fructífera.
«Porque Jehová se deleitará en ti». Dios no recibe de mala gana a Su pueblo arrepentido ni lo conserva cerca solamente por obligación. Se complace en su regreso, su crecimiento y su santidad. Quien se arrepiente puede imaginar que apenas es tolerado por Dios debido a los errores del pasado, pero este versículo presenta una verdad mucho más profunda: mediante la expiación de Jesucristo podemos ser completamente perdonados y llegar a convertirnos en motivo de gozo para el Padre. El Señor no solo elimina el nombre de Desamparada; llama a Sion «Mi deleite» y le asegura que Su amor fiel definirá su futuro.


Isaías 62:5 — El gozo del Esposo por Su pueblo
«Como el novio se regocija por la novia, así se regocijará por ti tu Dios». La imagen matrimonial comunica alegría, amor, pertenencia y compromiso. Jehová no restaura a Israel simplemente para cumplir una obligación jurídica o mantener una promesa de manera distante; se regocija sinceramente en la relación renovada con Su pueblo. La profecía corrige la idea de un Dios que apenas tolera a quienes regresan: Él recibe con gozo al arrepentido, se deleita en su fidelidad y desea establecer con él una comunión profunda y duradera.
En las Escrituras, Jesucristo es presentado como el Esposo y la Iglesia como Su novia. Esta comparación resalta tanto el amor fiel del Salvador como la responsabilidad de Sion de prepararse para recibirlo. Tal preparación no se limita a esperar Su venida, sino que requiere pureza, lealtad y perseverancia en los convenios. Así como una novia se dispone para el encuentro con el esposo, el pueblo del Señor se prepara mediante el arrepentimiento, la santidad, el servicio y las buenas obras que nacen de la fe.
El gozo del Esposo demuestra que la relación con Dios no es fría ni impersonal. Jesucristo dio Su vida para redimir a Su pueblo y hacerlo santo; por eso, encuentra alegría en su regreso y transformación. Sion se convierte en motivo de gozo no porque haya alcanzado la perfección independientemente de Él, sino porque ha recibido Su gracia, ha correspondido a Su amor y se está preparando para permanecer eternamente en Su presencia.


Isaías 62:6 — Guardias que no callan sobre los muros de Sion
«Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardias». En la antigüedad, los atalayas observaban desde una posición elevada para detectar peligros, advertir a los habitantes y anunciar la llegada de mensajeros. Espiritualmente, representan a los profetas y siervos que Dios llama para velar por Su pueblo, enseñar la verdad y ayudarlo a reconocer amenazas que quizá todavía no perciba. Su misión principal no es entretener, agradar ni confirmar todas las preferencias de la sociedad, sino declarar la palabra del Señor, llamar al arrepentimiento y preparar a Sion para la venida de Jesucristo.
«No callarán ni de día ni de noche». La proclamación del recogimiento y la preparación espiritual debe continuar mientras existan personas dispersas, peligros que amenacen la fe y verdades que necesiten ser defendidas. La constancia de los guardias también simboliza la fidelidad del propio Señor, quien no olvida a Sion y continúa enviando advertencias, orientación e invitaciones para conducirla hacia la seguridad. Escuchar a los atalayas requiere humildad para recibir consejo incluso cuando este corrija nuestras decisiones o cuestione nuestras costumbres.
Aunque los profetas cumplen una función particular como atalayas para todo el pueblo, cada discípulo puede ejercer vigilancia espiritual dentro de su propia esfera de responsabilidad. Los padres, líderes y maestros protegen a quienes se les han confiado cuando oran, estudian las señales espirituales, enseñan con claridad y testifican con constancia. Esta vigilancia no debe basarse en el temor, sino en el amor: quienes reconocen un peligro o contemplan la llegada del Rey levantan la voz para ayudar a otros a prepararse y encontrar refugio en Jesucristo.


George Reynolds y Janne M. Sjodah: «Tus atalayas alzarán la voz. (Véanse Isaías 52:8–10; también 3 Nefi 20:29–35). Esta profecía pronunciada por Isaías no se refiere a los atalayas que se colocaban alrededor de Jerusalén, en las torres de sus muros, para advertir de la aproximación de enemigos, sino a todos los santos profetas que en tiempos pasados han elevado sus voces para declarar la venida del Señor, el Mesías. Como atalayas, anuncian al pueblo de Jerusalén la maravillosa recepción que merece Aquel que es su Rey y les advierten del error de rechazarlo.
»“¿Quiénes —podríamos preguntar— fueron los primeros en ver al Rey?”. Los profetas, a quienes Isaías llama atalayas. El Rey los había enviado como Sus emisarios para advertir a los habitantes de Jerusalén y prepararlos para las cosas que vendrían. Nunca dormían; dependían del Señor para recibir fortaleza. Las palabras del salmista estaban siempre presentes en ellos: “Si Jehová no guarda la ciudad, en vano vela el atalaya”. Cuando los atalayas contemplan la gloriosa aparición del Rey y escuchan Su grito triunfal, se unen a Su gozosa marcha y, al mismo tiempo, invitan a todos a participar en la exclamación jubilosa: “¡He aquí el Rey! ¡Nuestro Dios reina!”. Ven con Él ojo a ojo; su propósito común es la redención de Sion. Su gozo consiste en servir al Rey; su alegría, en alabarlo.
»Atalayas. Los maestros inspirados de los hijos de Dios, los atalayas designados para guiarlos y consolarlos, son como pastores de ovejas. Trabajan para un solo Maestro. Conducen Su rebaño a lugares agradables; lo guían por los senderos correctos hasta donde el Buen Pastor espera su llegada». (George Reynolds y Janne M. Sjodahl, Comentario sobre el Libro de Mormón [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1955–1961], tomo 7, pág. 167).


Isaías 62:6–7 — Orar perseverantemente por la restauración de Sion
«Los que os acordáis de Jehová, no descanséis». El pueblo recibe la invitación a recordar continuamente al Señor e interceder por Jerusalén hasta que las promesas de su restauración se cumplan. La oración perseverante expresa confianza en aquello que Dios ha declarado, aunque todavía no sea plenamente visible. Recordar a Jehová significa mantener Sus convenios y propósitos presentes en el corazón, permitiendo que esa esperanza produzca acciones concretas. Quienes aman a Sion no solo piden por ella; trabajan, sirven, enseñan y se preparan de acuerdo con aquello que esperan recibir.
«Ni le deis descanso». Este es un lenguaje poético que no significa molestar a Dios de manera irreverente ni intentar obligarlo a actuar según nuestra voluntad. Representa una fe persistente que se aferra a Sus promesas, semejante a la oración de quienes continúan llamando porque confían en el carácter de Aquel que escucha. La perseverancia no cambia a un Dios indiferente; transforma y prepara a quienes oran, alinea sus deseos con la voluntad divina y los convierte en instrumentos capaces de colaborar en la respuesta solicitada.
«Hasta que restablezca a Jerusalén y la convierta en una alabanza en la tierra». La restauración será tan evidente que la ciudad anteriormente desolada dejará de ser objeto de burla y llegará a ser un testimonio público de la fidelidad de Dios. Sin embargo, el propósito no es provocar admiración por la ciudad ni alimentar el orgullo de sus habitantes. La justicia, la paz y la belleza de Sion dirigirán finalmente toda alabanza hacia Jesucristo, quien recogió a los dispersos, sanó las ruinas y cumplió las promesas del convenio.


Isaías 62:8 — La seguridad de la promesa divina
«Jehová ha jurado por su mano derecha y por su poderoso brazo». Dios confirma solemnemente Su promesa recurriendo a Su propio poder, porque no existe una autoridad superior que pueda garantizar Su palabra. La mano derecha simboliza autoridad y la capacidad para actuar, mientras que el brazo poderoso representa la fuerza divina que libera, protege y vence toda oposición. El cumplimiento de la restauración de Sion no descansa únicamente en la estabilidad de las naciones ni en los recursos humanos, sino en la fidelidad y omnipotencia del Señor.
Cuando las circunstancias presentes parecen contradecir el futuro anunciado, Sion puede recordar que el brazo de Jehová continúa siendo suficiente para cumplir todo lo prometido. Los retrasos, la oposición y la debilidad aparente del pueblo no invalidan Su juramento. Jesucristo posee tanto la voluntad de redimir como el poder necesario para llevar la redención hasta su conclusión. Confiar en esta promesa no significa permanecer inactivos, sino obedecer y trabajar con perseverancia, sabiendo que el resultado final depende de un Dios que nunca olvida ni quebranta Su palabra.


Isaías 62:9 — La prosperidad consagrada produce alabanza
«Los que lo cosechan lo comerán y alabarán a Jehová». El pueblo disfrutará del fruto de su trabajo sin que enemigos u opresores se lo arrebaten. Sin embargo, no considerará esa prosperidad como un logro completamente independiente. Aunque sus habitantes siembren y cosechen, reconocerán que la tierra, la fuerza, la lluvia y la capacidad de producir proceden de Dios. La gratitud protege la bendición contra el orgullo, pues recuerda que todo don debe recibirse con humildad y utilizarse conforme a la voluntad de quien lo concedió.
«Y los que lo recolecten lo beberán en los atrios de mi santuario». La abundancia aparece vinculada con la casa del Señor. Las bendiciones temporales no apartarán al pueblo de la adoración ni alimentarán una vida centrada en el placer y la autosuficiencia; serán consagradas y disfrutadas en la presencia de Dios. Beber en los atrios del santuario representa comunión, celebración y reconocimiento del convenio. El gozo material alcanza así un propósito espiritual al convertirse en una ocasión para recordar, agradecer y honrar a Jehová.
La prosperidad más segura no es necesariamente la mayor acumulación de bienes, sino aquella que profundiza nuestra relación con Jesucristo y amplía nuestra capacidad de servir. Cuando una bendición aumenta la generosidad, fortalece la adoración y alivia las necesidades de otros, se convierte en parte de la edificación de Sion. El Señor desea que Sus hijos disfruten agradecidamente de los frutos recibidos, pero también que la cosecha produzca alabanza y que la abundancia se transforme en consagración.


Isaías 62:10 — Preparar el camino y levantar el estandarte
«Pasad, pasad por las puertas». La repetición comunica urgencia y amplitud: las puertas de Sion deben abrirse para recibir a los dispersos y permitir que los mensajeros salgan a buscarlos. Sion no puede convertirse en una comunidad encerrada en sí misma ni preocupada únicamente por el bienestar de quienes ya pertenecen a ella. Ha sido establecida para recibir, fortalecer, preparar y enviar. El recogimiento requiere puertas abiertas y discípulos dispuestos a extender la invitación de Jesucristo a toda nación, lengua y pueblo.
«Preparad el camino al pueblo; allanad la calzada, quitad las piedras». El camino hacia Sion debe ser claro y accesible mediante la proclamación comprensible del Evangelio, la administración de las ordenanzas y el acompañamiento de quienes desean acercarse al Señor. Los discípulos preparan ese camino cuando reciben con amor al converso y al que regresa, sin disminuir las normas de santidad ni añadir requisitos humanos que Dios no ha establecido. Las piedras pueden representar falsas enseñanzas, prejuicios, ofensas no resueltas o costumbres culturales confundidas con doctrina. Quitarlas no significa alterar el camino de Cristo, sino mostrarlo con claridad para que ninguna barrera innecesaria impida a las personas encontrarlo.
«Alzad estandarte sobre los pueblos». En la antigüedad, el estandarte era una señal visible que permitía reunir y orientar a quienes estaban dispersos. En los últimos días representa el Evangelio restaurado y la invitación universal a congregarse en Jesucristo. No proclama la superioridad de una nación, cultura o grupo religioso, sino que anuncia que Cristo vive, Su autoridad ha sido restaurada y la salvación está disponible mediante Él. Levantar el estandarte significa enseñar Su doctrina con claridad, vivirla con integridad y ayudar a todos a reconocer en el Salvador el verdadero centro del recogimiento.


«Leemos la profecía bíblica de que en los últimos días el Señor “levantará un estandarte a las naciones” (Isaías 11:12), un estandarte hacia el cual Israel y los justos de todas las naciones podrían congregarse en preparación para el Milenio (véanse Isaías 5:26; 18:3; 31:6–9; 49:22; 62:10; Zacarías 9:16). En las Escrituras de los últimos días, el estandarte simboliza tales “normas” como el nuevo y sempiterno convenio (véase Doctrina y Convenios 45:9), el evangelio de salvación (véase 2 Nefi 29:1–2), la Sion de los últimos días (véase Doctrina y Convenios 64:41–43) y La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (véase Doctrina y Convenios 115:4–6)». (Jay M. Todd, «Poder en sus páginas», Ensign, enero de 1996, pág. 67).

John Taylor: Ciertamente tenemos una obra que realizar sobre la tierra, y Dios, nuestro Padre, nos ha escogido para ese propósito. Él levantó a José Smith y a otros hombres, y les confirió el santo sacerdocio; hoy se encuentran organizados como élderes, sumos sacerdotes, setentas, los Doce, etcétera, por medio de quienes el Señor espera levantar un estandarte a las naciones y una bandera a los pueblos (Isaías 5:26; 11:12). Y, a pesar de los cálculos y los planes del mundo, se nos dice que, cuando se levante este estandarte, los gentiles acudirán a él, «y su reposo será glorioso» (Isaías 11:10). Así es como leo mi Biblia. (Journal of Discourses, tomo 23, pág. 233).


Isaías 62:11 — El Salvador viene con Su recompensa
«Jehová hizo oír hasta el extremo de la tierra». La noticia de la restauración de Sion no permanecerá limitada a Jerusalén ni a una sola nación. Debe proclamarse por todo el mundo para que los hijos dispersos de Israel sepan que el camino de regreso ha sido preparado. La tecnología, la traducción de las Escrituras, la obra misional y la construcción de templos pueden considerarse parte de los medios mediante los cuales el Señor extiende Su invitación. Sin embargo, esos recursos solo cumplen su propósito espiritual cuando conducen a las personas hacia Jesucristo, Sus ordenanzas y Sus convenios.
«Decid a la hija de Sion: He aquí, viene tu salvación». La salvación es presentada como alguien que viene, lo cual dirige la profecía más allá de una liberación política hacia Jesucristo, el Salvador viviente. Él vino al mundo para efectuar Su sacrificio expiatorio, vencer el pecado y la muerte, y abrir el camino de regreso al Padre. También vendrá nuevamente con poder y gloria para completar la restauración prometida. Por eso, Sion no se prepara solamente para recibir prosperidad, seguridad o reconocimiento, sino para recibir a su Rey.
«He aquí, su galardón está con él». Jesucristo regresará también como Juez perfecto y recompensará justamente a cada persona. Ningún acto de servicio fiel, sacrificio silencioso, oración sincera ni injusticia soportada con fe será olvidado. Su juicio no se limita a las acciones visibles, sino que considera el corazón, los deseos, los motivos, el conocimiento y las oportunidades recibidas. Debido a que posee conocimiento completo y misericordia perfecta, Su recompensa estará libre de favoritismo y error. La venida del Salvador será, para quienes lo esperan fielmente, el cumplimiento de la esperanza y el encuentro con Aquel que conoce y valora toda su fidelidad.

Bruce R. McConkie: Al hablar del día en que «todo valle será levantado, y todo monte y collado serán rebajados», y de las diversas cosas que acompañarán a la Segunda Venida, Isaías dice: «He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo gobernará por él; he aquí su recompensa viene con él, y su obra delante de él» (Isaías 40:1–10). Luego, al hablar del día en que se levante el «estandarte» de salvación en los últimos días, Isaías presenta el decreto del Señor a Sion con estas palabras: «He aquí viene tu salvación; he aquí su recompensa viene con él, y su obra delante de él» (Isaías 62:10–11). Él recompensa a los fieles a Su venida; son juzgados y hallados dignos; soportan el día. Y entonces, por fin, después de seis mil años durante los cuales el pecado, la guerra y el mal han obstaculizado y frustrado Sus propósitos eternos, en el prometido día milenario, la obra del Señor prosperará perfectamente. Tan gloriosa será la condición de tantas personas durante mil años que, por primera vez, por así decirlo, la obra del Señor de llevar a cabo la vida eterna del hombre estará verdaderamente delante de Él. (El Mesías milenario: La segunda venida del Hijo del Hombre [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1982], pág. 514).


Isaías 62:12 — Pueblo Santo, redimido y buscado por el Señor
«Los llamarán Pueblo Santo, Redimidos de Jehová». El recogimiento no tiene como finalidad reunir una multitud que permanezca sin transformación, sino formar un pueblo apartado del pecado y consagrado a la obra de Dios. La santidad no significa que toda debilidad desaparezca inmediatamente, sino que las personas pertenecen al Señor, se arrepienten constantemente y permiten que Su gracia transforme su carácter. Sion llega a ser santa no por considerarse superior a los demás, sino porque Jesucristo la limpia, la santifica y le enseña a vivir conforme a Sus convenios.
La identidad central de Sion es ser «Redimidos de Jehová». Su gloria no procede de haber sido siempre poderosa, sabia o merecedora, sino de haber sido rescatada cuando no podía liberarse por sí misma. Jesucristo pagó el precio de esa redención mediante Su sacrificio expiatorio, venció la muerte y abrió el camino para que Su pueblo regresara a Dios. Por eso, el nombre de los redimidos no exalta sus méritos, sino que testifica de la misericordia, el poder y la fidelidad del Redentor.
«Te llamarán Buscada, Ciudad No Desamparada». El Señor reemplaza los nombres relacionados con la soledad y el abandono por otros que expresan búsqueda, pertenencia y restauración. Sion no había sido olvidada: Dios continuó recordándola, buscándola y preparando su regreso. Esta promesa también posee una aplicación personal. Quien se siente perdido, rechazado o demasiado distante puede descubrir que Cristo todavía lo busca y mantiene abierto un camino de retorno. En Él, el desamparado puede llegar a ser buscado, el cautivo puede ser llamado redimido y el pecador arrepentido puede formar parte de un Pueblo Santo.

Orson Pratt: ¿No ven en estos pasajes que esta es una obra de los últimos días? ¿Que hay una proclamación relacionada con el levantamiento de esta calzada? ¿Y que es una proclamación que se refiere a toda nación, tribu, lengua y pueblo? Dios habría de hablar, comunicar un mensaje y enviar a Sus siervos como misioneros; ellos habrían de publicar ese mensaje hasta los confines del mundo y declarar a todos los pueblos que el Señor vendría: «He aquí viene tu salvación; y su recompensa viene con él, y su obra delante de él». El profeta dice además que a aquellos para quienes se construyó esta calzada, a fin de preparar su camino, y para quienes se habría de levantar un estandarte, «los llamarán los redimidos de Jehová, un pueblo santo; serán llamados Buscada, ciudad no abandonada». ¡Cuán diferente de la antigua Jerusalén, una ciudad que ha sido abandonada! Han pasado casi dos mil años desde que el Señor la abandonó, y los judíos han sido abandonados y dispersados entre todos los pueblos.
Pero cuando el Señor levante esta calzada, quite las piedras, envíe Su proclamación y recoja a Sus santos que han hecho un convenio mediante sacrificio, ellos edificarán una ciudad, una que será buscada. La antigua Jerusalén no fue buscada; fue edificada antes de que los judíos fueran a habitarla. Era una de las primeras ciudades de las antiguas naciones de Canaán. Pero esta ciudad de los últimos días, llamada Sion, ha de ser buscada, y el pueblo que habría de buscarla sería un pueblo muy bueno. «Los llamarán los redimidos de Jehová; serán llamados Buscada, ciudad no abandonada». (Journal of Discourses, tomo 15, págs. 59–60).