Isaías

Isaías 54
El convenio de paz y la restauración de Sion


Isaías 54 describe la restauración de Sion después del sacrificio expiatorio anunciado en Isaías 53. El orden es doctrinalmente significativo: primero el Siervo sufre, lleva las iniquidades y justifica a muchos; después la mujer estéril recibe una posteridad abundante, la esposa abandonada es recogida y la ciudad destruida vuelve a levantarse. Sion no se restaura mediante su propia capacidad ni porque nunca haya pecado, sino porque Jesucristo pagó el precio de su redención. Su sacrificio transforma la esterilidad en fruto, la vergüenza en dignidad y el abandono en una relación renovada de convenio.
El capítulo combina expansión y firmeza mediante el mandato: «Alarga tus cuerdas y fortalece tus estacas». El Evangelio debe extenderse para recibir a Israel desde todas las naciones, pero ese crecimiento necesita fundamentos profundos en Jesucristo, Sus convenios y Su palabra. Alargar sin fortalecer produciría inestabilidad; fortalecer sin alargar impediría cumplir la misión universal del recogimiento. Sion debe crecer y, al mismo tiempo, profundizar su conversión, enseñar a sus hijos y formar una comunidad donde cada persona pueda encontrar verdad, santidad y pertenencia.
La promesa central es el «convenio de paz». Aunque los montes se aparten y los collados sean removidos, la misericordia del Señor no será quitada de Su pueblo. Sion enfrentará oposición y se levantarán armas contra ella, pero ninguna podrá destruir definitivamente la obra de Dios. Su seguridad no procede del poder humano, de circunstancias invariables ni de una perfección propia, sino de la declaración: «Su rectitud viene de mí». Jesucristo recoge a los dispersos, enseña a sus hijos, defiende a Su pueblo y lo santifica mediante Su gracia. En Él, la Sion desolada puede llegar a ser una ciudad firme, hermosa y llena de paz.


Isaías 54:1 — La estéril cantará y recibirá muchos hijos
«Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto, porque más son los hijos de la desolada que los de la casada, dice Jehová».

Sion es comparada con una mujer que no había podido tener hijos. La dispersión, la apostasía y el cautiverio la habían dejado desolada, debilitada y sin esperanza visible de crecimiento. Sin embargo, el Señor le manda cantar antes de que contemple el cumplimiento completo de la promesa. La fe puede regocijarse anticipadamente, no porque niegue la esterilidad presente, sino porque conoce el poder y la fidelidad de Aquel que ha prometido transformarla.
Los «hijos de la desolada» representan la posteridad espiritual que recibiría Sion mediante el recogimiento de Israel. Personas de muchas naciones, lenguas y culturas serían reunidas en Jesucristo e incorporadas al pueblo del convenio. Lo que parecía una comunidad destinada a desaparecer llegaría a ser más numeroso de lo que podía imaginar. La elección divina no excluye a otros; convierte a Sion en una familia espiritual abierta a todos los que reciben al Salvador y hacen convenios con Él.
La desolación pasada no determina necesariamente el futuro. Jesucristo puede producir fruto donde la capacidad humana solo contempla esterilidad y puede dar un propósito nuevo a experiencias marcadas por la pérdida. Esto no significa que toda aflicción se resolverá exactamente como esperamos, sino que ninguna vida entregada al Redentor está condenada a permanecer infructuosa. Gracias al sacrificio del Siervo descrito en Isaías 53, la Sion desolada puede levantarse, cantar y contemplar una restauración más abundante de lo que parecía posible.


«Y entonces se cumplirá lo que está escrito: Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; prorrumpe en cánticos y da voces de júbilo, la que no estaba de parto; porque más son los hijos de la desolada que los hijos de la casada, dice el Señor» (3 Nefi 22:1).
«Hace diez años yo era una mujer soltera y, cuando veía a otras familias, anhelaba tener la mía. El matrimonio que tanto esperaba parecía que nunca llegaría. Todos mis hermanos y hermanas estaban casados, y yo me preocupaba por mi situación. Los días pasaban y, cierta vez, mientras meditaba y leía, encontré este pasaje en 3 Nefi. Esas palabras conmovieron mi alma tan profundamente que las lágrimas corrieron por mis mejillas.
»Mientras leía este pasaje sentí gran paz y consuelo. Sin embargo, no comprendía por qué. Por tanto, me arrodillé y pregunté a mi Padre Celestial: “¿Qué significa esto?”. Unos días después conocí a un hombre viudo que había tenido dos hermosas hijas durante su matrimonio: una de diez años y otra de ocho.
»Un año más tarde, me pidió matrimonio y nos casamos en el Templo de la Ciudad de México. Ese fue el comienzo de una época maravillosa en mi vida.
»Actualmente estoy felizmente casada y tengo cinco hijos. Mi esposo ha sido llamado a servir como presidente de estaca y es un hombre fiel y amoroso. Mi vida cambió, y ahora comprendo lo que aquel pasaje significaba para mí. Nuestro Padre Celestial, en Su sabiduría, contesta nuestras oraciones por medio de las Escrituras. ¡Cuán agradecida estoy por el Libro de Mormón! Todos los días leo las Escrituras y siento el poder de sus palabras». (LDS Church News, 14 de junio de 1997).

Thomas S. Monson: En la Sociedad de Socorro existen muchas mujeres que no están casadas. La muerte, el divorcio y, ciertamente, la falta de oportunidades para contraer matrimonio han hecho necesario, en muchos casos, que una mujer permanezca sola.
En realidad, ella no necesita estar sola, porque un amoroso Padre Celestial estará a su lado para orientar su vida y proporcionarle paz y seguridad durante esos momentos de quietud en los que experimenta soledad y necesita compasión.
Al dirigirse a las hermanas solteras que nunca habían tenido la oportunidad de contraer matrimonio, el presidente Joseph Fielding Smith prometió:
«Si en su corazón sienten que el Evangelio es verdadero y que, bajo las condiciones adecuadas, recibirían esas ordenanzas y bendiciones de sellamiento en el templo del Señor; y si esa es su fe, su esperanza y su deseo, pero no reciben ahora esa oportunidad, el Señor lo compensará y ustedes serán bendecidas, porque no se retendrá ninguna bendición». («The Mighty Strength of the Relief Society», Ensign, noviembre de 1997, pág. 96).

José Smith: Todas sus pérdidas les serán compensadas durante la Resurrección, siempre que continúen fieles. Por medio de una visión del Todopoderoso lo he contemplado. (History of the Church, 5:362).


Isaías 54:2 — Ensanchar la tienda y fortalecer sus estacas
«Ensancha el sitio de tu tienda y sean extendidas las cortinas de tus habitaciones; no escatimes; alarga tus cuerdas y fortalece tus estacas».

Sion debe prepararse para recibir a la multitud de hijos prometida por el Señor. La tienda que antes alojaba a un grupo pequeño ya no sería suficiente para el crecimiento producido por el recogimiento de Israel. La fe no espera pasivamente hasta que llegue la bendición; se prepara para recibirla. En los últimos días, esto incluye ampliar congregaciones, templos, recursos y oportunidades de servicio, pero también ensanchar el corazón para ofrecer verdadera pertenencia a quienes Jesucristo está llamando.
La expresión «no escatimes» invita a prepararse con generosidad y confianza. Sion no debe limitar la invitación del Evangelio mediante prejuicios culturales, sociales, raciales o nacionales, como si solamente cierto tipo de persona pudiera formar parte del pueblo de Dios. La tienda debe tener espacio para todos los que deseen acudir a Cristo, arrepentirse y recibir Sus convenios. Ensanchar no significa abandonar la verdad revelada, sino eliminar barreras humanas innecesarias que dificultan que otros se acerquen al Salvador.
Las cuerdas permiten extender la tienda, mientras que las estacas le proporcionan firmeza. Por eso, Sion necesita simultáneamente expansión y estabilidad. Un crecimiento sin raíces profundas puede producir debilidad; una estabilidad que nunca se extiende puede olvidar la misión universal del Evangelio. Las estacas de Sion deben ser lugares de adoración, enseñanza, refugio y preparación espiritual. Alargar las cuerdas requiere obra misional y acogida; fortalecer las estacas exige convenios fieles, liderazgo recto y discipulado profundo en Jesucristo.

Ezra Taft Benson: Para los miembros de la Iglesia, el término estaca es una expresión simbólica. Imaginen una gran tienda sostenida mediante cuerdas extendidas hasta muchas estacas firmemente clavadas en la tierra.
El profeta Isaías comparó la Sion de los últimos días con una gran tienda que abarca toda la Tierra. Esa tienda estaba sostenida mediante cuerdas sujetas a estacas (véanse 3 Nefi 22:2; Isaías 54:2). Esas estacas son, por supuesto, las diversas organizaciones geográficas distribuidas por toda la Tierra. Actualmente, Israel está siendo congregado en las diferentes estacas de Sion. (Come unto Christ, pág. 101).
En una revelación, el Señor declara: «Porque Sion debe aumentar en belleza y santidad; sus fronteras se han de ensanchar; deben fortalecerse sus estacas; sí, de cierto os digo, Sion se ha de levantar y vestirse con sus ropas hermosas» (Doctrina y Convenios 82:14).
Aquí el Señor declara uno de los grandes propósitos de una estaca: constituir un hermoso emblema que todo el mundo pueda contemplar. La frase «vestirse con sus ropas hermosas» se refiere, naturalmente, a la santidad interior que debe alcanzar toda persona que se llame a sí misma santa. Sion es «la pura de corazón» (Doctrina y Convenios 97:21). (Teachings of Ezra Taft Benson, págs. 149–150).

Jeffrey R. Holland: El gran movimiento de conversión, congregación y regreso de Israel a las tierras de su herencia requerirá estacas de Sion fuertes y ensanchadas. El crecimiento se producirá «a la derecha y a la izquierda», y las ciudades de los gentiles —probablemente dejadas desoladas por la ira «derramada sin mezcla sobre toda la Tierra» (Doctrina y Convenios 115:6)— serán habitadas por los hijos del convenio.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días toma de la imagen de la tienda o tabernáculo de Israel en el desierto —con sus cuerdas, cortinas, fronteras y estacas— el uso de la palabra estaca para denominar su unidad eclesiástica fundamental. (Christ and the New Covenant, págs. 289–290).


Isaías 54:3 — Sion se extenderá en todas direcciones
«Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones y hará que sean habitadas las ciudades desoladas».

El recogimiento de Israel no quedaría confinado a una sola región. Sion se extendería hacia todas las direcciones y establecería comunidades del convenio entre numerosos pueblos y naciones. Los lugares anteriormente desolados volverían a llenarse de vida, adoración y esperanza. Esta expansión confirma que la esterilidad y el cautiverio no constituían el final de la historia de Israel.
La expansión de Sion no debe entenderse principalmente como conquista territorial o dominio político. Se realiza mediante la proclamación del Evangelio, la conversión personal, las ordenanzas de salvación y exaltación, y la formación de comunidades centradas en Jesucristo. El pueblo de Dios crece cuando las personas vuelven su corazón al Salvador, hacen convenios con Él y aprenden a vivir en unidad, justicia y amor.
Extenderse también implica asumir una responsabilidad mayor. Una Sion creciente debe crear espacio espiritual para personas de culturas, historias y circunstancias diferentes, sin diluir la verdad revelada ni exigir una uniformidad innecesaria. Jesucristo reúne sin borrar la dignidad individual. Cuando Sus discípulos llevan Su luz hacia ambos lados —cerca y lejos—, las antiguas desolaciones pueden transformarse en lugares habitados por la fe, el servicio y la presencia del Señor.


Isaías 54:4 — No temer ni continuar viviendo bajo la vergüenza
«No temas, porque no serás avergonzada; y no te abochornes, porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria».

Sion había cargado con la vergüenza de su infidelidad, su dispersión y su aparente abandono. La viudez representa la sensación de haber perdido al Esposo del convenio y haber quedado sin protección, compañía ni futuro. Sin embargo, Jehová declara que esa condición no sería permanente. Su restauración sería tan profunda que el cautiverio y la desolación dejarían de constituir la identidad principal de Sion. La memoria de lo sucedido podría permanecer, pero ya no gobernaría su presente ni determinaría su futuro.
El perdón de Jesucristo no cambia los hechos del pasado ni elimina automáticamente todas sus consecuencias, pero transforma su significado y su poder sobre nosotros. El arrepentido puede recordar una experiencia dolorosa sin continuar viviendo bajo condenación. La culpa que conduce al arrepentimiento cumple una función sagrada; la vergüenza que afirma que somos irremediablemente indignos contradice el poder del Redentor. Cristo no solo perdona lo que hicimos, sino que nos ayuda a comprender que somos más que nuestros peores errores.
Cuando Dios restaura, la vergüenza deja de ser la voz dominante. La persona redimida comienza a definirse por su relación presente con Jesucristo y no exclusivamente por sus pecados, pérdidas o rechazos anteriores. «No temas» no significa que nunca volveremos a sentir dolor, sino que ya no tenemos que vivir esperando una condenación definitiva. Mediante la expiación del Salvador podemos levantarnos con una conciencia limpia, recuperar nuestra dignidad de convenio y avanzar hacia un futuro que la gracia ha hecho posible.


Catherine Cinelli: Durante los primeros años de su historia, Israel se había prostituido con los dioses idólatras de las naciones paganas. Ciertamente, eso formaba parte de la vergüenza de su juventud.
En aquel tiempo, el Señor declaró: «Debajo de todo árbol frondoso te acostabas como una ramera. Yo te planté como vid escogida, toda de simiente verdadera; ¿cómo, pues, te has convertido en sarmiento degenerado de una vid extraña para mí? Aunque te laves con lejía y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu iniquidad está aún delante de mí, dice Jehová el Señor» (Jeremías 2:20–22).
No obstante, a pesar de la mancha de su iniquidad, el Señor ha prometido, tanto individualmente como a toda la nación, que olvidará la vergüenza de su juventud: «Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana» (Isaías 1:18).
«Las Escrituras fueron escritas, en términos generales, para proporcionarnos orientación e información acerca de nuestra relación con el Padre Celestial por medio de Jesucristo y del Espíritu Santo. También ofrecen orientación e información específicas cuando oramos para recibir consuelo y ayuda personales.
»Recuerdo una ocasión particular en la que 3 Nefi 22:4 me hizo caer de rodillas y llorar al recibir la respuesta a una oración que había estado buscando diligentemente.
»Hacía poco tiempo que me había bautizado cuando comencé a experimentar angustia al pensar en mi pasado pecaminoso. Verdaderamente me había regocijado en la promesa del perdón después del arrepentimiento y del bautismo; sin embargo, ahora llevaba casi dos semanas atormentándome por mis pecados anteriores.
»Comprendí que la desesperación se había apoderado de mí, de modo que decidí pasar un día ayunando y leyendo el Libro de Mormón.
»Disfrutaba leyendo los lamentos y las explicaciones que ofrecían los versículos. Cuando llegué al versículo 4 de 3 Nefi 22, la naturaleza general de la lectura se volvió sumamente personal respecto de mi obsesión por los pecados del pasado.
»Mientras continuaba leyendo hasta el final del capítulo, mis sollozos aumentaron; y durante unos breves momentos mi mente comprendió el perdón personal que el Salvador me había concedido. Una gran paz descendió sobre mí, y las descripciones de la relación del Salvador con el pasado, el presente y el futuro de Sion adquirieron su valor literal y profético». (Catherine Cinelli, Church News, 20 de enero de 1996).


Isaías 54:5 — El Hacedor, Esposo y Redentor de toda la tierra
«Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado».

El matrimonio simboliza la relación de convenio entre Jehová e Israel. El mismo Ser que creó a Sion se compromete a amarla, protegerla y restaurarla. Este lenguaje expresa intimidad, fidelidad y pertenencia: Dios no contempla a Su pueblo como un proyecto distante, sino que se vincula con él mediante promesas sagradas. La deslealtad de Israel produjo separación y dolor, pero no anuló la disposición del Señor a recibirlo nuevamente cuando se arrepintiera.
Jehová es también el «Redentor» y el «Santo de Israel». Como Redentor, reclama al pueblo cautivo y paga el precio necesario para devolverle la libertad; como Santo, posee pureza perfecta y poder para santificar aquello que el pecado había contaminado. Jesucristo cumple estos títulos mediante Su expiación. No se limita a sacar a Israel de Babilonia espiritual: limpia su corazón, restaura su dignidad y lo prepara para vivir otra vez dentro de una relación santa de convenio.
Finalmente, Jehová será llamado «Dios de toda la tierra». No es una deidad local limitada a un territorio o perteneciente exclusivamente a Israel; Su autoridad creadora y Su obra salvadora abarcan a toda la humanidad. Por ello, el recogimiento de Sion no tiene un propósito excluyente. Israel es restaurado para que las bendiciones de Jesucristo lleguen a todas las naciones, lenguas y familias de la tierra. El Esposo de Sion es también el Creador y Redentor que invita a toda persona a formar parte de Su pueblo del convenio.


En el lenguaje de las Escrituras, Jehová de los Ejércitos es el Esposo y Su esposa es la casa de Israel. A pesar de uno de los compromisos matrimoniales más turbulentos que podamos imaginar, el Esposo nunca abandonó a Su indigna esposa.
Es un matrimonio que podría haberse realizado hace mucho tiempo, pero que solamente será consumado durante el Milenio, cuando la esposa esté finalmente preparada. Entonces el Esposo será el marido que le mostrará «bondad eterna» y enjugará toda lágrima de sus ojos (véase Apocalipsis 21:2–4).

Jeffrey R. Holland: Aunque haya existido esterilidad y, en ocasiones, infidelidad, el Esposo —Cristo— volverá a reclamar y redimir a Su esposa —Israel—. La imagen de Jehová como Esposo y de Israel como esposa se encuentra entre las metáforas utilizadas con mayor frecuencia en las Escrituras. El Señor y Sus profetas la emplean para describir la relación entre la Deidad y los hijos del convenio. (Christ and the New Covenant, pág. 290).


Isaías 54:6 — Dios llama a quien se siente abandonado
«Porque como a mujer abandonada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como a la esposa de la juventud que es repudiada, dice el Dios tuyo».

El Señor reconoce abiertamente la tristeza de Sion y no la desprecia por encontrarse quebrantada. La compara con una mujer abandonada que ha perdido la seguridad, la compañía y la esperanza de un futuro compartido. Precisamente a quien se siente repudiada y sola dirige Jehová Su llamado restaurador. Dios no espera que Sion oculte primero su dolor o se reconstruya mediante sus propias fuerzas para acercarse a ella.
Aunque la separación de Israel estuvo relacionada con su infidelidad, el Señor no utiliza su pasado para declarar que carece de valor o que ya no puede ser restaurada. La llama nuevamente porque Su propósito es sanar, perdonar y renovar la relación de convenio. El arrepentimiento no nos obliga a permanecer indefinidamente bajo la identidad de personas rechazadas; nos permite responder a la voz de Aquel que todavía nos reconoce como Suyos.
La aflicción no hace a nadie menos digno de ser buscado por Jesucristo. Él se acerca a quienes tienen el corazón quebrantado, comprende su tristeza y puede devolverles pertenencia y esperanza. Esto no significa que todas las relaciones humanas rotas serán restauradas exactamente como deseamos, sino que ninguna pérdida puede dejarnos fuera del amor y de la familia de Dios. Cuando otras voces dicen «abandonado», el Redentor continúa llamándonos por nuestro nombre e invitándonos a regresar a Su convenio.


Isaías 54:7 — Recogidos con grandes misericordias
«Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias».

Desde la perspectiva humana, el cautiverio y la dispersión podían parecer interminables. Sin embargo, desde la perspectiva eterna de Dios, constituían «un breve momento» en comparación con la amplitud y permanencia de la restauración prometida. Esto no minimiza la intensidad del sufrimiento de Sion; afirma que la aflicción no tendrá duración ni autoridad eternas. La misericordia del Señor será mayor y más duradera que el periodo de desolación.
La expresión «te abandoné» describe la retirada temporal de protección y la experiencia de las consecuencias de haber quebrantado el convenio. No significa que Dios dejara de conocer, amar u observar a Israel. Aun durante el cautiverio, estaba enviando profetas, preservando un remanente y preparando los medios para el regreso. Su disciplina tenía un límite; Su propósito final continuaba siendo recoger, sanar y restaurar a Su pueblo.
Jesucristo reúne «con grandes misericordias» a quienes se vuelven hacia Él. No nos recoge porque nunca hayamos pecado, sino porque Su expiación hace posible el arrepentimiento y la reconciliación. Algunas temporadas pueden hacernos sentir abandonados, pero nuestros sentimientos no cancelan Sus convenios ni agotan Su compasión. El momento de distancia puede ser real y doloroso; la misericordia del Redentor es más profunda y puede conducirnos nuevamente a una relación de pertenencia, santidad y paz.


Isaías 54:8 — La misericordia eterna del Redentor
«Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento, pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dice tu Redentor, Jehová».

La disciplina y la aparente ausencia del Señor duraron «un momento», pero Su misericordia se describe como eterna. Dios no define Su relación con Israel por el castigo, sino por el convenio y la redención. Su ira no es resentimiento incontrolado, sino una respuesta justa al pecado que procura corregir y despertar al pueblo. La misericordia, en cambio, revela Su propósito definitivo: recoger, sanar y restaurar a quienes se vuelven hacia Él.
La expresión «escondí mi rostro» describe cómo Sion experimentó temporalmente las consecuencias de su infidelidad y la retirada de ciertas bendiciones protectoras. No significa que Dios dejara de verla, conocerla o amarla. Incluso durante ese periodo, Él preservaba un remanente y preparaba el regreso. La aflicción podía hacer que Sion sintiera abandono, pero su Redentor continuaba obrando detrás de lo que ella alcanzaba a percibir.
Jesucristo hace posible esa «misericordia eterna». Mediante Su sacrificio expiatorio, las demandas de la justicia quedan satisfechas y el arrepentido puede ser perdonado sin que Dios deje de ser santo y justo. Cristo no minimiza el pecado; lo vence, limpia sus efectos y restaura nuestra relación con el Padre. Las consecuencias temporales pueden permanecer durante una etapa, pero quienes reciben al Redentor entran en un convenio de compasión cuyo alcance se extiende más allá de la mortalidad.

Jeffrey R. Holland: “Entonces, en un mundo ‘azotad[o] por la tempestad, sin consuelo’, como dijo Jehová que sería, ¿cómo encontramos lo que Él llamó ‘el convenio de […] paz’? Lo hallamos al volvernos a Aquel que dijo que tendría compasión de nosotros y ‘con misericordia eterna’ otorgaría paz a nuestros hijos (Isaías 54:8, 10-11, 13). A pesar de las profecías aterradoras y de los inquietantes pasajes de las Escrituras que declaran que en general la paz será retirada de la tierra, los profetas … nos han enseñado que ¡no tiene por qué retirársenos la paz de manera individual! Por lo tanto, en esta Pascua de Resurrección tratemos de establecer la paz de un modo personal, aplicando la gracia y el bálsamo sanador de la expiación del Señor Jesucristo a nosotros mismos y a nuestras familias y a todos a quienes podamos tender una mano a nuestro alrededor”.
— Jeffrey R. Holland del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2021, “No como el mundo la da”


Isaías 54:9 — Una promesa semejante al convenio de Noé
«Porque esto me será como las aguas de Noé; pues juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti ni te reprenderé».

Después del Diluvio, Dios estableció un convenio y dio una señal visible de que las aguas no volverían a destruir toda la tierra. Isaías compara esa promesa con el compromiso divino de restaurar a Sion. Así como el arco iris recordaba que el juicio de las aguas tenía un límite, el convenio de paz aseguraba que la disciplina y la aparente separación de Israel no serían su condición definitiva.
La comparación no significa que Sion nunca volvería a recibir corrección ni que el pecado dejaría de tener consecuencias. Enseña que la ira no constituye el propósito final de Dios hacia Su pueblo del convenio. Su intención es redimir, recoger y establecer una relación permanente de misericordia. La corrección puede ocupar una temporada; la fidelidad del Señor se extiende por la eternidad.
Dios utiliza los convenios para ofrecer certeza en medio de circunstancias cambiantes. Nuestros sentimientos, capacidades y condiciones pueden variar, pero Su palabra permanece. Mediante la expiación de Jesucristo, el convenio de paz se convierte en una seguridad personal: quien ejerce fe, se arrepiente y permanece unido al Salvador puede confiar en una misericordia más firme que aquello que sus ojos contemplan. Las tormentas pueden regresar, pero no pueden anular la promesa del Redentor.


Isaías 54:10 — La bondad inmutable y el convenio de paz
«Porque los montes se moverán y los collados serán removidos, mas no se quitará de ti mi bondad ni el convenio de mi paz se romperá, dice Jehová, el que tiene misericordia de ti».

Los montes y los collados parecen representar aquello que es firme e inamovible; sin embargo, incluso ellos pueden desplazarse. La bondad de Dios —Su amor leal y misericordioso— se presenta como algo todavía más estable. Las circunstancias personales, los gobiernos y las instituciones humanas pueden cambiar, pero el carácter de Jehová permanece. Cuando todo lo visible parece moverse bajo nuestros pies, podemos apoyarnos en la fidelidad del Dios que no abandona Sus promesas.
El «convenio de paz» no significa solamente ausencia de conflictos o dificultades. Describe la reconciliación con Dios, la seguridad de pertenecerle y la plenitud de las bendiciones prometidas a quienes permanecen fieles. Esta paz puede existir incluso en medio de la oposición, porque no depende completamente de las condiciones externas. Procede de una conciencia limpia, de la compañía del Espíritu Santo y de la certeza de que nuestra vida está vinculada al Redentor.
Jesucristo es el Mediador de este convenio. Mediante Su sangre expiatoria, elimina la enemistad producida por el pecado y permite que el arrepentido vuelva a una relación santa con el Padre. Nuestra fidelidad puede debilitarse y requerir arrepentimiento, pero la disposición del Salvador para cumplir Su parte nunca cambia. Los montes pueden moverse y los collados desaparecer; la misericordia de Cristo y Su promesa de paz permanecen como fundamento eterno para Su pueblo.

Karl D. Hirs: “Cuando no sentimos la calidez del amor divino, este no se ha marchado. Las propias palabras de Dios son que ‘los montes se moverán y los collados serán quitados, mas no se quitará de [nosotros] [Su] bondad’ (Isaías 54:10). De modo que, para que quede claro, la idea de que Dios ha dejado de amarnos debe estar tan abajo en la lista de posibles explicaciones en la vida, ¡que no lleguemos a ella sino hasta después de que los montes y las colinas se hayan retirado!”
— Élder Karl D. Hirst, Setenta Autoridad General, conferencia general de octubre de 2024, “El favorito de Dios”

Russell M. Nelson: “Por favor, no teman ni demoren el arrepentimiento. Satanás se deleita en la desdicha de ustedes. Acaben con eso. ¡Expulsen de su vida la influencia de Satanás! y empiecen hoy mismo a experimentar el gozo de despojarse del hombre natural. El Salvador nos ama siempre, pero especialmente cuando nos arrepentimos. Él prometió que, aunque ‘los montes se m[uevan] y los collados se[a]n quitados […], no se quitará de ti mi bondad’ (Isaías 54:10)”.
— Russell M. Nelson Presidente de la Iglesia, conferencia general de abril de 2022, “El poder el ímpetu espiritual”


Isaías 54:11 — Dios ve a quien está afligido y sin consuelo
«¡Oh afligida, azotada por la tempestad, sin consuelo! He aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo y sobre zafiros echaré tus cimientos».

Antes de describir la belleza de la ciudad restaurada, el Señor reconoce honestamente su condición presente: está afligida, golpeada por la tempestad y sin consuelo. Dios no minimiza la intensidad de su sufrimiento ni le exige que finja fortaleza. La llama según la realidad de su dolor, demostrando que la restauración comienza al ser plenamente vistos y conocidos por Aquel que comprende nuestras pérdidas.
Estar «sin consuelo» no significa necesariamente que Dios esté ausente. Puede describir una etapa en la que ninguna explicación humana logra alcanzar la profundidad de la herida. Jesucristo conoce cada tempestad porque tomó sobre Sí nuestros dolores y aflicciones. Su consuelo no consiste únicamente en palabras tranquilizadoras; incluye presencia, fortaleza, sanación y la promesa de que la tormenta no tendrá la última palabra.
El Señor anuncia que reconstruirá la ciudad desde sus cimientos utilizando piedras preciosas. No se limita a devolver a Sion exactamente a su condición anterior, sino que promete una restauración más firme y gloriosa. Cristo también puede reconstruir una vida quebrantada desde lo más profundo. Las heridas no tienen que convertirse en el fundamento de nuestra identidad; mediante Su gracia, Él puede establecer nuevos cimientos de fe, dignidad, verdad y esperanza eterna.


Aileen H. Clyde: «“No se apartará de ti mi bondad ni será quitado el convenio de mi paz” (Isaías 54:10; 3 Nefi 22:10), y: “He aquí, pondré tus piedras sobre hermosos colores y tus cimientos sobre zafiros” (3 Nefi 22:11; véase también Isaías 54:11).
»Ese lenguaje de las Escrituras cautiva mi atención. En medio de un mundo atribulado, los cimientos sobre los cuales confío proceden de mis convenios con el Señor. En verdad son como zafiros y constituyen tesoros de valor incalculable.
»Por medio de ellos poseo una unión eterna con mis seres queridos y con Dios. Son los principios y las ordenanzas restaurados del evangelio de Jesucristo que están disponibles por igual para las mujeres y los hombres justos mediante el poder del santo sacerdocio de Dios.
»Incluyen el bautismo, el don del Espíritu Santo, la Santa Cena y los convenios del templo. Estos son los caminos que se nos han concedido y que nosotros escogemos libremente para asegurar nuestra vida eterna». (Aileen H. Clyde, «Covenant of Love», Ensign, mayo de 1995, pág. 28).

Parley P. Pratt: Para explicar más detalladamente la construcción de la ciudad de Jerusalén y los materiales con los cuales será edificada, citamos Isaías 54:11 hasta el final del capítulo [cita Isaías 54:11–17].
En esos versículos aprendemos algo acerca de la belleza de su ciudad y de los materiales que la componen. Sus piedras de hermosos colores, sus cimientos de zafiros, sus ventanas de ágata, sus puertas de carbunclo y todos sus límites de piedras preciosas son muy apropiados para embellecer el lugar de Su santuario y hacer glorioso el lugar de Sus pies.
También proporcionarán brillo y magnificencia a toda la ciudad, de los cuales los gentiles, con toda su ostentosa riqueza y grandeza, apenas pueden formarse una débil idea.
Observemos también, dentro de la misma descripción, el conocimiento, la paz y la seguridad de todos sus habitantes, mientras que quienes se congreguen contra ellos para combatir ciertamente caerán por causa de ellos.
Ciertamente esta es la herencia de los siervos del Señor; verdaderamente esta es una ciudad deleitable. (A Voice of Warning [Nueva York: Eastern States Mission, fecha aproximada 1890], págs. 101–102).


Isaías 54:11–13 — Sion será edificada sobre fundamentos preciosos y enseñada por Jehová
«He aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo y sobre zafiros echaré tus cimientos… Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová».

El carbunclo, los zafiros y las demás piedras preciosas representan belleza, permanencia y gran valor. La ciudad que había sido azotada por la tempestad y reducida a ruinas no solo sería reparada, sino reconstruida con una gloria superior. La imagen no tiene que limitarse a materiales literales; manifiesta el valor que Dios concede a Sion y la solidez espiritual de una comunidad cuyos fundamentos se encuentran en Jesucristo, Su expiación y Sus convenios.
Sin embargo, la verdadera gloria de Sion no consiste principalmente en sus muros o piedras, sino en sus hijos. La promesa de que «todos tus hijos serán enseñados por Jehová» muestra que la restauración debe llegar hasta la siguiente generación. Los hijos no dependerán únicamente de tradiciones religiosas heredadas ni se limitarán a conocer datos acerca de Dios; tendrán la oportunidad de recibir Su luz, desarrollar su propio testimonio y aprender personalmente de Él.
El Señor enseña mediante padres, profetas, maestros, las Escrituras, las ordenanzas y el Espíritu Santo. Cada uno de esos medios debe conducir finalmente hacia una relación directa con Jesucristo. Los adultos preparan el ambiente, enseñan la verdad y ofrecen un ejemplo, pero no pueden producir la conversión por la fuerza. Sion queda firmemente establecida cuando cada generación aprende a escuchar al Señor, escoger libremente Sus convenios y edificar su propia vida sobre la Roca de la redención.


Isaías 54:13 — Grande será la paz de los hijos
«Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová, y grande será la paz de tus hijos».

La paz de la siguiente generación está directamente relacionada con ser enseñada por Jehová. La verdad divina les proporciona una identidad eterna, dirección moral y confianza en Jesucristo. Conocer que son hijos de Dios, comprender el plan de salvación y aprender a acudir al Redentor puede darles estabilidad en medio de un mundo cambiante. La paz no nace únicamente de evitar problemas, sino de saber a quién pertenecen y dónde encontrar luz cuando llegan las dificultades.
Esta promesa no garantiza que los hijos nunca afrontarán pruebas, dudas o dolor, ni elimina su libertad para escoger. Los padres y maestros pueden enseñar, testificar y dar ejemplo, pero no pueden producir la conversión por la fuerza. Cada hijo debe aprender personalmente del Señor y decidir cómo responder a Su invitación. La paz prometida crece cuando las enseñanzas recibidas se convierten, mediante el Espíritu Santo, en fe y convicciones propias.
Enseñar a los hijos por medio de Cristo implica algo más que transmitir información religiosa. Requiere crear un ambiente de amor, verdad, oración, arrepentimiento y convenios donde puedan reconocer el carácter del Salvador. Incluso cuando se alejan temporalmente, las enseñanzas sembradas con amor pueden permanecer en su corazón. La mayor herencia que una generación puede ofrecer a la siguiente es un fundamento desde el cual cada hijo pueda buscar a Jehová y descubrir por sí mismo la paz profunda de Jesucristo.


Gordon B. Hinckley: «Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová, y grande será la paz de tus hijos» (Isaías 54:13).
Madres, lean a sus hijos. Léanles las Escrituras. Quizá piensen que no comprenden. No entenderán todo lo que ustedes les lean, pero desarrollarán en su interior un sentimiento, una actitud y un espíritu maravillosos.
No vacilo en prometerles que llegará el día en que, si nutren a sus hijos, los aman y les enseñan con rectitud, se arrodillarán con lágrimas en los ojos y agradecerán al Señor la bendición que les ha concedido. (Teachings of Gordon B. Hinckley, «Motherhood»).

Anne G. Wirthlin: [La hermana Wirthlin citó 3 Nefi 22:7, 10, 13].
Estas palabras del Salvador constituyen el tema de la Primaria: enseñar a los niños el evangelio de Jesucristo y ayudarlos a aprender a vivirlo.
Al presenciar el desarrollo de los acontecimientos de los últimos días, no podemos dudar de que en este pasaje el Señor se dirige directamente a nosotros. Nosotros somos el Israel de los últimos días…
La paz duradera no depende de fuerzas externas que se encuentran fuera de nuestro control…
Las palabras del Señor brindan consuelo a los padres justos que enseñan a sus hijos acerca de Él. Nos hablan durante una época en la que la paz en el corazón de los niños puede parecer un sueño difícil de alcanzar.
Sin embargo, el Salvador nos ha asegurado que puede convertirse en realidad si enseñamos a nuestros hijos. La Primaria apoya a los padres en esta importante responsabilidad. (Ensign, mayo de 1998, pág. 9).
Isaías 54:13 — Grande será la paz de tus hijos

Gordon B. Hinckley: Este es el mandamiento que el Señor ha dado: «Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová, y grande será la paz de tus hijos» (Isaías 54:13).
Ustedes son sus padres. Son sus padres y madres, sus formadores y maestros. Tienen la gran oportunidad y la gran responsabilidad de criar a sus hijos en la fe y la verdad.
Les prometo que, cuando ellos hayan crecido y avanzado por su propio camino, ustedes se arrodillarán y agradecerán al Señor Su bondad. No podría desear para ustedes una bendición mayor.
No habrá nada más grande que contemplar a sus hijos y ver en ellos bondad, paz, virtud, amabilidad, amor y también logros. (Ensign, septiembre de 1998, pág. 77).

Gordon B. Hinckley: Ahora me dirijo a ustedes, madres solteras. Cualquiera que sea la causa de su situación actual, nuestro corazón se extiende hacia ustedes. Sabemos que muchas viven con soledad, inseguridad, preocupación y temor. Para la mayoría de ustedes nunca hay suficiente dinero. Su preocupación constante y persistente se concentra en sus hijos y en el futuro de ellos.
Muchas se encuentran en circunstancias que las obligan a trabajar y dejar que sus hijos se ocupen, en gran medida, de sí mismos. Sin embargo, si cuando son pequeños reciben mucho afecto, se les demuestra gran amor y oran juntos, será más probable que exista paz en el corazón y fortaleza en el carácter de sus hijos.
Enséñenles los caminos del Señor. Isaías declaró: «Todos tus hijos serán enseñados por Jehová, y grande será la paz de tus hijos» (Isaías 54:13).
Mientras mayor sea la seguridad con la que críen a sus hijos en los caminos del evangelio de Jesucristo, con amor y elevadas expectativas, mayor será la posibilidad de que exista paz en su vida.
Denles el ejemplo. Eso significará más que toda la enseñanza verbal que puedan proporcionarles. No los complazcan excesivamente. Permítanles crecer con respeto por el trabajo y con una comprensión de su significado, trabajando y contribuyendo al hogar y a su entorno, y teniendo alguna forma de ganar parte del dinero que necesiten para sus gastos.
Permitan que sus hijos varones ahorren para la misión y aliéntenlos a prepararse, no solamente en sentido económico, sino también espiritual y con una actitud que los disponga a salir y servir al Señor sin ninguna clase de egoísmo.
No vacilo en prometer que, si lo hacen, tendrán motivos para contar sus bendiciones. («Stand Strong against the Wiles of the World», Ensign, noviembre de 1995, págs. 99–100).


Isaías 54:14 — Sion establecida en rectitud y libre de opresión
«Con rectitud serás establecida; estarás lejos de la opresión, porque no temerás, y del terror, porque no se acercará a ti».

La seguridad de Sion no procede principalmente de murallas, armas, riquezas o influencia política. Su fundamento es la rectitud de un pueblo que vive en convenio con Dios. Esa rectitud no significa perfección autosuficiente ni ausencia completa de errores, sino una condición recibida y desarrollada mediante la expiación de Jesucristo. El Salvador justifica al arrepentido y, por medio del Espíritu Santo, lo fortalece para obedecer, cambiar y participar en la edificación de una sociedad más santa.
Estar «lejos de la opresión» tiene una dimensión exterior e interior. Dios promete defender a Sion de los poderes que intenten destruirla, pero también exige que Su pueblo abandone toda forma de injusticia dentro de sus propias relaciones. Una comunidad no puede considerarse verdaderamente establecida en rectitud mientras los débiles son explotados, los afligidos ignorados o la autoridad utilizada para dominar. La paz de Sion requiere protección contra el opresor y arrepentimiento de cualquier conducta opresiva entre sus habitantes.
El temor disminuye cuando el pueblo sabe que Dios mora con él y que su vida está fundada en Jesucristo. Esto no significa que nunca existirán amenazas ni que debamos ignorar prudentemente los peligros. Significa que el terror ya no gobierna nuestras decisiones ni define nuestro futuro. Al vivir con justicia, cuidar a los vulnerables y confiar en el convenio de paz, Sion puede convertirse en una comunidad donde la presencia del Salvador produce seguridad, dignidad y verdadero reposo.


Isaías 54:15 — La oposición no procede de Dios
«He aquí, ciertamente se reunirán contra ti, pero no será por parte mía; el que contra ti se reúna caerá delante de ti».

La existencia de oposición no significa que Dios la apruebe, la haya causado directamente o haya abandonado a Sion. Las personas y los poderes pueden utilizar su albedrío para actuar contra la voluntad divina. El Señor distingue claramente entre Su obra y las acciones injustas de quienes atacan a Su pueblo. Esta verdad evita atribuirle toda crueldad humana y conserva la responsabilidad moral de quienes escogen oprimir, perseguir o destruir.
Dios puede permitir temporalmente la oposición sin convertirse en su autor. Dentro de Su conocimiento perfecto, puede limitarla, juzgarla y transformar sus consecuencias para fortalecer la fe y hacer avanzar Su obra. Esto no significa que el sufrimiento sea bueno por sí mismo ni que debamos permanecer pasivos ante el abuso. Los discípulos pueden buscar protección, justicia y ayuda por medios rectos mientras confían en que el Señor conoce la verdad y establecerá límites a la maldad.
La promesa de que los adversarios «caerán» no autoriza la venganza personal ni garantiza que cada conflicto terminará inmediatamente a favor de los fieles. Declara que ninguna oposición podrá destruir definitivamente la obra de Jesucristo ni anular Sus convenios. Los poderes contrarios a Sion son temporales; el reino del Salvador permanece. Por eso, Su pueblo puede enfrentar la resistencia con valor, prudencia y rectitud, sin confundir la presencia de enemigos con la ausencia de Dios.


Isaías 54:16 — Dios gobierna sobre los instrumentos y los poderes humanos
«He aquí que yo creé al herrero que sopla las ascuas en el fuego y que saca la herramienta para su obra; y yo he creado al destructor para destruir».

El herrero fabrica las armas y el destructor las utiliza, pero ambos continúan siendo criaturas limitadas bajo la soberanía de Dios. Ninguna herramienta, tecnología o fuerza militar posee poder independiente del Creador. Aquello que parece invencible desde la perspectiva humana sigue sujeto a los límites de la mortalidad y no puede frustrar definitivamente los propósitos del Señor.
Este versículo no presenta a Dios como autor de las decisiones malvadas ni significa que Él inspire la violencia y la destrucción. Las personas conservan su albedrío y responden moralmente por el uso que dan a sus capacidades. Dios puede crear seres con inteligencia y poder para actuar sin aprobar cada decisión que toman. También puede permitir temporalmente ciertas acciones y después limitarlas, juzgarlas o encauzar sus consecuencias hacia fines redentores.
Sion no necesita vivir paralizada por el temor a los instrumentos levantados contra ella. Jesucristo conoce al fabricante, al arma y a quien pretende utilizarla; ninguno se encuentra fuera de Su visión ni puede superar los límites que Él establezca. Esto no elimina la necesidad de prudencia, preparación y defensa justa, pero coloca toda amenaza en su verdadera perspectiva. Los poderes humanos son temporales; la soberanía, la justicia y la obra redentora del Señor permanecen eternamente.

Gerald N. Lund: Hablando por medio de Isaías, en un pasaje que posteriormente citó el Salvador a los nefitas, el Señor declaró: «He aquí, yo creé al herrero que sopla las brasas en el fuego y que produce el instrumento para su obra» (Isaías 54:16; 3 Nefi 22:16).
José fue ciertamente el herrero que forjó el instrumento mediante el cual el pueblo del Señor continúa preparándose individual y colectivamente para el regreso del Salvador. Ese instrumento es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. («A Prophet for the Fulness of Times», Ensign, enero de 1997, pág. 54).


Isaías 54:17 — La herencia y la rectitud de los siervos del Señor
«Ninguna arma forjada contra ti prosperará; y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su rectitud viene de mí, dice Jehová».

La promesa de que ninguna arma prosperará no significa que los miembros del pueblo de Dios jamás serán heridos, perseguidos o muertos. La historia demuestra que los discípulos fieles pueden sufrir profundamente. Significa que ningún poder podrá destruir definitivamente a Sion, frustrar la obra eterna de Dios ni quitar la salvación a quienes permanecen unidos a Jesucristo. Las armas pueden producir daño temporal, pero no pueden anular la expiación, impedir la resurrección ni destruir el reino que el Salvador establecerá.
Sion también enfrentará acusaciones, calumnias y argumentos hostiles, pero la verdad prevalecerá finalmente. «Condenar» toda lengua no autoriza respuestas agresivas ni significa que toda crítica contra nosotros sea falsa. Los discípulos deben examinarse con humildad, reconocer errores reales y corregirlos. Cuando una acusación sea injusta, pueden defender la verdad por medios rectos y confiar en que Dios realizará la vindicación definitiva, pues solamente Él conoce todos los hechos y las intenciones.
Esta protección es «la herencia de los siervos de Jehová». No consiste en una vida sin oposición, sino en la certeza de que la oposición no vencerá eternamente. El capítulo concluye eliminando toda jactancia: «Su rectitud viene de mí». Sion no triunfa porque haya producido por sí misma una justicia perfecta, sino porque Jesucristo justifica, perdona y santifica a Su pueblo. La obediencia es indispensable como respuesta de fe, pero siempre depende de una gracia que la precede, la sostiene y la hace eficaz. La seguridad final de Sion no se encuentra en sus armas ni en sus méritos, sino en su Redentor.

José Smith: Ninguna mano impía puede detener el progreso de la obra. Las persecuciones podrán intensificarse; las turbas podrán combinarse; los ejércitos podrán reunirse y la calumnia podrá difamar; pero la verdad de Dios avanzará osada, noble e independiente, hasta que haya penetrado en todo clima, recorrido todo país y resonado en todo oído; hasta que se cumplan los propósitos de Dios y el gran Jehová declare que la obra está terminada. (History of the Church, 4:540).

Ezra Taft Benson: Vivimos en una época en la que el diablo anda suelto y trabaja entre los santos para frustrar y derribar la obra de Dios. Sin embargo, no tendrá éxito. Algunas personas pueden caer y otras pueden traicionar convenios sagrados, pero el reino de Dios seguirá avanzando hasta alcanzar su destino decretado de llenar toda la Tierra.
Llevo en mi agenda un pasaje de las Escrituras que algunas veces utilizo para recordarme a mí mismo y a otras personas cuál será el resultado final de los esfuerzos por destruir la Iglesia:
«Ninguna arma forjada contra ti prosperará; y condenarás toda lengua que te injurie en juicio. Esta es la herencia de los siervos del Señor, y su justicia viene de mí, dice el Señor» (3 Nefi 22:17).
El Señor ha prosperado esta obra y continuará haciéndolo. Está cerca de Sus siervos, a la distancia de un susurro de los cielos. (Come unto Christ, págs. 22–23).

Boyd K. Packer: En cierta ocasión, cuando el presidente Benson y yo fuimos objeto de muchas críticas por parte de los medios de comunicación locales y nacionales, él me envió una tarjeta que decía:
«Ninguna arma forjada contra ti prosperará; y condenarás toda lengua que te injurie en juicio. Esta es la herencia de los siervos del Señor, y su justicia viene de mí, dice el Señor» (3 Nefi 22:17).
Aquel mensaje me fortaleció enormemente. (That All May Be Edified, pág. 250).